Día 138

JOB 40 – 41.

En los 2 capítulos anteriores pudimos estudiar la intervención de Dios directamente con Job, quien fue cuestionado por Él en diversos asuntos que resultaban imposibles de contestar para Job, ya que hablaba del momento de la creación de las estrellas y de la tierra, de las fuerzas de la naturaleza y de la perfección de todo lo creado. Todas las quejas y amarguras que exponía Job comparadas con la fuerza, la magnitud y la trascendencia de los argumentos que presentó Dios, ¡se quedaron muy pequeñas!

En los versículos 1 al 2 del capítulo 40, Dios cuestiona a Job después de que presentó su defensa, “¿Todavía quieres discutir con el Todopoderoso? Tú criticas a Dios, pero ¿tienes las respuestas?”, “¿Podrá el que censura discutir con el Todopoderoso…?” (NBLH), “¿Es sabiduría contender con el Omnipotente?” (RVR95). Dios afirmó que Job había estado criticando, censurando y contendiendo con Dios. Pero después de que Dios mismo presentó su caso, la pregunta es demasiado grande para cualquier ser humano, “¿Todavía quieres discutir con el Todopoderoso?” Dios le demostró a Job que a pesar de que sus quejas, argumentos y amarguras fueran muy grandes para él como hombre, delante de Dios eran pequeñeces e insignificancias comparadas con la grandeza de su poder y la complejidad de lo que Dios había creado. Lamentablemente es tan fácil para nosotros caer en el estado emocional de Job cuando sufrimos al grado que vemos nuestros problemas y dolores como algo inmenso y enorme, como una razón poderosa para justificar nuestra falta de dominio propio y nuestra lengua que derrocha amargura. Si tan solo en esos momentos nos pusiéramos a estudiar la grandeza y la majestuosidad de Dios, seguramente nos ayudaría mucho ubicar nuestros problemas en su justa dimensión y entenderíamos que sin importar cuán difícil sea para nosotros lo que estamos viviendo, “¡Todo es posible para el que cree!” (Mrc 9.22.23).

¿Qué respondió Job ante tan poderosos argumentos que Dios mismo presentó en su defensa? ¿Cómo reaccionó? ¿Se enojó más aún contra Dios? ¿Se llenó más de amargura? ¿Perdió su fe? Los versículos 3 al 5 nos dan la respuesta, “??3 Entonces Job respondió al SEÑOR: 4 «No soy nada, ¿cómo podría yo encontrar las respuestas? Me taparé la boca con la mano. 5 Ya hablé demasiado; no tengo nada más que decir».”, “Yo soy insignificante; ¿qué puedo yo responderte?” (NBLH), “¿Qué puedo responderte, si soy tan indigno?” (NVI). Recordemos que Job había mantenido un estándar de rectitud muy alto, era considerado “intachable” por Dios. Y una vez más podemos ver esa rectitud de Job, que se humilló ante Dios y comprendió que no tenía nada que discutir con Él, que lo mejor que podía hacer en ese momento era cerrar la boca y escuchar la voz de Dios hablarle a su corazón. Y realmente Job ya no tenía nada más que decir. Esta actitud me recordó algo: podemos expresar todo el dolor y las emociones negativas que sintamos, suframos o pensemos sin problema y por los canales adecuados (¡no por Facebook por favor!), pero cuando la Biblia nos habla, la postura más recta e íntegra es la misma que adoptó Job, ¡cerrar la boca, reconocer nuestra insignificancia ante Dios y escuchar lo que su Palabra tenga que decirnos!

