Día 286

ISAÍAS 63.15 – 66.24, 2 REYES 20.20-21, 2 CRÓNICAS 32.32-33.

Hoy estudiaremos los últimos capítulos del extraordinario libro de Isaías, que contiene 66 capítulos. También cerraremos el capítulo de la vida del rey Ezequías, contemporáneo de Isaías como ya hemos mencionado antes y quien junto con Isaías enfrentaron la invasión asiria a Judá.

En estos capítulos encontramos, Isaías nos presenta un diálogo simulado entre el pueblo de Israel que eleva oraciones a Dios y la respuesta que recibe del Señor. Hay varios puntos importantes que necesitamos mencionar:

  1. La perspectiva de la oración elevada por Israel. Varios versículos nos muestran desde qué punto en el tiempo estaba elevada esta oración: “Por poco tiempo tu pueblo santo poseyó tu lugar santo, y ahora nuestros enemigos lo han destruido.” (Is 63.18), “10 Tus ciudades santas están destruidas. Sión es un desierto; sí, Jerusalén no es más que una ruina desolada. 11 El templo santo y hermoso… fue incendiado…” (Is 64.10-11). La imagen que nos transmiten estas palabras pertenece a una perspectiva posterior a la invasión de Jerusalén y la destrucción del templo. La misma Biblia confirma que el templo fue incendiado en 2º Reyes 25.8–9 (NVI), “A los siete días del mes quinto del año diecinueve del reinado de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su ministro Nabuzaradán, que era el comandante de la guardia, fue a Jerusalén y le prendió fuego al templo del Señor, al palacio real y a todas las casas de Jerusalén, incluso a todos los edificios importantes.” Es posible que era otro mensaje profético referido a eventos futuros relacionados con la invasión a Jerusalén por parte de Babilonia. Isaías, de acuerdo con la tradición, ya no estuvo presente durante esos terribles momentos porque al parecer fue asesinado antes de que la ciudad de Jerusalén fuera invadida y quemada (más adelante hablaremos de esto).
  2. El tono quejoso de la oración. Podemos notar también en la oración de Israel varias quejas contra Dios: “… ¿Dónde están tu misericordia y tu compasión?… ¿por qué permitiste que nos apartáramos de tu camino?  ¿Por qué nos diste un corazón terco para que dejáramos de temerte?… ¡Oh, si irrumpieras desde el cielo y descendieras! ¡Cómo temblarían los montes en tu presencia! 9 No te enojes tanto con nosotros, SEÑOR; por favor, no te acuerdes de nuestros pecados para siempre.” (Is 63.15 – 64.12). Algo terrible sucedería y el pueblo de Israel elevaría oraciones de dolor y amargura hacia Dios. Varias frases típicas de este tipo de oraciones aparecen como siguen apareciendo en las oraciones de dolor y amargura de nuestros días: “¿por qué lo permitiste Dios?”, “Si nos hubieras ayudado”, “Si hubieras escuchado”, y más.
  3. La fuerte respuesta de Dios. Todo el capítulo 65 está dedicado a la respuesta que Dios enviaría a las oraciones futuras de su pueblo cuando se encontraran enmedio de la desgracia. Si su pueblo le reclamaría, Él tendría más argumentos para reclamarles a ellos: “«Estaba listo para responder, pero nadie me pedía ayuda; estaba listo para dejarme encontrar, pero nadie me buscaba.” (v. 1), “Todo el día abrí mis brazos a un pueblo rebelde.” (v. 2), “Todo el día me insultan en mi propia cara” (v. 3), “Ese pueblo es un hedor para mi nariz; un olor irritante que nunca desaparece.” (v. 5). Incluso los mismos israelitas reconocerían esto como dice  Isaías 64.6-7, “6 Estamos todos infectados por el pecado y somos impuros…. Como las hojas del otoño, nos marchitamos y caemos, y nuestros pecados nos arrasan como el viento. 7 Sin embargo, nadie invoca tu nombre ni te ruega misericordia.” Dios siempre estuvo presente con ellos, esperando a que lo buscaran, esperando a que decidieran enfrentar su situación espiritual y corregirla, ¡pero nunca lo hicieron! Por eso llegó el tiempo en que Dios tendría que hacer algo al respecto: “les daré el pago que se merecen.  Sí, les daré su merecido” (Is 65.6), y expone su razón, “Pues cuando los llamé, ustedes no me respondieron; cuando hablé, no me escucharon.” (Is 65.12). Dios había mostrado mucha paciencia hacia Judá en este caso (Samaria o Israel ya había sido juzgada), pero no aprenderían y tendrían que pagar las consecuencias también. Es fuerte entender que cuando Dios nos llama y nos abre sus brazos para recibirnos y nosotros lo rechazamos, ¡tal vez sea la última oportunidad que teníamos! Pablo citaría después el versículo 2 para referirse al Israel que rechazaría en el futuro a Jesús (Romanos 10.21).
  4. La esperanza futura de un cambio. Sin embargo, a pesar de los anuncios de juicio y destrucción contra Jerusalén y Judá, dentro del mismo capítulo 65 Dios mandó un mensaje de aliento y esperanza para su pueblo anunciando que llegaría el día en que dejaría a un lado su enojo (Is 65.16) y crearía una nueva Jerusalén llena de alegría, prosperidad y felicidad (v. 17-19), llena de paz y de riquezas traídas de otras naciones (Is 66.12). Dios estaba reafirmando su promesa de que a pesar de la destrucción próxima, habría una restauración futura para Jerusalén con mucha gloria, felicidad, alegría y gozo; y su pueblo estaría nuevamente en paz con Él. Dios siempre está dispuesto a restaurar la fe caída de las personas, y aunque tengan que atravesar por el valle de la disciplina de Dios por un tiempo, Él ya les tiene planeada su restauración futura. Claro, hay una condición, como Dios mismo lo expresa, “»Bendeciré a los que tienen un corazón humilde y arrepentido, a los que tiemblan ante mi palabra. 3 Pero a los que escojan sus propios caminos y se deleiten en sus pecados detestables, no les aceptaré sus ofrendas.” (Is 66.2-3). Humildad, arrepentimiento y reverencia a la Palabra de Dios son factores condicionantes para cualquier restauración espiritual, tanto individual como congregacional. Sin eso, simplemente no es posible que Dios restaure a nadie.

