Día 302

2 REYES 24.5 – 9, 2 CRÓNICAS 36.6 – 9, JEREMÍAS 22.24 – 24.10.

Estamos próximos a concluir la historia del reino del sur, o Judá. En estos próximos días terminaremos de estudiar ese relato. Hoy nos enfocaremos en la vida del rey Joacim, hermano de Joacaz, hijo de Josías. Como contexto (2 Crónicas 36.1-3), recordemos que Joacaz fue removido por el rey de Egipto y llevado como prisionero a esas tierras. Lamentablemente el final de Joacim no sería muy diferente.

Veamos primero la narrativa histórica contenida en los pasajes de 2 Reyes, 2 Crónicas y algunas profecías de Jeremías 22 que hoy estamos estudiando:

  1. La evaluación bíblica del desempeño espiritual y moral de Joacim como rey fue, “Él hizo lo malo a los ojos del Señor su Dios.” (2 Cr 36.5). Por esa causa, Dios envió contra Judá “bandas de saqueadores babilonios, arameos, moabitas y amonitas a fin de destruirla” (2 R 24.2). Es decir, Dios había determinado que Judá y su rey Joacim serían castigados por sus maldades y usaría a los babilonios como una de sus herramientas de castigo.
  2. En el relato de 2 Crónicas 36.6-9 encontramos que Joacim fue vencido por Nabucodonosor tómo Jerusalén y la conquistó e incluso “sujetó a Joacim con cadenas de bronce y lo llevó a Babilonia.” (2 Cr 36.6). Dios humillaría de esta manera a este rey, a quien el historiador judío Josefo describiría muchos años después como “injusto y perverso por naturaleza, y no tuvo reverencia alguna hacia Dios ni benignidad hacia el hombre”, en su libro Antiguedades de los Judíos.
  3. Recordemos que ya habíamos estudiado la profecía de Jeremías con respecto a la muerte de Joacim, en Jeremías 22.18-23, cuando dijo, “Será enterrado como un burro muerto: ¡arrastrado fuera de Jerusalén y arrojado fuera de las puertas!” (Jer 22.19). De acuerdo con el Nuevo Diccionario Bíblico Certeza, de Sociedades Bíblicas Unidas, se cree que la muerte de Joacim se produjo mientras viajaba a Babilonia, rumbo al cautiverio. Su camino sujeto con cadenas de bronce no fue fácil, como también la profecía lo describió al decir, “pronto gemirás con punzadas de angustia, angustia como la de una mujer con dolores de parto.” (Jer 22.23). Según la misma fuente, murió a la edad de 36 años (6 de diciembre del 598 a.C.). El mismo historiador judío Josefo comentó también que su muerte fue instigada por Nabucodonosor, y cuando sucedió, arrojó su cuerpo fuera de los muros de la ciudad, justo como Jeremías lo había profetizado.
  4. Los diferentes saqueos al templo. Jerusalén y su templo sufrieron varios saqueos a manos de los babilonios, por lo menos 3 de acuerdo con la narrativa bíblica. El primero de ellos sucedió justo con el episodio de la captura de Joacim. En 2 Crónicas 36.7 dice, “Nabucodonosor también se llevó algunos de los tesoros del templo del SEÑOR y los colocó en su palacio en Babilonia.” Pero vendrían otros 2 más adelante. Los tesoros del templo irían desapareciendo parte por parte en cada uno de estos saqueos hasta ser completamente removidos por las tropas de Nabucodonosor.
  5. Una vez muerto Joacim, su hijo Joaquín (de apenas 18 años) ocuparía el trono de Judá. De acuerdo con 2 Crónicas 36.9, su reinado apenas duró 3 meses y 10 días. La evaluación bíblica para su desempeño fue, tristemente también, “Joaquín hizo lo malo a los ojos del Señor.” (3 Cr 36.9). Al parecer ya no había forma de tener otra vez un rey íntegro como lo fue Josías o Ezequías. El profeta Jeremías también habló de él cuando dijo, “24 »Tan cierto como que yo vivo —dice el SEÑOR—, te abandonaré, Joaquín, hijo de Joacim, rey de Judá… 25 Te entregaré a los que buscan matarte —a los que tanto temes— al rey Nabucodonosor de Babilonia y al poderoso ejército babilónico. 26 Te expulsaré de esta tierra, a ti y a tu madre, y morirás en un país extranjero, no en tu tierra natal. 27 Nunca regresarás a la tierra que añoras.” (Jer 22.24-27). El futuro de Joaquín estaba sellado, Dios ya lo había decidido, le esperaba también el exilio y la muerte en el extranjero. De acuerdo con la misma profecía, no le daría tiempo a Joaquín de tener hijos (Jer 22.30) y por lo tanto no habría nadie para sucederlo en el trono de Judá cuando ya no estuviera.

