Día 164

JUECES 19.

Siguiendo con el mismo tono de los 2 capítulos anteriores, Jueces 19 nos presenta una evidencia más de la desviación de Israel, ahora en el aspecto moral. Los capítulos anteriores trataron con el aspecto ritual y ahora nos enfrentamos al estado moral de la sociedad israelita, o al menos de una parte de la misma.

Este capítulo contiene una de las historias más brutales y terribles de toda la Biblia. Debido al material tan gráfico y que transmite tanta insensibilidad y maldad, ha sido un capítulo de leer para muchos cristianos de todas las generaciones, prefiriendo mejor evitarlo a veces, así como el resto del libro de Jueces. Veamos la razón para esta aversión al capítulo 19 del libro de Jueces:

  1. El énfasis en la falta de un rey en Israel. El v. 1 dice, “En esos días, Israel no tenía rey.”, justo al inicio del capítulo. Es como si el autor de Jueces quisiera hacer énfasis en la falta de liderazgo espiritual y político que había en ese momento. Si no hay rey, no hay autoridad y muchas cosas pueden pasar entonces, como sucedieron aquí.
  2. El levita y su matrimonio disfuncional (v. 1 – 10). Estos pasajes describen la vida familiar de un levita de la zona montañosa de Efraín y cuya esposa lo dejó por conflictos con él y regresó con su padre. El levita visitó la casa de su suegro en Belén de Judá para tratar de convencer a la esposa que regresara con él. El suegro, mostrando la típica hospitalidad del medio oriente antiguo, pide al yerno que se quede una y otra vez, hasta que se completaron 4 noches. Pareciera que el suegro quería festejar la ocasión según la costumbre antigua con varios días de celebración, mientras que el levita simplemente quería tomar a su mujer e irse. Para el quinto día, a pesar de la insistencia del suegro, el levita decide partir y se va. Tal vez el tema de la reconciliación entre el levita y su mujer fue motivo de gran alegría para el suegro.
  3. La expectativa que tenían entre tribus israelitas (v. 11 – 20). Durante el camino a encontrar una ciudad donde pasar la noche, el siervo del levita quería quedarse en una ciudad jebusea pero el levita le dijo que no pasarían la noche “donde no hay israelitas” (v. 12). Y comentó que quería llegar a Guibeá o Ramá, territorio de la tribu de Benjamín. De alguna manera esto refleja que al menos entre israelitas se sentirían más seguros, esperaba más protección al menos de sus compatriotas. Ya estando en Guibeá se sentaron en la plaza de la ciudad para descansar “pero nadie los invitó a su casa para pasar la noche” (v. 15). De acuerdo con el Old Testament Survey Series: The Books of History, de College Press, era una costumbre que los ciudadanos proveerían hospedaje para los viajeros cansados que se sentaban en la plaza. Sin embargo, nadie en la ciudad les ayudó con excepción de “un anciano” que “regresaba a su hogar después del trabajo en los campos” (v. 15) y que curiosamente era del mismo territorio donde vivía el levita (la zona montañosa de Efraín) pero vivía en esa ciudad. Él sí los invitó a pasar la noche en su casa y les advirtió, “no se les ocurra pasar la noche en la plaza.” (v. 20)., “No voy a permitir que pases la noche en la plaza” (DHH-LA). ¿Por qué él si ayudó y nadie más? Pensemos primero que era anciano, no era parte de las nuevas generaciones de israelitas que vivían en esa ciudad, tenía más de las convicciones antiguas de Israel. Y después, no era originario de esa ciudad y al parecer por la advertencia que les hizo, sabía que algo estaba mal en ese lugar y que corrían peligro de alguna manera.
