Día 457

APOCALIPSIS 7.1-10.11.

Continuaremos con nuestro análisis del libro de Apocalipsis. En esta ocasión estudiaremos la cuestión del sello de los 144,000, la gran multitud de ropas blancas delante del trono de Dios, el rompimiento del séptimo sello y todo lo que sucedió después, y un ángel más con otro rollo. Tengamos presente siempre las 3 claves para el estudio de Apocalipsis: conocimiento del AT, conocimiento de la literatura apocalíptica y conocimiento de la historia de Roma.
Después de que el Cordero rompió el sexto sello y ocurrió una especie de cataclismo cósmico, Juan relató que había 4 ángeles que habían sido destinados a hacer daño “a la tierra y al mar” (v. 2) pero que estaban siendo detenidos en su misión hasta que un quinto ángel pusiera “un sello en la frente de los siervos de nuestro Dios” (v. 3). Y ese número de personas selladas fue de 144,000 (v. 4), “de todas las tribus de Israel” (12,000 de cada una de las 12 tribus). ¿Quiénes eran estos 144,000? En Apocalipsis 14.3-4 encontramos más detalles sobre su identidad: “3 Y cantaban un himno nuevo delante del trono y delante de los cuatro seres vivientes y de los ancianos. Nadie podía aprender aquel himno, aparte de los ciento cuarenta y cuatro mil que habían sido rescatados de la tierra. 4 Éstos se mantuvieron puros, sin contaminarse con ritos sexuales. Son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Fueron rescatados como los primeros frutos de la humanidad para Dios y el Cordero. 5 No se encontró mentira alguna en su boca, pues son intachables.” Siendo así, si tomamos literalmente la descripción de Apocalipsis sobre ese grupo de creyentes, concluiríamos que eran cristianos (porque seguían al Cordero por donde quiera que iba), que jamás se involucraron en relaciones sexuales (fueron vírgenes hasta su muerte), que eran judíos, además tendrían que ser hombres exclusivamente (ya que otras traducciones como la BTX de Ap 14.4 dicen, ” Éstos son los que no se contaminaron con mujeres, porque son vírgenes”). De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de Inter-Varsity Press, para el s. I d.C. las 12 tribus de Israel ya no existían como entidades separadas, solamente Judá. Esto demuestra que el número 12,000 de cada tribu tiene naturaleza simbólica, ya que el 12 era el número del pueblo de Dios en los textos judíos y 144,000 es 12 x 12 x 10 x 10 x 10, o bien, 144,000 es un múltiplo de 12.
De acuerdo con la Biblia de Estudio Apologética, los Testigos de Jehová mantienen la doctrina de que los 144,000 representan el número total de los que van a reinar con Cristo, que además nacieron antes de 1914. Sin embargo, justo adelante, en Apocalipsis 7.9-10 el autor describe a “una multitud tomada de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas; era tan grande que nadie podía contarla. Estaban de pie delante del trono y del Cordero, vestidos de túnicas blancas y con ramas de palma en la mano.” (Ap 7.9), que alababan a Dios junto con todos los ángeles del cielo, los ancianos y los cuatro seres vivientes. Uno de los ancianos le dijo a Juan que “—Aquéllos son los que están saliendo de la gran tribulación; han lavado y blanqueado sus túnicas en la sangre del Cordero. 15 Por eso, están delante del trono de Dios, y día y noche le sirven en su templo;  y el que está sentado en el trono les dará refugio en su santuario.  16 Ya no sufrirán hambre ni sed. No los abatirá el sol ni ningún calor abrasador. 17 Porque el Cordero que está en el trono los pastoreará y los guiará a fuentes de agua viva; y Dios les enjugará toda lágrima de sus ojos.” (Ap 7.14-17).  Este pasaje se refiere a cristianos, ya que son aquellos que “han lavado y blanqueado sus túnicas en la sangre del Cordero” (v. 14), y componen una multitud enorme que nadie puede contar procedente de todas las naciones del mundo. Estaban de pie delante del trono de Dios y de Jesús y alababan a Dios junto con todas las creaturas celestiales y los 24 ancianos. Además el v. 15 aclara que su trabajo era servir en el templo celestial de Dios, y que Dios mismo y Jesucristo los cuidarían y los atenderían en sus necesidades. De esta manera no es posible tomar en serio la interpretación de los Testigos de Jehová sobre los 144,000. Más bien, podríamos decir que hay 2 posibilidades de interpretación: a) los 144,000 se refiere de manera simbólica a los discípulos de Jesús de origen judío y la multitud que nadie podía contar a los creyentes de origen gentil, b) los 144,000 y la multitud que nadie podía contar son dos visiones que representan al mismo grupo de personas. Además recordemos que en el asunto del sello de Dios sobre sus siervos, Efesios 1.13 dice (DHH-LA): “Gracias a Cristo, también ustedes que oyeron el mensaje de la verdad, la buena noticia de su salvación, y abrazaron la fe, fueron sellados como propiedad de Dios con el Espíritu Santo que él había prometido.” Es el Espíritu Santo el que nos sella como propiedad de Dios para ser reconocidos en el día final como parte de su pueblo.
