Día 330

DANIEL 6.1 – 28, 9.1 – 27, 2 CRÓNICAS 36.22 – 23, 1 CRÓNICAS 3.17 – 19.

A partir de hoy estamos entrando de lleno a una nueva etapa de la historia del pueblo de Dios en el exilio: la dominación persa. Como hablamos en el estudio de ayer, la ciudad de Babilonia fue conquistada por los persas a manos de “Darío el medo” (Dn 5.31) y como consecuencia, todo el imperio babilónico. Pero el pueblo de Israel continuó en el exilio, solo que ahora bajo un opresor diferente. Sin embargo, Dios trabajó a través de todas estas circunstancias para llevar a cumplimiento las profecías del retorno del exilio y la esperanza nueva para su pueblo, tal como lo había hablado a sus profetas como Jeremías e Isaías.

Iniciemos identificando a “Darío el medo”, a quien el profeta Daniel menciona como el rey a cargo de la conquista de Babilonia y la posterior reorganización de todo el reino ahora bajo dominio persa (Daniel 6.1). Es importante mencionar lo que comenta el Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia, de Editorial Caribe, con respecto a la figura histórica de este personaje. Resulta que Darío de Media solamente es mencionado en el libro de Daniel y no es el famoso Darío I Hystapes quien no era medo y vivió más tarde (522 – 486 a.C.). Se cree más bien que “Darío el medo” fue en realidad Gubaru, un gobernador interino de Babilonia nombrado por Ciro que tomó posesión inmediatamente del reino de Babilonia, hasta que Ciro nombraría a su hijo Cambises como viceregente en el 538 a.C. No se sabe por qué Daniel lo menciona como “Darío” aunque sí hay registro de que los antiguos gobernantes adoptaban a menudo otros nombres.

Regresando a la historia de Daniel, el capítulo 6 nos dice que al igual que sucedió en tiempos de Nabucodonosor, Daniel nuevamente ocupó cargos publicos de administración, demostrando en poco tiempo “ser más capaz que los otros administradores y altos funcionarios” (Dn 6.3). El rey de Babilonia (el gobernante asignado por el imperio medo-persa) se dio cuenta de su capacidad comenzó a planear un ascenso en el gobierno para Daniel, nada menos que para estar al frente de la administración del gobierno de todo el imperio. Como suele suceder aún en nuestros tiempos, las envidias y rivalidades con los demás funcionarios no se hicieron esperar y un grupo de ellos comenzó a planear cómo hacerle daño para evitar que ascendiera de posición por encima de ellos. Cuando buscaron algo para criticarlo o afectar su imagen ante el rey, fracasaron, ya que la Biblia afirma que Daniel era “fiel, siempre responsable y totalmente digno de confianza.” (Dn 6.4) o “él era fiel. Ningún vicio o falta pudieron hallar en él.” (BTX) o “era leal y no se le podían reprochar negligencias o irregularidades.” (BJL). Así que concluyeron que había solamente una posibilidad para acusarlo: ¡su religión!

