Día 455

APOCALIPSIS 3.1-22.

Continuaremos hoy con nuestro estudio del mensaje de Jesús a las 7 iglesias de Apocaliplsis. Hoy toca el turno a las 3 últimas: Sardis, Filadelfia y Laodicea. Recordemos que estas iglesias representan de alguna forma a todas las iglesias cristianas de todas las generaciones y el mensaje que se les dedica es completamente aplicable para nuestros días. Por eso, estemos atentos a cada mensaje con un corazón receptivo y humilde, como dijo Jesús en Ap 3.6, “El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”
Los versículos 1 al 6 del capítulo 3 contiene el mensaje “al ángel de la iglesia de Sardis” (Ap 3.1). Veamos los detalles relevantes:
  1. De acuerdo con la Biblia de Estudio Arqueológica, la ciudad de Sardis (lo que hoy es la moderna Sardes) había sido la capital del antiguo reino de Lidia y tenía gran riqueza y fama. Su acrópolis estaba construida en el monte Tmolos y se levantaba a unos 457  mts. sobre el nivel del valle. Estaba llena de paganismo sofisticado pero también de mucha comodidad y seguridad. De hecho, la ausencia de mención de Cristo sobre persecución o enemigos denota que la iglesia convivía pacíficamente con judíos y con paganos y no se metía en muchos problemas. Era una ciudad que tenía fama de riqueza y posperidad, lo cual generaba en los habitantes una sensación de seguridad, lo cual representó una trampa para ellos ya que los historiadores registran que al menos 2 veces la ciudad cayó ante los persas y los griegos por no tener vigilantes ya que mantenían una actitud descuidada y confiada. Es decir, una falsa seguridad.
  2. Las virtudes de la iglesia de Sardis (v. 4). La única cosa buena que Jesús resaltó de esa iglesia fue, “Sin embargo, tienes en Sardis a unos cuantos que no se han manchado la ropa.” Esto nos indica el tipo de problema también que había en Sardis, ya que la mención de ropa manchada normalmente en la Biblia se refiere a la contaminación moral que el pecado trae al alma humana. De acuerdo con el hitoriador griego Herodoto, los habitantes de Sardis con el paso de los años habían adquirido una reputación de estándares morales bajos y una apertura al libertinaje y la promiscuidad. Así, lo único rescatable de Sardis era que algunos cristianos vivían rectamente, como el evangelio se los pedía, ¡pero la mayoría no!
  3. El reclamo (v 1). Jesús les dijo, “Conozco tus obras; tienes fama de estar vivo, pero en realidad estás muerto.” Al igual que su ciudad, la iglesia de Sardis se había hecho una fama buena al inicio de su fe de progreso espiritual y crecimiento tal vez, pero por permitir que el mundo entrara a sus filas y no hacer caso de lo que Pablo había escrito en Romanos 12.2 (“No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente.”), en el momento en que Apocalipsis fue escrito ellos estaban muertos espiritualmente. Solo vivían de su fama espiritual anterior pero su estado presente era deplorable, al grado de que Jesús los consideró muertos. A Jesús nadie lo puede impresionar con las apariencias, ni con nuestras grandes acciones del pasado. Él busca el presente, cómo estamos hoy, cómo está nuestro corazón en este momento, cómo está nuestra fe. También les dijo en el v. 2, “pues no he encontrado que tus obras sean perfectas delante de mi Dios.” La iglesia de Sardis tenía obras, sin duda, pero no eran “perfectas delante de mi Dios”, es decir, posiblemente habían convertido su cristianismo en una serie de rutinas y deberes religiosos que cumplían pero que no eran respaldados por un corazón sincero y puro delante de Dios. El pecado oculto estaba matando los corazones de los cristianos ahí, aunque por fuera seguían cumpliendo sus deberes religiosos (congregarse, ofrendar, alabar, estudiar la Biblia, etc.). Los miembros de la iglesia de Sardis pertenecían a Cristo de nombre, pero no de corazón. En otras palabras, los cristianos de Sardis habían aprendido a ser hipócritas. Así, de acuerdo a Jesús, es posible aparentar estar vivo en la fe, pero en realidad estar muerto. ¡Tengamos cuidado!