  4. La agresión de parte de los hombres de Benjamín (v. 22 – 26). La Biblia dice que aparecieron “un grupo de alborotadores de la ciudad” o “unos hombres de aquella ciudad, hijos de Belial” (BTX) o “unos hombres pervertidos de la ciudad” (DHH-LA). Estos hombres fueron con una petición directa al anciano, ” —Saca al hombre que se hospeda contigo para que podamos tener sexo con él.” (v. 22). ¿A qué nos recuerda esta escena? A Génesis 19.2 cuando los hombres de Sodoma piden a Lot que saque a los 2 ángeles que habían llegado a su casa para tener relaciones con ellos. La misma petición ahora pero con un levita, es decir, un hombre consagrado al servicio a Dios. Pero en esta ocasión no estamos hablando de Sodoma, un pueblo pagano, sino de una ciudad habitada por una de las tribus de Israel y cuyos hombres practicaban descaradamente el homosexualismo y demás perversiones. El anciano los confrontó diciéndoles, “no hagan algo tan peverso” (v. 23), “no se porten tan vilmente” (NBHL), “¡No cometan con él tal infamia!” (NVI). Y aunque nuevamente como en el caso de Lot suene como un golpe a los oídos occidentales modernos, el anciano les ofrece mejor a su propia hija virgen y a la concubina del Levita. De acuerdo con Harper’s Bible Commentary, de Harper & Row, las convenciones de hospitalidad antiguas exigían que el anfitrión protegiera a sus huéspedes a cualquier costo. Y aunque en el caso de Gn 19 Lot ofreció a sus hijas, aquí el anciano ofreció a su hija pero también a la esposa del levita y al final es solo ésta mujer la que es echada de la casa y entregada a los hombres perversos. Ella no salió por su propia voluntad, la forzaron (“forzando el hombre a su concubina, la hizo salir a ellos”, BTX). Los hombres que llegaron abusaron de la mujer toda la noche y la dejaron hasta el amanecer.
  5. La insensibilidad del levita y su terrible acción (v. 26 – 30). La mujer “se desplomó” en la entrada de la casa donde estaba el esposo y cuando éste se levantó por la mañana, su primera reacción no fue salir a ver cómo estaba su mujer sino que al verla le dijo, “«¡Levántate, vamos!»” (v. 28). Al no ver respuesta alguna, la subió a su burro y al llegar a su casa la partió en 12 pedazos con un cuchillo y envió un pedazo a cada tribu de Israel. Todos quienes vieron esto se alarmaron mucho y aseguraban que nunca se había cometido un crimen tan terrible desde que salieron de Egipto (v. 30). Un detalle importante aquí es que la Biblia no registra que la mujer ya hubiera muerto para cuando el levita la encontró. De acuerdo con el comentario bíblico anterior, los traductores antiguos de la Septuaginta (LXX) y la Vulgata Latina se preocuparon tanto por este pasaje que le añadieron “porque estaba muerta” en el v. 28. La única versión de en español que refleja esto es la DHH-LA que dice, “él colocó el cadáver sobre un asno”, el resto de las mismas que analizamos no contienen esta referencia. Es decir, no hay seguridad que la mujer realmente estuviera muerta, y si fue así, al levita no le importó. Seguramente para cuando llegaron a su casa ya había muerto y entonces la partió en pedazos en lugar de disponer de su cuerpo conforme a las normas rituales de Israel.