Ahora, desde el 40.6 hasta el 41.34, Dios continúa dando argumentos a Job y cuestionándolo con asuntos que iban mucho más allá del alcance de cualquier ser humano. Un detalle interesante es que Dios estaba hablando a Job “desde el torbellino” o “desde la tormenta” (NBHL); como ya se había mencionado en el 38.1. Es importante fijarnos en la forma en que se manifiestan las diferentes teofanías (o apariciones de la deidad de alguna forma). Cuando se presentó ante Moisés fue a través de una zarza ardiendo, ante Israel en el Éxodo fue a través de truenos y una nube gloriosa, en el caso de Isaías fue a través de varias manifestaciones físicas y en el caso de Job, es a través de una tormenta o viento fuerte. La forma en que Dios elige revelarse ante determinado personaje no es arbitraria ni al azar, sino que realmente va conectada con el mensaje que Dios desea dejar en el corazón de esa persona. En este caso, ante un Job que por su sufrimiento estaba dudando del poder de Dios, pues necesitaba sin duda ver a un Dios poderoso. ¿Qué fueron los cuestionamientos y argumentos que Dios manejó en esta intervención con Job?:

  1. Dios confronta a Job porque estaba poniendo en duda su justicia (40.8), “¿Pondrás en duda mi justicia y me condenarás sólo para probar que tienes razón?”, “¿Invalidarás mi juicio?” (BTX), “¿Pretendes declararme injusto y culpable…” (DHH-LA). Una de las consecuencias comunes de la falta de dominio propio con nuestras emociones y sentimientos es acusar a Dios de injusto. ¿Te suena familiar? ¿Has escuchado algún creyente expresar esto? ¿O te has visto a tí mismo(a) sintiéndote así? En los versículos 11 a 14 Dios presenta algunos argumentos a favor de su justicia y cómo la aplica en contra de los “orgullosos” y “malvados”, mencionando cómo Él tiene el poder para dar “rienda suelta” a su enojo contra los orgullosos y humillarlos y también para llevar a los malvados hasta la muerte. Obviamente Job no podía hacer eso. Es tan fácil acusar a Dios de una cosa o de otra, pero en realidad no alcanzamos a comprender que Él es completamente justo y que tarde o temprano hace justicia en cualquier situación. Y por otro lado, situaciones que estamos viviendo y que a nuestra vista son “injustas”, tal vez para Dios no lo sean y debemos orar para comprender esto.
  2. Por último, desde el 40.15 hasta el 41.34, Dios decide utilizar la imagen del “Behemot” y el “Leviatán” para terminar la discusión con Job. Como habíamos mencionado antes a lo largo del estudio de este libro, el “Behemot” también es traducido como “hipopótamo” (NBLH y TLA), y el “Leviatán” como “cocodrilo” (41.1). De acuerdo al The New Bible Commentary, de Inter-Varsity Press, aunque es posible que las referencias sean a esos dos animales, no debemos olvidar que el lenguaje es poético y que las descripciones no son exactas, sino más bien simbólicas (como el 41.21 que dice sobre el cocodrilo, “Su aliento podría encender el carbón, porque de su boca salen llamaradas.”, ¿cuándo fue la última vez que viste un cocodrilo dragón?). Más bien, estos dos animales representan el caos. Y como dice este comentario, “Este es el clímax de los discursos de Dios a Job, y Job no pierde el punto: el sufrimiento es un cocodrilo, un hipopótamo, aterrador y misterioso, pero parte de la creación de Dios y con su propio esplendor.” Recordemos ubicarnos en los tiempos de Job y lo que sería para una persona de esa época estar frente a un hipopótamo o un cocodrilo y enfrentarlo con palos, lanzas rudimentarias y piedras, ¡sería una experiencia terrible sin duda!
  3. Y es necesario mencionar también el 41.11, ” ¿Quién me ha dado algo para que tenga que pagárselo? Todo lo que hay debajo del cielo es mío.” Dios afirma algo que a los hombres les cuesta mucho trabajo reconocer: que todo lo que tenemos y todo lo que hay a nuestro alrededor, ¡es de Dios! Él nos lo presta para poder vivir y disfrutar la vida, pero el grave error del ser humano es sentirse con derecho a lo que tiene (cosas, personas o su propio cuerpo) y tratarlo como se le antoje. La realidad es otra y Dios nos pedirá cuentas a todos un día de lo que hicimos con todo lo que Él nos dió.

