Día 389

JUAN 15.18-17.26.

El día de hoy terminaremos con el discurso de Jesús después de la última cena y justo antes de su arresto. Recordemos que la mayoría de este mensaje lo dijo mientras salían del lugar de la cena e iban de camino al monte de los Olivos (Juan 14.31, Marcos 14.26). Por su importancia, nuevamente dividiremos el resto del discurso en temas para su mejor comprensión.
    1. Anuncio de la persecución (Juan 15.18-25). En esta sección, Jesús estaba anunciándole a sus discípulos que tendrían que seguir el mismo camino que el pasaría en algún momento de sus vidas, pero también que cosecharían el mismo resultado que Jesús tuvo (“Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán. Si han obedecido mis enseñanzas, también obedecerán las de ustedes.”, v. 20). También les enseñó algo muy importante: ““Ningún siervo es más que su amo.” (Jn 15.20), que más bien era un recordatorio de lo que les enseñó en la noche de la última cena mientras les lavaba los pies (Juan 13.16). Es decir, si Jesús se humilló a sí mismo para servir a sus discípulos, ellos necesitaban hacer lo mismo unos por otros. Pero si Jesús también sería perseguido e incluso asesinado, ellos también tendrían que recorrer el mismo camino tarde o temprano. Por causa de Jesús, los discípulos serían aborrecidos por el mundo (v. 18). Es aquí cuando ser un discípulo de Jesús se ponía más peligroso. Antes su Maestro los protegía y los defendía, pero ahora con la partida de Jesús se quedarían solos y enfrentarían la persecución de esa manera. ¡Se acercaban tiempos difíciles para los apóstoles también!
    2. Más sobre el trabajo del Espíritu Santo. Jesús proporcionó más detalles de la misión del Espíritu Santo (llamado también “el Consolador”) cuando llegara a la tierra: a) les ayudaría a dar testimonio de Cristo ante otras personas (Jn 15.27); b) solo vendría al mundo una vez que Jesús se fuera de aquí porque sería él mismo quien lo enviaría (Jn 16.7); c) su trabajo se resumiría en la siguiente frase, “convencerá al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio” (Jn 16.8), es decir, ayudaría a convencer a las personas de su miseria espiritual y su necesidad de Dios; d) continuaría anuciándoles “toda la verdad” a través de inspiración de las palabras que Dios le mandaría que les dijera a los apóstoles y también de profecías sobre las cosas futuras. Es importante recordar que Jesús dijo, “Muchas cosas me quedan aún por decirles, que por ahora no podrían soportar.” (Jn 16.12). Ya que el tiempo de Cristo en la tierra fue muy limitado (apenas unos 35 años de edad aproximadamente), y el tiempo de su ministerio tal vez solo unos 3 a 4 años, realmente no tuvo mucho tiempo para enseñar todo lo que quería a sus discípoulos. Así que sería a través de la inspiración del Espíritu Santo como Jesús continuaría su labor de instrucción, entrenamiento y dirección para su futura iglesia. Así que el Espíritu vino a continuar la labor que Jesús estaba haciendo con sus seguidores.
    3. El dolor y la alegría de los discípulos. En Juan 16.19-24, Jesús les habló a sus discípulos acerca de los extremos de las emociones que estaban por experimentar: “Ciertamente les aseguro que ustedes llorarán de dolor, mientras que el mundo se alegrará. Se pondrán tristes, pero su tristeza se convertirá en alegría.” (Jn 16.20). ¿A qué se refería exactamente? Lo dijo más claro en el v. 22, “Ahora están tristes, pero cuando vuelva a verlos se alegrarán, y nadie les va a quitar esa alegría. ” En el momento del arresto y crucifixión de Jesús, todos los discípulos de Jesús se pondrían muy tristes y llorarían con mucho dolor en sus corazones, y se quedarían así por un tiempo. Pero después cuando Jesús resucitaría, ¡todos se pondrían muy alegres! Su tristeza desaparecería para siempre y se llenarían solamente de mucho gozo. Además, ya no estarían con las mismas dudas de siempre, sino que “En aquel día ya no me preguntarán nada.” (Jn 16.23). Como estudiaremos más adelante, la resurrección de Jesús vino a terminar de cimentar la fe de los discípulos y a darles la seguridad que necesitaban. La resurrección les daría la fuerza para levantarse y cumplir la misión que Jesús les daría.
    4. El amor de Dios por los discípulos de Jesús. En Juan 16.27 dice, “el Padre mismo los ama porque me han amado y han creído que yo he venido de parte de Dios.” Jesús estaba afirmando aquí que Dios mismo ama a sus discípulos por la sencilla razón que decidieron creer en Jesús como el Mesías. Dios valora mucho cuando una persona decide creer en Jesús y seguirlo. Literalmente Jesús nos dice que Dios ama a los discípulos. Por consideración a su Hijo, ama a sus seguidores.
