Día 345

INTRODUCCIÓN AL LIBRO DE MALAQUÍAS.

Una vez terminado el estudio del libro de Nehemías, pasaremos a analizar el libro del profeta Malaquías. De acuerdo con la cronología propuesta por Gleason Archer en su libro A Survey of Old Testament Introduction, la fecha propuesta para la escritura del mismo es el 435 a.C., lo cual lo sitúa dentro de los últimos libros que se escribieron del Antiguo Testamento. Veamos algunos datos del contexto del libro de acuerdo con el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, de Editorial CLIE:

  1. El nombre del libro viene de la palabra hebrea Maleakhí, ?????????, que significa “mi mensajero”. Se considera el último libro de los doce profetas menores del A.T.
  2. Se cree que el libro de Malaquías fue escrito para denunciar los problemas que después trataría con fuerza Nehemías. Así el escenario que plantea el libro de Malaquías posiblemente se dio después de la reedificación del templo (515 a.C.) y de las predicaciones de Hageo y Zacarías, y antes de la reforma de Nehemías.
  3. En cuanto al autor, se cree que no fue una persona llamada Malaquías, sino como el nombre en hebreo lo indica, el libro se llamaba simplemente “el mensajero”, personaje al cual posiblemente se hace referencia en Malaquías 3.1, “«¡Miren! Yo envío a mi mensajero y él preparará el camino delante de mí. Entonces el Señor al que ustedes buscan vendrá de repente a su templo. El mensajero del pacto a quien buscan con tanto entusiasmo, sin duda vendrá»”. No se conoce el nombre verdadero del profeta que escribió este libro.
  4. El libro presenta una disputa fuerte entre el profeta inspirado por Dios y el pueblo de Israel que había regresado del exilio y que estaba actuando de forma muy descuidada en cuanto al culto a Dios y en cuanto a la fidelidad a sus mandatos. Todo el libro representa una denuncia grande en contra de las desviaciones que el profeta estaba presenciando y un llamado a corregir su camino.

MALAQUÍAS 1.1 – 4.6.

A lo largo del libro, el profeta dirigido por Dios mismo denuncia varias situaciones graves en que los judíos estaban cayendo:

  1. Dudando del amor de Dios (Malaquías 1.2-5). El reclamo del pueblo ante la afirmación de Dios de que siempre había amado a Israel era “«¿De veras? ¿Cómo nos has amado?» (Mal 1.2). Esto refleja que los judíos que regresaron del exilio no estaban completamente seguros de que Dios realmente los amara, seguro por las dificultades que habían tenido que atravesar. Pero era cierto, Dios sí los amaba y se los había demostrado de varias formas.
  2. Los sacrifcios indignos (Malaquías 1.6-14). Al restaurar el culto a Dios en el templo reconstruído, los judíos exiliados dejaron ver su falta de santidad al ofrecer “sacrificios contaminados” (Mal 1.7) en el altar de Dios. ¿En qué consistía esto? Pues básicamente estaban ofreciendo animales lisiados, enfermos y hasta robados como ofrendas a Dios. Esto iba en contra de las regulaciones contenidas en la ley, como en Deuteronomio 15.21 (NVI), “Si alguno de esos animales está cojo o ciego, o tiene algún otro defecto grave, no se lo presentarás en sacrificio al Señor tu Dios.” Además de todo, Dios mismo denunció que los judíos consideraban “un fastidio” (Mal 1.13) sus mandamientos. Entonces si bien era cierto que el culto en el templo se estaba restaurando, las casi nulas convicciones que los judios que regresaron del exilio traían con respecto a la santidad y el respeto a Dios fueron expuestas al retomar las actividades religiosas que la ley exigía. Dios mismo los juzgó de la siguiente manera: trataban su nombre con desprecio (Malaquías 1.6), quería que mejor se cerraran las puertas del nuevo templo abierto (Malaquías 1.10), deshonraban su nombre (Malaquías 1.12) y más. Ciertamente Dios estaba enojado con esta conducta y esperaba un cambio.
  3. Las fallas en el rol de los sacerdotes (Malaquías 2.1-9). En este pasaje Dios estaba denunciando que el trabajo de los sacerdotes estaba mal hecho y que en lugar de cumplir con su misión que era “conservar el conocimiento de Dios y la gente debería acudir a él para recibir instrucción” (Mal 2.7), la gente más bien estaban cayendo en pecado por las instrucciones que recibían de los sacerdotes (Malaquías 2.8). ¿Cuál era el problema principal? “Pues no me obedecieron sino que mostraron favoritismo en su forma de llevar a la práctica mis instrucciones»” (Mal 2.9), es decir, no fueron fieles en cómo obedecieron los mandatos de Dios sino que se dejaron llevar seguramente por sentimentalismos y aplicaron de forma diferente la ley de Dios según su criterio. Es decir, desempeñaron su función más humana que espiritualmente. Su mente estaba completamente pensando como el mundo, no como Dios quería. Por eso Dios los confrontó aquí.
  4. El concepto bíblico del matrimonio se estaba torciendo (Malaquías 2.10-17). Por un lado, los judíos se estaban casando con mujeres paganas (Malaquías 2.11) y por otro lado se estaban divorciando de su esposa por ser infieles con otras (Malaquías 2.14). En el primer caso, Dios pidió que fueran arrancados de la congregación todos los que hicieron eso. En el segundo caso, Dios afirmó: “«¡Pues yo odio el divorcio! … Divorciarte de tu esposa es abrumarla de crueldad… Por eso guarda tu corazón; y no le seas infiel a tu esposa».” (Mal 2.16). Los hombres judíos estaban pecando gravemente al divorciarse de sus esposas judías que les fueron fieles siempre para andar en inmoralidad con otras mujeres. Bajo ninguna circunstancia Dios aceptará jamás el divorcio en un matrimonio cuando la causa es para que uno de los casados le de rienda suelta a sus malos deseos.
  5. El descuido de los diezmos y las ofrendas (Malaquías 3.6-15). Otra denuncia que Dios hizo en este libro fue contra la actitud y la forma con la que los judios estaban reestableciendo el sistema de ofrendas y diezmos en el templo. De acuerdo a este pasaje, no estaban entregando todo lo que la ley les mandaba. Por lo tanto, Dios consideraba que lo estaban tratando de estafar o que le estaban robando. De nueva cuenta, no se trataba solo de restaurar una práctica religiosa perdida, sino de hacerlo con la santidad y el respeto que Dios se merecía. Los judíos nuevamente estaban fallando en esto.

