Día 332

DANIEL 10.1 – 12.13.

Llegó el momento de terminar el estudio del gran libro de Daniel. Nuevamente recurriremos a la historia para tratar de comprender las profecías contenidas en los últimos capítulos del libro de Daniel.

El versículo 1 del capítulo 10 de Daniel nos proporciona la fecha de la última visión que recibió el profeta: “el tercer año del reinado de Ciro de Persia”. Esto vendrías siendo entre el 536 – 535 a.C. Es importante notar que el libro de Daniel proporciona datos cronológicos precisos acerca de la época en que el profeta recibió las 4 visiones principales del libro: el primer y tercer año de Belsasar (Daniel 7.1); y el primer y  tercer año del reinado de Ciro (Daniel 10.1). Más aún, Daniel nos proporcionó el día exacto de la visión: “El 23 de abril” (Daniel 10.4) o “El día veinticuatro del mes primero” (BTX) o “El día veinticuatro del mes de Abib” (TLA). De acuerdo con notas de la NTV, esta fecha del libro de Daniel se ha comparado con las fechas contenidas en los registros persas que están disponibles y se relaciona de forma precisa con nuestro calendario moderno, el 23 de abril del 536 a.C.

Ahora, ¿qué fue exactamente la visión que recibió Daniel? La Biblia afirma que como antecedente a la visión, el profeta se encontraba en un “estado de luto durante tres semanas enteras” (Daniel 10.2), es decir, en un ayuno especial donde no tomaba vino ni se perfumaba ni comía carne. Es justo durante ese tiempo de preparación espiritual en que Dios decidió enviar la visión a Daniel. Como lo menciona el comentario Daily Study Bible Series: Daniel, de John Knox Press, la preparación física y la receptividad espiritual están íntimamente relacionadas, como sucedió también en Daniel 9.3-19, cuando después de estar ayunando, orando, vestido de luto y sentado en cenizas, el ángel Gabriel acudió personalmente con la respuesta a la oración de Daniel. ¡Hay mucho poder en las disciplinas espirituales! La oración combinada con el ayuno y un corazón quebrantado pueden generar poderosas respuestas de parte de Dios. ¿Cuánto estamos practicando esto?

El aspecto físico del hombre que se apareció en su visión era impresionante: cuerpo con aspecto de “piedra preciosa” (Daniel 10.6) o “Su cuerpo era como un crisólito” (BTX) o “Su cuerpo brillaba como el topacio” (NVI), ojos con aspecto de antorchas, cara iluminada “como un rayo”, brazos y pies que brillaban también, ropa de lino y cinto de oro, y una voz potente “como el bramido de una enorme multitud”. Definitivamente no era humano al ser que estaba presenciando. El lino de su ropaje bien podría simbolizar que era un personaje santo, así como los sacerdotes eran requeridos que vistieron ropa de lino (Lev 6.10) y como los ángeles que la Biblia afirma que están “vestidos de lino limpio y resplandeciente” (Ap 15.6, NVI). ¿Quién era este ser? De acuerdo con el The New American Bible Commentary: Daniel, de Broadman & Holman Publishers, existen varias posturas entre los estudiosos bíblicos con respecto a la identificación del mismo. La mayoría afirman que fue un ángel, otros que el ángel Gabriel, aún hay otros que piensan que fue Jesucristo o Dios mismo. Sin embargo, la descripción de la batalla que este ser tuvo que librar contra el “espíritu príncipe del reino de Persia” (Dn 10.13) y que incluso requirió ayuda del arcáncel Miguel porque no podía solo contra el espíritu deja descartado por completo la figura de algún miembro de la Trinidad. Por otro lado, el efecto la presencia de este ángel sobre Daniel (pérdida de fuerzas, miedo, desmayos) fue muy distinto al encuentro con Gabriel, por lo que posiblemente tampoco fue Gabriel. Seguramente se trataba de un ángel enviado como mensajero a Daniel.