  4. La exhortación (v. 2-3). Jesús les dijo: “2 ¡Despierta! Reaviva lo que aún es rescatable… 3 Así que recuerda lo que has recibido y oído; obedécelo y arrepiéntete. Si no te mantienes despierto, cuando menos lo esperes caeré sobre ti como un ladrón.” ¿Qué se podía hacer con una iglesia realmente muerta? Jesús les dejó 5 mandatos: a) despertar, b) reavivar lo rescatable, c) recordar lo recibido, d) obedecer, e) arrepentirse. ¿Cómo podría despertar una iglesia considerada muerta? Aquellos que no se habían manchado la ropa (v. 4) y que eran “dignos” de Jesús podían hacer toda la diferencia en esa iglesia. Ellos podían hacer algo, el problema es que se habían dormido espiritualmente hablando y necesitaban despertar y comenzar a ayudar activamente a sus hermanos que estaban muriendo en su fe para que se arrepintieran. Es el famoso concepto bíblico del remanente. Las diferentes traducciones para el v. 2 dicen: “Sé vigilante, y consolida las otras cosas que estaban a punto de morir” (BTX), “¡Despierta! Fortalece lo poco que te queda” (NTV), “Despiértate y refuerza las cosas que todavía quedan” (DHH-LA). Algo interesante es que el verbo “Fortalece” en griego fue utilizado por Pablo y Pedro para referirse a la instrucción y ayuda espiritual que ellos daban a las iglesias para que se afianzaran en la fe (“Así que les enviamos a Timoteo, hermano nuestro y colaborador de Dios en el evangelio de Cristo, con el fin de afianzarlos y animarlos en la fe”, 1 Tes 3.2). Así, a través de recordar lo que se les había enseñado originalmente, enseñarlo de nuevo unos a otros, obedecer y arrepentirse, esa iglesia muerta pasaría a estar viva de nuevo. Jesús les dejó sin embargo una advertencia por si no hacían caso y no se despertaban o no se mantenían despiertos: “cuando menos lo esperes caeré sobre tí como un ladrón” (v. 3). Es decir, el juicio de Cristo sobre ellos llegaría cuando menos lo esperaban. De acuerdo nuevamente con el autor John Stott en su libro What Christ Thinks of the Church, el llamado al remanente de Sardis a despertar y ayudar nos ilustra claramente que cuando una iglesia cristiana está muriendo espiritualmente la solución que Jesús quiere no es que las personas se salgan y se buquen otra, sino que aquellos que están caminando rectamente se organizen y se inviertan en ayudar, guiar y dirigir a la iglesia para que reaccione, se arrepienta y se levante de nuevo. Claro está, mientras la iglesia en cuestión no haya abandonado las doctrinas centrales de la fe, sino más bien su problema sea que el mundo ha entrado fuertemente en ella y hay mucho pecado por todas partes.
  5. La recompensa prometida (v. 4-6). A aquellos que se mantenían fieles Jesús les prometió “andarán conmigo vestidos de blanco… Jamás borraré su nombre del libro de la vida, sino que reconoceré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles.” El blanco representa la santidad, y el libro de la vida es algún tipo de registro celestial que se lleva sobre las personas que son salvas (Ex 32.32, Sal 69.28, Mal 3.16, Dn 12.1, Fil 4.3 y más). Jesús sabe recompensar la santidad de sus discípulos.
  6. La presentación de Jesús (v. 1). Fue, “Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas”. ¿A qué se refiere esto? En Apocalipsis 4.5 encontramos la siguiente visión: “Del trono salían relámpagos, estruendos y truenos. Delante del trono ardían siete antorchas de fuego, que son los siete espíritus de Dios”. Varios estudiosos bíblicos creen que los “siete espíritus” que están delante del trono de Dios son en realidad el Espíritu Santo en toda su expresión. Las “siete estrellas” son la referencia a las 7 iglesias a las que se mandó el mensaje, y las cuales Jesús las tiene en sus manos, no el hombre. Desde el inicio del mensaje a Sardis, Jesús dejó en claro que él posee el Espíritu de Dios y es dueño de las iglesias.
En los versículos 7 al 13 encontramos el mensaje “al ángel de la iglesia de Filadelfia” (v. 7). Veamos los puntos importantes:
  1. De acuerdo con el Word Biblical Commentary, Volume 52a: Revelation 1-5, de Word Incorporated, la ciudad de Filadelfia se ubicaba a unas 28 millas al sureste de Sardis. Se sabe que estaba ubicada en territorio volcánico y que tuvo que soportar varios movimientos telúricos muy fuertes, al grado que llegó a existir una emigración masiva de su población por temor a tanto terremoto. De hecho, en el año 17 d.C. la ciudad fue destruida por uno de esos terremotos, pero el emperador romano Tiberio los excentó de impuestos por 5 años para darles oportunidad a que reconstruyeran su ciudad. El terreno donde estaba la ciudad era fértil y se sabe de una comunidad judía próspera en la zona también. Existía una iglesia en esta ciudad ya que además del registro de Apocalipsis, está la evidencia patrística de los escritos de Ignacio de Antioquía, quien dedicó una de sus cartas a esta iglesia (110 d.C.).
