Día 110

DEUTERONOMIO 25 – 26.

Con el análisis de estos capítulos terminaremos lo que se llama “El Código Deuteronómico” que comprende de los capítulos 12 al 26 del libro de Deuteronomio. Como hemos observado, este código tiene muchos elementos comunes con la legislación previamente transmitida en los otros libros del Pentateuco. Sin embargo, también hay algunas diferencias y también varias extensiones de ciertos mandatos.

Analizando el capítulo 25, encontramos en los primeros 3 versículos más leyes acerca de la impartición de justicia. Específicamente la Biblia trata aquí con el asunto de la condena a un culpable en un pleito legal entre dos israelitas. La pena a aplicarse para el ofensor sería una cierta cantidad de azotes “correspondientes al delito que cometió” (v. 2). Pero había un límite: 40 azotes. Por ningún motivo se debería castigar a esa persona con más de 40 azotes porque sería considerado “una humillación pública para tu hermano israelita”, “tu hermano se degrade ante tus ojos” (BTX), “ya no sería castigo sino humillación” (TLA), “tu hermano quede envilecido a tus ojos” (BJL). Dos consideraciones a meditar al respecto:

  1. La idea de aplicación de justicia de Dios era precisamente esa: que se hiciera justicia verdadera. En el caso de las penas a los culpables en un caso legal (traducido como “altercado” o “pleito” en las demás traducciones), Dios no quería que se utilizara la justicia para humillar, degradar o ejercer una venganza personal contra el culpable, sino simplemente que recibiera el castigo justo de acuerdo con la legislación mosáica para que de esa forma pagara por su mala acción. Para Dios “justicia” no es “venganza” o “desquite”. Por esa razón se puso un límite de azotes, así como existe en la actualidad un límite de años de cárcel (llamada “la pena máxima”) en las sociedades modernas. Los 40 azotes serían reservados para casos extremos que ameritaran el mayor castigo posible, obviamente con excepción de los casos de pena capital que ya claramente han sido expuestos a lo largo del estudio.
  2. En nuestra mentalidad occidental podríamos pensar que estas leyes eran demasiado salvajes como para tratarse del pueblo de Dios. Pero debemos considerar lo siguiente: la Biblia de Estudio Apologética comenta al respecto que en ese tiempo, con Israel siendo un pueblo nómada y en proceso de conquista, no había cárceles como en cualquier ciudad ya establecida, así que realmente tenían pocas opciones para la aplicación de justicia. En los casos que se ameritara un cierto número de azotes, el criminal después de que recibiera su sentencia regresaría a su vida normal para trabajar y sostener a su familia. Dios le estaba proveyendo a Israel de herramientas justas pero firmes para la aplicación de justicia a un pueblo tan numeroso como eran ellos en ese momento y como lo serían después.

El versículo 4 parece salido de contexto en apariencia ya que enmedio del tema de la aplicación de la justicia de pronto Biblia dice, “No le pongas bozal al buey para impedirle que coma mientras trilla el grano.” ¿Será que de repente Dios quería mostrar de nuevo su preocupación por los animales y luego regresar al tema? El apóstol Pablo, también inspirado por el Espíritu de Dios, escribió lo siguiente en 1 Corintios 9.7–12 (NVI):

  • ¿Qué soldado presta servicio militar pagándose sus propios gastos? ¿Qué agricultor planta un viñedo y no come de sus uvas? ¿Qué pastor cuida un rebaño y no toma de la leche que ordeña? No piensen que digo esto solamente desde un punto de vista humano. ¿No lo dice también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: «No le pongas bozal al buey mientras esté trillando.» ¿Acaso se preocupa Dios por los bueyes, 10 o lo dice más bien por nosotros? Por supuesto que lo dice por nosotros, porque cuando el labrador ara y el segador trilla, deben hacerlo con la esperanza de participar de la cosecha. 11 Si hemos sembrado semilla espiritual entre ustedes, ¿será mucho pedir que cosechemos de ustedes lo material? 12 Si otros tienen derecho a este sustento de parte de ustedes, ¿no lo tendremos aún más nosotros?Sin embargo, no ejercimos este derecho, sino que lo soportamos todo con tal de no crear obstáculo al evangelio de Cristo.

Justo como Pablo utilizó ese versículo así debemos interpretarlo nosotros: si debemos tratar con consideración a los animales, !cuánto más debemos tratarnos con consideración unos a otros! Pablo lo utilizó en relación a la compensación económica de los misioneros cristianos. Pero también podemos utilizar el principio en cualquier aspecto de las relaciones unos a otros. Lamentablemente en nuestro mundo hay personas que se preocupan más por tratar muy bien a un animal que por ser amable con su prójimo, o por perdonar las ofensas de forma completa, o por ser agradecido (a) con la gente alrededor.