Veamos algunos aspectos devocionales importantes de la visión que recibió Daniel en estos capítulos:

  1. La revelación de la guerra espiritual que se libra en el universo (Daniel 10.12-21). El ángel le reveló a Daniel que tuvo un retraso de 21 días debido a que estaba en un combate celestial con otro ser divino llamado “el espíritu principe del reino de Persia” (Dn 10.13) o “El ángel príncipe del reino de Persia” (DHH-LA). ¿Quién era esta figura? Recordemos lo que el apósto Pablo dijo en Efesios 6.12 (NVI), “Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales.” Lo más probable es que se tratara de un demonio, un espíritu maligno asignado a cuidar los intereses satánicos en el antiguo reino de Persia e inspirando a dicha nación a hacer lo que no agrada a Dios. Por la mención que hace el v. 20 del “espíritu príncipe del reino de Grecia” parece que la afirmación de Pablo es real: existe una organización de demonios para el dominio mundial y cada nación tiene espiritus malignos asignados, seguramente de diferente capacidad y poder, para mantener el reino del “príncipe de este mundo” (Jn 12.31), como Jesús se refirió a Satanás. Ahora, también Daniel 12.1 dice, “Miguel, el arcángel que hace guardia sobre tu nación”, mostrándonos que también el pueblo de israel tenía un arcángel asignado para cuidarlo y servirlo. Si los mismos ángeles de Dios tienen que luchar contra esas entidades espirituales, ¡cuánto más nosotros nos encontramos en esa batalla también!
  2. El propósito para el retraso en la respuesta de Dios a Daniel. El ángel afirmó que “Desde el primer día que comenzaste a orar para recibir entendimiento y a humillarte delante de tu Dios, tu petición fue escuchada en el cielo.” (Dn 10.12), como la primera respuesta divina inmediata que recibió en Daniel 9.21 cuando mientras oraba, el ángel Gabriel se apareció. De acuerdo con la Biblia de Estudio Apologética, el hecho que se haya retrasado la respuesta de Dios por intervención demoníaca no significa que Dios no sea soberano y que esté limitado por las acciones de Satanás. Más bien, como dice Romanos 8.28, NVI: “sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.” El retraso ayudó para que Daniel se entregara a las disciplinas espirituales del ayuno, la oración y el quebrantamiento de corazón, preparando espiritualmente así al profeta. Cuando Dios detiene respuestas a través de circunstancias o incluso permitiendo la acción demoníaca sobre nosotros, pensemos en que Dios está en control de todas formas y Él sabe por qué permite o no permite las cosas. ¡Busquemos discernir su voluntad para nuestra vida!

Ahora, algunos aspectos históricos de las profecías contenidas en Daniel 10 – 12 (basándonos principalmente en la interpretación que el Dr. John Oakes les da en su libro Daniel: Prophet to the Nations, así como otras fuentes):