La mujer recibió abuso y maltrato de parte de los hombres malvados, del anfitrión y de su mismo esposo. Es impactante el nivel de insensibilidad, degradación y egoísmo en que vivía Israel en ese tiempo, y más cuando pensamos que eran “el pueblo de Dios”. Toda esta historia es un reflejo de la degradación moral y espiritual del Israel de la época de los jueces. Cada vez que el pueblo “hacía lo malo” de nuevo a los ojos de Dios, se iban hundiendo más y más, cada regreso al pecado los degeneraba más y los alejaba más de Dios. Los hombres de Benjamín cometieron varios pecados gravísimos: práctica del homosexualismo, la violación de una mujer y adulterio. Además del rompimiento de las normas de hospitalidad. Si nos preguntamos por qué llegaron a cometer semejantes actos, recordemos que todo comenzó con este pensamiento: “Cada uno hacía lo que le parecía bien ante sus propios ojos.” (Jue 17.6, NBHL).

Conclusiones:

  1. Los problemas sin resolver en matrimonios cristianos que incluso terminan en separaciones y alejamientos ya es una muestra de una desviación espiritual de los principios bíblicos que Dios dejó claramente para el matrimonio. Iglesias donde semejantes casos se vuelven comunes pueden estar reflejando un serio problema espiritual, así como el matrimonio del levita era un reflejo del estado espiritual de la sociedad que lo rodeaba.
  2. Es muy doloroso cuando esperamos ser bien tratados por el pueblo de Dios y le damos preferencia por encima de la relación con el mundo, solo para recibir peores maltratos y abusos que afuera. Eso fue lo que le pasó al levita y a su familia, no esperaban recibir ese trato de parte de israelitas. El dolor es grande y el proceso de recuperación de estos daños es largo. Lamentablemente a veces suceden estas cosas en la iglesia cristiana también y obviamente son un reflejo espiritual del estado de la misma.
  3. La degradación moral siempre es y será un síntoma inequívoco de un distanciamiento muy grande con Dios y la persona. Dios no aprueba el homosexualismo ni el adulterio ni la violación ni ninguna otra práctica perversa que nuestro mundo practica. Perdición moral siempre es una evidencia del estado espiritual de la persona, sin importar la imagen que nos quiera transmitir con sus palabras.
  4. El egoísmo también es un reflejo del estado espiritual de una persona o una congregación. Lo que el levita mostró durante todo el evento fue precisamente eso: un corazón egoísta, centrado solo en sus necesidades, sin empatía por nadie, ni siquiera por su esposa. El egoísmo es un pecado que lastima mucho a las personas a nuestro alrededor.
  5. Nos impacta fuerte el nivel de degradación moral y espiritual que hemos leído en el libro de Jueces: tanta depravación, tanta falta de discernimiento, tanto egoísmo, tanta rebeldía, etc. Pero recordemos los pasos que siguieron los israelitas para llegar hasta ese punto: a) apartarse de la Palabra de Dios, b) adoptar como filosofía de vida hacer lo que les parecía bien a sus ojos, c) sincretismo religioso, d) depravación moral, y e) egoísmo extremo. Como dice una nota en la Biblia de Estudio Arqueológica, el Israel de los jueces era “un pueblo que fracasó en mantener su herencia de verdadera fe religiosa, al absorber demasiado de la cultura a su alrededor.” Israel perdió la batalla contra la cultura que los rodeaba. ¿Qué tal nosotros? ¿Estamos imitando en algo las desviaciones de Israel? ¿Te identificas en alguno de los pasos que ellos siguieron? No olvides que todo comienza con vivir conforme lo que nos parece bien a nuestros ojos y no preocuparnos cómo Dios ve las cosas.

7 Responses to “Día 164”

  1. Mirna Barrera de Hdz dice:

    Muchas gracias

  2. Zulma dice:

    Muchas gracias, no lo habia visto de esta manera, que Dios nos ayude a no hacer lo q esta bien a nuestros ojos , los cuales pueden estar muy contaminados con lo que vemos.
    Numeros 6:24

  3. De la P. Ez. dice:

    Gracias. Dios nos ayude a hacer Lo correcto en todo momento. Saludos.

  4. Javier Flores dice:

    Gracias Arturo como podemos alegarnos de DIOS y hacer cosas que no le agradan.

  5. Adriana Casas dice:

    Creo que con toda franqueza y valor debemos mirar cómo estamos como Iglesia y reafirmar nuestras convicciones.
    Agradezco a Dios por estos devocionales, que de verdad nos hacen meditar de manera profunda en su palabra.
    Muchas gracias Arturo.

  6. Gildardo dice:

    NO HAY LIDERAZGO Jdg 19:1 En la época en que no había rey en Israel, un levita que vivía en una zona remota de la región montañosa de Efraín tomó como concubina a una mujer de Belén de Judá. Cuando no hay liderazgo el pueblo se descarría y cada quien hace lo que quiere esto me ayuda el día de voy para recordar lo que pasa cuando el liderazgo que Dios ha puesto no hace lo que debe hacer, se pierde el respeto de la palabra de Dios, la gratitud, cada quien hace lo que quiere, idolatría, perversión moral y pecados del carácter (Egoísmo) es fácil poder ver que esto afecta directamente la relación con Dios y la de los que están alrededor.

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