Día 374

LUCAS 11.14-13.9.

Hoy estudiaremos los siguientes eventos en el ministerio de Jesús: la acusación que le hicieron a Cristo de explulsar demonios por el poder de Satanás, el anuncio de Cristo de la “señal de Jonás”, la enseñanza de la lámpara del cuerpo, la denuncia contra los maestros de la ley y los fariseos, la importancia de los seguidores de Cristo para Dios, la parábola del rico insensato y la enseñanza sobre evitar la preocupación por las cosas materiales.
En Lucas 11.14-28 encontramos un relato que ya habíamos estudiado previamente en Mateo 12.22-45 y en Marcos 3.23-27 (da CLICK para revisar la entrada del estudio correspondiente). En esa ocasión analizamos los cargos contra Jesús de que su poder venía de Satanás y no de Dios y la grave ofensa al Espíritu Santo que esto significaba, además de la estrategia que Jesús enseñó sobre cómo vencer a Satanás (la enseñanza de atar al “hombre fuerte”), y por último la realidad de cómo operan los demonios cuando son expulsados de una persona. Pero veamos un aspecto único en el relato de Lucas en comparación con los relatos de Marcos y Mateo. Se encuentra en los versículos 27 al 28, cuando Lucas nos dice que una mujer interrumpió a Jesús mientras enseñaba todo eso diciendo: “—¡Dichosa la mujer que te dio a luz y te amamantó!” (Lc 11.27), a lo que Jesús respondió que eran más dichosos aquellos que “oyen la Palabra de Dios y la obedecen.” (Lc 11.28). El Nuevo Comentario Biblico: Siglo Veintiuno, de Sociedades Bíblicas Unidas, nos dice que la expresión de aquella mujer quería decir algo como “¡Si yo hubiera tenido un hijo como este hombre!”, es decir, era una expresión muy sentimental de aprecio y admiración por la figura de Jesús. Sin embargo, Jesús redireccionó el rumbo de esa intervención para exaltar como algo más importante el valor que tiene que una persona decida obedecer a Dios en su vida a través de su Palabra por encima del valor que la familia de Jesús (su propia madre) pudieran tener. Ya antes en Lucas 8.19-21 estaba registrada otra expresión que Jesús hizo sobre cómo para él sus hermanos, hermanas y madre verdaderos eran “los que oyen la Palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lc 8.21). Resulta curioso observar cómo en algunas ramas tradicionales del cristianismo actual la madre de Jesús ha tomado más y más relevancia con el paso de los siglos, mientras que el mismo Hijo de Dios en cada ocasión que la gente quería exaltar a su madre y sus hermanos, él mismo no lo permitia.
También en la misma liga anterior podemos recordar el análisis que hicimos de Mateo 12.39-42 que corresponde al relato de Lucas 11.29-32 con la famosa “señal de Jonás”. Jesús dejó claro en esta enseñanza que él era más importante que Salomón y que Jonás, y que los judíos deberían tomarlo en cuenta y escucharlo. Para Dios era algo muy grave que la generación de judíos de tiempos de Jesús, más que ninguna otra generación en la historia de la humanidad, lo hayan tenido con ellos en carne y hueso y lo hayan rechazado. El juicio de Dios caería sobre todos ellos.
La enseñanza de la “lámpara del cuerpo” de Lucas 11.33-36 también la analizamos anteriormente al estudiar Mateo 6.22-23. Sin embargo, vamos a profundizar aquí en el significado del versículo 34, “Tus ojos son la lámpara de tu cuerpo. Si tu visión es clara, todo tu ser disfrutará de la luz; pero si está nublada, todo tu ser estará en la oscuridad.” o “”Cuando tu ojo esté sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz, pero cuando esté malo, también tu cuerpo estará oscuro.” (BTX). De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarsity Press, en la cultura de la Palestina del primer siglo, mucha gente creía que el ojo emitía luz que permitía que la persona pudiera ver, en lugar de recibir la luz del exterior como realmente sabemos que pasa. El hablar de “ojo sano” era relacionado con una persona generosa y desprendida en cuanto a lo material, pero decir que alguien tenía un “ojo malo”, se refería a lo contrario (amor por el dinero, materialismo, avaricia). Hablando en esos mismos términos culturales para que su audiencia entendiera mejor, Jesús advirtió que si nuestro ojo estaba nublado o era “malo”, ¡todo nuestro ser terminaría en una oscuridad terrible! Así de graves son las consecuencias que se viven para las personas que se entregan al amor por lo material y a la avaricia, simplemente pueden llevar su vida a una terrible oscuridad. Por eso Jesús recomienda, ya sea en el caso del materialismo o de cualquier otra “iluminación” que creamos tener: “Asegúrate de que la luz que crees tener no sea oscuridad.” (Lc 11.35). Hay que tener mucho cuidado de no engañarnos con las “iluminaciones” que el mundo nos ofrece ya que la verdadera luz para nuestra alma solo puede venir de Dios, no de filosofías humanas ni de tendencias pecaminosas.