Acto seguido, hicieron un plan malvado para lograr acusar a Daniel delante del rey y así tendrían éxito sus malas intenciones: que el rey emitiera un decreto oficial que pidiera que durante un mes completo todo mundo orara solamente al rey, a ninguna otra persona o deidad, bajo advertencia de lanzar al foso de leones a quien no hiciera caso (Dn 6.7). ¿Por qué estaban tan seguros que esto funcionaría? Pues porque conocían a Daniel y sabían que también en la cuestión religiosa él era fiel a su Dios y no dejaría de orar. ¡Era conocido por todos en la corte real que Daniel era un hombre devoto a Dios y un hombre de oración! Y así fue, Daniel continuó orando 3 veces al día como era su costumbre (Daniel 6.10), de rodillas y dando gracias también. Así que cuando lo acusaron con el rey, éste no pudo hacer nada mas que seguir el decreto que él mismo habia pronunciado con carácter de irrevocable, y ordenó lanzar a Daniel al foso de leones. Según el relato bíblico, el rey no quería hacer esto e intentó salvar a Daniel como pudo pero no lo logró. Sin embargo, Dios intervino milagrosamente enviando un ángel para cerrar la boca a los leones (Daniel 6.22) y fue librado de morir “porque había confiado en su Dios” (Dn 6.23). ¡Dios no abandonó a Daniel en su peor prueba! Dios recompensó la fidelidad de Daniel en gran manera. El resto del capítulo narra cómo el rey castigó a los funcionarios envidiosos y mal intencionados con la muerte y después envió un mensaje a todo el reino donde reconocía quién era Dios e incluso ordenaba que todos tuvieran temor de Él. Estaba maravillado por la forma como Dios rescató a Daniel y decidió respetar mucho a ese Dios de Daniel (Daniel 6.25.27). Una vez más Dios utilizando a grandes gobernantes y reyes para cumplir sus propósitos.

Vamos ahora a Daniel 9, donde el profeta hace una conmovedora oración y recibe una respuesta inmediata de Dios. La fecha de este evento corresponde a “el primer año del reinado de Darío, el medo, hijo de Asuero, quien llegó a ser rey de los babilonios.” (Dn 9.1). Regresando a la figura descrita con anterioridad del gobernador interino de Babilonia (Gubaru), su primer año de reinado fue el 538 a.C. Es decir, este evento sucedió justo en el primer año de la conquista medo-persa de Babilonia. ¿Qué fue exactamente lo que pasó?:

  1. Daniel se puso a estudiar a Jeremías. Los versículos 2 al 3 nos dicen que Daniel estaba estudiando “la palabra del Señor, según fue revelada al profeta Jeremías”. Es importante mencionar que para ese tiempo Daniel tenía al alcance alguna copia del libro de Jeremías en su poder y ya era considera “palabra del Señor”. Es decir, el pueblo de Israel en el exilio ya reconocía los escritos de Jeremías como inspirados por Dios, aunque en su tiempo, cuando los escribió, fueron rechazados por la mayoría.
  2. Daniel descubrió algo nuevo para él. El versículo 2 dice que “aprendí que Jerusalén debía quedar en desolación durante setenta años” y después oró y ayunó, se puso ropas ásperas y cenizas en la cabeza. Daniel quería encontrar alguna respuesta en las Escrituras a la situación que vivía su pueblo y Dios le reveló varias cosas importantes. Algunos pasajes que seguramente Daniel había estudiado son: Jeremías 25.11 (NVI) (“Todo este país quedará reducido a horror y desolación, y estas naciones servirán al rey de Babilonia durante setenta años. 12 »Pero cuando se hayan cumplido los setenta años, yo castigaré por su iniquidad al rey de Babilonia y a aquella nación, país de los caldeos, y los convertiré en desolación perpetua—afirma el Señor—.”), Jeremías 29.10 (NVI) (“Así dice el Señor: «Cuando a Babilonia se le hayan cumplido los setenta años, yo los visitaré; y haré honor a mi promesa en favor de ustedes, y los haré volver a este lugar.”). Daniel comprendió que ya había terminado la dominación babilónica y entonces tendría que venir pronto el tiempo de restauración nacional que Dios prometió a sus profetas. De acuerdo con la Biblia de Estudio Apologética, Jeremías profetizó el período de 70 años de cautiverio en el 605 a.C. y Ciro decretó la liberación de los cautivos y el regreso a Israel en el 538 a.C., eso da un total de 67 años, un número muy aproximado a los 70 años que predijo Jeremías, que se considera entonces como un redondeo. Otra muestra más de la inspiración divina de las Escrituras.
  3. La humilde oración de Daniel. En Daniel 9.4-19, el profeta hace una oración muy profunda en la que primeramente reconoció sus pecados personales y los de todo su pueblo contra Dios (v. 5, “hemos pecado y hemos hecho lo malo”), reconoció también que Dios fue justo al mandarles el sufrimiento que experimentaron (v.14, “El SEÑOR nuestro Dios tuvo razón en hacer todas esas cosas, porque no lo obedecimos.”), y después ruega a Dios que ya termine el castigo y que no demore su liberación prometida (v. 19, “»Oh Señor, óyenos. Oh Señor, perdónanos. ¡Oh Señor, escúchanos y actúa! Por amor a tu nombre, no te demores”). Básicamente Daniel descubrió una promesa de Dios y decidió aferrarse a ella pensando que ya era tiempo que se cumpliera por las circunstancias históricas que se habían presentado (la destrucción del imperio babilónico).
  4. La respuesta inmediata de Dios. La Biblia afirma que el ángel Gabriel fue enviado a Daniel en cuanto inició su oración (Daniel 9.23) porque el profeta era “muy precioso para Dios”. A Dios le agradó la humildad con la que oró Daniel y la convicción para aferrarse a una promesa bíblica y pedir que se cumpliera. Ciertamente Daniel era un hombre que agradaba a Dios.

