Día 421

2 CORINTIOS 6.14-10.18.

Después de varias reflexiones teológicas trascendentes que Pablo nos dejó en los capítulos anteriores, ahora pasaremos a revisar algunos pasajes que se enfocan principalmente en los aspectos de las relaciones humanas entre Pablo y los discípulos de Corinto, pero además tratando cuestiones como las relaciones de un creyente con los no-creyentes, la colecta para la iglesia, y terminamos con una auto-defensa del ministerio de Pablo.
En 2 Corintios 6.14-7.1, el apóstol deja de hablar sobre las evidencias de su apostolado en cuanto al sufrimiento que él y sus compañeros habían tenido que experimentar por causa de Cristo, para tratar un tema que posiblemente para los corintios era importante: ¿hasta dónde un cristiano se debe relacionar con los no-creyentes? Veamos cómo abordó este tema:
  1. Primero, ¿por qué se da un cambio tan abrupto entre los temas de 2 Corintios 6.1-13 a lo que continuó en el versículo 14 hasta el 18? De acuerdo con el The New International Greek Testament Commentary: The Second Epistle to the Corinthians, de W. B. Eerdmans Pub. Co., es muy probable que una de las razones que habían generado un distanciamiento entre Pablo y los corintios era el continuo involucramiento de éstos últimos con el paganismo al grado que había afectado incluso en la forma de ver sus relaciones humanas. Por eso el motivo de la orden del versículo 14.
  2. Las diferentes traducciones para 2 Corintios 6.14 dicen “No formen yunta con los incrédulos.” o “No estéis unidos en yugo desigual con incrédulos” (BTX) o “No se asocien íntimamente con los que son incrédulos.” (NTV). El apóstol Pablo estaba ordenando aquí que los creyentes de Corinto evitaran por todos los medios “formar yunta” o asociarse “íntimamente” con personas que no compartían la fe cristiana, es decir, “incrédulos”. De acuerdo con la misma fuente bibliográfica, la forma del verbo desde el griego original presenta la prohibición de la continuación de una acción (como diciendo, “-dejen ya de…”) o bien el curso de una acción que definitivamente debería ser evitada (como diciendo, “-nunca hagan esto”). Lo cierto es que los discípulos en Corinto pudieron haber sido culpables de esas relaciones y Pablo estaba dando ordenando algo para el presente y para el futuro.
  3. En cuanto al uso de la palabra “yunta” o “yugo desigual”, de acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarsity Press, que Pablo tuviera en mente algunos pasajes del AT como Deuteronomio 22.10 (“No ares con una yunta compuesta de un buey y un burro.” o Levítico 19.19 (“»No crucen animales de especies diferentes.”), para que utilizando ese simbolismo, se refiriera a relaciones muy cercanas con no-creyentes al grado que se formara una relación amorfa e insana desde el punto de vista espiritual. Este mismo recurso bibliográfico plantea que es posible que esta orden reforzara la prohibición de matrimonios mixtos del AT: Deuteronomio 7.3 (“Tampoco te unirás en matrimonio con ninguna de esas naciones; no darás tus hijas a sus hijos ni tomarás sus hijas para tus hijos”) y Esdras 9.12 (“Por eso, no permitan ustedes que sus hijas ni sus hijos se casen con los de esos pueblos.”).
  4. La comparación que hace Pablo es bastante clara para entender que no hay forma de armonizar ambas referencias: justicia y maldad, luz y oscuridad, Cristo y el diablo, creyente e incrédulo, templo de Dios y los ídolos. Por más que intentemos encontrar la forma de justificar una relación de un punto de comparación con el otro, ¡no se puede! Con uno solo de esos ejemplos basta para comprender que no hay forma de relacionar íntimamente a un creyente con un no creyente, porque estaríamos rompiendo un principio fundamental que Dios pide a su pueblo: ¡santidad! (2 Co 6.17).
