Día 363

LUCAS 7.36-50, MARCOS 3.20-30, MATEO 12.22-45, MARCOS 3.31-35, MATEO 12.46-50, LUCAS 8.19-21.

En los pasajes de hoy podremos observar cómo Jesús utilizó con más fuerza las parábolas como una herramienta didáctica para transmitir convicciones o verdades específicas a la gente y también para dar lecciones morales y espirituales poderosas antes las circunstancias que experimentaba en un momento dado. Hoy estudiaremos el famoso encuentro con la mujer pecadora, las críticas a Jesús que lo relacionaron con el poder del diablo, la también famosa ofensa imperdonable al Espíritu Santo y las opiniones de los familiares de Jesús hacia él y su ministerio.

Vamos a comenzar analizando el episodio del encuentro de Jesús con la “mujer pecadora” (Lucas 7.36-50). Veamos algunos detalles importantes:

  1. La similitud con otras historias paralelas. La historia relatada en Lucas 7.36-50 tiene fuertes similitudes con otras historias de encuentros de mujeres con Jesús: Marcos 14.3-9 y Juan 1.1-8. Sin embargo, revisando los detalles más cercanamente, parece más bien que los 3 pasajes relatan 2 incidentes diferentes, el primero (aún cronológicamente hablando) lo registró Lucas y el segundo aparece en Marcos y en Juan (el encuentro con otra mujer en Betania). De acuerdo con el The New American Commentary: Luke, de Broadman & Holman Publishers, es posible que con el paso de los años a medida que se contaban una y otra vez las historias, se llegó a una estandarización de los términos hasta llegar a lo que aparece en los 3 evangelios, pero definitivamente fueron 2 eventos diferentes en momentos diferentes también.
  2. La descripción de la mujer. Lucas 7.37 dice, “Ahora bien, vivía en aquel pueblo una mujer que tenía fama de pecadora.”, ” Y he aquí una mujer que era pecadora en la ciudad” (BTX), “cuando una mujer de mala vida” (DHH-LA) y “Había en la ciudad una mujer pecadora pública” (BJL). ¿A qué se refería exactamente esto? De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarsity Press, es muy probable que se haya tratado de una prostituta judía o no-judía o al menos de una mujer conocida públicamente por una moral muy baja y que siempre andaba enredada en asuntos de mala reputación.
  3. La acción de la mujer. El v. 38 dice que la mujer llegó llorando, sin decir ni una sola palabra, y “se arrojó a los pies de Jesús”, bañándolos en lágrimas, secándolos con sus cabellos y ungiéndolos con perfume al final. De acuerdo con el libro The New Manners and Customs of the Bible, de Bridge-Logos Publishers, besar los pies a alguna persona era una práctica común entre judíos, griegos y romanos; era considerado como una señal de reverencia, afecto o bien para suplicar por algún favor especial. ¿Qué sería lo que la mujer estaría suplicando con sus acciones a Jesús? Pensando en la vida que llevaba y la humildad con la que llegó a Jesús, seguramente perdón de todas sus maldades.
  4. La lección al fariseo. Jesús confrontó la falta de compasión del fariseo con una historia sobre dos hombres que tenían deudas con un prestamista quien le perdonó la deuda a ambos, y lógicamente la que debía más estaría más agradecido. De esa forma veía Jesús a esta mujer, alguien agradecida y que regresaba amor a cambio del perdón que Jesús le estaba ofreciendo, mientras que el fariseo ni siquiera atendió de forma especial al Hijo de Dios a pesar de que lo tuvo en su casa.
  5. La fe de la mujer. Llama la atención que fue hasta el v. 48 que Jesús le dijo a la mujer, “—Tus pecados quedan perdonados.”, sin embargo Jesús reconoció que la mujer estaba agradecida y mostrando todo el amor que podía a él desde el inicio sin que él le hubiera dicho nada aún. Después le dijo en el v. 50, “—Tu fe te ha salvado—le dijo Jesús a la mujer—; vete en paz.” ¿Qué fe tuvo la mujer? Pensando en toda la historia, seguramente ella escuchó que Jesús perdonaba los pecados, pensó en su miserable condición moral y decidió acercarse a él creyendo firmemente en su corazón que él le perdonaría todos sus pecados. Nunca le pidió eso con palabras, Jesús nunca le prometió nada, pero su fe estaba fija en ese punto: que sería perdonada. Jesús hizo tal como ella creía. Definitivamente la fe de ella la salvó.

