Día 376

JUAN 10.1-42, LUCAS 13.22-14.24.

Hoy continuaremos con el discurso que Jesús dio con motivo de su encuentro por segunda vez con el hombre que sanó de ceguera en Juan 9. Todo el tema de sus palabras se centró en el concepto del buen pastor. También revisaremos varias enseñanzas que Jesús impartió en su viaje hacia Jerusalén, como la enseñanza de la puerta estrecha, las profecías sobre el juicio de Jerusalén, la parábola de los primeros lugares y la parábola del gran banquete.
En Juan 9.35-41 encontramos el contexto bajo el cual se desarrolló la enseñanza del buen pastor de Juan 10. Jesús se había encontrado al hombre sanado de ceguera, quien lo reconoció como el Mesías y lo adoró. Partiendo de ese evento, Jesús enseñó acerca de la ceguera espiritual y continuó enseñando utilizando una ilustración de la vida cotidiana de los pastores de Israel para hablar sobre la naturaleza de su misión. Como el Juan 10.6 nos dice, una vez que Jesús terminó, sus discípulos “no captaron el sentido de sus palabras.” Entonces Jesús, con toda paciencia, explicó con más claridad la ilustración que utilizó. Durante el discurso, Jesús declaró varios “Yo soy…”:
  1. “Yo soy la puerta de las ovejas” (Jn 10.7), es decir, él es el acceso directo al Padre. Jesús no solamente es el buen pastor que guía a sus elegidos a través de la vida,  sino que además él mismo es el medio de entrada para llegar a estar con Dios. Jesús cumplió varias funciones en su misión en la tierra, no solamente una. ¿Qué se encuentra del otro lado de la puerta? A) “Se moverá con entera libertad, y hallará pastos.” (Jn 10.9b) o ” entrará y saldrá, y hallará pastos.” (BTX). Jesús nos ilumina lo que espera a sus seguidores con imágenes de libertad espiritual, reposo, refugio y paz: es decir, ¡vida en abundancia! (Jn 10.10). B) “el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo” (Jn 10.9). Es decir, del otro lado de la puerta se encuentra la salvación de nuestras almas.
  2. “Yo soy el buen pastor” (Jn 10.14). Jesús diferencía entre un “buen pastor” y un “asalariado”. Ambos tienen la misión de cuidar al rebaño pero reaccionarán de forma diferente cuando se enfrenten a la amanaza del lobo. El “buen pastor”, por ser el dueño, se queda a defender y cuidar las ovejas y si es necesario, ¡dar la vida por ellas! Mientras que el asalariado huye ante el peligro y las abandona. Jesús afirma que su corazón es cuidar, proteger, nutrir y dar su vida incluso por sus ovejas. Es importante mencionar que él asegura que todo esto lo haría de forma completamente voluntaria, “Nadie me la arrebata, sino que yo la entrego por mi propia voluntad.” (Jn 10.18). Y es por esa disposición que mostró que dijo, “Por eso me ama el Padre” (Jn 10.17). Jesús tenía la opción de venir o no al mundo, de morir o no por nosotros, de darnos salvación o dejarnos en la condenación eterna. Pero escogió sacrificarse voluntariamente por cada ser humano para darle una oportunidad de un día conocer al Padre y llegar a Él. ¡Dios valoró mucho su decisión!
El relato continúa ubicándonos cronológicamente en los días de la fiesta de la Dedicación y en invierno (Jn 10.22). ¿Cuál era esta celebración? De acuerdo con el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, de Editorial CLIE, también era llamado Jannukkah, y era una fiesta instituida en el año 164 a.C. por Judas Macabeo para celebrar la rededicación del templo después de la profanación que había llevado a cabo Antíoco Epífanes en el 162 a.C. Es por eso que esta celebración no aparece en el Antiguo Testamento, ya que se estableció durante el período intertestamentario, en la época de la revuelta de los Macabeos. Hasta el día de hoy los judíos siguen celebrando esta fiesta el 25 del mes de Quisleu (noviembre a diciembre de nuestro calendario, en invierno). Aprovechando un encuentro con judíos que lo bombardeaban con preguntas y le insistían que les aclarara si era o no el Mesías, Jesús enseñó lo siguiente:
  1. Jesús afirmó que si no creían en él, ni las obras maravillosas que había hecho les ayudarían para creer en él. Tenían sus corazones endurecidos. Aunque le preguntaban si era el Mesías, en su interior ellos no aceptarían una respuesta positiva porque así lo habían decidido.
  2. Cuando Jesús da vida eterna a una persona, nadie puede alejarla de su presencia ni quitarle la vida eterna y tampoco nadie se la puede arrebatar a su Padre. Sin embargo, Jesús nunca está afirmando que “una vez salvo, siempre salvo”, como muchas denominaciones protestantes creen hoy en día. Simplemente está hablando de su autoridad para dar vida eterna a sus seguidores y de la garantía que Dios otorga de que así sucederá, sin que nadie ni nada lo impidan, porque nada ni nadie son más grandes que Dios.
  3. La referencia que Jesús hace al Salmo 82.6 en Juan 10.34 (“»Yo les he dicho: “Ustedes son dioses; todos ustedes son hijos del Altísimo.””) Esto fue para enseñarles que si la Biblia llamaba “dioses” e “hijos del Altísimo” a simples seres humanos, entonces no deberían escandalizarse si él se llamaba a sí mismo “Hijo de Dios”. Y los llamó a creerle, aunque no fuera a su persona, al menos por las obras que hacía. Jesús calló de esa manera a sus oponentes.