En los versículos 5 al 10 encontramos la llamada “Ley del Levirato”, que previamente ya habíamos mencionado en el estudio del Pentateuco. Esta ley daba una solución al problema presentado cuando moría un hombre y dejaba a su viuda sin hijos. Como ya hemos discutido anteriormente, para la mujer socialmente hablando no tener hijos era humillante y afectaba terriblemente la forma en que el resto del pueblo la vería. Lo que la ley plantea es que entonces sea el cuñado quien la tome como esposa y le de hijos y que el nombre del fallecido “no sea olvidado en Israel” (v. 6). Sin embargo, el cuñado podría negarse, aunque se esperaba que aceptara cumplir con esa responsabilidad por consideración al nombre de su hermano. Podemos observar en los versículos que la viuda podía apelar a los ancianos de la ciudad quienes intentarían convencer al cuñado (v. 8), pero si nada de esto funcionaba, la viuda tenía un último recurso: quitarle la sandalia del pie y escupirle en la cara (v. 9). Además de esto el cuñado llevaría el estigma social de que no quiso cumplir con su deber. Hoy en día es común todavía en los países de medio oriente una costumbre parecida: golpear con una sandalia la imagen de una persona que es repulsiva para otro. Cada cultura tiene sus medios de expresión de rechazo social y ésta era la forma en que los israelitas procedían.

Los versículos 11 al 12 presentan un caso complicado: una mujer que interviene entre una pelea entre dos hombres para ayudar a su marido “agarrando al otro hombre de los testículos” (v. 11). ¿La pena para esto? “tendrás que cortarle la mano. No le muestres compasión.” (v. 12). Es decir, la amputación de un miembro. De hecho, este es el único caso en que la ley mosáica exigía la mutilación. ¿Por qué un castigo tan fuerte? ¿Por qué castigar a la mujer sin compasión? Recordemos el contexto social en que Israel se movía. La Biblia de Estudio Apologética nos ayuda con un comentario muy certero argumentando que es posible que el ataque de la mujer tuviera como objetivo que el hombre no pudiera tener descendencia al causarle algún daño severo en sus genitales. Y si eso sucedía, entonces moriría sin descendencia y su nombre sería olvidado en Israel. Y dada la importancia en el Israel antiguo de los nombres y la descendencia, causaría un gravísimo daño al hombre, no meramente un acto de defensa de la mujer. Es decir, su acción estaba mal intencionada completamente a causar un daño muchísimo mayor del que el hombre le estaba causando a al marido de ella.

Los últimos versículos del capítulo 25 tratan con la cuestión de usar pesas y medidas falsas y de las acciones a tomar contra los amalecitas por parte de Israel. En el primer caso queda muy claro lo siguiente: “Todo el que engaña con pesas y medidas falsas es detestable a los ojos del SEÑOR tu Dios” (v. 16). Además Dios promete “una larga vida en la tierra” si Israel usaba pesas y medidas justas. En el segundo caso, Dios pide a Israel nunca olvidar la injusticia y el abuso que cometieron los amalecitas contra los israelitas durante el Éxodo, y pide su destrucción total. En ambos casos podemos ver el punt principal: Dios aborrece la injusticia y el abuso y lo castiga severamente tarde o temprano, pero promete bendición abundante para quienes se esfuerzen en hacer lo justo y tratar con rectitud a su prójimo.

Ya entrando en el capítulo 26, los versículos 1 al 15 tratan con el tema de la ofrenda de los primeros frutos de cada cosecha y del diezmo especial de las cosechas también que se ofrendaba cada tres años. Ya habíamos estudiado el tema anteriormente en Ex 26.2 y Dt 14.28-29. Pero la diferencia ahora es que se agrega una “profesión de fe” que tenía que ser recitada al momento de entregar las ofrendas al sacerdote. El texto menciona dos oraciones que se deberían hacer, una por cada tipo de ofrenda. En la primera (v. 5 – 10), la persona resumiría en oración prácticamente todo el Éxodo desde sus raíces en tiempos de los patriarcas, pasando por la salida de Egipto y la llegada a la tierra prometida, reconociendo que Dios fue el autor de la liberación de Israel y las bendiciones que estarían recibiendo. En la segunda oración, la persona afirmaría delante de Dios su obediencia total a los mandatos y las leyes que Dios les había entregado. Una forma interesante de entregar sus ofrendas: con oraciones específicas que conectaban su corazón con la razón por la que estaban ofrendando.