Otro aspecto importante por mencionar es que en la explicación que le dieron a Juan sobre quiénes eran esa multitud que no se podía contar, el anciano dijo, “—Aquéllos son los que están saliendo de la gran tribulación” (Ap 7.14). De acuerdo con el Holman New Testament Commentary: Revelation, de Broadman & Holman Publishers, el concepto de “la gran tribulación” se refiere al tiempo final de sufrimiento que Jesús había predecido antes de que regresara a este mundo, tal como está descrita en Mateo 24.21 (“Porque habrá una gran tribulación, como no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá jamás.”) y en los versículos posteriores. Así que podemos entender entonces que aquellos creyentes que pertenecían a la multitud que nadie podía contar o fueron tomados antes de que sucediera la “gran tribulación” (a través de lo que algunos llaman “el rapto” de la iglesia), o bien, que fueron fieles durante la “gran tribulación” y salieron victoriosos.
Ahora, en Apocalipsis 8.1-9.21, encontramos lo que sucedió en la visión que tuvo Juan cuando el Cordero rompió el séptimo sello (el último que faltaba). Veamos los detalles de lo que sucedió antes y después de que 7 ángeles que recibieron 7 trompetas tocaran cada una:
  1. El silencio en el cielo (8.1). Juan describió que al romper el séptimo sello, “hubo silencio en el cielo como por media hora.” ¿Qué significa el silencio en la literatura bíblica? De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, existen varias formas de interpretar el silencio en la Bibila: a) un pequeño retraso de Dios en la recepción de las oraciones de su pueblo (Sal 50.3, 21), b) silenciar las alabanzas en el cielo para recibir las oraciones de los santos (Ap 8.4), c) una expresión de tristeza o pesar o verguenza como cuando uno es juzgado y no se puede decir nada en nuestro favor (Hab 2.20, Sof 1.7, Zac 2.13), d) el final del mundo presente para dar lugar a un mundo nuevo (como en algunos textos judíos extrabíblicos de la época).
  2. Las oraciones del pueblo de Dios (8.3-5). En Apocalipsis 5.8 ya se había mencionado que los cuatro seres vivientes y los 24 ancianos tenían copas de oro llenas de incienso “que son las oraciones del pueblo de Dios.” Ahora, en Ap 8.3-5 encontramos a un ángel específico a quien se le entregaron todas las oraciones del pueblo de Dios para ofrecerlas ante el altar de oro de Dios junto con mucho incienso, y llegaron a la presencia de Dios. Nuevamente podemos notar la relevancia que tiene la oración para la vida de un creyente. Las oraciones suben a Dios como un sacrificio agradable a Él.
  3. Las trompetas (8.6). De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, las trompetas en la Biblia eran utilizadas para celebraciones, llamado a asambleas solemnes, llamado a la guerra o para advertir sobre peligros. Es probable que en Apocalipsis la imagen de trompetas se usó para ese último fin, como una advertencia de cosas que sucederían y que representaban un peligro.
  4. El toque de la primera trompeta (8.7). Cuando esto sucedió, “fueron arrojados sobre la tierra granizo y fuego mezclados con sangre”, resultando en la quema de la tercera parte de la tierra y su vegetación. Esta calamidad tiene eco en la séptima plaga de Éxodo 9.24-25: “24 Llovió granizo, y con el granizo caían rayos zigzagueantes. Nunca en toda la historia de Egipto como nación hubo una tormenta peor que ésta. 25 El granizo arrasó con todo lo que había en los campos de Egipto, y con personas y animales; acabó con todos los cultivos y derribó todos los árboles.”
  5. El toque de la segunda trompeta (8.8-9). Juan describió que al ser tocada esta trompeta, “fue arrojado al mar algo que parecía una enorme montaña envuelta en llamas.” (v. 8). Como resultado de este choque cósmico, la tercera parte del mar y sus criaturas fueron afectadas, además que la tercera parte de los barcos del mundo fueron destruidos. La mención de que el mar se convirtiera en sangre nos recuerda también la primera plaga de Éxodo 7.20-21, cuando el agua del río se convirtió en sangre, contaminando así la fuente de agua de Egipto y su sustento por los peces.