    5. La débil fe de los discípulos. En Juan 16.25-32, Jesús les comentó a sus discípulos que en ese momento no hablaría utilizando comparaciones sino de forma directa. La reacción de ellos fue decir, “29 —Ahora sí estás hablando directamente, sin vueltas ni rodeos… 30 Ya podemos ver que sabes todas las cosas, y que ni siquiera necesitas que nadie te haga preguntas. Por esto creemos que saliste de Dios.” Es decir, según ellos hasta ese momento en que Jesús estaba hablando sin utilizar parábolas ni ilustraciones ni analogías, ¡ya creían! Obviamente la respuesta de Jesús nos dice todo, “31 —¿Hasta ahora me creen?—contestó Jesús—” , y después viene el anuncio de la dispersión de todos y el abandono de su Maestro. Aunque ellos argumentaban que en ese momento su fe ya estaba sólida, la realidad es que su respuesta demostró que su fe estaba más bien débil. A pesar de todos los milagros y todas las poderosas enseñanzas de Jesús que ellos habían presenciado, se atrevieron a reducir su fe a una sola circunstancia: que Jesús dejó de utilizar lenguaje figurativo, y esto debido a la propia confusión y ansiedad que estaban experimentando. Muchas veces nos puede pasar lo mismo, por nuestra propia confusión y ansiedad que las dificultades nos traen, podemos reducir nuestra fe a una situación individual, olvidando las grandes muestras de su poder que en el pasado nos ha dado.
    6. La dificultad de la vida y la victoria en Jesús. Después de anunciarle a sus discípulos que todos se dispersarían y dejarían solo a Cristo, Jesús les dijo una lección muy poderosa: “Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.” (Jn 16.233) o “Les digo todo esto para que encuentren paz en su unión conmigo. En el mundo, ustedes habrán de sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo.” (DHH-LA).  Jesús estaba aclarándoles lo siguiente: A) Todas las malas y buenas noticias que recibieron tenían un propósito: ¡que ellos aprendieran a encontrar su paz en Jesús enmedio de cualquier tribulación que enfrentaran! B) El mundo lo único que les ofrecería sería tribulaciones, aflicciones y dolor. Especialmente por seguir a Jesús. D) Jesús los llamó a animarse o tener valor ante este desafío. El verbo griego para esta palabra está en imperativo, es decir, es una orden que Jesús nos da: cuando estemos pasando tribulaciones debemos buscar animarnos y encontrar valor en nuestra relación con él. E) La lección final es muy importante. Aunque pareciera de repente que el mundo ganaría la batalla (con la muerte de Cristo), en realidad no, ¡sería Jesús quien ganaría y vencería al mundo! La palabra “mundo” desde el griego es κόσμος [kosmos /kos·mos/]. De acuerdo con el autor Donald Guthrie en su libro New Testament Theology, de Inter-Varsity Press, la mejor definición de esa palabra para este contexto es: “el mundo pecaminoso que está en conflicto con Dios, antagonista a Jesús, dominado por los poderes del mal, un sistema directamente opuesto a Dios” (página 132). Es precisamente a ese mundo que Jesús derrotaría con su muerte en la cruz y su resurreción. Asi que aunque los expulsaran de las sinagogas, los persiguieran sus enemigos, sus propias familias los rechazaran, ¡no deberían dejarse engañar por las situaciones! Jesús sería el vencedor al final.
    7. La oración de Jesús por él mismo (Juan 17.1-5). En este pasaje, Jesús expresó una oración a Dios donde pedía que lo glorificara y que le restaurara “la gloria que tuve contigo antes de que el mundo existiera.” (Jn 17.5).  Era un hecho que Jesús fue despojado de un estado glorioso celestial para poder venir al mundo, y seguro lo extrañaba. Ahora le pedía a Dios que le regresara lo que antes tenía. Y de hecho, Jesús tenía esa gloria desde antes que el mundo fuera creado. Se acercaba el tiempo en que le sería restaurada dicha gloria.
    8. La oración de Jesús por sus discípulos (Juan 17.6-26). En esta oración Jesús dejó en claro que no estaba orando “por el mundo” (v. 9), sino exclusivamente por sus discípulos. ¿Qué le pedía a Dios por ellos? A) Que los protegiera del poder del maligno (v. 11, 15). De hecho, específicamente le dijo a Dios, “No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno.” (v. 15). Jesús nunca tuvo la idea de que sus seguidores se escondieran en cuevas o edificios y se alejaran de las personas, jamás planeó que sus discípulos fueran algo así como monjes, retirados de la sociedad. Al contrario, los mandó al mundo para ayudar a salvarlo, pero pedía que Dios los protegiera del poder de Satanás, el enemigo permanente que enfrentarían. B) Jesús mostró gran preocupación por la unidad de su futura iglesia. Su oración era, “Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí.” (v. 23). La segunda oración importante de Jesús por sus discípulos fue entonces la unidad entre ellos. Ese sería el desafío de su futura iglesia y continúa siendo hasta el día de hoy. El corazón de Jesús es que sus discípulos logren la unidad.
    9. El deseo de Jesús para sus discípulos. El v. 24 dice, “»Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy. Que vean mi gloria, la gloria que me has dado porque me amaste desde antes de la creación del mundo. ” El deseo de Cristo para sus seguidores es que un día estuvieran con él en el cielo y que lo conocieran en la gloria que siempre tuvo, ya no en su forma humana. Jesús quiere ver en el cielo a sus seguidores y quiere que lo conozcan personalmente como siempre fue. ¡Qué momento tan glorioso será ese definitivamente!

