Día 184

1 SAMUEL 29 – 31, 1 CRÓNICAS 10.1-14, 9.39-44.

Después de varios eventos relacionados con la persecución de Saúl contra David, hemos llegado al final de la historia de Saúl con los capítulos que estudiaremos en esta ocasión. La disciplina de Dios contra Saúl se llevó a cabo al pie de la letra sin ninguna alteración. Es un final triste para un hombre que tuvo una oportunidad única al haberse convertido en el primer rey de Israel.

Los capítulos 29 y 30 están enfocados en David y las circunstancias que vivió en el territorio filisteo justo al mismo tiempo que éstos se preparaban para atacar a Israel. Veamos algunos detalles relevantes:

  1. David estaba listo para atacar a Israel apoyando a los filisteos, pero los reyes de las demás ciudades filisteas no vieron con buenos ojos su presencia entre ellos cuando exclamaron, “??3 Pero los comandantes filisteos reclamaron: —¿Qué hacen aquí estos hebreos?… 4 Pero los comandantes filisteos se enojaron. —¡Envíalo de vuelta a la ciudad que le diste! —le exigieron—. No puede ir con nosotros a la batalla. ¿Y si se vuelve contra nosotros durante la batalla y se convierte en nuestro adversario? ¿Qué mejor manera de reconciliarse con su amo que entregándole nuestras cabezas?” (v. 3-4). Y a pesar de la defensa que hizo a su favor Aquis rey de Gat, no pudo con la opinión de la mayoría de los gobernantes filisteos, así que se vio en la necesidad de despedir a David. Llama la atención la opinión que tenía Aquis de David cuando le dijo, “—En lo que a mí respecta, eres tan perfecto como un ángel de Dios.” (v. 9). ¿A qué nos recuerda esto? A otros episodios en el AT donde Dios movía los corazones de gobernantes y de pueblos hostiles para que vieran con agrado a su pueblo. Y finalmente podríamos pensar también que Dios, a través de los mismos gobernantes filisteos, estaba impidiendo que David fuera a asesinar israelitas. Al haberlo sacado de la batalla, Dios lo estaba protegiendo también de atentar contra los que serían su futuro pueblo y evitando una mancha en la reputación del futuro rey de Israel. Dios estaba en cada detalle cuidando a David a pesar de que él no lo entendía, como se puede ver en su reclamo, “—¿Qué he hecho para merecer esto? —preguntó David—. ¿Qué ha encontrado en su siervo para que no pueda ir y pelear contra los enemigos de mi señor el rey?” (v. 8).
  2. Otra situación en la que seguro Dios estaba atrás fue el episodio narrado en el capítulo 30, cuando “…encontraron que los amalecitas habían asaltado el Neguev y Siclag; habían destruido Siclag y la quemaron hasta reducirla a cenizas. 2 Se habían llevado a las mujeres y a los niños y a todos los demás, pero sin matar a nadie.” (v. 1 – 2). ¡Qué sorpresa se llevaron los hombres de David cuando descubrieron que sus familias habían sido capturadas y su ciudad destruida!, de hecho dice el v. 4 que “lloraron a más no poder.” El v. 5 registra que también las esposas de David fueron tomadas prisioneras.
  3. ¿Cómo reaccionó el pueblo con esta sorpresa? Muy mal, de hecho el v. 6 habla de que “David ahora se encontraba en gran peligro, porque todos sus hombres estaban muy resentidos por haber perdido a sus hijos e hijas, y comenzaron a hablar acerca de apedrearlo.”, “pues todo el pueblo estaba amargado” (NBLH), “y es que todos se sentían amargados por la pérdida de sus hijos e hijas.” (NVI). Podemos preguntarnos, ¿estaban reaccionando con rectitud los hombres de David? ¿Era agradable a Dios que se amargaran y enfocaran esa amargura contra David al punto de pensar en matarlo? Recordemos que en pasajes anteriores como 1º Samuel 22.2 (NTV), “Luego, otros comenzaron a llegar —hombres que tenían problemas o que estaban endeudados o que simplemente estaban descontentos— y David llegó a ser capitán de unos cuatrocientos hombres.”, nos muestran que David no anduvo en una campaña activa de proselitismo para convencer a israelitas de seguirlo. ¡Más bien ellos fueron a él! David simplemente estaba huyendo por su vida y la de su familia y fueron aquellos israelitas que lo buscaron y se añadieron a su gente. Por otro lado, en el estudio que hemos hecho pudimos apreciar a un David que mientras más crecía el número de gente que seguía, más los cuidaba y se preocupaba por que tuvieran lo necesario y por su seguridad. ¡Él no les había hecho nada malo!