  2. Las virtudes de la iglesia de Filadelfia (v. 8-10). Jesús les dijo: “8 Conozco tus obras. Mira que delante de ti he dejado abierta una puerta que nadie puede cerrar. Ya sé que tus fuerzas son pocas, pero has obedecido mi palabra y no has renegado de mi nombre. 9 Voy a hacer que los de la sinagoga de Satanás, que dicen ser judíos pero que en realidad mienten, vayan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado. 10 Ya que has guardado mi mandato de ser constante, yo por mi parte te guardaré de la hora de tentación, que vendrá sobre el mundo entero para poner a prueba a los que viven en la tierra.” Las palabras de Jesús a la iglesia de Filadelfia contienen varios elementos importantes: a) la iglesia sufrió persecución pero no renegó del nombre de Jesús, b) los judíos tuvieron una participación fuerte en la misma también, c) la iglesia o era muy pequeña o estaba compuesta de personas provenientes de las clases más bajas de la sociedad romana y con poca influencia en el mundo (de ahí lo de “tus fuerzas son pocas”), d) Jesús había dejado “abierta una puerta que nadie puede cerrar”. ¿A qué se refiere exactamente esto? Lo veremos en el punto siguiente.
  3. El reclamo (v. 8). Jesús les dijo, “Mira que delante de ti he dejado abierta una puerta que nadie puede cerrar.” La Escritura anterior que registra el uso de la ilustración de la puerta abierta es Mateo 7.13-14 (“3 »Entren por la puerta estrecha. Porque es ancha la puerta y espacioso el camino que conduce a la destrucción, y muchos entran por ella. 14 Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran.”), donde encontramos una referencia al camino de la salvación y al de la perdición. Ambos caminos tienen una puerta abierta, que invita a la gente a entrar. También Pablo la utilizó en 1 Corintios 16.9 (“porque se me ha abierto una puerta grande y eficaz, pero muchos son los que se oponen.”, BTX). Así, es posible que Jesús se refiriera a que él mismo había abierto una oportunidad muy grande evangelismo en Filadelfia, pero la iglesia no la estaba aprovechando. Incluso Jesús les avisó que serían los mismos judíos quienes terminarían postrados a los pies de los cristianos, es decir, que judíos serían convertidos. Así que tenemos en Filadelfia a una iglesia que había resistido con firmeza la persecución, a una iglesia que era constante, pero tal vez a una iglesia que se había relajado en materia de evangelismo y no estaba aprovechando los corazones abiertos que el mismo Jesús había preparado para que recibieran su evangelio.
  4. El llamado (v. 11). Jesús les dijo, “Aférrate a lo que tienes, para que nadie te quite la corona.” o “mantén con firmeza lo que tienes, para que nadie te arrebate tu corona.” (BJL). Ante la falta de aprovechar las oportunidades de evangelismo, Jesús llamó a la iglesia a aferrarse o a mantener con firmeza lo que ya tenía y hacerlo efectivo. Lo único que tenían que hacer era abrazar bien las grandes verdades del evangelio y la misión que Jesús les había dado a todos sus discípulos en Mateo 28.18-20. El mundo a su alrededor estaba perdido y ellos no estaban actuando con urgencia.
  5. La recompensa prometida (v. 12). A los vencedores Jesús les prometió ser “columna del templo de mi Dios, y ya no saldrá jamás de allí. Sobre él grabaré el nombre de mi Dios y el nombre de la nueva Jerusalén, ciudad de mi Dios, la que baja del cielo de parte de mi Dios; y también grabaré sobre él mi nombre nuevo.” Aunque en su propia ciudad les daba miedo construir por los terremotos, en la ciudad celestial Jesús les prometía ser columnas del templo de Dios, donde ningún terremoto las derrumbaría. Es decir, les prometió seguridad en él. También les aseguró que les daría un nombre nuevo. Jesús estaba hablando nuevamente de la salvación de sus almas, de estar para siempre en la presencia de Dios y de Jesús. El evangelismo juega uin papel fundamental en el cristianismo y no podemos ser negligentes con ese llamado, Dios nos pedirá cuentas y nos recompensará si fuimos obedientes.
