Día 373

JUAN 8.21-59, LUCAS 10.1-11.13.

Hoy terminaremos de analizar el discurso de Jesús que hizo en el templo de Jerusalén y que inició en Juan 7.14. Además analizaremos los siguientes eventos en el ministerio de Jesús: el envío de los 72, su encuentro con un experto de la ley y la enseñanza de la parábola del buen samaritano, el afán de Marta en contraste con la atención de María, y la enseñanza de Jesús a sus discípulos sobre la oración.
En Juan 8.21-59, el apóstol nos presenta la narración sobre cómo continuó y cómo terminó el discurso de Jesús en el templo en aquella ocasión de la Fiesta de los Tabernáculos. Podemos identificar varios aspectos muy importantes en el texto:
  1. La convicción de Jesús sobre el destino final de aquellos judíos si fallaban en reconocer que él era el Mesías: ¡morir en sus pecados! (Jn 8.24). Jesús sabía que las decisiones que las personas tomaran con respecto a él tendrían implicaciones eternas: salvación o perdición, vida o muerte, esperanza o condenación. Así fue en ese tiempo, así continúa siendo hoy. La gracia de Dios está disponible para todos aquellos que decidan reconocer a Jesús como quien es en realidad: nuestro Señor y nuestro Salvador, no solo de boca, sino en acciones.
  2. La convicción de Jesús de que Dios estaba con él porque siempre hacía lo que le agradaba a Él. Jesus sabía que no estaba solo sino que Dios lo acompañaba todo el tiempo en todo lo que hacía. Su estilo de vida queda definido en la frase, “no me ha dejado solo, porque siempre hago lo que le agrada” (Jn 8.25). ¿Podríamos decir nosotros lo mismo? ¡A eso precisamente debemos aspirar si somos discípulos!
  3. La convicción de Jesús de que no era suficiente que la gente creyera intelectualmente en él. De hecho, a lo largo de todo el discurso la Biblia registra que muchos judíos decidieron creer en él: Juan 7.40, 7.46 y 8.30. Sin embargo, dirigiéndose a los “judíos que habían creído en él”, les dijo: “—Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; 32 y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.” (Jn 8.31-32). De acuerdo con el libro Word Pictures in the New Testament, de Broadman Press., desde la construcción en griego de la frase se expresa una muy clara condición que Jesús estaba poniendo ante estos nuevos prospectos a discípulos. Él les transmitió la idea de que sería su lealtad a largo plazo a sus enseñanzas lo que demostraría que realmente podrían ser llamados discípulos suyos.
  4. La recompensa que Jesús ofreció a quienes decidieran ser fieles a su Palabra: “conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.” (Jn 8.32). Esta afirmación inmediatamente generó un choque entre la audiencia judía que contestó argumentando descendencia directa de Abraham, pero Jesús no se refería a eso, sino a la esclavitud espiritual que ocasiona el pecado (“odo el que peca es esclavo del pecado” o ” todo el que practica el pecado es esclavo del pecado”, BTX,  Jn 8.34). Él les hablaba en términos espirituales pero ellos se enfocaban en cuestiones de genealogías. Jesús quería que entendieran el terrible daño que ocasiona el pecado en la vida de las personas y que aceptaran la libertad espiritual que él les ofrecía, que sería verdadera (Jn 8.36). Jesús no estaba ofreciendo curas parciales para la almas esclavas y que estaban sufriendo, sino les ofrecía una total y verdadera libertad espiritual.
  5. La convicción de Jesús de que el diablo era el padre espiritual de todos esos judíos, no Dios (Jn 8.44). ¿Por qué?: a) no aceptaban su Palabra de corazón (Jn 8.43), b) las obras de ellos eran justo lo que el diablo quería así que terminaban agradándolo a él no a Dios. La mentira era entonces una característica clara tanto de la naturaleza de Satanás como de sus hijos.
  6. La realidad de que todo lo que Jesús decía lo había escuchado directamente de Dios mismo y simplemente vino a la tierra a repetirlo (Jn 8.26). Jesús no vino a innovar el mensaje de Dios, no vino a darle una nueva forma, simplemente vino a repetir a la humanidad lo que Dios realmente quería. Escuchar las palabras de Jesús entonces es escuchar la voz de Dios directamente. En el cielo, donde se encontraba Jesús antes de venir, Dios el Padre le reveló todas las cosas que él vino a decir en su estancia breve en este mundo.
  7. Al final, la escena terminó muy mal. Aquellos judíos que ya creían en Jesús y que aparentemente estaban tan dispuestos a escucharlo, terminaron tomando piedras para arrojárselas ya que se ofendieron por sus palabras, especialmente cuando dijo, “—Ciertamente les aseguro que, antes de que Abraham naciera, ¡yo soy!” (Jn 8.58).  Con esa acción terminaron revelando que su creencia inicial era superficial solamente pero en el fondo de su corazón no habían abrazado realmente el mensaje de Cristo. De creyentes a perseguidores, ¡qué cambio tan drástico en tan poco tiempo! Nunca lograron ser discípulos verdaderos de Jesús. Es la triste realidad del corazón humano.
