Día 404

GÁLATAS 2.1-10, HECHOS 15.1-17.15.

Retomaremos hoy nuestro estudio del libro de los Hechos de los Apóstoles pero también recordando unos versículos de Gálatas para analizar los siguientes eventos: el concilio de Jerusalén por la controversia de los judaizantes, la carta que resultó de aquella reunión, y el inicio del segundo viaje misionero de Pablo. Recordemos que la carta de Gálatas trata con el problema de los judaizantes e incluso Pablo narró el evento descrito en Hechos 15.
Primero hablemos de qué motivó al famoso concilio de Jerusalén, es decir, la reunión urgente que tuvieron Pablo y Bernabé (representando a la iglesia de Antioquía y a todas las iglesias gentiles) con los apóstoles y los ancianos de Jerusalén (Hechos 15.1-35, Gálatas 2.1-10):
  1. Todo el problema comenzó cuando algunos discípulos judíos de Judea visitaron la iglesia de Antioquía y literalmente les enseñaron lo siguiente: ” «A menos que ustedes se circunciden, conforme a la tradición de Moisés, no pueden ser salvos.»” (Hch 15.1). Obviamente esto generó una fuerte discusión (o “altercado” y “serio debate”, Hch 15.2) entre Pablo y Bernabé (las principales figuras en Antioquía) y estos judaizantes. Tal como la carta de Gálatas lo menciona, la convicción de Pablo (por revelación divina, no por gusto personal) era que los gentiles podían ser salvos sin necesidad de someterse a todas las regulaciones de la ley mosáica, que incluía la circuncisión. Pablo predicaba que las personas eran salvas por la gracia de Dios y no por la obediencia a esas reglas. El creía firmemente que todas esas cosas en el AT fueron una sombra que se hicieron realidad en Jesucristo, pero ya no deberíamos continuar viviendo en la sombra si la realidad ya estaba presente.
  2. El mismo Hechos 15.2 nos dice que la iglesia decidió que Pablo y Bernabé fueran a Jerusalén a tratar el asunto con “los apóstoles y los ancianos” (más adelante hablaremos de esta doble mención en el liderazgo de la iglesia de Jerusalén). Gálatas 1.1-2 nos proporciona 2 datos más para completar la información de este viaje: a) fue hecho 14 años después del primer viaje de Pablo a Jerusalén ya como discípulo de Jesús, b) fue a esa ciudad “en obediencia a una revelación” (Gal 1.2). De acuerdo con el libro Chronological and Background Charts of the New Testament, de H. Wayne House, Zondervan; se calcula que el año en que sucedió esta reunión fue en el 49 d.C. Durante el viaje de ida a Jerusalén, visitaron las iglesias de Fenicia y de Samaria para contar las buenas noticias de las conversiones de gentiles. Parece entonces que Dios reveló en una visión a Pablo que necesitaba ir a Jerusalén a tratar el asunto con el liderazgo local y entonces la iglesia de Antioquía los comisionó oficialmente para esa misión.
  3. Veamos el orden en que se discutió el asunto, de acuerdo a los pasajes que estamos estudiando: a) primero se expuso el problema ante toda la iglesia de Jerusalén con sus apóstoles y ancianos (Hch 15.4), b) justo en esa sesión intervinieron los fariseos discípulos de Jesús (ya había bastantes de ellos en Jerusalén para este momento) y pidieron la circuncisión para los creyentes gentiles (Hch 15.5), c) Pablo y Bernabé tuvieron una reunión privada con los apóstoles y los ancianos para analizar el asunto (Hch 15.6, Gal 2.2), d) en esa reunión se decidió que no se debía imponer el yugo de la ley a los creyentes de origen gentil sino solamente pedirles que se alejaran de cualquier manifestación de la idolatría y de la inmoralidad sexual (Hch 15.20-29), e) se reunieron de nuevo con la iglesia para informarles de la decisión y para elegir representantes de la iglesia de Jerusalén (Hch 15.22), se redactó una carta dirigida a las iglesias involucradas en el problema (Hch 15.23). Así que resumiendo, el proceso para una decisión importante que afectaba a toda la iglesia fue el siguiente: exposición del problema ante toda la iglesia – revisión del asunto a más detalle por el liderazgo principal de la iglesia local – toma de decisiones por consenso en el liderazgo – presentación a la iglesia de la solución para su retroalimentación e involucramiento de todos para otra decisión (nombrar representantes). Este sería el procedimiento ideal de trabajo en equipo en una iglesia cristiana, donde tanto liderazgo como membresía se involucran en diferentes niveles para encontrar la solucion óptima para un asunto importante para todos.
