Día 362

MATEO 8.5-13, LUCAS 7.1-17, MATEO 11.1-19, LUCAS 7.18-35, MATEO 11.20-30.

Después del famoso sermón del monte, Jesús regresó a su ministerio de sanidad por todos los pueblos por donde iba y además continuó enseñando al mismo tiempo. Hoy estudiaremos dos milagros: el concedido a un centurión romano y además el concedido a una viuda cuyo único hijo había muerto. También analizaremos la opinión de Jesús sobre Juan el Bautista y la forma en que Jesús animó a Juan cuando este se encontraba dudando.

Iniciemos con el milagro relacionado con el centurión romano. Mateo 8.5-13 y Lucas 7.1-10 contienen este evento. Ambos pasajes nos dicen que Jesús había entrado en Capernaúm y que fue ahí donde un centurión romano mandó pedirle ayuda para sanar a uno de sus siervos. Mateo 8 nos presenta la historia como si Jesús hubiera tenido un diálogo directo con el centurión, pero Lucas 7 nos aclara que no fue el centurión directamente quien habló con Jesús, sino que envió primero a unos “dirigentes de los judíos” (Lc 7.3) y después a unos amigos suyos. Veamos algunos detalles importantes:

  1. ¿Y quién era un centurión romano? Era un oficial del ejército romano a cargo de al menos 100 soldados. Las notas de la DHH-LA comentan que es posible que este oficial estuviera a cargo del cuartel local del ejército romano, es decir, ¡era el jefe máximo de las tropas romanas invasoras en Capernaúm!
  2. Contrario a la imagen típica que podríamos tener de un oficial romano en esa época, el centurión apreciaba mucho a su siervo y estaba muy preocupado por su salud ya que estaba “a punto de morir” (Lc 7.2), por lo cual se atrevió a buscar a Jesús para saber si podía ayudarlo. El The Bible Reader’s Companion, de Victor Books, comenta que los centuriones romanos eran personas altamente motivadas, competentes y generalmente decentes. Así que la imagen que nos dejan los evangelios de los centuriones no estaba alejada de la realidad.
  3. Lucas 7.4 registra que el centurión había ayudado mucho a los judíos en esa población, incluso les construyó una sinagoga. No era común tampoco que esto sucediera tampoco.
  4. El centurión se consideraba a sí mismo indigno de que Jesús llegara hasta su casa y entrara (Mateo 8.9). Por eso, en su razonamiento, decidió mejor apelar a la autoridad que él pensó (con justa razón) que Jesús tendría sobre las enfermedades, al grado de afirmar que con una sola palabra que dijera Cristo todo quedaría arreglado.
  5. Jesús quedó impresionado por este evento, tanto que dijo, “—Les aseguro que no he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe.” (Mt 8.10), e incluso mencionó que en el día del juicio final muchos que vendrían “del oriente y del occidente” serían recibidos en el reino de los cielos mientras que a los “súbditos del reino” (los judíos) se les echaría a la condenación, porque no creyeron.
  6. La fe del centurión disparó la respuesta de Jesús ya que le dijo, “—¡Ve! Todo se hará tal como creíste” (Mt 8.10). Y así sucedió.
  7. En resumen, podemos apreciar aquí a un hombre de origen pagano pero con un corazón compasivo hacia sus propios empleados, un corazón generoso hacia los judíos, un entendimiento sencillo pero poderoso de la autoridad que tenía Jesús y una humildad tremenda. Cuando Jesús encuentra personas como él, ¡seguro se deja encontrar! ¡Seguro responde sus oraciones! ¡Seguro los atiende!