Justo después de este incidente, Lucas 8.1-3 nos dice que Jesús continuó con su recorrido de pueblos y aldeas para proclamar “las buenas nuevas del reino de Dios” (Lc 8.1). Lucas menciona que sus acompañantes eran los 12 apóstoles pero también muchas mujeres que habían recibido diferentes bendiciones de Jesús. ¿Y qué hacían esas mujeres con ellos? Dice el v. 3, “los ayudaban con sus propios recursos.”, “les servían con sus bienes.” (BTX), “Estas mujeres ayudaban con dinero a Jesús y a sus discípulos.” (TLA), “de sus bienes personales contribuían al sostenimiento de ellos.” (NBLH). Incluso entre ellas estaba la esposa del administrador de Herodes. ¿Y la idea de que Jesús no necesitó nunca dinero para su ministerio? Pues a la luz de esta Escritura, eso no es cierto. Al parecer estas mujeres financiaban las operaciones del ministerio de Jesús en lo que podían y él lo permitía (es decir, nunca hizo un milagro para multiplicar monedas para que pudieran seguir operando). Podríamos decir de cierta manera que su aportación era como las primeras ofrendas económicas que seguidores de Jesús hacían para el avance de la predicación del evangelio y él estaba de acuerdo en eso.

Ahora pasemos al famoso asunto del pecado imperdonable contra el Espíritu Santo (Marcos 3.22-30, Mateo 12.22-37):

  1. El contexto de este asunto parece ser una sanación y un exorcismo que le hizo Jesús a un hombre (Mateo 12.22). La gente respondió con asombro y se preguntaron “«¿No será éste el Hijo de David?»” (Mt 12.23), es decir, estaban considerando seriamente que Jesús era el Mesías tan anunciado en el Antiguo Testamento.
  2. Los fariseos al darse cuenta de lo que la gente estaba creyendo sobre Jesús, reaccionaron inmediatamente tratando de cambiar la interpretación de la asombrosa sanidad que recién habían presenciado diciendo: “«Éste no expulsa a los demonios sino por medio de Beelzebú, príncipe de los demonios.»” (Mt 12.24). Simplemente no querían que el pueblo creyera que Jesús era el Mesías y al atribuírle su poder a los demonios y no a Dios obviamente trataban de dañar el testimonio público que Jesús estaba dando con sus demostraciones de poder y de palabras.
  3. Fue entonces cuando Jesús afirmó, después de dar una pequeña cátedra sobre cómo opera el mundo espiritual del reino de Satanás, que “si expulso a los demonios por medio del Espíritu de Dios, eso significa que el reino de Dios ha llegado a ustedes.” (Mt 12.28). Es decir, Jesús estaba atribuyendo al Espíritu Santo el poder que él tenía para hacer milagros. Después dijo, “Por eso les digo que a todos se les podrá perdonar todo pecado y toda blasfemia, pero la blasfemia contra el Espíritu no se le perdonará a nadie.” (Mt 12.31) y en el v. 32 reafirmó, “el que hable contra el Espíritu Santo no tendrá perdón ni en este mundo ni en el venidero.” y “Éste no tendrá perdón jamás; es culpable de un pecado eterno.»” (Mr 3.29). Hasta este momento en su ministerio Jesús había enseñado que él tenía poder para perdonar pecados y que Dios quería que las personas se volvieran a Él para encontrar perdón y descandos para sus almas, pero nunca había dicho que había algún pecado que no se pudiera perdonar, hasta ahora. Los fariseos, hablando desde un corazón lleno de maldad contra Jesús (Mateo 12.33-37), se estaban echando encima una condenación terrible para toda la eternidad. Entendemos entonces que para Dios y para Jesús es gravísimo que alguien insulte al Espíritu Santo afirmando que su origen es satánico y no divino. Se requería un corazón muy endurecido para que, después de haber presenciado milagros y señales que nosotros seguramente no veremos en el transcurso de nuestra vida, terminaran juzgando a Jesús de esa manera.
  4. Jesús también aprovechó la ocasión para explicar cómo funciona el dominio de Satanás (Marcos 3.23-27, Mateo 12.25-29 y Mateo 12.43-45). Dijo varias cosas importantes: A) Satanás y sus demonios están muy unidos porque saben que si se desunen, su reino llegó a su fin (Mateo 12.26). B) Para derrotar a Satanás (“el hombre fuerte”) es necesario atarlo primero para poder robar “sus bienes”. En otras palabras, Jesús tenía que venir al mundo con una autoridad mayor a la de Satanás para poderle arrebatar las almas que el diablo tenía cautivas. Y así fue, en cada confrontación con los poderes demoníacos, Jesús venció. C) No era suficiente con que Jesús expulsara demonios de personas, ya que algún tiempo después, al encontrar esas almas sin dueño (la casa “desocupada, barrida y arreglada”), las fuerzas demoníacas podrían retomar el control de las mismas pero con más poder que antes. Lo único que podría realmente liberar para siempre a los hombres era que cambiaran de dueño, es decir, que dejaran de pertenecerle al diablo y se entregaran voluntariamente al señorío de Cristo. Por eso, cambios morales temporales nunca serán suficientes para encontrar una verdadera libertad espiritual, ¡se requiere volverse un auténtico seguidor de Jesús!

