Día 375

LUCAS 13.10-21, JUAN 9.1-41.

Después del largo discurso de Jesús que impartió en Lucas 12 y los inicios del 13, continuaremos hoy con diversos eventos en el ministerio de Jesús: la sanidad en sábado de una mujer encorvada, las parábolas sobre el crecimiento asombroso del reino de Dios, la sanidad de un hombre ciego en sábado y toda la polémica que generó y la enseñanza sobre la ceguera espiritual.
Tomando entonces las sanidades registradas en Lucas 13.10-17 y Juan 9.1-7 como punto de partida, hablemos un poco sobre la visión de Jesús del dolor y el sufrimiento humanos:
  1. En el relato de Lucas 13, Jesús se encontró con una mujer que “por causa del demonio llevaba dieciocho años enferma.” (Lc 13.11). Su enfermedad la había dejado encorvada y sin poderse enderezar. Llama la atención que el evangelista afirma que el causante de la enfermedad en esa mujer era un “demonio” o un “espíritu” (BTX). Jesús está afirmando directamente que la causa de la enfermedad de esa mujer estaba directamente relacionada con poder maligno, no por causas naturales. De alguna manera él sabía que el diablo estaba atrás de la enfermedad. ¿Significaba esto que la mujer estaba poseída por un demonio? No necesariamente, como la Biblia de Estudio Apologética menciona al respecto, ya que al no haber sucedido ningún exorcismo, no había ningún espíritu maligno controlando directamente a la mujer. Más bien parece que Jesús se refería a la oposición satánica a la humanidad en general que también se manifiesta en enfermedades. De hecho, la enfermedad entró al mundo después de que entrara el pecado. Entonces podemos decir Satanás trabaja en las personas no solamente a través de posesiones demoníacas, sino también a través de la enfermedad.
  2. Ante el sufrimiento de la mujer, Jesús tomó la iniciativa inmediatamente, llamándola para sanarla justo después que se dio cuenta que estaba entre la multitud. Curiosamente la persona que otros seres humanos hubieran evitado o ignorado en una aglomeración de personas, Jesús la buscó para ayudarla, fue tras ella y la sanó en el acto. Esto nos revela el corazón de Jesús ante el sufrimiento humano: se compadece de nosotros al instante y quiere ayudarnos.
  3. Como la sanidad fue en sábado, se generó un problema rápidamente con el jefe de la sinagoga quien reprendió a la mujer porque fue a buscar sanidad en un sábado. Jesús no toleró esta intervención y humilló públicamente a ese hombre y a todos los que lo respaldaban confrontando la hipocresía de todos ellos, ya que sí quebrantaban el sábado para cuidar a sus animales pero no lo querían quebrantar para dejar que Jesús ayudara a una mujer enferma “a quien Satanás tenía atada durante dieciocho largos años” (Lc 13.16).
  4. En el caso de Juan 9.1-7, ahora el enfermo era un ciego de nacimiento. Llama la atención la pregunta que hicieron los apóstoles sobre la condición del mismo: “—Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres?” (Jn 9.2). ¿Por qué hicieron esta pregunta? De acuerdo con el Holman Bible Handbook, de Holman Bible Publishers, los discípulos de Jesús expusieron una perspectiva común de la época que era enseñada ampliamente por los rabíes: que toda aflicción humana ocurría como resultado del pecado individual o por el pecado en la vida de los padres. Incluso enseñaban que un feto humano podría pecar en el vientre materno, antes de que naciera.
  5. Jesús rechazó por completo esa mentalidad equivocada diciendo: “—Ni él pecó, ni sus padres…” (Jn 9.2). Jesús estaba confirmando que en el corazón de Dios no estaban esas ideas con respecto al sufrimiento humano. La realidad es que vivimos en un mundo caído y estamos expuestos a todo tipo de males, incluyendo las tragedias, los crímenes, las enfermedades y más. Pensemos en esto cuando vemos a nuestro alrededor personas sufrir y tengamos cuidado de no juzgar de ninguna manera el por qué están pasando las cosas, porque nosotros podemos ser los siguientes.
  6. Jesús aprovechó la ocasión y enseñó que él era la luz del mundo (Jn 9.5) y que tenía trabajo que hacer, y eso incluía sanar al hombre. En esta ocasión nuevamente recurrió a su saliva para hacer barro con la tierra del suelo y untarlo en los ojos del hombre y después lo envió a lavarse al estanque de Siloé (Jn 9.7). ¿Por qué no simplemente dio la orden y fue sanado en el momento? La Biblia de Estudio Apologética comenta que en ese tiempo se creía que la saliva tenía algún valor medicinal, al igual que el barro. Posiblemente Jesús hizo esto para demostrar que Dios trabaja a través de muchos medios para sanar a una persona: la medicina moderna, la medicina tradicional, o un evento sobrenatural como lo es un milagro generado por el poder de Dios.
  7. De acuerdo con Juan 9.14, era sábado cuando Jesús sanó al ciego de nacimiento. Esto desató nuevamente una controversia con los fariseos, quienes recurrieron incluso a los padres del ciego para confirmar si era real su estado. Después de varios interrogatorios con los padres y con el mismo ciego, los fariseos estaban sin armas para poder invalidar el milagro, más bien se entregaron a la frustración y el enojo, y al ser confrontados con su actitud por el mismo ciego, decidieron expulsarlo de la sinagoga (Jn 9.34). De hecho, según Juan 9.22 los fariseos “habían convenido que se expulsara de la sinagoga a todo que reconociera que Jesús era el Cristo.”
Como pudimos observar en ambos episodios, Jesús consideró de más valor y de mayor prioridad el liberar a las personas del sufrimiento que estaban cargando durante muchos años que el cumplir las interpretaciones fariséicas de la ley. Además Jesús buscó a las personas más necesitadas de ayuda y ofreció su sanidad de forma inmediata. Esto nos revela aún más el corazón bondadoso y compasivo de Cristo, que se compadece ante el sufrimiento humano y quiere hacer algo para aliviarlo.
Ahora, ¿por qué los fariseos decidieron expulsar de la sinagoga a los judíos que reconocieran a Jesús como el Mesías? De acuerdo con el libro The New Manners and Customs of the Bible, de Bridge-Logos Publishers, el Talmud contemplaba tres grados de excomunicación o expulsión de la sinagoga, cada uno incrementaba en forma gradual la penalización (que contemplaba cosas como no poder comunicarse con otros judíos, no entrar al templo por la puerta general, no cortarse el cabello ni rasurarse, vestir ropas ásperas, no entrar al templo o a la sinagoga definitivamente, y por último, perder toda conexión con el pueblo judío y ser condenados a la perdición). Los discípulos de Jesús sufrirían diversos tipos de disciplina de parte de las autoridades religiosas judías por causa de su fe.
La historia termina con Jesús encontrándose de nuevo con el ciego sanado y enterándose de que había sufrido expulsión de la sinagoga por su causa. Ante la pregunta de, “—¿Crees en el Hijo del hombre?” (Jn 9.35), el hombre terminó reconociendo a Jesús como el Mesías y terminó creyendo en él y adorándolo de rodillas. Sin duda estaba muy impactado por el milagro del que había sido objeto y como fue algo muy grande para él, su gratitud y su entrega fueron inmediatas. No dudó ni discutió nada con Jesús, solo lo adoró y lo reconoció. Cuando una persona reconoce que fue salvada de una gran miseria, se entrega inmediatamente de corazón a Jesús y sin reservas, tal como lo hizo el ciego sanado. Por último, en el v. 41 Jesús condenó más a los fariseos porque afirmaban que veían y que no eran ciegos, por eso tenían más responsabilidad y su pecado permanecía, no era perdonado como en el caso de las personas que sí reconocieron a Jesús.