  4. La Biblia de Estudio Apologética nos dice que algunas sectas New Age y pseudo-cristianas afirman tomando Salmos 82.6 como base que los seres humanos somos de naturaleza divina y no mortal. Si estudiamos correctamente el contexto del salmo entenderemos que Dios se estaba hablando a los jueces que había sobre Israel y que al confiárseles esa función, eran como representantes de Dios en la tierra, pero por juzgar incorrectamente, serían juzgados como cualquier otra persona y morirían. Habían fallado en su misión. No hay ningún elemento para justificar tal creencia mística.
Ahora, en Lucas 13.22-14.24, encontramos varios eventos y enseñanzas relevantes a lo largo del camino de Jesús hacia Jerusalén:
  1. La enseñanza sobre la puerta estrecha (Lc 13.22-30). Ante la pregunta directa, “¿son pocos los que van a salvarse?” (Lc 13.23), Jesús respondió que sí, y comparó a encontrar la salvación como el pasar por una “puerta estrecha”. Esta enseñanza aparece también en Mateo 7.13-14, donde Jesús también habló de la puerta ancha y espaciosa que “conduce a la destrucción”.  Una enseñanza difícil sin duda, que nos lleva a pensar en los millones de personas que habitan el mundo y cuántos de ellos se salvarán al final. De hecho, Jesús dijo, “-Esfuércense por entrar por la puerta estrecha” (Lc 13.24) o “Luchen por entrar por la puerta estrecha” (BJL). De acuerdo con el Analytical Lexicon of the Greek New Testament, de Baker Books, la palabra griega ἀγωνίζομαι (agonizomai) es traducida también como “competir en un torneo, contender por un premio, realizar un esfuerzo heróico, hacer todo el esfuerzo, tratar muy fuerte”. Después nos muestra la imagen del dueño de la casa que cerró la puerta y gente se quedó afuera tocando, pero él ya no los dejó entrar. Así de real y difícil es la batalla por la salvación de nuestras almas: muchos querrán entrar por la puerta estrecha pero no podrán, pocos lo lograrán. ¡Qué fuerte enseñanza sin duda! Sin embargo, Jesús también afirmó que en el banquete del reino de Dios llegará gente de todas partes del mundo, no solo de Israel, para participar. Así, aunque proporcionamente hablando con respecto al número total de habitantes de cada generación son pocos los que se salvan, la otra realidad es que en todo el mundo habrá salvación. También podemos apreciar aquí el enorme esfuerzo que Dios había hecho a lo largo de la historia de Israel por salvarlos (“¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, pero no quisiste!”, Lc 13.34).
  2. La convicción de Jesús de continuar su labor a pesar de los peligros que enfrentaba (Lc 13.31-35). Ante la noticia que recibió de algunos fariseos de que Herodes quería matarlo y que se fuera de la región, Jesús contestó con mucha convicción, afirmando que Herodes era un “zorro” y que él continuaría haciendo su trabajo para el que fue enviado. Nada ni nadie impedirían que él cumpliera con su misión.
  3. Después habló de forma profética acerca de la destrucción próxima que enfrentaría Jerusalén diciendo, “la casa de ustedes va a quedar abandonada” (Lc 13.35) y que no volverían a verlo hasta que reconocieran que él era el Mesías. El pueblo de Israel se mantendría en oposición contra Dios hasta que no reconociera que Jesús era el Hijo de Dios.
  4. Nuevamente una sanidad en sábado (Lc 14.1-6). Una vez más, Jesús sanó a una persona (un hombre enfermo de hidropesía) en sábado y nuevamente durante una comida que le hizo en su honor “un notable de los fariseos” (Lc 14.1). Jesús confrontó a los fariseos presentes, les preguntó si estaba permitido sanar o no en sábado, les puso un ejemplo práctico de cómo ellos también hacían el bien en sábado, y literalmente los dejó callados (“Y no pudieron contestarle nada.”, Lc 14.6). Jesús enfrentaba a sus oponentes de formas muy inteligentes y variadas en cada caso.
  5. Las parábolas de los invitados a un banquete y de la gran cena (Lc 14.7-24). Tomando como punto de partida los hechos que estaba presenciando Jesús durante esa comida a la que fue invitado, decidió contar 2 parábolas. La primera tuvo como objetivo tratar la actitud de varios religiosos invitados a la comida que buscaron inmediatamente los lugares de honor en la mesa, demostrando con eso su enorme orgullo. Jesús dio una gran lección de humildad con la parábola que contó, diciendo al final: “Todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.” (Lc 14.11). Después hizo un llamado al que lo había invitado a que mejor buscara dar de comer a los más necesitados de entre el pueblo y les ofreciera un banquete, con lo cual sería recompensado “en la resurrección de los justos” (Lc 14.14).  Después, a raíz de un comentario hecho por un asistente, contó la segunda parábola, haciendo referencia a cómo los invitados al banquete de un hombre menospreciaron la invitación y fueron a hacer otras cosas. Al final, el hombre se enojaría mucho y mandaría a sus criados para incluso, obligar a entrar a los más desfavorecidos de la sociedad (pobres, inválidos, cojos, ciegos). De alguna manera su enseñanza apuntaba al rechazo que estaba sufriendo a manos del pueblo escogido de Dios (Israel), lo cual abriría las puertas para que muchos que estaban fuera de esa nación pudiéramos entrar al banquete del reino de Dios también.