Ahora, en Mateo 12.38-42 se registra la reacción de algunos religiosos judíos ante los fuertes juicios de Jesús contra ellos: fueron a pedirle una señal milagrosa para creer en él. Jesús respondió condenándolos aún más y afirmando que ya no se les daría más señal mas que la “señal del profeta Jonás” (Mt 12.38). Es decir, Jesús estaba afirmando que lo que le pasó a Jonás en el vientre del gran pez (que estuvo ahí adentro tres días y tres noches) fue una sombra profética de la realidad que sería la muerte de Jesús y su resurrección (tres días y tres noches en “las entrañas de la tierra”). Incluso mencionó que en el día del juicio los habitantes de Nínive y la reina del Sur juzgarían a los judios contemporáneos a Jesús por no haberle creído ni haberle escuchado. Realmente fue algo muy grave a los ojos de Dios que los judíos constantemente rechazaran a Cristo.

Pasemos a estudiar la perspectiva de la familia carnal de Jesús con respecto a lo que él hacía. Marcos 3.20-21 registra que en una de las ocasiones en que Jesús se ponía a predicar ante mucha gente desde adentro de una casa, sus familiares salieron de su casa rumbo a “hacerse cargo” de Jesús porque decían: “«Está fuera de sí.»”, “pues decían que se había vuelto loco.” (DHH-LA). Luego, en Mateo 12.46-50, en Marcos 3.31-35 y en Lucas 8.19-21 se registra que “la madre y los hermanos de Jesús” (Mr 3.31) llegaron mientras estaba Jesús enmedio de toda esa discusión con los fariseos sobre el pecado imperdonable para buscar a Jesús e intentar hablar con él, pero con la intención de sacarlo de ahí porque como ya dijimos, pensaban que se había vuelto loco. Jesús conocía bien sus intenciones y sus pensamientos y por eso afirmó: “—Aquí tienen a mi madre y a mis hermanos. 50 Pues mi hermano, mi hermana y mi madre son los que hacen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.” (Mt 12.49-50). La triste realidad es que ni su propia familia creía en él, lo cual confirmaría después el apóstol Juan en Juan 7.5, “Y es que ni siquiera sus hermanos creían en él.” Aunque al inicio la madre de Jesús había creído que él era especial para Dios, parece ser que después al ver las acciones de su hijo más bien pasó a creer junto con sus demás hijos que él estaba loco. Sería hasta mucho más adelante que los parientes de Jesús terminarían siendo discípulos suyos también.

Conclusiones:

  1. Cuando nos acercamos a Jesús, llegó un punto en el que muchos de nosotros nos sentimos como la mujer pecadora a los pies de Jesús: reconociendo nuestro miserable estado moral y pidiéndole perdón. Nunca debemos olvidar que a los ojos de Dios no éramos mejores que esa mujer y que teníamos la misma necesidad de redención que ella tenía. ¡Apreciemos la oportunidad que Dios nos dio y no dejemos de conmovernos cuando recordamos cómo Él nos encontró!
  2. Que un cristiano ofrende en su iglesia local es completamente congruente con el ministerio de Cristo aún desde sus inicios. Él no necesita el dinero de nadie pero permitió que mujeres lo apoyaran con recursos financieros para darles una oportunidad de mostrar su agradecimiento y su compromiso con su causa. La ofrenda representa lo mismo para nosotros como creyentes hoy: una oportunidad de demostrar algo que tenemos por dentro para Jesús.
  3. Podríamos decir que es casi imposible que alguien en los tiempos modernos pueda cometer el “pecado imperdonable” contra el Espíritu Santo. Se requería un grado muy fuerte de dureza de corazón, de legalismo y de orgullo para acusar a Jesús de poder demoníaco. De igual manera, se requiere de una mente muy torcida y perversa y también de un resentimiento fuerte contra Jesús para poder caer de nuevo en ese pecado. Si eres creyente y alguna vez te has preguntado si ya caíste en ese pecado y sientes temor, ¡no te preocupes! No lo has cometido.
  4. Para que una vida quede completamente libre del dominio de Satanás se requiere mucho más que solo algunos cuantos cambios de conducta para ser “una mejor persona”. Es necesario que la persona experimente una auténtica conversión de corazón hacia Jesús. Nada más que eso nos provee de la liberación total del poder del diablo.
  5. Resulta interesante darnos cuenta de que en algún momento, Jesús llegó a considerar a aquellos que lo seguían igual de importantes que su propia madre y sus propios hermanos. Pensando en toda la tradición religiosa que ha exaltado a María más allá de lo que Jesús mismo lo hizo, nos podemos dar cuenta de que en el principio del cristianismo las cosas no eran como son hoy en el mundo religioso moderno.

 

Veamos un video que ilustra el encuentro de Jesús con la mujer de mala vida.


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