Después, en Lucas 7.11-17 encontramos el registro de otro milagro muy poderoso. Ahora Jesús se encontró con una procesión fúnebre del hijo único de una madre viuda. Veamos lo que sucedió aquí:

  1. De acuerdo con el The IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarsity Press, se consideraba como algo extremadamente trágico que muriera el hijo único de una viuda antes que ella y además la dejaba dependiente de la caridad pública para su sustento a menos que tuviera otros familiares de quienes apoyarse. Además, de acuerdo a la costumbre, la madre del difunto caminaba hasta el frente de toda la procesión, así que ella fue la que Jesús encontraría primero y de frente.
  2. De acuerdo al v. 13, Jesús se compadeció de ella cuando la vió y le dijo, “-No llores”. Recordemos que Jesús no solo veía las apariencias sino el fondo del corazón humano y conocía las circunstancias en que ella quedaría después de ese funeral. Fue movido a compasión al pensar en la situación de la viuda y decidió actuar. La petición que le hizo a ella no fue un simple, “-No llores, tranquila, todo va a estar bien”, sino más bien estaba anunciando que arreglaría la fuente de su dolor.
  3. Jesús se atrevió a interrumpir el funeral e incluso tocó el féretro (v. 14). Aún hoy hacer algo así en un funeral moderno y que un extraño lo interrumpiera sería todo un escándalo, pero en ese tiempo aún más, ya que la ley judía tocar el féretro o el cuerpo del difunto lo dejaba en un estado de impureza ritual (Números 5.2-3, 19.11-20). Pero Jesús continuó con su acción sanadora.
  4. Jesús llevó a cabo el milagro, ordenando al joven que se levantara y así sucedió, entregándolo a su madre. En ese momento, Jesús estaba terminando con la fuente de dolor de la madre y le entregaba de vuelta a su hijo vivo. ¡La mujer detuvo su dolor en ese momento y cambió por alegría! De acuerdo a los versículos 16 al 17, la noticia tuvo un fuerte impacto en toda la gente que estaba ahí pero también en todas las regiones vecinas.
  5. Podemos apreciar el corazón de Jesús aquí de una forma impresionante. Fue movido a compasión no solo por el dolor de la pérdida que experimentó la madre sino probablemente también al pensar en el estado de desamparo en que quedaría ella sin el apoyo de un hombre en su familia. Jesús mira no solamente nuestro presente, sino también nuestro futuro, si lo dejamos que intervenga en nuestras vidas.

Ahora, Mateo 11.1-19 y Lucas 7.18-35 nos presentan una situación interesante que estaba pasando Juan el Bautista. Mateo 11.2 dice que Juan estaba encarcelado (ya estudiamos anteriormente los motivos por los cuales estaba ahí). Sin embargo, ambos relatos bíblicos nos presentan a un Juan diferente al que habíamos estudiado anteriormente: ahora estaba enviando a sus discípulos a preguntarle, “—¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?” (Mt 11.3). ¿Qué estaba sucediendo aquí? Veamos algunos aspectos importantes:

  1. Recordemos que anteriormente, desde el momento en que Juan vio a Jesús por primera vez, dijo en Juan 1.29-30, “«¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! 30 De éste hablaba yo cuando dije: “Después de mí viene un hombre que es superior a mí, porque existía antes que yo.”” ¿Cómo es posible que ahora estaba preguntando si Jesús era el Mesías o tenían que esperar a otro? Es muy posible que la cárcel estaba teniendo un efecto desanimante en la fe de Juan el Bautista al grado de que estaba comenzando a dudar si Jesús era el indicado o no.
  2. ¿Cómo trató este asunto Jesús? La Biblia dice que “En ese mismo momento…” (Lc 7.21) Jesús llevó a cabo muchas sanidades y expulsiones de demonios, y después les pidió a los mensajeros de Juan que le contaran todo lo que vieron, diciendo al final, “Dichoso el que no tropieza por causa mía.” (Lc 7.23), “¡Y dichoso aquel que no pierda su fe en mí!” (DHH-LA). Juan estaba dudando, era un hecho, y Jesús fortaleció su fe a través del testimonio de los poderosos hechos que lo acompañaban.
  3. Jesús también dejó claro el papel de Juan (afirmando que era el profeta anunciado en Malaquías 3.1) y la trascendencia de su mensaje, afirmando que quienes rechazaron bautizarse por él rechazaron “el propósito de Dios respecto a ellos” (Lc 7.30), siendo estos los fariseos y los maestros de la ley. El bautismo de Juan era un plan de Dios para preparar el camino para Jesús pero quienes lo rechazaron después de escuchar el mensaje del profeta estaban rechazando la voluntad de Dios para ellos.
  4. A pesar de las críticas negativas que Juan recibió (“Tiene un demonio”, Mt 11.18) y las que Jesús recibió (“Éste es un glotón y un borracho…”, Mt 11.19), Jesús afirmó que “la sabiduría queda demostrada por sus hechos” o “Pero la sabiduría de Dios se demuestra por sus resultados.” (DHH-LA). Sin importar lo que los hombres pensaran de ellos, Dios tenía su plan y lo llevaría a cabo con poderosos resultados.