Ahora, los pasajes del evangelio de Lucas nos presentan varios eventos (Lucas 10.1-11.13). Veamos en orden cronológico qué sucedió:
  1. El envío de los 72 (Lucas 10.1-23). Jesús decidió enviar a 72 de sus discípulos delante de él “a todo pueblo y lugar a donde él pensaba ir.” (Lc 10.1). Les reveló que la cosecha era muy grande y hacían falta trabajadores suficientes para recogerla, y les dio instrucciones precisas: no llevar dinero extra ni sandalias extras, aceptar la hospitalidad sincera de las personas, usar sabiamente la autoridad que estaban recibiendo de Jesús (sanar enfermos y expulsar demonios, Lc 10.19), y tener la convicción de que los pueblos que los rechazaran serían objeto del juicio de Dios (Lc 10.12). Ellos regresaron “contentos” porque “hasta los demonios se nos someten en tu nombre” (Lc 10.17) a lo cual Jesús les enseñó que mejor se alegraran de su propia salvación (Lc 10.20). Es entonces cuando encontramos una de las raras descripciones en los evangelios sobre la alegría de Jesús: “En aquel momento Jesús, lleno de alegría por el Espíritu Santo, dijo…” (Lc 10.21). Todo este episodio le había generado una gran alegría a Cristo ya que “los que son como niños” (Lc 10.21) habían comprendido grandes verdades espirituales que Dios les había revelado y que profetas y reyes hubieran querido presenciar (Lc 10.24).  Los discípulos de Jesús estaban realmente viviendo un momento extraordinario. Jesús se alegra cuando corazones humanos comprenden verdades universales de Dios y las practican.
  2. Estaba Jesús celebrando entonces aquel momento cuando un “experto en la ley” se presentó para probarlo (Lc 10.25). Curiosamente este religioso judío al parecer comprendía bien lo que realmente Dios quería de la humanidad: que aprendiéramos a amar a Dios y amar al prójimo (citando Deuteronomio 6.5 y Levítico 19.18). Incluso Jesús lo felicito por su respuesta diciendo, “-Bien contestado” (Lc 10.28). Ante la insistencia del religioso y la mala intención en su corazón con sus preguntas, Jesús contó la famosa “Parábola del Buen Samaritano” (Lc 10.30-37), donde poniendo como ejemplo la indiferencia religiosa del sacerdote y el levita ante el hombre moribundo, levantó el ejemplo del samaritano que decidió compadecerse del judío lastimado. De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarisity Press, tanto el sacerdote como el levita intentaban evadir la impureza ritual que se generaba como producto de tocar un cadáver y aunque el hombre estaba todavía vivo, prefirieron evitar el contacto físico con un próximo muerto que compadecerse de su sufrimiento. Irónicamente fue un samaritano, que despreciaban a los judíos, quien finalmente tomó la mejor decisión. ¡Tremenda lección para el corazón legalista del experto en la ley! Y para todos nosotros como creyentes también.
  3. La preocupación que valía más la pena (Lucas 10.38-41). En esta escena, mientras una mujer llamada Marta estaba “abrumada porque tenía mucho que hacer” (Lc 10.40), su hermana María estaba “sentada a los pies del Señor” (Lc 10.39), escuchándolo hablar. Jesús le dijo a Marta que estaba “inquieta y preocupada” por demasiadas cosas pero no por lo más importante en ese momento, al contrario de su hermana María que supo interpretar el instante y decidió mejor escuchar a Jesús. Siempre habrá muchas cosas que hacer en la vida y muchas razones para que estemos preocupados, inquietos y ansiosos. Pero darse el tiempo para escuchar lo que Jesús tiene que decirnos es y será la mejor decisión que podemos tomar.
  4. La enseñanza sobre la oración (Lucas 11.1-13). En este pasaje Jesús les enseñó a sus discípulos a orar, a petición de ellos mismos, ya que tenía como referencia a Juan el Bautista quien al parecer también les enseñaba a orar (Lc 11.1). Después de decir el famoso “Padre Nuestro”, que como hemos hablado, nunca fue una fórmula mágica que hay que repetir sino un modelo a seguir para nuestra relación con Dios diaria, Jesús les enseñó acerca del corazón que Dios tiene hacia las oraciones de su pueblo: a) está pendiente de las mismas, b) recompensa la perseverancia, c) está dispuesto a dar a manos llenas si se le pide, d) es movido por su bondad para dar a sus hijos lo que necesitan y especialmente el Espíritu Santo. Más que una enseñanza sobre cómo orar, este pasaje nos presenta una enseñanza sobre el corazón de Dios hacia las personas que lo buscan en oración sinceramente. ¡Apreciemos y agradezcamos que tenemos un Dios que nos escucha de esa manera y con esa actitud!