  1. El “cuarto rey” persa referido en Daniel 11.2 es seguramente Jerjes I (486 – 467 a.C.), que fue muy rico y que además fue quien se lanzó contra los griegos. De acuerdo con el Harper’s Bible Dictionary, de Harper & Row, es probablemente el rey nombrado en Esdras 4.6 y es llamado también Asuero (en su forma persa del nombre). También se presume que Jerjes I fue el rey que aparece como figura principal en el libro de Ester, aunque hay algunas reservas para esta opinión. De acuerdo a la historia, fue el rey persa que derrotó al famoso rey Leónidas de los espartanos en la batalla de las Termópilas.
  2. El “rey poderoso” de Daniel 11.3-4 cuyo reino terminaría dividido en 4 partes sería Alejandro Magno, como ya lo hemos mencionado.
  3. Las guerras entre Seléucidas y Ptolomeos (Daniel 11.5-35). Estos pasajes describen con precisión histórica sorprendente la confrontación que se dio entre “el reino del sur” y “el reino del norte”, ambos pertenecientes a las 4 divisiones del imperio de Alejandro Magno. Cada evento describe paso a paso, suceso por suceso, rey por rey y guerra por guerra la confrontación entre las dinastías de Seléucidas y Ptolomeos, desde el 312 al 164 a.C. aproximadamente. De entre todos ellos surgiría un rey que invadiría el templo de Jerusalén y detendría el culto al Dios de Israel (los sacrificios diarios), además de poner un “objeto sacrílego” en el área del templo, profanándolo de esa manera, y también generaría una fuerte persecución contra los israelitas. Históricamente se cree que se trata de Antíoco IV Epífanes, de la dinastía Seléucida, quien efectivamente llevó a cabo todas esas acciones, originando así un levantamiento armado entre los judíos que se llamaría “La Revuelta de los Macabeos“.
  4. La aparición del imperio romano. (Daniel 11.36-39). Hasta el versículo 35 la mayoría de los estudiosos bíblicos coinciden que la referencia de la profecía apunta a la batalla entre los reinos griegos. Pero a partir del v. 36 comienzan las controversias. De acuerdo con el Dr. John Oakes, el final del v. 35 (“hasta que llegue el tiempo del fin, porque la hora señalada todavía está por venir”), nos indica que termina un período de tiempo e iniciará otro. Así, el v. 36 (“»El rey hará lo que le venga en gana, se exaltará a sí mismo y afirmará ser más grande que todos los dioses, incluso blasfemará contra el Dios de dioses”), apunta al nuevo “reino del norte” que aparece en escena, es decir, al imperio romano. Hay 2 formas de saber esto: a) Dios estaba mostrando a Daniel cómo sería vengado su pueblo perseguido por los Seléucidas (a través de Roma), y b) la descripción de la forma de conducirse del reino del norte y su rey coinciden a la perfección con la cultura y política del imperio romano (hacían lo que querían, se exaltaron a sí mismos por encima de cualquier dios incluso creando el dios “Roma” como el dios nacional de la guerra, rindiendo culto a dioses extranjeros y honrando política y financieramente a los que decidieran servirle).
  5. La destrucción del imperio griego (Daniel 11.40 – 45). Esta es una posible referencia a la batalla de Actium (2 de septiembre del 31 a.C., justo antes de que Cristo naciera, “al tiempo del fin” como dice el v. 40), donde Octavio (el hijo adoptivo de Julio César y referido como “el rey del norte”) derrotó a la alianza de reinos dirigida por Marco Antonio y Cleopatra (“el reino del sur”) y que estaba respaldado por el reino Ptolemaico. La batalla decisiva fue naval, una de las más grandes de la historia, y el poder griego y egipcio fueron derrotados completamente por los romanos. Después Octavio con la ayuda de Herodes, tomó control de todo Palestina, Egipto, Libia y Etiopía. Sin embargo, aunque atacó a los árabes que habitaban en Edom, Moab y Amón, no logró someterlos. Fue hasta 100 años después cuando el imperio romano los derrotaría definitivamente. Daniel fue preciso también en este detalle (“Entrará en la gloriosa tierra de Israel y muchas naciones caerán, pero Moab, Edom y la mayor parte de Amón escaparán de sus manos.”, Dn 11.41). La referencia a las noticias “provenientes del oriente y del norte” (Dn 11.44) que alarmaron al “rey del norte” (Octavio) bien pueden referirse a las noticias de la nueva amenaza de los partos (antiguo reino de Persia) que se fortalecieron y amenazaron al imperio, por lo cual Octavio tuvo que salir con sus ejércitos para enfrentarlos. En el camino rumbo a esa misión, “Se detendrá entre el glorioso monte santo y el mar y allí instalará sus carpas reales” (Dn 11.45), y así sucedió, pasó por Palestina. La segunda parte del versículo 45 (“pero mientras esté allí, terminará su tiempo de repente y no habrá quien lo ayude.”) indica que al igual que el imperio griego sería juzgado (Daniel 11.35, “hasta que llegue el tiempo del fin, porque la hora señalada todavía está por venir.”), también al imperio romano le llegaría su hora del juicio.
  6. La profecía sobre “el tiempo del fin” (Daniel 12). El último capítulo de Daniel contiene sin duda una revelación sobre el final de los tiempos con todos los elementos escatológicos que se mencionan: el tiempo de angustia universal, el rescate de los que tienen “el nombre escrito en el libro”, el juicio sobre las almas, la recompensa eterna para “los sabios” y “quienes conducen a muchos a la justicia” (Dn 12.3). Aunque también se cree que hay referencias a la destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70 d.C. y el fin de la religión judía como se había conocido. Si esto nos confunde un poco, no nos preocupemos mucho, el mismo Daniel estaba confundido (“Oí lo que dijo, pero no entendí el significado. Entonces le pregunté: —¿Mi señor, cómo terminará todo esto?”, Dn 12.8). La respuesta del mensajero fue “—Vete ya, Daniel, porque lo que he dicho se mantendrá en secreto y sellado hasta el tiempo del fin… 13 »En cuanto a ti, sigue tu camino hasta el final. Descansarás y, entonces, al final de los días, te levantarás para recibir la herencia que ha sido guardada para ti.” (Dn 12.9-13). Es decir, Daniel fue llamado a confiar en Dios en esto y no tratar de comprenderlo más. Son cosas que aún en nuestros días todavía no suceden y debemos confiar en Dios y seguir nuestro camino, sirviéndolo lo más que podamos y agradándolo en todo. Él se encargará de que todo suceda tal como lo tiene planeado.La creencia de la vida después de la vida en el Antiguo Testamento. En Daniel 12.2 dice, “2 Se levantarán muchos de los que están muertos y enterrados, algunos para vida eterna y otros para vergüenza y deshonra eterna.” Esto refleja una creencia fuerte en la resurrección de los muertos en el futuro, aunque algunos críticos piensen que el Antiguo Testamento no trata el tema. La realidad es que es creencia si forma parte de la teología del Antiguo Testamento.