Ahora bien, aparte de todas estas denuncias también encontramos varias promesas que Dios estaba entregando a su pueblo:

  1. PIdiendo de manera sorprendente y única que su pueblo lo pusiera a prueba en la cuestión de ser fieles en las ofrendas y los diezmos (Malaquías 3.10-11). Él les prometió que a los que fueran fieles les permitiría tener cosechas abundantes y protección de los insectos y las enfermedades. Una de las pocas o quizá la única vez que Dios pide abiertamente que se le ponga a prueba en algo por parte de su pueblo.
  2. Ofreciendo su misericordia abundante (Malaquías 3.16-18). Dios prometió ofrecer misericordia a aquellos que realmente tenían un temor a Él y lo haría de la siguiente manera: “Les tendré compasión así como un padre le muestra compasión a un hijo obediente.” (Mal 3.17). Todos los judíos habían pecado pero Dios trataría de forma especial a aquellos que tuvieran temor a Él.
  3. La promesa del “día del juicio” (Malaquías 4.1). Podría ser una referencia a algún tipo de juicio próximo por el que el pueblo de Israel volvería a pasar o bien una referencia al día del juicio final.

Finalmente, en el libro de Malaquías también encontramos 2 posibles profecías mesiánicas:

  1. Malaquías 4.2: “»Sin embargo, para ustedes que temen mi nombre, se levantará el Sol de Justicia con sanidad en sus alas. Saldrán libres, saltando de alegría como becerros sueltos en medio de los pastos.” Otras traducciones dicen: “nacerá el Sol de Justicia, trayendo salvación en sus alas” (BTX), “la justicia brillará como el sol y les traerá mi salvación” (TLA). Aunque algunos estudiosos piensan que se refiere a la llegada de Jesús, la Biblia de Estudio Apologética plantea que la palabra hebrea para “sol” es femenina y por lo tanto no se puede aplicar a Jesús, aunque sí se puede aplicar a la venida de la justicia verdadera que caracterizaría al reino de Dios en la tierra.
  2. Malaquías 4.5–6: “»Miren, les envío al profeta Elías antes de que llegue el gran y terrible día del Señor. Sus predicaciones harán volver el corazón de los padres hacia sus hijos y el corazón de los hijos hacia sus padres.” De acuerdo con las notas de la DHH-LA, la desaparición repentina que sucedió al profeta Elías originó varias especulaciones con respecto a su regreso. En base a esta profecía, los judíos estarían esperando que Elías regresaría antes de la llegada del Mesías. Jesús mismo reconoció el valor de esta profecía y cómo se cumplió en su tiempo, en Mateo 11.14 (NVI): “Y si quieren aceptar mi palabra, Juan es el Elías que había de venir.”, refiriéndose a Juan el Bautista. Dios cumplió esta profecía al pie de la letra.

Conclusiones:

  1. Cuando vamos a aventurarnos a practicar una vida de fe en Dios y la obediencia a su Palabra, debemos entender que necesitamos tomarlo en serio. Esto quiere decir, comprender que Dios es santo y que espera de nosotros santidad y rectitud en la forma como vamos a hacer las cosas para Él. Ofrendar a medias, ser recto a veces y a veces no, medio orar y medio estudiar la Biblia y más cosas que involucran una vida de fe obviamente no van a dejar contento a Dios, al contrario. ¿Qué tal nosotros? ¿Llevamos nuestra vida cristiana a medias o realmente entregada y sincera con todo el corazón?
  2. Dios valora mucho el matrimonio y si nos llamamos creyentes, también debe ser así con nosotros. No sigamos la corriente del mundo de menospreciar algo que Dios mismo inventó, porque todos los que actuán así darán cuentas un día de cómo trataron algo tan sagrado como el matrimonio. Además que nos quede claro, ¡Dios odia el divorcio!
  3. Dios aprecia mucho la fe con la que se entregan las ofrendas en la iglesia moderna. Aquella promesa del libro de Malaquías de ponerlo a prueba en esto y ver qué pasa podemos considerar que sigue vigente. Realmente Dios bendice a aquellos que toman en serio la ofrenda y también les hace ver sus necesidades a aquellos que menosprecian el ofrendar.
  4. Escuchemos el mensaje del libro de Malaquías: ¡toma en serio a Dios! No es un juego. Si vamos a llevar una vida de fe, hagámoslo bien o mejor no hagámoslo, porque los puntos medios Dios los rechaza.

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