Día 255

OSEAS 9.1 – 14.9.

Terminaremos el estudio del libro del profeta Oseas que predicó contra el reino del norte principalmente. Traigamos a la mente los eventos de la vida de los reyes contemporáneos a Oseas, ya que el profeta habla de varios de esos momentos en su libro.

Estos últimos capítulos del libro contienen los siguientes temas:

  1. El castigo anunciado para Israel. Ell profeta anunció muchas calamidades para Israel relacionadas con: la agricultura (“tus cosechas serán insuficientes para alimentarte”, Os 9.2), la producción de vino (“no habrá uvas para hacer vino nuevo”), invasión y la derrota por un país extranjero (“Pero ahora Israel sacará a sus hijos para ser masacrados”, Os 9.13), el exilio fuera de su tierra (“Será un vagabundo, sin hogar entre las naciones”, Os 9.17), la destrucción de sus fortalezas (“Todas sus fortificaciones caerán”, Os 10.14), el trabajo forzado (“y será forzado a servir a Asiria”, Os 11.5), y mucha crueldad a manos de sus enemigos (“Un ejército invasor los matará, a sus niños los estrellarán contra el suelo hasta matarlos y a las embarazadas les abrirán con espadas”, Os 13.16). Sin duda imágenes fuertes, pero había un castigo más fuerte aún que les dolería mucho con el tiempo, “Allí no presentarás ofrendas de vino al Señor… no podrán ofrecerla al Señor… ¿qué harás en los días de festivales? ¿Cómo celebrarás los festivales del Señor?… Será un día terrible cuando me aleje y te deje solo…” (Os 9.3-12). Es decir, el abandono por parte de Dios y la desaparición por completo de cualquier forma de culto a Dios en la tierra extranjera a donde irían. ¡Ya no podrían adorar a Dios como se les había enseñado! Serían despojados completamente de cualquier vestigio de su religión. A donde irían ya no podrían practicarla en ninguna forma.
  2. Cuando la prosperidad se vuelve una trampa (Oseas 10). Todo el capítulo nos presenta imágenes de un reino próspero: “Qué próspero es Israel… mientras más se enriquece la gente… Cuanto más abundantes sus cosechas… confiando en su poderío militar y creyendo que los grandes ejércitos podrían mantener a la nación a salvo.” ¿Son exactas estas descripciones del reino del norte? De acuerdo con el libro ¡Abramos la Biblia!, de Sociedades Bíblicas Unidas, durante el reinado de Jeroboam II hubo una época de mucha prosperidad en Israel por más de 40 años. Junto con el rey Azarías de Judá formó una alianza para extênder las fronteras de sus tierras hasta alcanzar casi el tamaño del imperio de Salomón. Así que Oseas estaba hablando de hechos reales, no solo de figuras de retórica. Israel disfrutaba de riqueza y prosperidad pero moralmente estaba empobrecida, sus ricos solo pensaban en diversión y los derechos de los pobres eran pisoteados. Justo en esos tiempos lo que más le preocupaba a los israelitas era que nadie tocara sus ídolos de piedra o de metal que habían fabricado y a los cuales adoraban (“La gente de Samaria tiembla de miedo por lo que pudiera ocurrirle a su ídolo, el becerro en Bet-avén.”, Os 10.5). Es decir, su misma prosperidad y riqueza se convirtió en una trampa mortal ya que confiaron más en ellos mismos y sus mentes desviadas habían puesto como prioridad cosas que no eran prioridad real a los ojos de Dios, como un ídolo de piedra. Así puede pasar hoy con los creyentes prósperos, si no recuerdan quién les dio todo lo que tienen, pueden terminar confiando en sus grandes cantidades de dinero y en sus múltiples posesiones, en lugar de estar preocupados por agradar a Dios.
  3. El corazón de Dios para Israel. Varios pasajes dentro de estos capítulos nos revelan con más profundidad cuál era el corazón de Dios enmedio de toda su ira de justicia que sería desatada: “Cuando Israel era niño, yo lo amé… Yo mismo le enseñé a Israel a caminar, llevándolo de la mano… Guié a Israel con mis cuerdas de ternura y amor… yo mismo me incliné para alimentarlo… ¿cómo podría abandonarte? ¿Cómo podría dejarte ir?… Mi corazón está desagarrado dentro de mí y mi compasión se desborda…” (Os 11.1-11). Es impresionante comprender mejor cuánto amor tenía Dios por el reino del norte, Israel, que fue el que más se apartó de Él desde el inicio de la rebelión de la casa de Saúl contra la casa de David. Habían sido años y años, década tras década, de infidelidad, injusticia, mentira, violencia, idolatría y muchas cosas más. Y sin embargo, Dios continuaba amando profundamente a Israel. Para el lector superficial, al estudiar los juicios que Dios ejecutó contra Israel y contra Judá se le hace fácil levantar juicios inmediatos contra Dios acusándolo de ser un Dios sádico con su propio pueblo, pero cuando estudiamos el texto más profundamente podemos visualizar a un Padre muy triste por el dolor que va a ocasionar a sus hijos, aún cuando sabe que es inevitable y que es necesario.
  4. La última oportunidad de Dios para su pueblo. Otros versículos en estos últimos capítulos del libro nos muestran los llamados finales al arrepentimiento que Dios estaba lanzando a Israel, los cuales constituían la última oportunidad para ellos: “Yo dije: “Planten buenas semillas de justicia, y levantarán una cosecha de amor. Aren la dura tierra de sus corazones,  porque ahora es tiempo de buscar al SEÑOR para que él venga y haga llover justicia sobre ustedes”. (Os 10.12), “Así que ahora, vuélvete a tu Dios. Actúa con amor y justicia, y confía siempre en él.” (Os 12.6), “Regresa, oh Israel, al SEÑOR tu Dios, porque tus pecados te hicieron caer. 2 Presenta tus confesiones y vuélvete al SEÑOR.” (Os 14.1-2). Y Dios promete claramente que: “… yo los sanaré de su falta de fe; mi amor no tendrá límites.. Israel florecerá como el lirio… Mi pueblo vivirá otra vez bajo mi sombra…” (Os 14.4-7). Oseas era el instrumento de Dios para dar la última oportunidad para Israel. Dios estaba comprometido a responder inmediatamente si veía arrepentimiento en el pueblo. Sin embargo, Israel no escucharía su voz y terminaría pagando las consecuencias.
  5. La gran lección del libro de Oseas. El versículo 9 del capítulo 14 contiene tal vez la lección más importante para nosotros de este libro profético: “Que los sabios entiendan estas cosas. Que los que tienen discernimiento escuchen con atención. Los caminos del SEÑOR son rectos y verdaderos, los justos viven al andar en ellos; pero en esos mismos caminos, los pecadores tropiezan y caen.” Es un hecho que decidir andar en los caminos de Dios con constancia nos traerá vida plena y felicidad, pero si nos ponemos necios y nos aferramos a vivir de forma contraria a sus caminos, solo tropezaremos una y otra vez y terminaremos cayendo definitivamente. Eso fue lo que le pasó a Israel, ¡que no nos pase a nosotros!