En Lucas 11.37-53, la Biblia narra un encuentro muy incómodo (para los religiosos) que Jesús tuvo con un fariseo y sus amigos. Veamos lo que sucedió:
  1. Jesús fue invitado a comer por un fariseo y él aceptó, sentándose a la mesa en cuanto entró en la casa. Pero desde el inicio los pensamientos críticos contra Jesús comenzaron, ya que el fariseo se fijó en que Jesús no había cumplido el rito de lavarse las manos antes de comer, como la ley oral de los fariseos ordenaba. Ya anteriormente estudiamos lo que Jesús pensaba de todas esas tradiciones religiosas inventadas por los hombres: ¡que solo servían para llevar a la hipocresía a los hombres!
  2. Ni siquiera había comenzado a comer cuando Jesús inmediatamente comenzó a enseñar contra los fariseos acusándolos de guardar las apariencias externas pero mantenían corazones “llenos de codicia y maldad” (Lc 11.39). Por eso les dijo, “¡Necios!” (Lc 11.40). A pesar de tener la ley a su alcance y ser muy disciplinados, terminaron viviendo en hipocresía en lugar de en sinceridad para con Dios y para con el prójimo.
  3. Después viene la lista de otros “ayes” que ahora Jesús estaba dedicando a los fariseos por las siguientes razones: a) eran muy disciplinados en cumplir los detalles mecánicos de la ley pero descuidaban “la justicia y el amor de Dios” (Lc 11.42), b) amaban mucho “los primeros puestos en las sinagogas y los saludos en las plazas” (Lc 11.42) lo que significaba que estaban tras la posición y el reconocimiento de los hombres, c) por todo ello Jesús les dijo que eran “tumbas sin lápida” (Lc 11.44). ¡Fuertes juicios contra los corazones de la secta de los fariseos!
  4. Entonces uno de los maestros de la ley intervino asegurando que también a ellos los estaba ofendiendo, y Jesús en lugar de disculparse más bien arremetió también contra ellos con otra lista de “ayes”: a) porque les encantaba abrumar a todos con cargas muy pesadas para cumplir con sus tradiciones religiosas pero ellos mismos no estaban dispuestos a llevarlas a cabo en sus vidas (Lc 11.46), b) porque construían monumentos para los profetas que sus antepasados mataron y al rechazar a Jesús básicamente mantenían el mismo espíritu hostil contra la Palabra de Dios que sus antepasados asesinos de profetas tuvieron. Jesús no dejó pasar por alto tampoco la infidelidad de los maestros de la ley y los denunció públicamente.
  5. En Lucas 11.50-51 Jesús mencionó a un profeta llamado Zacarías, “que murió entre el altar y el santuario” (Lc 11.51). Mateo 23.35 contiene la misma referencia solo que añade que Zacarías era hijo de Berequías. ¿Quién era ese hombre en realidad? La Biblia de Estudio Apologética nos dice que hay 2 posibles interpretaciones: a) que fuera el sacerdote Zacarías, hijo de Joyadá, que en 2 Crónicas 24.20-22 la Biblia nos dice que fue asesinado en el atrio del templo y que pidió venganza al final; b) que fuera el profeta Zacarías, hijo de Berequías, y autor del libro que lleva su nombre. Es más probable que se trate del primer caso, ya que 2 Crónicas es el último libro de la Biblia hebrea y Joyadá pudo haber sido el nombre de su abuelo mientras de Berequías el nombre de su padre.
Ahora, en Lucas 12.1-13.9, la Biblia registra un discurso importante que Jesús dio al darse cuenta que “millares de personas” se habían reunido a su alrededor (Lc 12.1). Veamos las enseñanzas más importantes del mismo:
  1. La realidad de que todo será revelado ante la luz un día (Lucas 12.2-3). Jesús afirmó que ni lo “dicho en la oscuridad” quedará oculto a los ojos de Dios, ¡todo será expuesto un día! Por eso animó a sus discípulos a cuidarse de la hipocresía de los fariseos que creían que podían vivir de las apariencias externas y dejar su interior descuidado y sucio. ¡Se estaban engañando ellos mismos! Nadie ni nada se le escapa a Dios.