Conclusiones:

  1. Satanás trata por todos los medios de lastimar al ser humano, ya sea con las consecuencias directas de nuestros pecados o bien, con las enfermedades que tanto abundan en el mundo. No seamos tan rápidos para culpar a Dios cuando nos enfrentamos a enfermedades inesperadas y problemas de salud graves. Pensemos que el diablo quiere lastimarnos con eso y pondrá a prueba nuestra fe. ¡No le permitamos ganar la batalla!
  2. Apreciemos el corazón de Jesús que mientras estuvo en la tierra buscó a los más débiles y desamparados para ayudarlos a ser libres de sus sufrimientos. En una época de tanta miseria y desesperación, Jesús realmente hizo una diferencia y mostró el corazón de Dios para con el mundo.
  3. Desechemos creencias y supersticiones populares con respecto al origen del dolor y del sufrimiento humanos. Jesús rechazó toda mentalidad humana que intentara dar explicaciones al por qué del sufrimiento humano. Dios tiene su propia razón: el mundo está caído y es inevitable sufrir, aunque cuando nos toca pasar por ahí, también es una gran oportunidad para que Dios demuestre su poder y nos libere.
  4. Dios trabaja en la salud de las personas a través de varios medios. Ningún cristiano debe rechazar la medicina bajo el argumento de “eso es no confiar en Dios”. Jesús mismo sanó a través de prácticas medicinales antiguas, demostrando que Dios trabaja a través de todo. Si estamos enfermos, oremos y vayamos al médico, ambas cosas funcionaran bien.
  5. No olvidemos que nosotros, al igual que el ciego de nacimiento, fuimos rescatados de una existencia miserable, de una vida vacía sin una relación con Dios. Y al igual que el ciego, nuestra gratitud y nuestra entrega a Jesús deberían fluir naturalmente debido a la gran liberación de la fuimos objeto en nuestra conversión.

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