  4. Vale la pena mencionar también que los 613 mandamientos de la Torá (los 5 primeros libros de la Biblia, la ley judía) fueron reducidos a 3 regulaciones para los creyentes de origen gentil que tenían que ver con la idolatría y la inmoralidad sexual. No se les cargó con más cosas a aquellos cristianos. De la misma manera, nosotros como creyentes modernos de origen gentil, estamos bajo esa conclusión también y no necesitamos integrar a nuestra vida cristiana elementos judaizantes.
  5. Otro detalle importante tiene que ver con las figuras de liderazgo que aparecen en el relato. Hechos menciona que Pablo presentó el asunto ante los apóstoles y los ancianos, no solamente a los apóstoles. Esto nos muestra que para ese tiempo, la figura del anciano en la iglesia de Jerusalén ya era importante y de mucha influencia en el liderazgo principal de la iglesia, y los apóstoles lo permitían y trabajaban en equipo con ellos. Por otro lado, dentro de la discusión que tuvieron los líderes, Hechos destaca la intervención de Pedro con un discurso principal en el debate que sostuvieron (Hch 15.7-11), defendiendo la salvación por gracia sin necesidad de las obras de la ley mosáica. Pero quien tuvo la palabra final y cerro el asunto fue Jacobo, el hermano carnal de Jesús (Hch 15.13-15), quien citando Amós 9.11-12, llevó a todos a recordar cómo Dios ya había previsto la oportunidad de salvación de todas las naciones y también recomendó las pocas cosas que les pedirían a los creyentes gentiles para que los creyentes judíos no se escandalizaran y para que cuidaran su santidad. También el apóstol Pablo en Gálatas 2.9 dijo que fueron Jacobo, Pedro y Juan (considerados como “columnas”), quienes terminaron reconociendo el apostolado de Pablo y Bernabé para los gentiles. En Gálatas 2.10 Pablo también mencionó una petición que los apóstoles le hicieron para los creyentes gentiles (que no se olvidaran de los pobres).
  6. Para terminar el relato del concilio, una vez que se redactó la carta, Pablo y Bernabé regresaron a Antioquía junto con los dos discípulos que habían escogido los creyentes de Jerusalén (Judas y Silas), quienes predicaron y enseñaron en Antioquía y animaron mucho a todos. Todo el asunto se arregló y Dios se glorificó en la iglesia, fortaleciéndola más a través de esta experiencia.
  7. Un detalle más que es importante mencionar es cómo consideraba Pablo a aquellos supuestos creyentes de Jerusalén que habían ido a confundir a los cristianos de Antioquía: “El problema era que algunos falsos hermanos se habían infiltrado entre nosotros para coartar la libertad que tenemos en Cristo Jesús a fin de esclavizarnos.” (Gal 2.4) o “falsos cristianos” (NTV) o “falsos seguidores” (TLA). A pesar que en Jerusalén los consideraban creyentes, Pablo, por las acciones que llevaron a cabo en Antoquía, terminó considerándolos falsos hermanos. Posiblemente una vez que todo el asunto se aclaró y que la iglesia de Jerusalén apoyó a la misión a los gentiles, estas personas no quisieron alinearse a la disposición de los apóstoles y se mantuvieron insistiendo en su interpretación de la salvación que Cristo ofrecía. Tanto por su negativa a aceptar la voluntad de Dios (a pesar de las evidencias bíblicas para respaldarla) como por su insistencia en desviar a otros de su fe, la iglesia primitiva no podía seguir considerándolos como verdaderos hermanos en la fe. Esto quiere decir que no estaban en confraternidad con el resto de los cristianos en un asunto tan importante como era la salvación por la fe y la gracia de Dios.