  5. Ahora, ¿a qué podemos llamar “asociarse íntimanete” (como la NTV lo traduce) entre un creyente y un incrédulo? Tomando en cuenta el contexto del pasaje, podemos decir que Pablo le estaba pidiendo a los creyentes en Corinto que evitaran cualquier relación pública o privada con los no creyentes que fuera incompatible con su fe o que comprometiera los estándares cristianos. En esto, de acuerdo con varios estudiosos, se pueden incluir los casos de matrimonios mixtos nuevos (no los que ya llegaron así a la fe, como se trató en 1 Co 7), los casos de litigios legales de un creyente contra otro (1 Co 6.1-8) y también se podría hablar de relaciones de negocios que pusieran en riesgo la fe de la parte creyente por la tendencia idolátrica de la parte no creyente.
  6. Pablo reforzó su argumento con una mezcla de varios pasajes del AT: Isaías 52.11, Ezequiel 20.34 y 41, 1 Cr 17.14.
  7. Por eso Pablo afirmó en 2 Corintios 7.1, “purifiquémonos de todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu” Precisamente el evitar ese tipo de relaciones íntimas con paganos era una forma de purificarse delante de Dios para no contaminarse en el cuerpo y en el espíritu.
Ahora, en 2 Corintios 7.2-16, Pablo nos dejó una evidencia de la intensidad de sus relaciones humanas con las iglesias que él sembraba, en este caso, con la iglesia de Corinto:
  1. Pablo quería que los corintios le hicieran un lugar en su corazón (v. 2), ya que en su corazón ellos ocupaban “un lugar tan amplio” (v. 3). Las relaciones que Pablo establecía con las iglesias que plantaba no eran de negocios, es decir, frías. Más bien, nos damos cuenta que involucraba su corazón al máximo con ellos.
  2. También encontramos una descripción del estado anímico del apóstol durante sus viajes misioneros: “Cuando llegamos a Macedonia, nuestro cuerpo no tuvo ningún descanso, sino que nos vimos acosados por todas partes; conflictos por fuera, temores por dentro.” (2 Co 7.5). Si pensamos que Pablo estaba siempre optimista y lleno de positivismo durante sus viajes para plantar iglesias, ¡estamos equivocados! A veces él caminaba victorioso y animado, pero otras veces viajaba lleno de temores y con conflictos internos. ¿Cómo encontraba su fuerza entonces para seguir adelante? El v. 6 dice, “Pero Dios, que consuela a los abatidos, nos consoló…” Su fuerza era Dios, quien lo consolaba continuamente de diferentes maneras y utilizando diferentes personas. Lo único que él tenía que hacer era aprender a depender de Dios y no de sus propias fuerzas, lección que el mismo apóstol ya había compartido anteriormente (1 Corintios 1.8-9).
  3. Aunque la carta anterior que Pablo había enviado les causó tristeza a los corintios y aún a Pablo le pesó (él no quería causarles tristeza ni dolor, los amaba mucho), sin embargo en los versículos 8 al 9 el apóstol menciona que después se alegró porque esa carta llevó al arrepentimiento a los corintios.
  4. En los versículos 10 al 12 Pablo revela las características del verdadero arrepentimiento: a) inicia con una “tristeza que proviene de Dios” (v. 10) la cual lleva al arrepentimiento, b) se debe evitar la “tristeza del mundo” que lleva más bien a la muerte (podríamos decir que se trata de un remordimiento más que un arrepentimiento), c) el verdadero arrepentimiento no se queda en tristeza sino que genera acción y normalmente acciones encaminadas a tratar de reparar el daño causado y a tomar en serio el asunto (v. 11). La iglesia de Corinto pasó la prueba y experimentaron arrepentimiento verdadero, lo cual generó alegría en el apóstol que anteriormente se había entristecido por la dureza de corazón de la iglesia allá.
Después, en 2 Corintios 8 – 9 (los capítulos completos), Pablo se enfocó en el asunto de la colecta para los hermanos en la fe. Veamos los aspectos relevantes de la enseñanza desplegada aquí:
  1. Pablo inició el tema resaltando el ejemplo de las iglesias de Macedonia (Filipos, Tesalónica, Berea) que al parecer habían participado en una colecta de forma muy exitosa. El apóstol dijo “queremos que se enteren de la gracia que Dios ha dado a las iglesias de Macedonia” (2 Co 8.1). ¿Cómo es que Dios dio gracia a esas iglesias? Pablo la describe como la alegría y la generosidad con las que los discípulos allá dieron su contribución económica a la causa a pesar de estar bajo “pruebas difíciles” y “extrema pobreza” (2 Co 8.2). Así podemos entender que una de las evidencias de la gracia de Dios en una iglesia es su generosidad. Incluso podemos notar también iniciativa por parte de aquellos cristianos para participar y no siendo obligados por alguien más (2 Co 8.4).
