Día 303

JEREMÍAS 29.1 – 31.40.

Después de la triste historia del rey Joacim que estudiamos en el día anterior, hoy continuaremos con los mensajes proféticos de Jeremías con respecto a Judá, pero ya no de castigo y destrucción, sino de esperanza y un futuro para ellos. Veamos algunos aspectos relevantes de estos capítulos:

  1. El mensaje desconcertante de la carta. Por instrucciones de Dios, Jeremías envió una carta a los judíos desterrados en Babilonia, que incluían al rey Joaquín (hijo de Joacim) y a su familia y su corte real. Esos eventos están contenidos en 2 Reyes 24.12-16. De acuerdo con el Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia, de Editorial Caribe, sucedieron en el 597 a.C. y básicamente fue una operación imitada de los asirios que consistía en eliminar a los líderes y dejar a los campesinos para de esa manera reducir la posibilidad de una rebelión. Dicha carta contenía un mensaje que seguramente resultó desconcertante para los desterrados: “Edifiquen casas y hagan planes para quedarse… Cásense y tengan hijos… ¡Multiplíquense!… trabajen por la paz y la prosperidad de la ciudad donde los envié…” (Jer 29.4-7). Vemos de nueva cuenta la mención de los famosos “setenta años” (Jer 29.10) que permanecerían en Babilonia.
  2. Los planes de Dios. La lectura de hoy contiene diversos mensajes de esperanza para Judá y para Israel: A) Los planes “para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza” (Jer 29.11) que Dios tenía para su pueblo. Mientras ellos estaban esperando lo peor en Babilonia, Dios les estaba anunciando que cosas buenas pasarían, les pedía que confiaran en Él. B) La promesa de dejarse encontrar a través de la sinceridad y la oración de su pueblo (Jer 29.12). Dios estaba anticipando que su pueblo recuperaría en algún momento la sinceridad que tuvo para con Él y también su vida de oración. Él no sería indiferente a ello. C) Promesas específicas de liberación como “… se acerca la hora cuando reestableceré el bienestar de mi pueblo, Israel y Judá. Los traeré a casa…” (Jer 30.3), o “… desde tierras lejanas los traeré de regreso a casa, y sus hijos regresarán del destierro.” (Jer 30.10). ¡Definitivamente Dios tenía grandes cosas para su pueblo en el destierro! Curiosamente y contrario a la lógica humana, de entre el sufrimiento y la prueba que les esperaba en Babilonia, Dios generaría bendiciones y cosas buenas para ellos. Así trabaja también en nuestra vida, guardándonos bendiciones que se presentan justo a raíz de pruebas y dificultades.
  3. Un espíritu diferente para su pueblo. Encontramos varias menciones de un cambio profundo de ánimo que sufriría el pueblo de Dios: “Habrá alegría y canciones de acción de gracias” (Jer 30.19), “Por sus rostros correrán lágrimas de alegría” (Jer 31.9), “Vendrán a su tierra y entonarán canciones de alegría en las alturas de Jerusalén… desaparecerán todas sus tristezas… Convertiré su duelo en alegría” (Jer 31.12-13). Aunque en el momento de la derrota y el exilio solo había llando y dolor en Judá, llegaría el día en que la alegría generalizada se restauraría en todos. Dios lo estaba prometiendo.
  4. El corazón de Dios para su pueblo. Recordemos que todo el contexto del libro de Jeremías es la discipina hacia su pueblo por causa de sus pecados (“Pues tus pecados son muchos y tu culpa es grande.”, Jer 30.14). Sin embargo, encontramos varias referencias al enorme amor que Dios le tenía a su pueblo y cómo a pesar de estarlo castigando, no lo dejaría solo: “… no temas, Jacob, mi siervo; no te dejes abatir, Israel… Yo estoy contigo y yo te salvaré…” (Jer 30.10-11), “Yo te he amado, pueblo mío, con un amor eterno. Con amor inagotable te acerqué a mí.” (Jer 31.3). Esto nos demuestra que Dios disciplina con amor y que aunque cuando se encuentra aplicando algún castigo merecido, no aparta su corazón de su pueblo en ningún momento. Siempre será mejor recibir la disciplina con amor de Dios que la venganza despiadada de los hombres.
  5. La esperanza de que Israel se arrepentiría. Los versículos 18 al 19 de Jeremías 31 afirman que llegaría el día en que Israel reconocería que se había apartado de Dios y le pediría una oportunidad de restauración, con mucha vergüenza de por medio. Recordando el contexto de dureza de los corazones de los israelitas, se escucha demasiado difícil que llegara este día, pero Dios sabía que llegaría. Los sufrimientos que les esperaban en Babilonia los ayudarían a suavizar sus duros corazones para que un día reconocieran arrepentidos sus pecados. ¡Eso era justo lo que Dios quería de ellos!: humildad y sinceridad.
  6. El anuncio del “nuevo pacto” (Jeremías 31.31-34). En estos breves versículos Dios anunció a través de Jeremías que crearía un nuevo pacto entre su pueblo y él, ya que ellos habían roto el primer pacto. Este nuevo pacto sería diferente al anterior y tendría las siguientes características: a) las leyes de Dios ya no estarían escritas en tablas de piedra sino en el corazón humano y en la mente, b) todos conocerían bien a Dios, c) habría perdón abundante de pecados y además perdón definitivo y total. ¿A qué se refería Jeremías? En Hebreos 8.8-12 el autor del libro cita completa esta profecía de Jeremías y vuelve a repetir un fragmento en Hebreos 10.15-18. Incluso Pablo menciona algo parecido en 2 Corintios 3.3 (NVI), “Es evidente que ustedes son una carta de Cristo, expedida por nosotros, escrita no con tinta sino con el Espíritu del Dios viviente; no en tablas de piedra sino en tablas de carne, en los corazones.” Ese nuevo pacto entonces estaba haciendo referencia al evangelio de Cristo y a todos los que seríamos beneficiados por él, es decir, a nosotros, los creyentes modernos. Estamos viviendo bajo el “nuevo pacto” planeado por Dios mucho tiempo antes de que Cristo llegara a la tierra.