Ahora pasemos a analizar el inicio del segundo viaje misionero de Pablo (Hechos 15.36-15.41), con datos cronológicos proporcionados por el libro Chronological and Background Charts of the New Testament:
  1. El motivo inicial del viaje fue el deseo de Pablo de visitar a los creyentes de las iglesias que habían plantado en el primer viaje misionero (Hch 15.36). Esto sucedió también en el año 49 d.C., es decir, en el mismo año que terminó el primer viaje y en que sucedió el concilio de Jerusalén. Podemos notar la intensidad del trabajo de ministerio en la vida de Pablo que prácticamente no paraba de su intento de avanzar y cuidar el reino de Dios.
  2. En Hechos 15.36-41 la Biblia registra un hecho sorprendente. Al parecer, Pablo y Bernabé tuvieron una fuerte discusión por causa de Juan Marcos, el primo de este último. De acuerdo con el A Commentary on the Holy Scriptures: Acts, de Logos Bible Software, el argumento de Pablo para no llevarlo (“porque los había abandonado en Panfilia y no había seguido con ellos en el trabajo.”, Hch 15.38), desde el griego designa un juicio moral como el siguiente: ‘él no merece que lo llevemos; se ha hecho indigno de ello’. Pablo mostró una fuerte convicción al respecto, posiblemente fruto de su gran celo por la importancia de la misión que Jesús le había confiado. Por otro lado, Bernabé no estuvo de acuerdo, comenzando posiblemente porque eran familiares. Al final terminaron separándose con Bernabé y Marcos embarcándose rumbo a Chipre mientras que Pablo y Silas (su nuevo asistente) rumbo a Siria y Cilicia.
  3. Sin embargo, por muy fuerte que la discusión y el desacuerdo hayan estado, el resto del NT en su contexto no nos ofrece evidencias de que Pablo y Bernabé hayan terminado como enemigos, resentidos y enojados uno con el otro. Al contrario, aunque si bien Bernabé ya no aparece nuevamente mencionado por Lucas en el resto de Hechos, Marcos sí fue mencionado por Pablo mismo en Colosenses 4.10, Filemón 24 y 2 Timoteo 4.11; donde por la forma como lo menciona queda claro que la relación entre Pablo y Marcos se había restaurado para ese punto. Incluso en 2 Ti 4.11 dijo, “Recoge a Marcos y tráelo contigo, porque me es de ayuda en mi ministerio.” Como el mismo recurso bibliográfico mencionado lo plantea, es muy posible que la separación de Pablo y Bernabé haya sido hecha en términos amigables y como un acuerdo común, donde Pablo se enfocaría en la parte continental del tour propuesto, mientras que Bernabé visitaría la parte insular. No olvidemos también que Dios estuvo en control de todo este asunto y no permitió que el esfuerzo misionero se dividiera por diferencias humanas, sino que todo se arregló armoniosamente al final.
Una vez que ya inició el segundo viaje misionero de Pablo, podemos listar las ciudades visitadas y los eventos relevantes de la siguiente manera:
  1. Siria, Cilicia, Derbe, Listra (49 – 50 d.C.). En Listra, Pablo reclutó a Timoteo como su acompañante, quien era un creyente de buena fama en la iglesia local y su madre y su abuela eran creyentes. Sin embargo, tuvo que pasar por el reto de la circuncisión (Hch 15.3), por causa de los judíos, para que nada estorbara en su misión. Esto seguramente representó una prueba fuerte para la disposición de Timoteo, quien sin embargo fue paciente y soportó todo, con lo cual Pablo lo llevó en su misión. ¿Qué hacía Pablo en esas ciudades?: “entregaban los acuerdos tomados por los apóstoles y los ancianos de Jerusalén, para que los pusieran en práctica” (Hch 16.4), y como resultado “las iglesias se fortalecían en la fe y crecían en número día tras día.” (Hch 16.5). Definitivamente Dios estuvo en control de toda la discusión de Hechos 15 y del resultado final, ya que esa resolución llevó paz y estabilidad a todas las iglesias de gentiles ya establecidas, que continuaron creciendo libremente.
