Día 285

ISAÍAS 58.1 – 63.14.

Ya estando cerca de terminar de estudiar el libro de Isaías, el día de hoy continuaremos analizando los mensajes proféticos que contiene y en especial el énfasis que ponen los capítulos correspondientes a la perspectiva de Dios hacia la situación de Judá y en especial de Jerusalén. También analizaremos otra profecía mesiánica muy famosa que el mismo Jesús citaría como referencia a él mismo muchos años después.

¿Es posible ser religiosos devotos de una falsa adoración? Isaías 58 y 59 nos dicen que sí. Dios mismo muestra la incongruencia que había entre las palabras y los actos de devoción de Israel y la otra cara de sus vidas. Isaías denuncia que por fuera reflejaban una apariencia de piedad religiosa de la siguiente manera (Is aías 59.2 – 5):

  1. Visitando diariamente el templo de Jerusalén para rendir culto a Dios y hacer oraciones.
  2. Transmitían estar encantados de aprender de Dios o “muestran deseos de conocer mis caminos” (BTX).
  3. Aparentaban ser una “nación justa” que nunca abandonaba las leyes de su Dios.
  4. Oraban pidiendo a Dios que actuara a favor de ellos.
  5. Ayunaban mucho al grado de afirmar que eran “muy severos” con ellos mismos.
  6. Vestían ropas ásperas, se cubrían de ceniza e inclinaban la cabeza.

Por fuera aparentaban ser muy religiosos, pero Dios denunció también la otra cara de la moneda en la vida del pueblo de Israel, ya que al mismo tiempo que hacían todo lo anterior, también:

  1. Los sacrificios espirituales que hacían, como el ayuno, eran motivados por intereses personales: “ayunan para complacerse a sí mismos” (Is 58.3) o “cuando ustedes ayunaban lo hacían por interés” (BJL).
  2. Sus relaciones humanas con otros miembros del pueblo de Dios estaban caracterizadas por la siguiente frase: “siguen con sus peleas y riñas” (Is 58.4).
  3. Su boca estaba llena de acusaciones, críticas y esparcimiento de “rumores maliciosos” (Is 58.9) o “palabras arrogantes” (BTX) o llenos de insultos y calumnias contra otros (DHH-LA).
  4. El actuar con justicia y honradez ya no eran una prioridad para los israelitas (Is 59.1) ya que recurrían a la mentira constantemente incluso para entablar demandas legales unos contra otros.
  5. Practicaban ampliamente la corrupción (Is 59.3).
  6. Había mucha violencia en todos sus actos (Is 59.6).
  7. Eran injustos y opresores con sus compatriotas (Is 59.12).

Sin embargo, también Dios les aclara que ya estaban pagando consecuencias espirituales por la doble moral que manejaban para con Dios y sus mandatos (Isaías 59):

  1. Estaban “separados de Dios” (v. 2) ya que sus mismos pecados habían “levantado una barrera” (DHH-LA) entre ellos y su Dios y se estaban acumulando más y más con el tiempo (v. 12).
  2. No entendían para nada lo que era llevar una vida recta (v. 9).
  3. Solo encontraban oscuridad en sus caminos aunque anhelaban la luz y por lo tanto tropezaban continuamente (v. 10).
  4. Sus almas estaban sufriendo (v. 11).

Este mensaje del profeta Isaías nos muestra que es muy posible aparentar ser una persona muy religiosa y devota a Dios pero en realidad vivir engañados, porque el corazón puede al mismo tiempo estar lleno de enojos, envidias, amarguras, rivalidades, violencia, corrupción, mentira y más. Como resultado, la persona permanece separada de Dios por tantos pecados de carácter y de relaciones humanas acumulados y sin arrepentimiento. Y ahí reside el máximo engaño de esta forma de religiosidad, ¡al final no están bien con Dios quienes viven de esta manera! Por más sacrificios espirituales que hagan.

Para no dejar lugar a dudas, Dios también especificó claramente el tipo de religión que Él esperaba que practicara su pueblo (Isaías 58.6-14): hacer justicia con los encarcelados injustamente, liberar a los oprimidos y atender a los necesitados del pueblo y de sus propias familias. La promesa de Dios si había un cambio de conducta es impresionante: “su salvación llegará como el amanecer… sus heridas sanarán… su justicia los guiará… cuando llamen, el Señor les responderá… el Señor los guiará…” Dios siempre recompensa la integridad y la congruencia en la devoción a Él.