Como respuesta a su oración, Daniel recibió una revelación profética de parte del ángel Gabriel, veamos en qué consistía la misma:

  1. Gabriel dijo que el período fijado por Dios para que Israel y su capital pudieran ser perdonadas por sus pecados después de haber estado sufriendo eran “setenta conjuntos de siete” o “Setenta semanas” (BTX), las cuales terminarían el día que se cumplieran varias cosas (Daniel 9.24): terminar con el pecado del pueblo, obtener perdón por la culpa, traer justicia eterna, ungir el lugar santísimo. Diversos estudiosos bíblicos coinciden que solamente la figura del Mesías podría traer todas estas cosas al pueblo de Dios, nadie más. Entonces encontramos aquí una profecía que apunta a los tiempos de Jesús de alguna manera.
  2. El ángel también habló de un período de “siete conjuntos de siete más sesenta y dos conjuntos de siete” (Dn 9.25) o “habrá siete semanas y sesenta y dos semanas” (BTX). Este período iniciaría en “el momento en que se dé la orden de reconstruir Jerusalén” y terminaría cuando llegara “un gobernante, el Ungido” o “el Mesías Príncipe” (BTX). Y de hecho se especifica que Jerusalén sería reconstruída “con calles y fuertes defensas”.
  3. Pasando el período de “sesenta y dos conjuntos de siete” (Dn 9.26) o “las sesenta y dos semanas” (NBLH), algo terrible pasaría, “matarán al Ungido sin que parezca haber logrado nada” o “el Mesías será muerto y no tendrá nada”. La muerte del Mesías estaba anunciada aquí y su aparente fracaso.
  4. Finalmente, el ángel anunció a Daniel que otro gobernante llegaría y nuevamente destruiría toda la ciuda de Jerusalén y el templo reconstruído recientemente. Dicho gobernante también firmaría un tratado con el pueblo de Dios “por un período de un conjunto de siete” (Dn 9.27), pero a la mitad de ese período rompería el tratado y pondría fin a la vida ritual de Israel incluso profanando el lugar sagrado del templo con un “objeto sacrílego”.