  2. La confianza y el temor a Dios (Lucas 12.4-7). Jesús enseñó en aquella ocasión que a quien más temor debemos tener en esta vida no es a los hombres malvados “que matan el cuerpo pero después no pueden hacer más” (Lc 12.4), sino a aquel que “después de dar muerte, tiene poder para echarlos al infierno” (Lc 12.5). ¿De quién está hablando? Pues de Dios mismo, solo Él tiene poder para dar y quitar la vida y para juzgar a las almas de todos los hombres en el día final. Sin embargo, Jesús también animó a la gente a confiar en Dios porque para él nosotros valemos “más que muchos gorriones” (Lc 12.7). Confianza en Dios y temor a Dios, ¡es la combinación perfecta!
  3. La ayuda futura del Espíritu Santo (Lucas 12.11-12). Jesús les anunció 2 cosas: a) que sus discípulos serían perseguidos y que terminarían compareciendo ante “sinagogas, gobernantes y autoridades”; b) que el Espíritu Santo les ayudaría para decir lo que tuvieran que decir, ¡no deberían preocuparse! La persecución no era opcional para ellos, la tendrían que sufrir, pero aún en esos momentos no estarían solos porque Dios los estaría ayudando a través de su Espíritu para hablar con valor y con convicción acerca de la verdad.
  4. La incertidumbre de la vida y lo más importante (Lucas 12.13-21). Jesús fue interrumpido en su discurso por un hombre que se le acercó a pedirle que le ayudara a resolver un pleito de herencia entre él y su hermano, a lo cual Jesús le aclaró que él no vino para eso (Lc 12.14). Partiendo de ello, contó la llamada “Parábola del Rico Insensato” (Lc 12.16-21), donde Jesús les enseñó a las personas que la vida es tan frágil y tan fugaz que entregarla a la avaricia y el materialismo es una decisión muy necia de nuestra parte. La realidad es que no sabemos cuándo nos tocará dar cuentas ante Dios y mientras tenemos vida, necesitamos pensar en lo más importante: hacernos ricos a los ojos de Dios con buenas obras, con devoción y con rectitud en lugar de vivir obsesionados con el dinero y lo material. La imagen que la parábola nos pinta del hombre rico, de acuerdo con el libro The Parables: Jewis Tradition and Christian Interpretation, de Hendrickson Publishers, no corresponde al agricultor judío promedio que normalmente consideraban a Dios a lo largo de todo el proceso de la siembra y la cosecha. Más bien tenemos una imagen extrema de un hombre entregado al egoísmo y la avaricia y que no consideró ni siquiera ser agradecido con Dios por las bendiciones recibidas, mucho menos pensar en ayudar a alguien más.
  5. La enseñanza sobre vivir sin preocupaciones (Lucas 12.22-34). En este pasaje, Jesús utilizó imágenes del campo para impartir su mensaje: los lirios silvestres. Si Dios se preocupa por hacerlos crecer y por darles una apariencia majestuosa, ¿cómo no se va a preocupar por atender nuestras necesidades básicas? Jesús llama a las personas a no vivir obsesionadas por las preocupaciones materiales de esta vida, sino a entregar mejor sus corazones a lo más importante. Sus instrucciones son directas: “No se preocupen… no se afanen…”. Lo mejor que podemos hacer es buscar el reino de Dios primero y entonces Él se encargaría de darnos todo lo que necesitamos (Lucas 12.31). También Jesús llamó a las personas a aprender a ser generosos a pesar de las carencias materiales, lo que generaría que acumularan “un tesoro inagotable en el cielo” (Lc 12.33). Y termina diciendo, “Pues donde tengan ustedes su tesoro, allí estará también su corazón.” (Lc 12.34). Toda persona invertirá su corazón en lo que para él o ella es más importante (su tesoro). Si nuestro tesoro es el reino de Dios y hacer su voluntad, ¡ahí nos invertiremos! Pero si es otra cosa más terrenal, pues será evidente que nuestra prioridad es precisamente eso: hacer dinero, trabajar, acumular riquezas, sentirnos bien, ser felices, etc.
  6. Vivir en estado de alerta espiritual (Lucas 12.35-48). En este pasaje, Jesús utilizó imágenes de la vida cotidiana (los siervos que esperan a su amo después de una fiesta y el mayordomo de una casa con la responsabilidad que tenía). La meta de estas historias era ayudar a las personas a comprender que el regreso del Hijo de Dios a la tierra tomaría por sorpresa a todo el mundo, pero que no debería tomar a sus discípulos por sorpresa, porque necesitaban mantenerse listos y preparados para el regreso de Cristo. Una de las pistas que Jesús dio de su regreso fue: “el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen. ” (Lc 12.40). Aunque muchas personas a lo largo de la historia moderna han asegurado haber descifrado el misterio del regreso de Cristo (en cuestión de fechas y tiempos), la realidad es que Jesús solo dio algunas pistas como ésta: regresará cuando menos lo esperen. Al parecer sería un tiempo en quel a humanidad estaría tan desinteresada del tema Jesús que de ninguna manera esperaban que él volviera, porque seguramente ni siquiera creían en el. Hay dos malos ejemplos ilustrados en el pasaje que los discípulos debemos conocer y estar alertas al respecto: a) los siervos que no están pendientes de la llegada de su Señor y por lo tanto viven de forma descuidada e irresponsable en el sentido espiritual, b) los siervos con una determinada responsabilidad en el reino de Dios que en lugar de cumplir bien su deber, se pone a maltratar a aquellos discípulos que están bajo su cargo y a entregarse a un estilo de vida de auto-gratificación (“comer y beber y emborracharse”, Lc 12.45). Si no se arrepienten ni los unos ni los otros, sufrirían graves consecuencias. ¿Qué tan fuertes? Los versículos 47 al 48 aclaran que todo el juicio será proporcional al nivel de responsabilidad, conocimiento e influencia que la persona tuvo. De aquí viene un principio muy claro: a mayor privilegio, mayor responsabilidad y más se esperará de la persona.