Conclusiones:

  1. Recordemos que todas las palabras que componen la enseñanza de Jesús registrada en el Nuevo Testamento en realidad fueron reveladas a él por Dios mismo. Jesús solo vino a repetirlas a los hombres. Aceptemos siempre que las palabras de Cristo son en realidad las palabras de Dios.
  2. Recordemos que para Jesús creer intelectualmente en él no es suficiente para ser considerado un verdadero discípulo suyo. En este mundo que cada vez busca más atajos para todo, la idea de que la salvación se alcanza solo por creer mentalmente suena muy atractiva, pero desafortunadamente no fue lo que Jesús enseñó. El concepto bíblico de creer involucra más allá que solo una aceptación intelectual: fidelidad, disposición, obediencia, práctica, acciones.
  3. No olvidemos tampoco que el pecado tiene consecuencias desastrosas en nuestras almas. Jesús vino para darnos verdadera libertad espiritual, no para que continuemos viviendo esclavos de algún pecado. ¡Búsquémoslo con mucha necesidad siempre!
  4. Procuremos darle mucha alegría al corazón de Jesús escuchando, comprendiendo y practicando las grandes verdades de Dios. Decidamos generar alegría y gozo a Dios con nuestras vidas, y no tristezas o enojos.
  5. No permitamos que las preocupaciones de la vida nos roben nuestra fe, mejor aprendamos de la actitud de María, que enmedio de todo lo que tenia que hacer, se dio el tiempo para sentarse a los pies de Cristo y escucharlo.
  6. Apreciemos el corazón de Dios hacia nuestra oración. Nunca creamos que es inútil orar, que no tiene sentido, que la perseverancia en la oración es en vano. ¡Para nada! Jesús enseñó todo lo contrario, Dios valora mucho la perseverancia y la recompensa.

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