Ahora, ¿cómo interpretar esta controversial profecía? Existen diversas posturas entre los estudiosos de la Biblia, desde las más conservadoras hasta las más liberales (incluso asegurando que el autor fue un pseudo-Daniel que escribió mucho tiempo después de lo que se cree). En realidad no hay una certeza hasta el momento de lo que significa exactamente. Veamos lo que plantea el Dr. John Oakes en su libro Daniel: Prophet to the Nations es la siguiente:

  1. Los “setenta conjuntos de siete” o “setenta semanas” deben ser interpretadas como setenta conjuntos de siete años, ya que como muchos estudiosos piensan, el número “siete” implica años. Esto sería un total de 490 años exactamente.
  2. El único capaz de traer perdón de pecados a todo el pueblo de Israel y establecer justicia eterna sería Jesucristo, el Hijo de Dios, el Mesías. Así que la fecha de término de las “setenta semanas” debería corresponder con algún evento trascendente referido a Jesús.
  3. Hubo varios decretos oficiales del imperio persa para reconstruír Jerusalén: por Ciro en Esdras 1, por Darío en Esdras 6 y por Artajerjes en Esdras 7, en tiempos de este último fue donde el sacerdote Esdras se llevó a muchos de regreso a Jerusalén. El año de este último evento fue el 458 a.C. Tomando como base el año de este último decreto, le sumamos 490 años, el resultado nos ubica casi en el año 33 d.C., ¡el año de la crucifixión de Jesús!
  4. La referencia al gobernante que seguiría a la muerte del Mesías y que destruiría Jerusalén y el templo bien podría apuntar al general Tito, quien destruyó la ciudad en el año 70 d.C., junto con el templo, y quien además desapareció completamente la vida ritual de Israel para siempre convirtiendo toda la ciudad de Jerusalén en un sitio de adoración pagana, incluyendo obviamente el área del templo.

Para terminar, 2 Crónicas 36.22 -23 narra en breves palabras cómo Ciro, el rey de persia, “cumplió la profecía que había dado por medio de Jeremías” (2 Cr 36.22) cuando fue movido por Dios a permitir el regreso de Israel a su tierra y la reconstrucción templo de Jerusalén.

Conclusiones:

  1. Si nos mantenemos fieles a Dios saldremos victoriosos de tiempos de intrigas de parte de rivales o enemigos que injustamente quieran causarnos un daño inmerecido. Dios es fiel con quienes son fieles con Él, ¡confiemos en Él en esos tiempos!
  2. ¿Qué tal nuestra imagen ante nuestros compañeros de trabajo, escuela o familiares? Si alguno de ellos quisiera causarnos daño a nosotros como creyentes, ¿podrían decir lo mismo que dijeron de Daniel, que no hay ningún área por dónde golpearnos mas que por el lado de nuestra religión? ¿O tendrían muchos argumentos ordinarios para terminar con nuestra reputación?
  3. ¿Te imaginas durar 30 días sin orar y además sin poder hacerlo porque no se te permite? Ningún creyente que verdaderamente ama a Dios y lo necesita podría soportar algo así. Daniel sabía que no podría estar sin orar y por eso buscó a Dios a pesar de la amenaza. ¿Somos como él en nuestra convicción sobre la oración?
  4. En tiempos de angustia e incertidumbre, el estudiar las Escrituras es una de las mejores disciplinas que podemos llevar a cabo, ya que Dios nos puede revelar a través de las mismas su voluntad para nuestras vidas y las salidas que Él tiene disponibles para nosotros. ¡No dejemos de estudiar la Biblia!
  5. Dios quiere responder inmediatamente a oraciones sinceras y llenas de humildad de nuestra parte. No menospreciemos el poder de la oración fervorosa, si somos constantes nos podemos llevar agradables sorpresas.
  6. Asombrémonos con las profecías de Daniel y sigamos meditando en ellas. Tal vez no comprendamos con exactitud su significado hasta que estemos viviendo los tiempos últimos, así como Daniel comprendió las profecías de Jeremías hasta que terminó el dominio de Babilonia. Es un hecho que no todas las profecías contenidas en la Biblia ya han sido cumplidas o se pueden comprender fácilmente.

 

Los dejo con un fragmento de la serie La Biblia que narra la conquista de Babilonia por parte de los persas hasta el episodio de Daniel y los Leones, y más allá. Para verlo, reproducir el video en desde el minuto 0:25:48 hasta el 0:38:30.


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