Conclusiones:

    1. Cuando tengamos que enfrentar persecución por causa de nuestra fe en cualquiera de sus formas, ¡recordemos que Jesús ya lo había advertido! No nos extrañemos cuando llegue, sino más bien luchemos por mantener en alto nuestra fe y ser dignos discípulos de Cristo, que al igual que su Maestro, serán perseguidos.
    2. El Espíritu Santo inspiró a los apóstoles y a otros discípulos para transmitir más enseñanzas directas de Jesús para sus seguidores, y todo ello quedó plasmado en el Nuevo Testamento. Cuando lo leemos, estamos estudiando lo que Jesús quiso que sus apóstoles supieran además de todo lo que les dijo en los evangelios.
    3. Dios nos ama a los creyentes porque amamos a su Hijo. ¿Nos anima esto? Confiemos en el amor de Dios para nuestras vidas.
    4. Cuando estemos pasando situaciones difíciles, no reduzcamos nuestra fe a una sola circunstancia, porque estaríamos olvidando todas las muestras del poder de Dios que recibimos en el pasado.
    5. Aunque a veces parece que el mundo y las circunstancias nos derrotan, ¡no nos dejemos engañar! Jesús ya tiene la victoria y la compartirá con todos los que sinceramente decidan ser fieles a él bajo toda situación. Seamos pacientes, mantengámonos fieles y al final presenciaremos la victoria de Cristo en la situación específica que estamos viviendo.
    6. ¿Compartimos la preocupación de Jesús por la unidad de su iglesia? ¿O somos indiferentes a este deseo del corazón de Cristo? Pensemos bien en este punto.
    7. El mayor sueño de Jesús para nuestras vidas es vernos un día en el cielo, cara a cara, y que lo conozcamos tal como siempre fue. ¿Nos anima eso?
Los dejo con un video de ilustración llamado “Lonely People”, que nos muestra cómo el principio de Juan 16.33 funciona para situaciones prácticas de la vida cotidiana.


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