Ahora bien, en Isaías 60 y 62 encontramos un mensaje profético acerca de la futura restauración de Jerusalén a través del poder de Dios, como ya antes se han mencionado varias a lo largo de este libro de Isaías. Sin embargo, llama la atención Isaías 60.19 que dice, “»Ya no necesitarás que el sol brille durante el día, ni que la luna alumbre durante la noche, porque el SEÑOR tu Dios será tu luz perpetua,       y tu Dios será tu gloria.” Inmediatamente nos recuerda a Apocalipsis 21.23 (NVI), “La ciudad no necesita ni sol ni luna que la alumbren, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.”, que habla de la futura Jerusalén celestial. Podemos encontrar entonces algunos elementos en este capítulo que apuntan a la era posterior al Antiguo Testamento e incluso posterior al Nuevo, más bien al fin del mundo y el juicio final, tal como lo menciona el The New Bible Commentary, de Inter-Varsity Press.

En Isaías 61 encontramos un pasaje muy famoso porque Jesús lo citó en Lucas 4.16-20 mientras estaba haciendo la lectura en la sinagoga para afirmar que el pasaje apuntaba a él mismo. Los versículos 1 al 2 contienen esta famosa profecía mesiánica que nos acompleta aún más la naturaleza de la misión de Jesús: a) llevaría buenas noticias a los pobres, b) consolaría a los de corazón quebrantado, c) proclamaría libertad a todos los cautivos, d) oara proclamar el perdón de Dios hacia la humanidad. Jesús terminó la lectura de este famoso pasaje afirmando, «Hoy se cumple esta Escritura en presencia de ustedes.» (Lc 4.21, NVI). Era un hecho que Jesús no dudaba ni un instante de quién era y a qué vino al mundo.

Finalmente, Isaías 63 nos presenta una visión de la justicia que Dios haría sobre los pueblos que oprimirían a Jerusalén, llegando así a salvarlos con su “brazo fuerte” (Is 63.5). También podemos encontrar dentro del mismo capítulo algunos pasajes que nos revelan aún más el corazón de Dios: “8 Él dijo: «Ellos son mi pueblo. Ciertamente no volverán a traicionarme». Y se convirtió en su Salvador. 9 Cuando ellos sufrían, él también sufrió, y él personalmente los rescató.” (Is 63.8-9): Podemos ver cómo Dios quería confiar en su pueblo y además también él sufría cuando su gente estaba sufriendo, no era indiferente a su dolor, nunca lo fue y nunca lo ha sido. Dios siente también los sufrimientos de su pueblo y sufre dolor junto con la gente. Por eso, siempre buscó la manera de mandar liberación a Israel cuando se encontraba en aprietos y es el mismo corazón que mostró al miundo entero al mandar a su Hijo como máximo Libertador espiritual de toda la raza humana. Dios sufría mientras nosotros sufríamos también. ¿Te conmueve pensar en esto? Meditemos en ello.

Conclusiones:

  1. No caigamos en una religiosidad falsa y engañosa, enfocandonos friamente en cumplir con protocolos, rituales o costumbres religiosas, pero descuidando lo que hay dentro de nuestros corazones, lo que sale de nuestra boca y lo que nuestros actos reflejan. ¡Seamos congruentes en lo que decimos, creemos y hacemos! Y Dios seguirá bendiciendo nuestras vidas constantemente.
  2. Una de las formas de reflejar la religión verdadera se refleja en las dinámicas con las que nos relacionamos con los demás. Dios se fija mucho en eso para evaluar si nuestra devoción a Él es verdadera o falsa.
  3. Dios sufre junto con la humanidad en su sufrimiento y cada día busca la forma de acercar a más seres humanos a Él. Su corazón se ha entregado tanto por su creación que para eso mandó a Jesús a morir por nosotros. ¡Nunca dudemos de su amor o de su preocupación por nosotros! Hay demasiadas evidencias de que Él si se preocupa por la gente y manda ayuda en el momento oportuno.

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