Día 316

JEREMÍAS 39.11 – 40.6, 2 REYES 25.8 – 21, JEREMÍAS 52.12 – 27, 2 CRÓNICAS 36.15 – 21.

Después de todos los mensajes de advertencia que Dios envió a su pueblo a través de sus profetas y de todos las oportunidades que tuvieron de cambiar el rumbo de sus vidas, finalmente llegó la hora del juicio a Jerusalén y todas y cada una de las profecías se cumplieron al pie de la letra. Estudiemos hoy la destrucción de Jerusalén a manos del ejército de Nabucodonosor.

Primero, estudiaremos dos lecciones sobre la recompensa a la confianza en Dios:

  1. El destino de Jeremías. En Jeremías 39.11-13 y 40.1-6 encontramos lo que sucedió con el profeta Jeremías una vez que la ciudad de Jerusalén cayó. Recordemos que él se encontraba en prisión (Jeremías 39.13), encarcelado injustamente por el gobierno del rey Sedequías a causa de los mensajes de juicio que proclamaba tal como Dios le había pedido. El pasaje nos dice que Nabucodonosor envió personalmente al capitán de su guardia a buscar específicamente a Jeremías y además le encargó: “«Asegúrate de que no esté herido —le dijo—, trátalo bien y dale todo lo que quiera».” (Jer 39.12). Así sucedió, fue encontrado por los babilonios dentro de los cautivos con destino al destierro (Jer 40.1) y fue liberado, con el siguiente mensaje de parte del capitán de la guardia de Babilonia: “«El SEÑOR tu Dios trajo desastre a esta tierra 3 tal como dijo que haría, pues este pueblo ha pecado contra el SEÑOR y lo desobedeció. Por eso ocurrió. 4 Ahora voy a quitarte estas cadenas y a dejarte libre.” (Jer 40.2-4). ¿Cómo es que Nabucodonosor, el poderoso rey de Babilonia, mostró tal interés en Jeremías y lo recompensó de esa manera? ¿Cómo es que el capitán de la guardia sabía del plan de Dios? Es muy posible que Nabucodonosor se enteró durante el sitio de Jerusalén de aquel profeta extraño que andaba animando a la gente a rendirse ante los babilonios, por lo cual quiso recompensarlo una vez que la ciudad cayó. Es un hecho que atrás de todo esto estaba Dios, quien hizo que el enemigo de Israel tratara con más cuidado y compasión a Jeremías que su propio pueblo, y así Jeremías quedó sano y salvo viviendo entre los que sobrevivieron. Incluso recibió dinero y comida de parte de los babilonios (Jer 40.5).
  2. El destino de Ebed-melec “el etíope”. En Jeremías 39.15-18 encontramos el relato de lo que sucedió con este hombre. Pero, ¿quién era él? ¿Qué hizo para que fuera objeto de tal recompensa de parte de Dios? Recordemos Jeremías 38.7-13 donde este hombre, que era un funcionario de la casa real, se compadeció de Jeremías cuando lo habían arrojado a la cisterna, avisó al rey de tal acción y fue a rescatar al profeta de ese lugar. Es su única aparición en la Biblia, con un acto de rectitud y justicia. Sin embargo, por pequeño e insignificante que parezca aún en la extensión de texto que se le dedica en la Biblia (6 versículos), Dios consideró tal acción como grande y no la olvidó. Para Él, Ebed-melec mostró confianza en el Señor al intentar sacar a Jeremías de la cisterna. Dios lo recompensó en su momento con su vida diciéndole: “Como has confiado en mí, te daré tu vida como recompensa; te rescataré y te mantendré seguro.” (Jer 39.18). ¡Dios no olvida los actos de justicia y rectitud y mucho menos la compasión que tenemos hacia otros! Esto nos recuerda a las palabras de Jesús en Mateo 7.2 (NVI), “Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes.” El etíope midió con compasión y justicia a Jeremías aunque se podía hacer de enemigos gratis por eso y Dios decidió medirlo con compasión y justicia también en el día que castigó a Jerusalén.

En cuanto al relato de la destrucción de la ciudad, encontramos esta historia en los pasajes restantes del día de hoy. Veamos algunos aspectos importantes:

  1. Los casi idénticos relatos de 2 Reyes 25.8-21 y Jeremías 52.12-27. Con excepción de la fecha (2 Reyes 25.8 dice “El 14 de agosto de ese año” mientras que Jeremías 52.12 dice “El 17 de agosto de ese año”), el resto de la narración es prácticamente la misma. De acuerdo con la Biblia de Estudio Apologética, hay 2 factores que debemos tomar en cuenta: A) la similitud de pasajes entre Jeremías con 2 Reyes más que ponernos a dudar nos muestra que la historia original no fue alterada en ninguna forma, que había una fuente común o un libro se tomó como fuente para el otro. De cualquier manera fortalece la historicidad del relato, a veces con textos idénticos o a veces complementándose uno al otro con detalles extras. B) La diferencia de fechas se puede explicar con una cuestión de traducciones donde ciertas palabras en hebreo nos dan diferentes posibilidades o bien con 2 métodos diferentes de cálculo. No hay razón alguna para dudar de la veracidad del texto.
  2. El destino del templo y de toda la ciudad. Los pasajes especifican claramente lo que sucedió con la ciudad: ¡fue destruída y quemada! Incluso nos dice el nivel de destrucción: “Quemó por completo el templo del Señor” junto con el palacio real y todas las casas de la ciudad (Jer 52.13), las murallas fueron derribadas “por completo” (Jer 52.14), los objetos de bronce gigantes del templo fueron hechos pedazos y llevados a Babilonia (Jer 52.17), todos los accesorios del templo fueron saqueados (Jer 52.18) así como todos los tesoros del templo y del rey y sus funcionarios (2 Cr 36.18).
  3. El destino de las personas. 2 Crónicas 36.17 nos habla de una terrible masacre de hombres jóvenes, muchachas, ancianos y débiles. Incluso se menciona que la persecución llegó hasta el interior del templo, donde sin compasión fueron asesinados. No solo hubo un destierro de sobrevivientes, sino que también sucedió una masacre muy fuerte de todo tipo de personas.
  4. El cumplimiento de las profecías. De acuerdo con 2 Crónicas 36.21, “Así se cumplió el mensaje del SEÑOR anunciado por medio de Jeremías.” Todo el juicio que Dios venía anunciando se llevó a cabo tal como Él lo dijo a su tiempo, pero como nos recuerda 2 Crónicas 36.15-16, cada vez que lo intentó, “el pueblo se mofaba de estos mensajeros de Dios y despreciaba sus palabras. Se burlaron con desprecio de los profetas hasta que el enojo del SEÑOR no pudo ser contenido y ya no se podía hacer nada.” (2 Cr 36.16). ¡Qué triste desenlace les tocó vivir! Si tan solo hubieran escuchado la Palabra de Dios a tiempo seguro se habrían evitado vivir tanto sufrimiento.