  6. La presentación de Jesús (v. 1). Jesús se presentó como “Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie puede cerrar, el que cierra y nadie puede abrir.” Ya anteriormente Jesús había utilizado la metáfora de las llaves, como en el caso de Pedro (Mt 16.19) a quien le dijo que le daría las llaves del reino de los cielos. Pedro las usó por llamarlo así cuando predicó a los judíos reunidos en el día de Pentecostés (Hechos 2) y 3,000 se bautizaron, también la usó cuando bautizói a Cornelio y su familia, el centurión romano, abriendo así la oportunidad de salvación para los gentiles. En otras palabras, es posible que Jesús se refiera que él es quien tiene las llaves de la salvación de las almas, y que una vez que abre los corazones de la gente, nadie los puede cerrar. Pero si los cierra, nadie los puede abrir. Así comprendemos entonces que el mensaje a la iglesia de Pérgamo estaba directamente relacionado con el concepto de las puertas de la salvación.
Para terminar, analizaremos el mensaje “al ángel de la iglesia de Laodice” en los versículos 14 al 22:
  1. De acuerdo con la Biblia de Estudio Arqueológica, la ciudad de Laodicea fue la ciudad más rica de Frigia durante la dominación romana. Se encontraba en una gran ruta comercial de Asia, lo que facilitaba su prosperidad. Fue un gran centro bancario de la zona y por lo tanto había mucha riqueza. De hecho, después de que un terremoto destruyó la ciudad, fueron los mismos ciudadados los que se encargaron de financiar la reconstrucción sin pedir ni una moneda y ningún apoyo al gobierno romano, es decir, eran autosuficientes y de eso se enorgullecían. En cuanto a los productos principales que generaban, era la lana negra lustrosa para hacer capas y alfombras negras, y también había una escuela de medicina que producía el famoso colirio, que era un bálsamo para los ojos.
  2. Las virtudes de la iglesia de Laodicea. El texto no registra ninguna palabra de reconocimiento o alabanza de virtud alguna de la iglesia. ¡Es un caso fuerte! Jesús no veía nada bueno en ella.
  3. El reclamo (v 15-17). Jesús les dijo, “15 Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! 16 Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca. 17 Dices: “Soy rico; me he enriquecido y no me hace falta nada”; pero no te das cuenta de que el infeliz y miserable, el pobre, ciego y desnudo eres tú.” ¿De qupé los estaba acusando Jesús? Pues pensando en el contexto de la ciudad y en la forma como los denunció, sin duda estaba hablando de cómo los cristianos de Laodicea habían comprometido su fe por estar demasiado involucrados en la mentalidad mundana de su ciudad, que se sentía autosuficiente, que presumia de sus riquezas y de sus medicinas. En pocas palabras, sentían que no necesitaban nada de nadie. Se habían entregado a la autocomplacencia, a satisfacer sus propias necesidades y sentirse bien de ello. Sin embargo, Jesús los acusó de tibieza espiritual y aseguró que era preferible para él que fueran fríos o muy calientes, pero no tibios. De hecho, a Jesús le repugna la tibieza espiritual ya que dijo, “estoy por vomitarte de mi boca” (v. 15). Después, expuso su realidad espiritual: aunque eran ricos materialmente hablando, espiritualmente eran infelices, miserables y pobres; y aunque se sentían sanos, eran ciegos espirituales. Su tibieza espiritual los había dejado así.