Regresando a las profecías de Jeremías, encontramos varios aspectos importantes que podemos comentar:

  1. Las profecías mesiánicas en el libro de Jeremías. De acuerdo con el The New American Commentary: Jeremiah, Lamentations, de Broadman & Holman Publishers, el libro de Jeremías contiene solamente 4 profecías mesiánicas (23.5-6, 30.8-9, 30.21, 33.15-16). En Jeremías 23.5-6 encontramos entonces una de ellas. Comparando el pésimo desempeño de los pastores del pueblo de Dios (“han destruido y esparcido precisamente a las ovejas que debían cuidar”, Jer 23.1), Dios anunció que en el futuro dispondría de “pastores responsables” (Jer 23.4) que cuidarían a las ovejas para que ninguna se extraviara ni se perdiera. Pero también levantaría un “descendiente justo” (Jer 23.5) o un “renuevo justo” (BTX) o un “descendiente legítimo” (DHH-LA), del linaje del rey David. ¿Y qué haría este nuevo rey?: a) Gobernaría con sabiduría, b) haría “lo justo y lo correcto por toda la tierra” (Jer 23.5), c) se le asignaría el nombre de “El Señor es nuestra justicia” o “YHVH Sidkenu” (BTX) o “El Señor es nuestra salvación” (NVI). Es muy posible que este mensaje fue anunciado en tiempos del rey Sedequías (el siguiente en turno después de Joaquín), ya que el nombre del futuro dirigente contrastaba completamente con el carácter corrupto del rey Sedequías y sus antecesores. El mismo nombre nos indica que llegaría el día en que la gente reconocería que solamente en Dios se encuentra la justicia y la rectitud verdaderas, no en los hombres, volverían a mirar así a Dios como su verdadero Rey. Muchos años después diversos pasajes en el NT reconocerían a Jesús como ese descendiente justo del rey David (como Romanos 1.1-6). Definitivamente este es un pasaje que apunta completamente a Cristo.
  2. La terrible decepción de los falsos profetas. Jeremías 23.9-40 trata con el problema tan grave a los ojos de Dios de los falsos profetas en Judá. ¿Quiénes eran?: A) Literalmente “hombres malvados que no tienen a Dios” (Jer 23.11), se incluyó en la misma descripción también a los sacerdotes. B) Sus pecados eran evidentes y gravísimos: adulterio, deshonestidad, alentaban a los pecadores “para que ninguno se arrepienta de sus pecados” (Jer 23.14). Moralmente fueron comparados con la gente de Sodoma y Gomorra. C) Llenaban a la gente de falsas esperanzas en lugar de llamarlos al arrepentimiento como lo hacía Jeremías. D) Daban mensajes de paz a quienes despreciaban la palabra de Dios y a quienes “obstinadamente siguen sus propios deseos” (Jer 23.17), diciéndoles, “¡No les sucederá nada malo!” E) Afirmaban hablar en nombre de Dios cuando Él no los había enviado, normalmente a través de supuestos sueños inspirados por Dios, pero todo era mentira (Jer 23.25-26). F) Esos supuestos mensajes recibidos en sueños solo llevaban a la gente a pecar más en lugar de arrepentirse (Jer 23.32). G) Llegaban incluso a robarse unos a otros los supuestos mensajes proféticos, alegando que provenían de Dios y que eran originales (Jer 23.30). Por todas estas razones, Dios estaba muy molesto con estos famosos profetas y no los dejaría sin castigo tampoco.
  3. Las características de las falsas profecías y los falsos mensajes de Dios. Pensando en el punto anterior podríamos resumir así los aspectos que caracterizaban a aquellos falsos profetas y a sus mensajes, y que por extensión, también hoy nos pueden servir para identificar a los falsos profetas modernos: A) Vidas corruptas llenas de pecado, aunque con su boca hablen cosas de Dios. B) No llaman al arrepentimiento a los pecadores sino más bien les dan mensajes de confort y confianza. C) Argumentan tener una conexión directa con Dios donde Él les revela mensajes especiales normalmente durante la noche, en el sueño. D) Usan frases como “Una profecía del Señor” (Jer 23.35) o “Dios me reveló un mensaje” para darle peso a sus propias ideas, “tergiversando las palabras de nuestro Dios” (Jer 23.36). E) Andan buscando imitar a otros falsos profetas en sus técnicas y sus mensajes para tratar de tener igual o mayor éxito que ellos.
  4. La diferencia entre los falsos mensajes humanos y la verdadera Palabra de Dios. Hay 2 grandes características que podemos encontrar en mensajes que realmente vienen de parte de Dios: A) Generan que las personas se arrepientan, como dice en Jeremías 23.22, “Si hubieran estado en mi presencia y me hubieran escuchado, habrían hablado mis palabras y habrían hecho que mi pueblo se apartara de sus malos caminos y sus malas acciones.” Supuestos mensajes proféticos que no llaman a la gente a cambiar sus vidas no provienen de Dios. B) El efecto poderoso en los corazones humanos, como dice Jeremías 23.28-29, “¡Hay diferencia entre la paja y el grano! 29 ¿No quema mi palabra como el fuego? —dice el SEÑOR—. ¿No es como un martillo poderoso que hace pedazos una roca?” Los mensajes que vienen de parte de Dios literalmente “queman” el corazón y golpean fuerte, llevando a las personas a transformarse. Recordemos estas 2 características y apliquémoslas a cualquier “profeta” moderno y a sus mensajes. El resultado será sorprendente, no por el número de verdaderos profetas que encontremos, sino por la gran cantidad de charlatanes religiosos que andan en el “mercado” cristiano moderno.
  5. Por último, Dios estaba anunciando en Jeremías 24 el trabajo espiritual que haría en los corazones de los desterrados a Babilonia en el tiempo de su exilio, “Les daré un corazón que me reconozca como el SEÑOR. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, porque se volverán a mí de todo corazón.” (Jer 24.7). No sería así con el rey Sedequías y los que se quedaran en Judá y lo que huyeron a Egipto, quienes serían completamente destruidos (Jer 24.10). Así que, enmedio de todos los anuncios de castigo y disciplina, Dios estaba preparando también el proceso de transformación espiritual en su pueblo a través del sufrimiento que se aproximaba.