  2. De acuerdo con 2 Corintios 8.7, es importante que los cristianos no solo sobresalgan en otros dones espirituales (como hablar bien o tener conocimiento), sino “procuren también sobresalir en esta gracia de dar”. Dar y ayudar a la causa de Cristo es un ejercicio espiritual importante para nuestra fe y debemos darle la relevancia que merece.
  3. De acuerdo con 2 Corintios 8.8, Pablo no partía de órdenes que él usando su autoridad les daba para que dieran dinero, sino más bien dijo, “No es que esté dándoles órdenes, sino que quiero probar la sinceridad de su amor en comparación con la dedicación de los demás.” Es decir, apelaba a su espíritu fraternal, su amor por Dios y su amor por la iglesia. Esa es la mejor forma de animar a los creyentes a contribuir: apelando a su fe y a su amor por el pueblo de Dios.
  4. Al parecer desde un año atrás, la iglesia de Corinto ya había participado en una colecta similar (“El año pasado ustedes fueron los primeros no sólo en dar sino también en querer hacerlo.” (2 Co 8.10). Por eso mismo, Pablo les aconsejó que en ese año sobresalieran nuevamente y no lo dejaran quedar mal con quienes habían escuchado del corazón generoso y sincero de los corintios, al fin que ellos ya habían planeado participar (2 Co 8.11).
  5. Pablo afirmó también que la ofrenda debe ser hecha de “buena voluntad” y también de acuerdo a las posiblidades (no dar lo que no tenemos, sino lo que tenemos), según 2 Corintios 8.12. Ofrendas a la fuerza e irreales no son agradables a Dios.
  6. En 2 Corintios 8.16-24, podemos notar la preocupación de Pablo por lograr la mejor administración posible del dinero que estaba colectando, ya que su convicción era “20 Queremos evitar cualquier crítica sobre la forma en que administramos este generoso donativo; 21 porque procuramos hacer lo correcto, no sólo delante del Señor sino también delante de los demás.” (2 Co 8.20-21). Pablo no permitiría que nadie lo criticara por un mal manejo de los recursos de la iglesia ni por abusos o robos o cosas parecidas. Para eso involucraba en esa administración y transportación del dinero a hermanos con buena reputación de las iglesias que estaban aportando los recursos, para que hubiera siempre testigos que confirmaran el buen manejo de los recursos.
  7. Si bien Pablo no quería ordenarles a los corintios que dieran ni obligarlos, sí quería inspirarlos para que mantuvieran su compromiso que habían hecho de apoyar a esa colecta y por eso decidió enviar a ese grupo de hermanos a Corinto para que les ayudaran a completar los preparativos para “esa generosa colecta que ustedes habían prometido” (2 Co 9.5) y así glorificar a Dios con generosidad y no ofenderlo con tacañería.
  8. Finalmente, en 2 Corintios 9.6-15, Pablo dejó algunos principios espirituales que se deben manejar cuando pensamos en la ofrenda: a) Dios recompensa la generosidad al dar (v. 6), b) la ofrenda debe ser de acuerdo a las posibilidades personales y con la mejor actitud (v. 7), c) Dios tiene poder para darnos los recursos necesarios para cubrir nuestras necesidades y también para poder dar (v. 8), d) la generosidad de los creyentes siempre trae bendiciones tanto para quienes reciben la ayuda como para quienes la dan porque Dios hace que así sea (v. 11), e) una de las consecuencias de ser generosos es que acciones de gracias tendrán lugar y eso beneficiará a todos y además glorificará a Dios (v. 14-15).