Conclusiones:

  1. Para aquellos que hemos conocido los caminos de Dios de alguna forma, no hay mayor tormento para nuestra alma que alejarnos de la verdad que un día nos fue revelada. Aunque muchos apóstatas de la fe piensan que se libran de dolores y cargas al abandonar su devoción a Dios, en realidad se echan encima más sufrimientos internos por aislarse a sí mismos de lo único que les daba un sentido trascendente a sus existencias: ¡vivir para Dios!
  2. Tengamos cuidado con las trampas que la prosperidad puede traer a nuestros corazones. Recordemos lo que les pasó a los israelitas: “pero una vez que comiste y quedaste satisfecho, te volviste orgulloso y te olvidaste de mí.” (Os 13.6). Si hoy estamos “comiendo” y estamos “satisfechos”, ¡no nos volvamos orgullosos contra Dios! ¡No nos olvidemos de Él! Todas las bendiciones que tenemos vienen de Dios sin excepción, no nos engañemos pensando que nosotros con nuestro gran talento o habilidad lo hemos conseguido.
  3. Dios ama profundamente a su pueblo, que bajo el Nuevo Pacto es la iglesia cristiana en todo el mundo. Valoremos al amor tan grande que Dios nos tiene y agradezcamos que somos objetos de su amor, cuando en realidad no lo merecemos. Y aún cuando nos toquen tiempos de disciplina y corrección, no olvidemos que provienen de un padre amoroso que se preocupa por nosotros y quiere lo mejor para sus hijos.
  4. No menospreciemos los llamados que otros creyentes nos hacen para cambiar el rumbo de nuestras vidas. No seamos como los israelitas que dijeron de los profetas que Dios enviaba, “A causa de tu gran pecado y hostilidad dices: «¡Los profetas están locos y los hombres inspirados son necios!»”. (Os 9.7). Escuchemos la voz de Dios a través de nuestros hermanos en la fe y más si nos ayudan con las Escrituras. Tal vez esas conversaciones representen nuestra última oportunidad para volvernos a Dios.
  5. Vale la pena vivir fiel a Dios para toda la vida, aunque a veces se compliquen las cosas, aunque a veces las personas nos decepcionen, y aunque a veces haya dolor y sufrimiento en el camino. Ni la vida más placentera y lujosa fuera de Dios podrá jamás satisfacer tanto nuestra alma como caminar al lado de nuestro Padre todos los días de nuestra existencia.

6 Responses to “Día 255”

  1. victor dice:

    Gracias Artoro, por recordarme cuan agradecido debo de estar son DIOS y no olvidarme que todas las bendiciones vienen de EL. Saludos Cordiales

  2. citlali gamboa dice:

    Ha sido difícil obedecer a Dios cuando el corazón está muy dolido pero continuar y ahora conociendo a diversos profetas y el carácter de Dios q no es de un hombre, recordar esos tiempos hace valorar la paz aún c las mismas situaciones, para ejercer la obediencia a su palabra y esperar q de fruto. Ose 13:4 -5. Gracias totales y saludos.

  3. Mirna Barrera de Hdz dice:

    Muchas gracias Arturo.

  4. blanca martinez dice:

    GRACIAS ESO TENEMOS QUE TENERLO MUY PRESENTE QUE TODO LO QUE TENEMOS ES POR QUE DIOS LO PERMITE Y QUE SI NOS VA BIEN ES POR QUE DIOS LO QUIERE Y SI NO ES POR QUE TAMBIEN LO PERMITE GRACIAS.

  5. Adriana Casas dice:

    Gracias Arturo!!! atesoro estos devocionales en mi corazón por la ayuda que representan para mi fe y mi discernimiento espiritual además de que me ayudan a tomar conciencia de delante de quién está mi vida: “El Señor, el Dios todo poderoso:
    ¡el Señor es su nombre!” Os 12.5 (DHH)

  6. Gustavo Ulloa dice:

    Así es, cuando todo va bien podemos pensar que ha sido por nuestro esfuerzo y podemos olvidarnos de Dios. Por eso cada día debemos agradecer, aunque no estemos pasando por el mejor momento, pero acordarnos de todo lo que Dios nos ha dado desde que nos rescató de una vida sin sentido. Gracias.

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