Conclusiones:

  1. Aprendamos la lección de los últimos reyes de Judá, los hijos de Josías. A pesar del buen ejemplo que tuvieron en su padre, ninguno de ellos decidió imitarlo, más bien siguieron los malos ejemplos de otros reyes corruptos anteriores y pagaron las consecuencias correspondientes. Si hoy tenemos buenos ejemplos a nuestro alrededor para nuestra fe, ¡seamos humildes y sigámoslos!
  2. Si hoy tenemos una función de liderazgo o pastoreo en nuestra iglesia local, luchemos por ser verdaderos “pastores responsables” que cuidan a las ovejas para que no se pierdan ni se extravíen.
  3. No confiemos de los “profetas modernos” de Dios, que al igual que los de antaño, argumentan conexiones directas con Dios, que no predican mensajes de arrepentimiento sino de confort, paz y seguridad; y que no llevan a las personas a transformar sus vidas, sino a poner sus miradas en sus propias necesidades y sus propios deseos.
  4. Así como Dios planeaba trabajar en el corazón de su pueblo en el exilio en Babilonia, así Dios también siempre está planeando cómo trabajar en nuestro corazón a través del sufrimiento, las pruebas y las dificultades. ¡Oremos cuando estemos en esos momentos para que Él nos ayude a entender su voluntad!

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