Conclusiones:

  1. El corazón de Jesús para con sus seguidores es el de un “buen pastor”, que sinceramente y con amor nos cuida, nos protege, nos guía y nos cuidará hasta llegar al reposo final. Seamos agradecidos con él y apreciemos la fe que nos ha permitido tener. De igual manera, imitemos su corazón para que todo lo que hagamos para Dios y para Jesús sea hecho de manera voluntaria y no de mala gana o a la fuerza.
  2. Jesús no está mintiendo cuando nos ofrece vida eterna, es una promesa que debemos tomar de forma muy seria. La recompensa final de la fe no es bienestar en este mundo (material, económico, salud, felicidad, etc.). Más bien necesitamos apuntar hacia la eternidad. El cristianismo sin la doctrina y la promesa de la vida eterna no tiene sentido.
  3. Encontra la salvación y mantenerla requieren un enorme esfuerzo personal. Sí podemos decir que es gratuita, pero no podemos decir que es fácil ni que cualquiera lo puede lograr. Jesús nos llama a esforzarnos en extremo por ser y por mantenernos salvos. ¿Qué tal nosotros? ¿Estamos realmente esforzándonos mucho por agradar a Dios todavía y serle fieles? ¿O ya bajamos la guardia?
  4. Aunque suene muy duro para los oídos posmodernos, Jesús afirma que pocos se salvarán. Toda esta idea moderna de “todos los caminos llevan a Dios” no es cierta, si lo fuera, Jesús no habría asegurado que la salvación será encontrada por pocos. ¿Qué nos genera escuchar estas palabras en nuestro corazón? ¿Sentimos más urgencia por avisarle al mundo de la realidad o nos entregamos a la comodidad?
  5. Aprendamos del valor de Jesús y de su convicción por llevar a cabo su misión. Nada ni nadie impediría que se llevara a cabo. ¿Qué tan fácil nosotros permitimos que circunstancias o personas impidan que nuestra fe sea expresada como es debido?
  6. Guardémonos del orgullo que siempre nos lleva a buscar reconocimiento y posición, mejor busquemos un corazón humilde y Dios se encargará de levantarnos a su debido tiempo.

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