  4. El llamado (v. 18 – 20). Jesús dijo, ”    8 Por eso te aconsejo que de mí compres oro refinado por el fuego, para que te hagas rico; ropas blancas para que te vistas y cubras tu vergonzosa desnudez; y colirio para que te lo pongas en los ojos y recobres la vista. 19 Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Por lo tanto, sé fervoroso y arrepiéntete. 20 Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo.”  Curiosamente, ante una iglesia tan débil y tan mediocre, Jesús no comenzó su llamado dando una orden terminal sobre qué esperaba que hicieran, sino dijo, “Por eso te aconsejo…” Jesús quería darles la opción de qué hacer, de que asumieran responsabilidad completa de sus decisiones. Si decidían obedecerlo, tendrían vida, pero si decidían seguir en su mediocridad, serían vomitados por Jesús. Pero la elección era de ellos, no de Jesús. Estaba respetando su libre albedrío y hablándoles como un padre a sus hijos mayores que ya son adultos y saben lo que están haciendo o dejando de hacer. Ahora, el la invitación que Jesús hace es a que le compraran a él los siguientes productos: oro refinado por el fuego (posiblemente referencia a las pruebas) para que fueran realmente ricos a los ojos de Dios, ropas blancas para cubrir su desnudez (tal vez referencia a la santidad de vida), colirio para que pudieran recobrar la vista espiritual (Jesús estaba usando sus mismo términos comerciales de la ciudad para darles el mensaje). Ellos entendieron claramente ya que Jesús les habló en su idioma del día a día. Finalmente les expresó que él estaba a la puerta llamando, y que si lo dejaban entrar para cenar con él, habría una gran recompensa. Jesús ama a su iglesia, esté débil o fuerte, pequeña o grande, activa o muerta. Él siempre va hacer lo necesario para darle oportunidad de arrepentirse, levantarse y seguir adelante. Su deseo no es destruir a la iglesia, ni desaparecerla porque no han sido fieles, sino que todos se salven y nadie se pierda. De hecho, el v. 19 dice, “Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Por lo tanto, sé fervoroso y arrepiéntete.” La misma razón para enviar ese mensaje a la iglesia de reprensión y disciplina era por amor, no por otra cosa. Jesús camina entre la iglesia, se pasea enmedio de nosotros, y siempre está a la puerta de nuestro corazón esperando que le dejemos el control de nuestras vidas. ¿Qué estamos esperando para abrirle?
  5. La recompensa prometida (v. 21). Jesús aseguró, “Al que salga vencedor le daré el derecho de sentarse conmigo en mi trono, como también yo vencí y me senté con mi Padre en su trono.” Esta es tal vez la más grande recompensa prometida en los mensajes a las 7 iglesias de Apocalipsis: sentarse en el trono de Cristo para juzgar a las naciones, es decir, se les brindaría autoridad en el cielo. Hay grandes recompensas como podemos ver para quienes deciden mantenerse siempre en el fuego del Espíritu, o bien para aquellos que estaban siendo tibios pero se arrepintieron y se llenaron del Espíritu de nuevo para seguir avanzando el reino de Jesús.

Conclusiones:

  1. Asegurémonos que nuestra seguridad como cristinos no reside en el dinero, ni el la salud, ni el la posición social o en logros académicos, sino en nuestra relación con Dios y nuestra obediencia a su Palabra. Cuando andamos por la vida muy confiados porque tenemos una falsa seguridad, corremos el peligro de comprometer nuestras convicciones y abrirle la puerta al mundo a nuestra vida.
  2. Si vemos a nuestro alrededor una iglesia débil, de pocas fuerzas o incluso muerta, ¿qué estamos haciendo para ayudar? ¿De qué forma estamos contribuyendo para la solución? ¿O nos limitamos a criticar y señalar sin estar dispuestos realmente a hacer algo? Recordemos que Jesús es quien juzga las intenciones y las acciones o la falta de ellas. Y recordemos también que Jesús espera que los fuertes ayuden a los débiles, y no que abandonen su iglesia local para unirse a otra o para empezar otra.
  3. Aprovechemos también las puertas abiertas al evangelismo que Jesús nos abra, no olvidemos nuestro compromiso con la Gran Comisión de Mateo 28.18-20, para que en el último día podamos presentar a Jesús mucho fruto de almas salvadas.
  4. Sintamos repugnancia de la tibieza espiritual en nuestras vidas, de la falta de compromiso, de la hipocresía, de la doble vida. Jesús vomita todo eso, no lo soporta, ¿nosotros sí? Tomemos decisiones sobre nuestra vida espiritual y asegurémonos que brilla para Jesús.
  5. Recordemos los grandes peligros que enfrenta la iglesia, de acuerdo con los mensajes a las 7 iglesias: el pecado, el error doctrinal, la mediocridad espiritual, y el sufrimiento que viene con la persecución. Recordemos también la señales de una iglesia sana de acuerdo a Jesús: amor por Cristo y por el prójimo, disposición a sufrir por Cristo, pureza doctrinal, santidad de vida, humildad para reconocer la realidad, pasión evangelística y una entrega total de corazón. Ahora evaluemos nuestra iglesia local, identifiquemos fortalezas y debilidades, e imaginémonos que nos diría Jesús si nos escribiera una carta.
Los dejo con un video de unas personas que recorrieron las ruinas de las 7 ciudades a cuyas iglesias Jesús envió mensajes.


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