  7. Jesús como causa de división (Lucas 12.49-53). Jesús compartió con la gente la angustia que ya estaba sintiendo por la “prueba de un bautismo” que tendría que pasar pronto (Lc 12.49), y que obviamente se refería a su próximo sufrimiento en la cruz. También anunció ahí mismo que él sería causa de división entre las familias ya que no vino a traer “paz a la tierra” en el sentido que los hombres esperaban, más bien vino a traer un mensaje de reconciliación con Dios que a muchos no les gustaría y por eso crearía división, comenzando entre los propios familiares.
  8. Jesús confrrontó la hipocresía de la sociedad judía de la época (Lucas 12.54-59), que se consideraban muy buenos para interpretar las señales del medio ambiente para identificar el clima que tendrían cada día, pero no eran capaces de interpretar correctamente las señales milagrosas que Jesús venía haciendo y así poder comprender lo que vendría después.
  9. La importancia del arrepentimiento (Lucas 13.1-9). En base a un reporte que recibió Jesús sobre la muerte de varios galileos a manos de Pilato, él aprovechó entonces para atacar la creencia popular de las culturas antiguas en general que creían que cuando algo malo le sucedía a una persona forzosamente estaba relacionado con alguna maldad que ese individuo había cometido. Es decir, era una especie de castigo divino por su maldad. Jesús aclaró en estos pasajes que de ninguna manera las cosas funcionan así y que todas esas personas que murieron de forma trágica no eran más culpables que los judíos que estaban escuchándolo tranquilamente ese día. ¡Todos necesitaban arrepentirse! Después contó la “Parábola de la Higuera sin Fruto” (v. 6-9), donde dejó claro cómo Dios trabaja en los corazones de las personas a lo largo del tiempo, poniendo situaciones y circunstancias para que la gente decida arrepentirse y así tengan oportunidad de salvarse. Pero no siempre habrá esa puerta abierta, Dios da tiempo limitado a cada persona para que se vuelva a Él y pueda tener una vida de frutos agradables a Dios. Pero cuando se acaba el tiempo, esa persona será cortada. Por eso debemos aprovechar la oportunidad que Dios nos ha dado de conocerlo y vivir de forma agradable a Él.

Conclusiones:

  1. Para Jesús son muy valiosas las personas que deciden escuchar su Palabra y llevarla a la práctica. Ni siquiera sus propios familiares son más importantes para él que cada uno de los seres humanos que sinceramente decide seguirlo.
  2. Las enseñanzas de Jesús contra la avaricia, el amor al dinero y el materialismo se repiten una y otra vez a lo largo de los evangelios en diferentes formas (parábolas, mandatos, ilustraciones, etc.). El tema del dinero es central en las enseñanzas de Jesús y así también debe ser central para todos aquellos que nos llamamos sus discípulos.
  3. Tanto el fin de nuestra vida como el regreso de Cristo son dos cosas inciertas, no porque no sabemos si sucederán o no, sino porque no sabemos cuándo sucederán ya que son inevitables. Por eso, Jesús nos llama a vivir en estado de alerta espiritual. ¿Así es como estamos viviendo hoy? ¿Podríamos describirnos de esta forma?
  4. La confianza en Dios también es un tema importante en las enseñanzas de Jesús. ¿Cuánto confiamos en Dios nosotros? ¿Nos encontramos en momentos en nuestra vida cristiana donde confiamos más en nuestros talentos, nuestras habilidades o nuestros recursos que en el poder de Dios?
  5. El arrepentimiento tambien es un tema central en los evangelios. ¿Qué tan trascendente sigue siendo esta enseñanza para nuestros corazones? ¿Seguimos practicando el arrepentimiento o más bien andamos con el corazón endurecido por el pecado? Jesús nos demanda arrepentimiento, ¡no lo olvidemos!

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