  4. Esto nos revela un aspecto negativo del corazón de las personas que estaban con David. Lo más correcto hubiera sido tomar todos la responsabilidad de haber dejado solas a sus familias y planear qué hacer para rescatarlas, pero en sus emociones fuera de control por su gran dolor, prefirieron mejor amargarse y enfocar toda su ira contra David. Lamentablemente este aspecto triste de nuestra naturaleza se puede hacer evidente también en tiempos modernos en la iglesia cristiana. Cuando las cosas llegan a salir mal en nuestra relación con otros creyentes o en algún aspecto de nuestra vida cristiana, si permitimos que la amargura nos inunde y nos controle, es bastante natural seleccionar como primer objetivo a la imagen más cercana que represente al liderazgo y lanzar toda nuestra frustración contra esa o ésas personas, aunque éstas en realidad no tengan una responsabilidad directa en lo que está sucediéndonos. Es en éstos episodios que corremos el riesgo de cometer peores injusticias que las que sentimos que se cometieron con nosotros. Si los hombres de David lo hubieran matado por lo que pasó, ¿lo consideraríamos injusto? Pues así también es cuando agredimos con toda nuestra amargura a líderes cristianos solo porque representan, a nuestro parecer, el origen de nuestros males, aunque ellos realmente no nos hayan hecho algo malo. ¡Así de torcida puede trabajar nuestra mente!
  5. Seguro que David no se esperaba ahora encontrarse en peligro de perder su vida a manos de sus propios hombres, ¿qué hizo entonces? ¿Cómo manejó esta situación tan difícil y dolorosa para él también? El mismo v. 6 dice al respecto, “Pero David encontró fuerzas en el SEÑOR su Dios.”, “Pero David se fortaleció en YHVH su Dios.” (BTX), “Pero cobró ánimo y puso su confianza en el SEÑOR su Dios.” (NVI). Y lo que hizo fue llamar al sacerdote Abiatar y pedirle el efod para consultar a Dios (v. 7 – 8). Dios mismo le confirmó a David que podía perseguir a los saqueadores y que recuperaría todo lo que perdieron. ¡Dios estaba en control a pesar de que al inicio el panorama se veía desolador y sin esperanza! Lo más impresionante de todo es que efectivamente buscaron y atacaron a los saqueadores y “??18 Así que David recuperó todo lo que los amalecitas habían tomado y rescató a sus dos esposas. 19 No faltaba nada: fuera grande o pequeño, hijo o hija, ni ninguna otra cosa que se habían llevado. David regresó con todo. 20 También recuperó los rebaños y las manadas, y sus hombres los arrearon delante de los demás animales. «¡Este botín le pertenece a David!», dijeron.” (v. 18-20). La Biblia es clara, “no faltaba nada”, ¡recuperaron todo y a todos! Dios no permitió que perdieran nada. ¡Una gran lección de confianza en Dios para los hombres de David seguramente también!
  6. En los versículos 22 al 25 David nos a otra muestra de integridad y de rectitud cuando impidió que algunos “alborotadores” que había entre su gente (v. 22) no repartieran el botín por partes iguales con aquellos 200 guerreros que no alcanzaron a combatir. Les dijo, “—¡No, mis hermanos! No sean egoístas con lo que el SEÑOR nos dio. Él nos protegió y nos ayudó a derrotar a la banda de saqueadores que nos atacó.” (v. 23). Tanto impacto tuvo su comentario que se volvió una costumbre militar en forma de decreto y ordenanza que quienes combatían como quienes cuidaban las pertenencias recibieran partes iguales del botín logrado. Sus hombres crecían en respeto por David seguramente al ver todo esto.
  7. Finalmente lo versículos 26 al 31 nos muestran otra faceta de David, la de un hombre agradecido. Cuando regresó a la ciudad de Siclag dice la Biblia que “envió parte del botín a los ancianos de Judá, quienes eran sus amigos.” (v. 26) y básicamente envió regalos a cada ciudad por donde pasó con sus hombres (v. 31). Una buena estrategia sin duda para ganarse a los jefes de Judá pero también una muestra del corazón de David como líder.