Para terminar nuestro estudio, en Mateo 11.20-30, la Biblia registra que inmediatamente después del discurso sobre Juan el Bautista, Jesús “comenzó a denunciar las ciudades en que había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían arrepentido.” (v. 20). Las mencionó por nombre: Corazín, Betsaida y Capernaúm; todas ciudades del ministerio de Galilea que Jesús llevó a cabo. La sentencia era fuerte: “Pero les digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón que para ustedes.” (v. 22) y “Pero te digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para Sodoma que para ti.»” (v. 24). ¿Por qué esta decisión? Ciertamente esas poblaciones fueron muy privilegiadas al haber tenido al hijo de Dios caminando en la tierra entre ellos, enseñándoles y haciendo grandes milagros. Justo por eso, al haber rechazado a Jesús e incluso intentar agredirlo, se estaban echando encima un tremendo juicio del que no escaparían. Para Dios no es cosa ligera el escuchar a Jesús y después despreciarlo y rechazarlo.

También este pasaje contiene otra enseñanza poderosa de Cristo: “»Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.” (Mt 11.28). Contrario a los maestros de la ley y los fariseos de la época, Jesús no cargaba a sus discípulos con nuevas reglas que cumplir aparte de todas las que ya tenían. Realmente Jesús les ofrecía a las personas descanso para sus almas, si lograban tener un corazón de aprendiz (de discípulo) para con él al imitar su humildad y su paciencia. De hecho, el “yugo” de Jesús es suave y ligero, ¡nada comparado al que ponían los religiosos de ese tiempo! Esta enseñanza es vigente hasta nuestros días y cada persona que se acerque a Jesús, sin importar cuán cargada y cansada esté, encontrará verdadero descanso para su alma.

Conclusiones:

  1. Aprendamos de la fe sencilla pero poderosa del centurión romano, que sigue este principio básico: si Jesús dice algo, ¡así sucederá! Si Jesús dice que puede hacer algo, ¡lo hará! Si Jesús nos promete algo, ¡lo cumplira! Porque es muy poderoso. ¿Estas frases reflejan el estado de nuestra fe el día de hoy?
  2. Cuando tenemos un encuentro con Jesús, él se compadece de nosotros porque puede visualizar el futuro que nos espera lejos de él y todo el sufrimiento que se nos vendrá encima. Por eso, cuando Cristo llama a una persona, hay que pensar en esto, ¡tal vez nos quiere evitar mucho sufrimiento que tendremos por vivir en la oscuridad más años de nuestra vida!
  3. Las dificultades y los problemas en nuestro caminar de fe pueden llevarnos a situaciones donde incluso dudemos de Dios y de su Palabra. Jesús está consciente de eso y nos pide que miremos las cosas poderosas que él ha hecho en nuestras vidas y renovemos así nuestra fe. Cada creyente seguramente tiene historias del poder de Dios que les ha tocado presenciar y que nos ayudan a fortalecer nuestra fe cuando está débil.
  4. Seguir a Jesús, escucharlo y obedecerlo es un verdadero privilegio, ¡no lo menospreciemos nunca! Ser un discípulo de Jesús es una gran bendición pero también una gran responsabilidad. Debemos cuidar nuestro caminar diario de fe para no caer en el corazón endurecido de esas ciudades que menciono Jesús.
  5. Jesús quiere descargarnos en nuestra alma y darnos descanso, de ninguna manera quiere cargarnos más de lo que ya estamos por los problemas y las circunstancias de la vida diaria. Aprendamos a tener una fe que nos lleve al descanso espiritual, no a más cargas internas.

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