Para terminar, analizemos la defensa que Pablo hace de su ministerio en 2 Corintios 10.1-18:
  1. Resulta interesante identificar algunos versículos que al parecer nos describen físicamente a Pablo, tanto en su presencia como en su forma de hablar públicamente: “según dicen, soy tímido cuando me encuentro cara a cara con ustedes pero atrevido cuando estoy lejos.” (v. 1), “pues algunos dicen: «Sus cartas son duras y fuertes, pero él en persona no impresiona a nadie, y como orador es un fracaso.»” (v. 10) o “pero la presencia corporal, débil, y la palabra despreciable” (BTX) o “pero que cuando hablo en persona soy débil, y que no sé hablar bien ni impresiono a nadie.” (TLA). Pablo no negó ninguna de estas acusaciones, más bien les advirtió que podía ser fuerte y poderoso si era necesario (v. 11). Pero llama la atención que esa fuera la imagen que tenían de él cuando proclamó el evangelio en Corinto, ¡muy distinta a la que tal vez nosotros tenemos de él como misionero! Posiblemente a esto se refería Pablo cuando dijo “Yo mismo, hermanos, cuando fui a anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con gran elocuencia y sabiduría. 2 Me propuse más bien, estando entre ustedes, no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de éste crucificado. 3 Es más, me presenté ante ustedes con tanta debilidad que temblaba de miedo.” (1 Co 2.1-3), refiriéndose a su experiencia inicial al predicar en Corinto.
  2. Al parecer estaban comparando a Pablo con algunas figuras carismáticas de la iglesia de Corinto (posiblemente aquellos falsos apóstoles de los que ya habíamos hablado), y uno de los principales puntos de discusión era la cuestión externa: apariencia, fuerza para hablar, autoridad al hablar, etc. Sin embargo, Pablo les aclaró que él y sus compañeros no luchaban con armas del mundo (todo lo exterior), sino que eran armas de Dios que eran más poderosas que cualquier palabra de origen humano ya que: a) derribaban fortalezas, b) destruían argumentos, c) destruían “toda altivez” que se levantara contra la palabra de Jesús. La fortaleza de Pablo era interna completamente, aunque por fuera no haya dejado una impresión relevante en los corintios, que estaban acostumbrados a las celebridades espirituales.
  3. Pablo de ninguna manera se medía a sí mismo comparándose con otros líderes cristianos (v. 12), de hecho, ni siquiera se atrevía a trabajar en territorios que no le correspondían (v. 13), jactándose así “del trabajo que otros han hecho” (v. 15). El apóstol respetaba las fronteras de su ministerio y jamás buscaba tener influencia donde otros ya estaban haciendo el trabajo de Cristo. Era claro que él no buscaba fama, popularidad o reconocimiento.

Conclusiones:

  1. Aunque muchas iglesias y denominaciones cristianos no toman muy en serio la enseñanza de evitar los matrimonios mixtos, el Nuevo Testamento nos dejó varias referencias que no podemos ignorar. Si están ahí, y si se refieren a ello, lo que es seguro es que Dios un día nos pedirá cuentas sobre qué hicimos con ellas. Y también, por otro lado, si Dios es quien nos lo pide, ¡Él sabe lo que es mejor para nosotros!
  2. En la vida cristiana hay momentos donde caminaremos con seguridad y con fe, pero también hay otros momentos donde andaremos con inseguridad, dudas, miedos y con conflictos internos. ¡Es normal! La lección que debemos aprender es que nuestras fuerzas deben venir de nuestra relación con Dios y no de la dependencia en nuestros talentos o capacidades humanas. Sólo así mantendremos la humildad en el primer caso y la perseverancia en el segundo.
  3. Ofrendar es algo completamente bíblico y bien regulado en el Nuevo Testamento. Lo más importante para Dios será siempre el corazón con el que damos, ya que de ahí viene la tacañería o la generosidad, la mala o la buena actitud. Cuidemos nuestro corazón al ofrendar y practiquemos la generosidad continuamente. Si te interesa profundizar en el tema, revisa el estudio “La Ofrenda Biblica – AER” (click para descargarlo).
  4. Si servimos en roles de liderazgo en la iglesia, aprendamos del ejemplo del apóstol Pablo, quien no buscó influir en territorios que no le correspondían, quien respetaba enormenente el trabajo de otros misioneros (especialmente de los otros apóstoles), y quien no dependía de talentos o dones humanos para la predicación del evangelio, sino del poder que venía de Dios.

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