  2. Frigia, Galacia, Misia, Troas (mismo período). Durante esta fase del viaje, Lucas registró que el Espíritu Santo les impidió ir a la provincia de Asia (Hch 16.6) y que el Espíritu de Jesús no les permitió ir a Bitinia (Hch 16.7). ¿A qué se refiere esto exactamente? Tal vez la clave está en el v. 8, donde la Biblia describe cómo Pablo tuvo una visión estando en Troas de un hombre de Macedonia que pedía ayuda, la que el mismo Pablo interpretó como, “convencidos de que Dios nos había llamado a anunciar el evangelio a los macedonios.” (Hch 16.10). Es posible que aunque Pablo tenía un plan personal de la ruta de su viaje, ciertas complicaciones se presentaron que les impidieron visitar Asia, y ellos decidieron confiar en Dios. Una vez que recibieron la visión tal vez fue cuando entendieron que la voluntad de Dios era otra y así concluyeron que fue el Espíritu de Dios quien les cerró las puertas para la visita a esas regiones porque había otra prioridad en el corazón de Dios en ese momento.
  3. Samotracia, Neápolis, Filipos (posiblemente 51 d.C.). Estando en Filipos, Pablo siguió con su estrategia de visitar lugares de adoración o culto de los judíos (en este caso un lugar de oración posiblemente a falta de una sinagoga oficial), y fue ahí precisamente donde Dios abrió el corazón de Lidia (una comerciante), quien fue bautizada junto con su familia y les ofreció hospedaje (Hch 16.15). Posteriormente, después de que Pablo expulsara un demonio de una joven con poder de adivinación, él y Silas sufrieron persecución y tortura por parte de los paganos y terminaron en la cárcel, bien resguardados hasta el fondo de la misma y con los pies sujetos en el cepo. Por intervención divina mientras ambos oraban y cantaban himnos, Dios los liberó milagrosamente y tocó el corazón del carcelero, quien sintió sus cimientos de vida sacudidos en ese momento. Ante la pregunta, “—Señores, ¿qué tengo que hacer para ser salvo?” (Hch 16.30), Pablo contestó, “—Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos” (Hch 16.31). Ahora bien, no se refería solamente a una conciencia intelectual de quién era Jesús y así la salvación llegaba automáticamente. Lo que observamos en la Escritura es que Pablo procedió a exponerle la Palabra de Dios a él y a su familia, y después de escuchar el mensaje, fueron bautizados todos (Hch 16.33). Esto generó una transformación en el carácter del carcelero que es evidente ante su esfuerzo por sanar las heridas de Pablo y Silas (Hch 16.33), al llevarlos a su casa y darles de cenar (Hch 16.34), además de la alegría que él y su familia tenían. Podemos concluir afirmando que en el caso de Lidia y del carcelero de Filipos no tenemos dos formas de alcanzar la salvación, sino la misma historia: escuchar el mensaje del evangelio + creerlo (con los cambios de corazón y conducta que esto implica) + bautizarse. Y el resultado es el mismo de aquellos bautismos de los primeros capítulos de Hechos: vidas cambiadas y muchas alegría. Estas conversiones en Filipos (ciudad principal en Macedonia) y las que se generaron después estaban relacionadas precisamente con aquella visión que Pablo recibió en Troas sobre un hombre pidiéndole ayuda. Dios envió a sus misioneros a donde las personas lo estaban buscando.