Para terminar, hablemos de uno de los más grandes tesoros del templo que desde hace un buen tiempo ya no escuchamos y que no aparece listado dentro de los objetos que fueron destruídos o saqueados por los babilonios, ni en esta ocasión ni en el primer saqueo del templo: ¡el arca de la alianza! ¿Dónde quedó? ¿Qué le pasó? ¿Dónde la podemos encontrar hoy? La realidad es que su destino es un total misterio. De acuerdo con el Tyndale Bible Dictionary, de Tyndale House Publishers, el arca desapareció justo en el episodio del exilio a Babilonia. Una posibilidad es que Nabucodonosor la haya destruído al quemar el templo, aunque resulta extraño que no fuera mencionada en la lista de 2 Reyes 25.13-15 (considerando que menciona objetos tan pequeños como recipientes y palas). El nuevo templo que fue construido después del exilio ya no tenía arca y nunca más la tuvo. Existe sin embargo una leyenda contenida en el libro apócrifo de 2 Macabeos 2.4-8, que dice:

  • 4“Estaba escrito también en ese documento que el profeta, por instrucciones de Dios, se había hecho acompañar por la tienda del encuentro con Dios y el arca de la alianza, y que se había dirigido al monte desde el cual Moisés había visto la tierra prometida por Dios, 5y que, al llegar allí, Jeremías había encontrado una cueva, en la que depositó el arca de la alianza, la tienda y el altar de los inciensos, después de lo cual tapó la entrada. 6Algunos de los acompañantes volvieron después para poner señales en el camino, pero ya no pudieron encontrarlo. 7Jeremías, al saber esto, los reprendió diciéndoles: ‘Ese lugar debe quedar desconocido hasta que Dios tenga compasión de su pueblo y vuelva a reunirlo. 8Entonces el Señor hará conocer nuevamente esos objetos; y aparecerán la gloria del Señor y la nube, como aparecieron en tiempos de Moisés y cuando Salomón pidió al Señor que el templo fuera gloriosamente consagrado.’” (DHH-LA).

Pero la realidad es que no hay seguridad alguna de esto, ya que no consideramos inspirados por Dios a los libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento (en su momento estudiaremos ese tema). Múltiples teorías se han desarrollado sobre este tema en incluso en la actualidad hay grupos fundamentalistas judíos que están argumentando que creen que el arca está escondida debajo del Domo de la Roca (la mezquita musulmana ubicada donde estaba el antiguo templo) y que un día excavarán, la encontrarán y levantarán entonces el “Tercer Templo”, lo cual desataría un conflicto armado inmediatamente entre árabes y judíos, y seguramente con el resto del mundo occidental.

Confiemos en que Dios estuvo en control de la desaparición del arca y Él tendría sus razones para esto. Estaba cansado de la adoración falsa en el templo y por eso castigó a todo el reino de Judá y especialmente a Jerusalén. Además, con la llegada de Jesús, ya no se requerían sacrificios de sangre en el templo con la presencia del arca (Hebreos 9.11-14), su sacrificio único fue suficiente para ofrecer salvación no solo a los judíos sino a toda la humanidad.

Conclusiones:

  1. No menospreciemos las más pequeñas decisiones de justicia y rectitud basadas en la confianza en Dios. ¡Él está viendo cada una de ellas y no las olvidará! A su debido tiempo, recompensará la confianza que mostramos hacia Él en momentos difíciles.
  2. Escuchemos las voces de otros creyentes o incluso de la misma Biblia que nos alerta y nos advierte sobre los peligros de continuar por un camino equivocado. No seamos como Judá, que a pesar de haber contado con grandes profetas como Jeremías y otros más, menospreció todo mensaje que Dios les envió y tuvieron que pagar las consecuencias.
  3. Agradezcamos a Dios que hoy para mantener viva nuestra fe no necesitamos de objetos sagrados como el arca o de lugares específicos como el templo, porque ahora podemos entrar en la presencia de nuestro Dios ante su altar en cualquier momento que decidamos orar de corazón (Hebreos 4.14-16). Aún si se encontrara el arca de la alianza algún día, no representaría ningún cambio para la fe cristiana, al contrario, más bien se fortalecería nuestra creencia en que la Biblia realmente es la Palabra de Dios y fue inspirada por Él.

 

Los dejo con algunos videos sobre el Arca de la Alianza y el Tercer Templo. Que los disfruten.

Preparan el Tercer Templo de Jerusalén from Protestante Digital on Vimeo.

 


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