  6. El toque de la tercera trompeta (8.10-11). Nuevamente encontramos la descripción de un cataclismo cósmico cuando Juan escribió, “una enorme estrella, que ardía como una antorcha, cayó desde el cielo sobre la tercera parte de los ríos y sobre los manantiales.” (v. 10). Como vemos, se repite la escena de un choque de algún cuerpo celeste con la tierra y sus consecuencias en el ecosistema. En este caso, el golpe del objeto afectó a los manantiales (la fuente de agua potable primordial para la gente de esa época), convirtiendo al agua en “amarga” lo que causó muchas muertes de personas. El nombre de la estrella era “Amargura” (v. 11) o “Ajenjo” (BTX), término utilizado en el AT para referirse también a un mucho sufrimiento (Lam 3.19). Es decir, la pérdida de las fuentes de agua potable para el mundo causaría mucho sufrimiento en las personas.
  7. El cuarto toque de trompeta (8.12-13). En esta ocasión, “fue asolada la tercera parte del sol, de la luna y de las estrellas, de modo que se oscureció la tercera parte de ellos.” (v. 12). Juan narró una oscuridad parcial en el mundo generada posiblemente por el choque del cuerpo celeste con la tierra. Después de eso, un águila anunció con 3 “Ayes” que las trompetas restantes (que eran 3) traerían peores calamidades que las primeras.
  8. El quinto toque de trompeta (9.1-11). Ahora encontramos todo un capítulo de Apocalipsis dedicado a explicar qué sucederá con el quinto toque de trompeta. Continuando con la caída de un cuerpo celeste a la tierra (“vi que había caído del cielo a la tierra una estrella”, 9.1), Juan describe ahora el efecto que tendría el choque sobre la tierra: “a la cual se le entregó la llave del pozo del abismo. 2 Lo abrió, y del pozo subió una humareda, como la de un horno gigantesco; y la humareda oscureció el sol y el aire.” (9.1-2). De acuerdo con el texto, del gran abismo que se abriría con el choque de la estrella, saldrían monstruos como langostas que tendrían como misión dañar a las personas “que no llevaran en la frente el sello de Dios” (9.4) pero por un corto tiempo (“cinco meses”). El daño que causarían a las personas les generaría mucho dolor físico pero no la muerte. Además, estas langostas eran comandadas por el “ángel del abismo, que en hebreo se llama Abadón y en griego Apolión.” (9.11). La imagen de langostas con aspecto de “caballos equipados para la guerra” (9.7) y “crin parecía cabello de mujer” (9.8) posiblemente traía a la mente de la audiencia de aquella época a las tribus bárbaras y a los mismos partos. Sonaba entonces como una invasión militar de extranjeros a gran escala.
  9. El sexto toque de trompeta (9.13-9.19). Cuando esto sucedió, Dios ordenó que fueran soltados aquellos 4 ángeles de Ap 7.1 que estaban preparados para hacer daño a la humanidad pero que estaban detenidos hasta que se completara el sello de los siervos de Dios. Como consecuencia de ello, moriría la tercera parte de la humanidad entera (Ap 9.15). De acuerdo al IVP Bible Background Commentary: New Testament, el número “doscientos millones” de caballería (9.16) que menciona Juan correspondería posiblemente en el primer siglo a más de la población de todo el mundo de aquella época. También Juan describió la coraza que tenían esos caballos y cómo por el fuego, humo y azufre que salían de sus bocas es que murió la tercera parte de la humanidad (9.18). Nuevamente notamos aquí la posible referencia a una invasión militar con consecuencias devastadoras para el imperio romano.
  10. La reacción de las personas (9.20-21). Curiosamente el texto señala que el resto de las personas que no murieron por causa de las plagas y las calamidades desatadas por los 6 toques de trompeta y por la ruptura de los 7 sellos, “tampoco se arrepintieron de sus malas acciones ni dejaron de adorar a los demonios y a los ídolos de oro, plata, bronce, piedra y madera, los cuales no pueden ver ni oír ni caminar. 21 Tampoco se arrepintieron de sus asesinatos ni de sus artes mágicas, inmoralidad sexual y robos.” Un relato sin duda muy triste que refleja la dureza del corazón humano, que a pesar de encontrarse muchas veces en momentos de angustia, no se humilla ante Dios para volverse a Él sino que sigue en su maldad. Así sucedería con el mundo de acuerdo con el autor de Apocalipsis.