Daniel es uno de los libros proféticos más impresionantes de toda la Biblia, ya que narra con una gran precisión histórica eventos que fueron reales y que muchas fuentes externas han confirmado. El libro representa entonces una evidencia poderosa de la inspiración divina de las Escrituras.

Conclusiones:

  1. La práctica de las disciplinas espirituales (ayuno, oración, meditación, etc.) nos ayudan para preparar nuestros corazones para estar más receptivos a la voluntad divina. Si hoy no te sientes tan receptivo(a) a la volunta de Dios, ¡tal vez necesitas regresar a la práctica de algunas de estas disciplinas!
  2. Dios siempre está en control de todo, aún cuando retrase sus respuestas a nuestras oraciones o nuestras necesidades. Recordemos que siempre tiene un propósito atrás de lo que hace o lo que permite que pase, ¡no desconfiemos de Él! Mejor oremos por discernimiento para entender su plan para nuestra vida.
  3. Asombrémonos con el libro de Daniel, estudiémoslo a detalle, sorprendámonos más y más con la inspiración divina de la Biblia. Solamente Dios pudo haberle revelado a Daniel tantos detalles históricos que sucederían en algunos casos cientos de años después de su muerte.
  4. Cuando nos encontremos profecías bíblicas que no podamos explicar o interpretar con claridad, que aún no han sucedido y que nos dejen confundidos, ¡recordemos a Daniel! No debemos preocuparnos o angustiarnos mucho por el tema, más bien entendamos que hay cosas que están destinadas a comprenderse hasta los tiempos últimos y que no son para nosotros. Confiemos en Dios y en su plan y no nos obsesionemos con tratar de descifrar con exactitud profecías que generaciones y generaciones de cristianos fieles no han podido comprender porque aún no han sucedido y porque Dios quiere que se mantengan así.

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