Terminamos con los versículos 16 al 19, donde Moisés les recuerda a los israelitas su deber de obedecer “todos sus decretos y ordenanzas” que Dios les había dado, y además obedecerlos “de todo corazón”, “con todo tu corazón y con toda tu alma” (NBLH). Aquí termina el “Código Deuteronómico” con la afirmación de las condiciones del pacto entre Dios e Israel: si ellos obedecían fielmente, “él te pondrá muy por encima de todas las otras naciones que creó. Entonces recibirás alabanza, honra y fama. Serás una nación santa para el SEÑOR tu Dios, tal como lo prometió” (v. 19). Pero la condición era, “si lo haces”. Con dos reflexiones terminamos el repaso del pacto:

  1. El pacto siempre estuvo condicionado a la fidelidad y obediencia de Israel. Dios haría su parte si ellos hacían la suya.
  2. El pacto era bueno, estaba lleno de bondad y misericordia para Israel, de bendiciones múltiples. No era un pacto de esclavitud, ni un pacto hecho con un tirano. El plan de Dios fue siempre ofrecerle a su pueblo lo mejor para su felicidad y su larga vida en la tierra.

Conclusiones:

  1. La justicia divina supera siempre a la justicia humana. Todas las medidas de justicia fueron determinadas teniendo en vista el trato más compasivo y humano posible para el condenado. Nunca la justicia de Dios es impulsiva, vengativa o rencorosa. Cuando Dios disciplina siempre es para nuestro bien.
  2. Si somos más compasivos y misericordiosos con un animal (un perro, un gato o lo que sea) que con las personas (especialmente con otros creyentes), ¡algo está mal en nosotros! Si somos cristianos necesitamos poner en el lugar correcto el valor de la vida humana y demostrarlo con hechos. Sí debemos ser considerados con los animales pero con mucha más razón debemos ser considerados con las personas, sobre todo si son hermanos o hermanas en la fe.
  3. En el caso de la pena de mutilación para la mujer mencionada en este estudio podemos comprobar nuevamente que para Dios los motivos son lo más importante. Él analiza el corazón y siempre dará a cada quien de acuerdo con lo que mira adentro de nosotros.
  4. Si tenemos un negocio o vendemos productos, no olvidemos que Dios aborrece las pesas y medidas falsas. No sigamos la corriente del mundo de ganar lo más posible a cualquier costo y menos si eso implica sacrificar la rectitud, la integridad y la honestidad. Dios nos bendecirá más si somos justos que si somos ladrones y estafadores.
  5. Es interesante pensar en la profesión de fe de los israelitas que debían orar antes de entregar su ofrenda. Pensemos en nuestra mente al entregar nuestra ofrenda, nos ayudaría mucho orar antes de hacerlo y reconocer todo lo que Dios ha hecho en nuestra vida.

8 Responses to “Día 110”

  1. Patricia Núñez González dice:

    si,creo que si hacemos una oración extra al entregar nuestra ofrenda es todavía más agradable a Dios,

  2. blanca martinez dice:

    Gracias por tu Amor y por toda la dedicacion de enseñarnos DIOS te Bendiga.

  3. Mirna Barrera de Hdz dice:

    Muchas gracias Arturo, Dios ha probado mi corazón en estos ultimos dias al ver a una persona haciendo cosas injustas, y lo más difícil es que no es discipulo, y me ha enseñado junto con estos devocionales ha confiar en su justicia y compasión, y yo actuar conforme a su palabra, a ser paciente y no dejarme contaminar por sus malas acciones. Agradezco a Dios por pertenecer a su iglesia y cuidarme como siempre lo ha hecho. QDTB

  4. Adriana Casas dice:

    “Señor, yo sé que tus decretos son justos
    y que tienes razón cuando me afliges.
    ¡Que tu amor me sirva de consuelo,
    conforme a la promesa que me hiciste!
    Sal. 119. 75 y 76
    GRACIAS

  5. itza chavez dice:

    GRACIAS POR TODO ARTURO.

  6. francisco monje dice:

    gracias Arturo.que Dios te continue bendiciendo…con mucha sabiduria….

  7. Martin Merediz-Funes dice:

    Que animante saber que el Señor es lo más justo que existe y que desea que nosotros obviamente obremos como el nos enseña en cuanto a este punto, también queda muy claro el tema de la honradez que para el Señor no es transable.
    Sobre la oración al ofrendar es sumamente apropiado pues nada mejor que comunicarle al Señor nuestra intención al hacerlo y agradecerlo también por poder hacerlo.
    Gracias Arturo

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