Conclusiones:

  1. No olvidemos lo pequeños e insignificantes que somos. Cuando estemos enmedio de las pruebas y el sufrimiento, no nos dejemos engañar por las emociones del momento creyendo que somos los únicos que estamos pasando por eso, que es algo muy grande para enfrentar y que nadie nos entiende. Todos nuestros argumentos comparados con la grandeza de Dios y la complejidad de sus obras, ¡son nada delante de Él! Pongamos en perspectiva las cosas y recordemos que para Dios, no hay nada que sea demasiado grande, complejo o difícil para resolver.
  2. Si bien a lo largo del estudio hemos entendido que una evidencia de rectitud e integridad personales es ser abiertos con nuestros sentimientos y emociones en las formas que Dios ha dispuesto (Mt 18.15-18, Gal 6.1-2, Stg 5.16, etc.), también hoy estamos comprendiendo que ser rectos e íntegros es tener la disposición de escuchar a Dios a través de su palabra, cerrar la boca y dejar que nos hable al corazón. Si solo nos quedamos estancados en el primer paso pero nos rehusamos a escuchar ayuda, ¡nos está faltando rectitud! No se trata solo de “vomitar” todos nuestros sentimientos negativos con terceros, sino después de tener un corazón dispuesto para escuchar a Dios hablarnos. Ese “después” podrá ser inmediatamente después de que somos abiertos o un tiempo posterior porque tal vez solo necesitemos que nos escuchen primero (como también aprendimos en otras partes de este estudio).
  3. No nos apresuremos como la gente que no conoce a Dios a presentar “cargos” contra Él por causa de las pruebas o el sufrimiento que atravesemos, como “-¿Qué no me amabas? ¿Por qué me haces pasar por esto?” o “-Eres injusto Dios, me has decepcionado” o tal vez “¿Por qué no haces justicia, por qué te tardas? ¡Yo esperaba más de tí!” Estemos alertas del proceso que sigue la amargura: primero es con situaciones, luego con los hombres y si no se detiene termina contra Dios. ¡Cuidado con nuestro corazón!
  4. Tal vez hoy estamos enfrentando a nuestros propios “Behemots” o “Leviatanes” y estamos aterrados, inseguros, asustados y desconfiados, tal como sería estar frente a estos animales solo con un palo o unas piedras. Pero no olvidemos que tanto ellos como el sufrimiento y el dolor son parte de la creación y de los procesos naturales de la vida. Todos moriremos un día, cosas malas nos pueden suceder, nos enfermaremos tarde o temprano de algo desagradable, estaremos hospitalizados también, personas nos decepcionarán. ¿Significa eso que Dios no nos ama? ¿Que no le preocupamos? ¿Que Él no tiene el control? Para nada.
  5. No olvidemos que todo lo que tenemos es de Dios, solo lo tenemos prestado, tanto personas como bienes materiales y dinero. Mantengámonos agradecidos con lo que recibimos día a día y usemos los bienes de este mundo para hacer la voluntad de Dios, no para satisfacer nuestros deseos egoístas todo el tiempo.

2 Responses to “Día 138”

  1. Adriana Casas dice:

    Creo que cuando somos confrontados, inmediatamente buscamos la paja en el ojo ajeno, impidiendo nuestro crecimiento, en lugar de ser humildes y permitir la corrección de Dios, para ser verdaderamente transformados; me ayuda mucho ver la reacción de Job, de rendición, delante de Dios. Y sin duda
    ver la majestuosidad de Dios en su creación, nos ayuda a dimensionar la pequeñez, de lo que para nosotros, puede ser un gran problema.
    Ha sido una verdadera revelación el estudio de este libro, muchas gracias.

  2. Jossie , PR dice:

    waooo! Es asombroso todo lo que necesitamos crecer y aprender para comprender el poder de Dios…Gracias Arturo por tan excelente trabajo.. Aunque no estoy a la par tuyo con los estudios sigo el blog día a día aprendiendo mucho y compartiendo con otros cada vez que tengo oportunidad. Muchas, muchas gracias!!!! Dios te siga bendiciendo a ti y todo tu equipo de trabajo.

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