Conclusiones:

  1. A veces cuando pasamos momentos difíciles en nuestra vida nos preguntamos qué es lo que Dios quiere de nosotros en esos momentos. Debido a la intensidad del sufrimiento, no nos pasa por la mente siquiera que algo bueno pudiera salir de lo malo que estamos viviendo. Sin embargo, Dios nos puede sorprender siempre con bendiciones especiales que están planeadas para después de ese tiempo de prueba. ¡Seamos pacientes y confiemos en Él!
  2. Los planes de Dios siempre son para nuestro bienestar y para llenarnos de esperanza. Los mandatos contenidos en su Palabra siempre son para nuestro bien. Aprendamos a mirar la voluntad de Dios como algo bueno y esperanzador para nosotros, y no como una carga difícil que no podemos llevar en este momento.
  3. Apreciemos el amor de Dios por su pueblo que incluso durante la disciplina quiere que su pueblo esté seguro que lo hace por amor y que nunca se separará de él. Si así fue con Israel, ¿cuánto más con nosotros? Recordemos Romanos 8.38–39 (DHH-LA), “38Estoy convencido de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los poderes y fuerzas espirituales, ni lo presente, ni lo futuro, 39ni lo más alto, ni lo más profundo, ni ninguna otra de las cosas creadas por Dios. ¡Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús nuestro Señor!”
  4. El arrepentimiento puede llegar después de los tiempos difíciles en nuestra vida. A veces Dios permite que esos tiempos lleguen para llevarnos a algún punto de cambio y transformación especial en nuestro corazón. ¡Oremos para que Dios nos guíe hacia su voluntad y podamos encontrar arrepentimiento!
  5. Agradezcamos a Dios que vivimos bajo el nuevo pacto, que es mejor que el anterior y cuyo alcance es mundial, no solo local para una nación. Hoy los cristianos modernos somos beneficiarios de ese nuevo pacto y necesitamos mostrar mucha gratitud a Dios constantemente por ello.

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