Al final de cuentas podríamos decir que Dios estuvo en control tanto del rechazo de los gobernantes filisteos como del ataque a Siclar y del posterior rescate de todo y de todos, evitando así que David y sus hombres pelearan contra sus mismos hermanos (los ejércitos de Israel). Mientras David estaba ocupado en todo esto, Saúl y sus hijos libraban la última batalla de sus vidas, como nos cuenta el capítulo 31:

  1. El v. 2 del capítulo 31 narra el final de los hijos de Saúl: “Jonatán, Abinadab y Malquisúa.” El gran amigo de David había muerto y esto causaría un gran dolor para él como estudiaremos en los primeros capítulos de 2 Samuel.
  2. Los versículos 4 al 6 describen breve pero dramáticamente los momentos finales de Saúl. De acuerdo al texto, Saúl decidió matarse él mismo dejándose caer sobre su espada para no ser asesinado por los filisteos, lo mismo hizo su escudero y al final el v. 6 dice, “Saúl, sus tres hijos, su escudero y sus tropas murieron juntos en ese mismo día.”
  3. Los filisteos le cortaron la cabeza y colgaron su armadura en el templo pagano dedicado a Astarot y su cuerpo en la muralla de Bet-sán (v. 10). Pero después hombres valientes del pueblo israelita de Jabes de Galaad fueron por la noche y recuperaron los cuerpos de Saúl y de sus hijos y los incineraron y sepultaron (v. 11-13).
  4. El pasaje paralelo que estamos estudiando también de 1º Crónicas 10.13–14 (DHH-LA) dice, “13Así fue como murió Saúl a causa de su maldad, pues pecó al no obedecer las órdenes del Señor y al consultar a una adivina 14en vez de consultarlo a él. Por eso el Señor le quitó la vida, y le dio el reino a David, hijo de Jesé.” Es interesante cómo el libro de Crónicas concluye el fin de Saúl, escrito entre el 450 – 425 a. C. (unos 400 años o más después de 1 Samuel). La sentencia es clara, “a causa de su maldad”. Todo lo que le pasó a Saúl en los últimos días de su vida fue permitido por Dios con el fin de castigarlo por su desobediencia y su rebeldía que ya pudimos identificar a lo largo del estudio de este libro.

Así termina la vida del rey Saúl, a quien se le abrieron las puertas a la gloria literalmente, pero por descuidar su corazón y no mantenerse humilde, no logró agradar a Dios y fué removido. Recordemos ahora 1º Samuel 9.21 (NTV), cuando Saúl le respondió a Samuel con respecto al anuncio de que sería rey de Israel, “—¡Pero sólo soy de la tribu de Benjamín, la más pequeña de Israel, y mi familia es la menos importante de todas las familias de la tribu! ¿Por qué me habla usted de esa manera?” ¿Qué pasó con aquel joven sencillo de corazón? ¿Dónde quedó esa humildad que mostró al inicio? Lo mismo nos puede pasar a cualquiera de nosotros como cristianos modernos, como dice Hebreos 4.1–2 (DHH-LA), “1Por eso, mientras todavía contamos con la promesa de entrar en ese reposo de Dios, debemos tener cuidado, no sea que alguno de ustedes no lo logre. 2Porque nosotros recibimos el anuncio de la buena noticia, lo mismo que ellos; pero a ellos no les sirvió de nada el oírlo, porque no se unieron por la fe con los que habían obedecido al mensaje.” Por eso tengamos cuidado con lo que sale de nuestro corazón y mantengamos nuestra humildad con Dios.