Entre el toque de la sexta y la séptima trompeta encontramos en Apocalipsis 10.1-11 la descripción de otro evento. Ahora tenemos a un “ángel poderoso” (10.1) con un aspecto impresionante (rostro como el sol y piernas como columnas de fuego) que llevaba otro rollo, ahora uno pequeño, escrito también y que estaba abierto, como para ser leído. Después que lo leyó y recibió eco de parte de “los siete truenos” (Ap 10.3), Juan intentó escribir lo que escuchó (lo que nos muestra que estaba escribiendo a medida que tenía las visiones), pero Dios se lo impidió diciéndole, “«Guarda en secreto lo que han dicho los siete truenos, y no lo escribas.»” (Ap 10.4). Al igual que al apóstol Pablo cuando visitó el tercer cielo (2 Co 12.4, DHH-LA, “fue llevado al paraíso, donde oyó palabras tan secretas que a ningún hombre se le permite pronunciarlas.”), a Juan no se le permitió revelar lo que ese ángel leyó de aquel rollo pequeño. Tal vez sucedió como cuando Jesús estaba con sus discípulos en Juan 16.12, “»Muchas cosas me quedan aún por decirles, que por ahora no podrían soportar.” Sin embargo, debió haber sido algo muy importante ya que después de leerlo, el ángel dijo, “«¡El tiempo ha terminado! 7 En los días en que hable el séptimo ángel, cuando comience a tocar su trompeta, se cumplirá el designio secreto de Dios, tal y como lo anunció a sus siervos los profetas.»” (Ap 10.6-7). Fue justo después de leer el rollo que el ángel anunció que al tocar el séptimo ángel su trompeta, ¡todo habría terminado! El plan de Dios para el fin de los tiempos se llevaría a cabo a plenitud. Después Dios le pidió a Juan que se comiera el rollo de la mano del ángel, y lo hizo, y le supo “dulce como la miel pero al comérmelo se me amargaron las entrañas” (Ap 10.10). Esta escena es parecida a la que relata Ezequiel 2.7-3.2, donde Dios le da a comer al profeta Ezequiel un rollo escrito con un mensaje profético, y también le supo dulce en la boca. Lo amargo después sería para el profeta que tuvo que soportar persecución por causa de ese mensaje. Algo parecido le estaba pasando a Juan, que ya había vivido en carne propia lo amargo de llevar el mensaje de Jesús y ser perseguido por él. Sin embargo, la voz que le hablaba le dijo, “«Tienes que volver a profetizar acerca de muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.»” (Ap 10.11). Es decir, a pesar de lo amargo, difícil y terrible del mensaje recibido, Juan tenía que continuar con la revelación que estaba recibiendo y después tenía que anunciarla. Su misión no había terminado.

Conclusiones:

  1. Tengamos mucho cuidado al intentar interpretar Apocalipsis. Muchos grupos religiosos han afirmado haber descubierto la interpretación exacta de tal o cual profecía para aplicarla a sus propias creencias, pero ha sido un error. No olvidemos las 3 claves de interpretación que ya discutimos.
  2. El reino de Dios abarca más personas de lo que podemos imaginar. No podemos encerrar la salvación ni el dominio de Dios a una denominación o congregación específica. En el día del juicio habrá gente de todas las naciones, culturas, lenguas y épocas, como parte de la multitud que no se puede contar, alabando a Dios y glorificándolo por siempre. Solo Dios sabe en realidad quiénes estarán ahí, pero nos ha dejado la guía clara en su Palabra de cómo llegar. ¡Sigámosla!
  3. Las repetidas descripciones del juicio repiten la imagen de un cataclismo cósmico, como el parecido a un choque de un cometa con la tierra (que a los ojos de una persona del s. XXI sería la imagen más apropiada de acuerdo a la descripción). Sin embargo, para la mentalidad del primer siglo aquellos símbolos bien podrían representar invasiones bárbaras del imperio romano, que también sucedieron eventualmente. Tomemos en cuenta que a veces hay profecías que tienen un cumplimiento a corto plazo y uno a largo plazo.
  4. Tengamos temor de Dios y cuidemos nuestros corazones, ya que según las Escrituras, la gente del mundo ni siquiera ante tanto sufrimiento decidieron volverse a Dios. Si hoy nuestro compromiso con Dios ha decaído y no estamos bajo semejante sufrimiento, ¿qué pasará si de repente tenemos que experimentar el Apocalipsis en carne propia?
  5. La imagen de la eternidad con Dios para todos los creyentes fieles es increíble. La Biblia no describe un lugar aburrido, donde no hay nada qué hacer, sino más bien un lugar donde todos tienen algo que hacer para servir a Dios y todos participan activamente en adorarlo todo el tiempo. Las palabras no alcanzarían para describir la grandeza y la majestuosidad de tal momento, pero Apocalipsis nos deja unas cuantas imágenes de cómo será el cielo. ¡Inspirémonos con ellas para seguir adelante y llegar al final de la carrera!
Los dejo con un video de ilustración de lo que algunos grupos denominacionales cristianos han entendido sobre la Gran Tribulación.


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