  4. Anfípolis, Apolonia, Tesalónica (mismo período). Al llegar a Tesalónica, Pablo continuó su misma estrategia y acudió a la sinagoga local y por 3 sábados seguidos les anunció el evangelio. Como resultado, “algunos de los judíos… un buen número de mujeres prominentes y muchos griegos que adoraban a Dios” (Hch 17.4) se convirtieron. Notemos cómo fueron más los gentiles que respondieron al mensaje que los judíos. Esto muestra la dureza de corazón de aquella población judía, que terminó alborotando al pueblo y generando una revuelta contra los discípulos, llevando a algunos a juicio.
  5. Berea (posiblemente 52 d.C.). De nuevo con la misma estrategia, Pablo y Silas llegaron a la sinagoga de los judíos y hablaron del evangelio. Sin embargo, la Biblia dice que los judíos de esa ciudad “eran de sentimientos más nobles que los de Tesalónica” (Hch 17.11) y por lo tanto recibieron el mensaje de buena gana, demostrándolo por su disposición a revisar diario las Escrituras para confirmar que lo que anunciaba Pablo y Silas era verdad. Obviamente terminaron confirmándolo y ahora creyeron muchos judíos y también bastantes gentiles. Pero aquellos judios de Tesalónica fueron a Berea a continuar la persecución y Pablo tuvo que salir de ahí rumbo a Atenas, pero Silas y Timoteo se quedaron.

Conclusiones:

  1. Luchemos de forma espiritual por construir en nuestra iglesia local un ambiente de trabajo en equipo para la toma de decisiones, donde lo mismo hay respeto al liderazgo principal como a la membresía, y donde la voz de todos es importante. Hechos 15 representa ese modelo a seguir para construir una relación espiritual y bíblica entre el liderazgo y la membresía.
  2. ¿Cuándo un hermano se convierte en un “falso hermano”? En el aspecto doctrinal y meditando en la posición de Pablo, posiblemente cuando ya no respeta los lazos fraternales e insiste en mantener posiciones divisivas, conflictivas y nocivas para la fe de la iglesia especialmente en áreas fundamentales y básicas de la fe (como la salvación). En otros libros del NT estudiaremos que también en el aspecto moral podemos perder la confraternidad con la iglesia, pero en este caso el aspecto analizado fue puramente doctrinal. Tanto doctrina como vida son importantes para mantener la armonía en la fe cristiana y para que seamos una buena influencia para otros y no una piedra de tropiezo.
  3. Jamás podemos utilizar el evento de la discusión de Pablo y Bernabé para justificar las divisiones en la iglesia cristiana moderna, porque esa interpretación representa una manipulación del texto a conveniencia para seguir una agenda personal de intereses. Más bien ese pasaje nos enseña que aún en diferencias de opinión y desacuerdos, hay formas espirituales de solucionar las cosas y terminar manteniendo la confraternidad y el respeto mutuo.
  4. Apreciemos la disposición de Timoteo, que estuvo dispuesto a circuncidarse por causa de la misión a pesar de que ya era un adulto. Meditemos en cuán dispuestos estamos nosotros a las cosas pequeñas que la vida cristiana nos demanda.
  5. No siempre las puertas cerradas y los obstáculos los podemos interpretar como “mala suerte” o “todo me está saliendo mal”. Oremos y meditemos en esto, porque tal vez sea Dios que a través de su Espíritu nos quiere llevar por otro camino.
  6. Pensando en las conversiones en Filipos, recordemos que creer no implica solamente una conciencia intelectual momentánea que automáticamente nos genera salvación, sino implica todo el proceso que ya hemos estudiado en Hechos (predicación del evangelio – arrepentimiento – bautismo para perdón de pecados / recepción del Espíritu – vida transformada). Afirmar que la salvación solo se da por creer en la mente es torcer completamente el contexto de estas conversiones.
  7. La disposición de una persona a estudiar su Biblia constantemente y comprobar por sí mismo si el mensaje que se le está predicando es verdadero en las Escrituras revela un corazón noble y sincero. No importa cuántas dudas existan, mientras tengamos ese corazón, Dios trabajará en nosotros y nos abrirá las puertas de la salvación.

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