Nos quedamos con una ilustración de la muerte del rey Saúl, contenida en el website Christian Image Source.

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Conclusiones:

  1. Es interesante cómo Dios protegió a David a través de circunstancias difíciles para que no pecara contra Israel. Usó a los reyes filisteos y a una tribu amalecita de saqueadores, que definitivamente le causaron dolor y angustia, pero que al final sirvió para protegerlo de alguna manera. Nos recuerda a 1 Corintios 10.13 (DHH-LA), “Ustedes no han pasado por ninguna prueba que no sea humanamente soportable. Y pueden ustedes confiar en Dios, que no los dejará sufrir pruebas más duras de lo que pueden soportar. Por el contrario, cuando llegue la prueba, Dios les dará también la manera de salir de ella, para que puedan soportarla.” Una prueba que hubiera sido muy dura para David fue pasada con éxito por la intervención de Dios. Si realmente confiamos en Él, así también puede suceder en nuestras vidas.
  2. Los hombres de David aprendieron a respetarlo en su caminar con él. Incluso aprendieron también al ver la reacción de David cuando ellos mismos querían hacerle daño por su dolor fuera de control. ¿Qué fue lo que David les modeló siempre? Dependencia en Dios, buscar a Dios, confiar en Dios, no desesperarse ni entregarse a sentimientos humanos sin tomar en cuenta a Dios, y ser justo siempre con el prójimo. Ese tipo de liderazgo es el que inspira, es el que motiva, es el que enseña. Si tenemos alguna responsabilidad dentro del pueblo de Dios, ¡aprendamos del corazón de David! Y que nuestro amor por Dios y nuestra dependencia en Él sea nuestro mayor ejemplo para aquellos a quienes servimos.
  3. La amargura es una decisión nuestra, así de sencillo. En pérdidas y dolores emocionales como lo que vivieron los hombres de David, está en nuestras manos decidir si nos amargamos y buscamos a quién culpar y de quién vengarnos, o si sometemos nuestros pensamientos negativos a Cristo y lo buscamos para descubrir su voluntad en el asunto específico, como dice en 2 Corintios 10.5 (NVI), “Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo.” En tu caso, ¿has cautivado todo pensamiento negativo y amargado para que se someta a Cristo? ¿O te has entregado en ocasiones a buscar culpables y agredir en la forma que puedas a esas personas, especialmente si representan una figura de liderazgo? Cuidado con las emociones fuera de control.
  4. Aprendamos de la vida de Saúl. El orgullo siempre será un enemigo formidable que necesitamos vencer, porque así como dice en Abdías 2–4 (DHH-LA), así es como Dios ve el orgullo humano cuando no queremos arrepentirnos: “2 “Voy a hacerte pequeño entre las naciones y a humillarte en gran manera. 3 Tu orgullo te ha engañado. Vives en las grietas de las peñas y habitas en las alturas, y por eso has llegado a creer que nadie puede derribarte. 4 Pero aunque te eleves como el águila y pongas tu nido en las estrellas, de allí te haré caer.” Eso fue exactamente lo que le pasó al rey Saúl. Si batallamos con el orgullo, ¡aprendamos esta lección! Busquemos fortalecernos mejor en humildad y dependencia en Dios, y escuchemos también a los creyentes a nuestro alrededor que tratan de ayudarnos.

6 Responses to “Día 184”

  1. Maribel Gandarilla dice:

    Muchas gracias Arturo. El estudiar la Biblia asi es como verla a color, no en blanco y negro. Una pregunta, en el punto 4, en el ultimo parrafo, creo que se refiere a Saúl en lugar David. En este parrafo: “Todo lo que le pasó a David en los últimos días de su vida fue permitido por Dios con el fin de castigarlo…”

  2. Adriana Casas dice:

    MIL GRACIAS ARTURO!!!

  3. Elsa Lopez Ortiz dice:

    ¡ Muchas gracias !

  4. Lulu tovar dice:

    Que increíble gracias Maestro siempre se reconforta mi corazón y me da paz.

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