Día 80

NÚMEROS 5.

En estos capítulos analizaremos dos aspectos más de la vida ritual que Dios pedía de Israel: cómo mantener la pureza dentro del campamento y el caso de los nazareos, los consagrados especiales. La santidad sigue siendo un enfoque central de estos capítulos y los israelitas necesitaban someterse a estas regulaciones para mantener el nivel esperado por Dios. Recordemos que Él mismo habitaba con ellos dentro del campamento y por lo tanto exigía un pueblo santo para un Dios santo.

En los versículos 1 al 4 del capitulo 5, Dios ordena a Moisés que instruyera al pueblo para que sacaran del campamento a todos los enfermos de la piel, de algún flujo, o quien hubiera tocado un cadáver (todo esto conforme a la legislación revelada previamente en Levítico). Al parecer el pueblo mantenía varias personas de estas condiciones dentro del campamento, ya que el v. 4 dice, “Entonces los israelitas hicieron lo que el SEÑOR le había ordenado a Moisés y sacaron a tales personas del campamento.” La razón de la orden seguía siendo, “Sácalos para que no contaminen el campamento donde yo habito en medio de ellos” (v. 3).

Ya explicamos los posibles argumentos para este trato a los enfermos de la piel y del flujo, más adelante analizaremos los argumentos para la cuestión de que alguien tocara a un cadáver. Pero todo esto gira en torno a la conciencia que Dios quería crear en esu pueblo de que Él mismo habitaba en medio de ellos. La presencia de Dios dentro del campamento era suficiente razón para que el pueblo se esforzara al máximo por conservar un nivel de pureza ritual que Dios mismo estableció. Dios dejaba claro que para que Él, el Creador del Universo entero, morara enmedio de un pueblo pecador como Israel, ellos necesitaban cierto nivel de pureza y santidad.

El factor de la presencia de Dios en medio del pueblo es el detonante de todas las exigencias de santidad. Me hizo recordar Ef 2.21–22 (DHH-LA) “21En Cristo, todo el edificio va levantándose en todas y cada una de sus partes, hasta llegar a ser, en el Señor, un templo santo. 22En él también ustedes se unen todos entre sí para llegar a ser un templo en el cual Dios vive por medio de su Espíritu.” En la iglesia cristiana nos unimos y formamos un templo espiritual “en el cual Dios VIVE por medio de su Espíritu”. Si esto es así, ¿debemos aspirar a un nivel de santidad en nuestra vida? ¿Necesitamos tener esta conciencia continuamente de que Dios mora en nosotros y que demanda santidad? ¡Claro! Si así era en el AT, así siguen siendo en el NT.

Los versículos 5 al 10 tratan con el caso de cualquier persona que “le hace mal a otra persona”, “cometa cualquier pecado en perjuicio del prójimo” (BTX), “peque contra su prójimo” (NVI). ¿Qué podría ser esto? Pues ya se describieron anteriormente los pecados contra el prójimo: falsos testimonios, pecados sexuales, robos, agresiones, calumnias, mentiras, etc. Y en el espíritu de toda la Biblia cuando se habla de pecados contra el prójimo, el v. 6 añade, “traiciona al Señor”, “prevaricando así contra YHVH” (BTX), “actuando pérfidamente contra el Señor” (NBLH), “ofendiendo a Yahvé” (BJL). Nuevamente la Biblia relaciona pecar contra el prójimo con pecar contra Dios. Por la misma seriedad del pecado, Dios instituyó que los responsables restituyeran el daño más un 20% adicional (v. 7) además de presentar sacrificios al Señor en caso que la persona ya estuviera muerta y no hubiera parientes cercanos a quien restituirle la ofensa (v. 7-8). La personas verdaderamente arrepentida de su pecado contra su prójimo se aseguraría de saldar la deuda aunque estuviera muerta ya la persona ofendida. ¡No era cualquier cosa a los ojos de Dios esto! Trascendía incluso la muerte del ofendido. Recordemos que los pecados contra el prójimo nos alejan de Dios también, porque estamos pecando contra Él y más aún cuando pecamos contra otro creyente, es decir, contra un hermano o hermana en la fe, contrar un hijo o hija de Dios. Este principio sigue vigente hoy.

Ahora, en los versículos 11 al 31 tenemos un caso muy interesante: cuando un esposo tiene celos de su esposa y la acusa de infidelidad. Entendamos bien lo que sucedía:

  1. En los versículos 12 al 14 se contempla la situación de una mujer que le fue infiel a su marido pero en secreto, sin testigos, que nadie se enterara, pero que el esposo comenzara a sentir celos y desconfiara de la fidelidad de ella. Primero quiero resaltar aquí el hecho que aunque el adulterio fue en secreto, de repente el esposo comienza a sentir celos. ¿Por qué? Pues porque la infidelidad no se puede ocultar. Gn 2. 24 dice “24 Esto explica por qué el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa, y los dos se convierten en uno solo.” Dios diseñó el matrimonio de tal forma que la relación entre esas 2 personas es la más íntima y cercana que se puede dar en todo el contexto de las relaciones humanas. Dijo Dios, “se convierten en uno solo”. Si la mitad de ese “uno solo” anda en malos pasos, tarde o temprano la otra parte se dará cuenta de una u otra manera. Las personas que viven en infidelidad con una o varias personas y piensan sinceramente que son muy astutos y que su pareja no se dará cuenta están actuando en verdadera estupidez humana ya que ellos no diseñaron el matrimonio, fue Dios, y solo Él sabe cómo funcionan todos los engranajes de la relación. Y a Dios nadie le puede ver la “cara de tonto”, nadie lo puede engañar, la infidelidad se paga de una o de otra forma siempre.
  2. Sin embargo, también es un hecho que hay personas que son muy celosas. De acuerdo al Eerdmans Bible Dictionary, de Eerdmans Publishing Co., dice que los celos pueden ser o una emoción humana positiva o una perversión pecaminosa. En el primer caso, implica una preocupación sincera por el bien de otra persona, como el celo que sintió Elías por Dios en su confrontación con los profetas de Baal (1 R 19.10). En el segundo caso, los celos pecaminosos se basan en la creencia de que uno tiene derechos sobre otro que no le corresponden, por ejemplo el caso de los hermanos de José que tenían una envidia muy fuerte contra él (Gn 37.11). Un ejemplo más moderno de celos pecaminosos es el caso de una pareja de novios de la actualidad donde cualquiera de las dos partes vive en constantes celos porque siente que tiene derechos sobre su novia en áreas donde no le corresponde porque trata su relación como si ya fueran esposos. Hay cero confianza en esa relación. Y sabemos también que por celos muchas personas llegan a cometer incluso crímenes.
  3. Como Dios conocía la debilidad del corazón humano y que podría haber hombres celosos de forma pecaminosa y sin justificación, Él diseñó un sistema ritual para dejar en sus manos la determinación final de la supuesta culpa de la mujer. La esposa acusada era llevada al sacerdote y se presentaría una “ofrenda de celos” (v. 15). En base a una mezcla de agua y de polvo tomado del piso del tabernáculo y después la mujer tendría que beber dicha mezcla (v 17-18), llamada “agua amarga”. Después se le ponía bajo juramento delante de Dios con la consigna de que si resultaba culpable, “él te haga estéril al causar que tu útero se encoja y tu abdomen se hinche”.
  4. ¿Por qué el castigo de ser estéril? ¿Era suficiente para su caso? De acuerdo a la Biblia de Estudio Arqueológica, la incapacidad de concebir para una mujer en el Cercano Oriente antiguo era una pérdida personal de proporciones enormes, ya que su valor como mujer se determinaba solamente por su capacidad de tener hijos. En otros casos la pena era la muerte para ambos adúlteros pero cuando eran sorprendidos en el acto y había testigos. Ahora, si la mujer era inocente, “Pero si ella no se ha contaminado y es pura, entonces saldrá ilesa y todavía podrá tener hijos” (v. 28).

Conclusiones.

  1. El privilegio de contar con la presencia de Dios en nuestra vida es suficiente factor para demandarnos santidad. En el cristianismo, la Biblia nos enseña que un cristiano verdadero tiene el Espíritu Santo, que es una parte de la Trinidad que literalmente mora en nosotros. Si entendemos que tenemos el Espíritu Santo, que esa sea suficiente motivación para buscar santidad en nuestra vida todo el tiempo.
  2. Recordemos que para Dios pecar contra el prójimo en cualquier forma es pecar contra Él y toma dichas ofensas muy seriamente. Esto debe ser claro tanto para quien peca contra un creyente como para quien es ofendido, ya que en el segundo caso se puede dar una situación de amargura por la ofensa recibida que lleve a esa persona a pecar también pero ahora contra el agresor y de ninguna manera es justificable tampoco. En ambos sentidos y en ambos casos, pecar contra el projimo es pecar contra Dios. ¿Hay alguna amargura en tu corazón que te está haciendo pecar contra tu prójimo de alguna manera? Medita en lo que aprendiste hoy.
  3. Los celos injustificados son sentimientos pecaminosos. Especialmente si eres una persona con claras tendencias de celos en tu vida, debes tener mucho cuidado de no cruzar los límites y encontrarte pecando contra tu pareja. Hay personas que necesitan arrepentirse profundamente de los celos enfermizos que reflejan diariamente.
  4. La infidelidad no puede ser escondida. Tarde o temprano, de alguna forma misteriosa, la parte ofendida en el matrimonio sospechará, intuirá o entenderá que su pareja está siendo infiel. Nadie puede burlarse de Dios, nadie puede jugar con algo que Él inventó, como el matrimonio.
  5. Los castigos en la Biblia para el adulterio siempre son fuertes, tanto en el AT como en el NT. Tengamos cuidado y mantengamos la fidelidad en el matrimonio en un estándar alto.

4 Responses to “Día 80”

  1. Ricardo García R dice:

    Gracias Arturo. Sin duda es desafiante lograr la santidad que Dios espera de nosotros. Mas El no la pediría si no fuera posible, Jesús es el ejemplo a seguir. Oro por que Dios nos permita crecer embestía área. Slds

  2. Hilda Zavala dice:

    Gracias!! ya quiero leer la continuación estaré a la espera gracias por tu servicio.

  3. Vicky dice:

    Arturo, muchas gracias, el estudiar estos devocionales, te comparto que me hacen retomar o reafirmar convicciones como cuando estudio la Biblia con una amiga. Gracias DTB

  4. Martín Tomas Merediz-Funes dice:

    Que importante es entender que antes o ahora nuestra conducta debe ser fiel 100% a la palabra de Dios, es tambien super importante reconocer que al pecar contra alguien pecamos contra el Señor.
    La infidelidad siempre deberá ser sacada a la luz, el Señor así lo dispone y es para que la institución del matrimonio sea respetada
    Todo lo instaurado por el Señor merece o más bien debe ser respetado.
    El Señor siempre impone castigo contra la infidelidad.
    Gracias al Señor por estos estudios que siempre van recalcando la conducta que debemos tener en distintas áreas.
    Gracias Arturo

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