Ahora, también debemos hablar sobre los componentes escatológicos contenidos en los estos últimos capítulos de Isaías, es decir, mensajes que aparentemente tienen que ver con el final de los tiempos. Veamos cuáles son y también algunas aclaraciones importantes:

  1. Las características de la “tierra nueva” en Isaías 65.20-25. El pasaje parece referirse a un tiempo futuro de gran prosperidad y paz en Israel donde la muerte prematura de infantes y adultos no será un problema (v. 20), habrá libertad para formar un patrimonio familiar y disfrutar de ello (v. 21 – 22), los hijos de las personas tendrían un futuro (v. 23), las respuestas de Dios a las oraciones serían inmediatas incluso al grado de contestar antes de que la gente lo pidiera (v. 24), y hasta los animales salvajes reflejarían una relación diferente de respeto y paz (v. 25). ¿Es esta una descripción de lo que sería la “tierra nueva” anunciada en Apocalipsis 21.1, “Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar.” (NVI)? ¿O tiene otro sentido? Los Testigos de Jehová utilizan este pasaje de Isaías 65 para afirmar que efectivamente, así será la eternidad con Dios: una tierra física donde la gente podrá plantar sus propios alimentos y comer de ellos, donde podrán tener como mascotas a leones, lobos y corderos que jugarán con sus hijos en verdes pastos, y más cosas. Puedes dar click aquí para consultar con más detalle su enseñanza. El problema que esta interpretación plantea es que múltiples pasajes de las Escrituras, tanto en el AT como en el NT, afirman que la tierra y los cielos físicos que hoy conocemos serán destruídos un día (2 Pedro 3.6.7, Mateo 5.18, 2 Pedro 3.10-11 y más). Además, Isaías 65.20 menciona que en esa tierra futura “solamente los malditos morirán tan jóvenes”, mientras que Apocalipsis 21.4 afirma que en la “tierra nueva” ya no existirá la muerte, y Apocalipsis 22.3 afirma que en la nueva Jerusalén “ya no habrá maldición” (NVI). Lo más probable entonces es que este pasaje profético siga apuntando a la restauración futura de Jerusalén al ser liberada de la opresión babilónica y gozar por un tiempo de nuevo de libertad y prosperidad propias.
  2. Las palabras finales de Isaías. Los versículos 22 al 24 de Isaías 66 nos dejan una imagen impresionante: toda la humanidad adorando a Dios, y aquellos que se rebelaron contra Él sufrirán un castigo ejemplar que espantará a todos. ¿Una posible referencia al juicio final? Tal vez.

Los pasajes de 2 Reyes 20.20-21 y 2 Crónicas 32.32-33 nos informan que Ezequias murió, fue enterrado con honores y fue sucedido en el trono por su hijo Manasés, de quien hablaremos más adelante. Aquí terminamos entonces el estudio del fascinante libro de Isaías, tantas veces citado por el mismo Jesús y por los apóstoles. Pero, ¿cómo terminó su vida el gran profeta Isaías? ¿Qué fue de él? La Biblia no nos dice nada más sobre su muerte, pero varios recursos como el Nuevo Diccionario Bíblico Certeza, de Sociedades Bíblicas Unidas, nos dicen que la última aparición pública de Isaías fue en el año 701 a.C. con la invasión de Senaquerib y que a partir de ese momento desapareció de la vida pública de Judá. Fue más adelante, donde el texto apocalíptico apócrifo judío llamado El Martirio de Isaías (de elaboración bastante tardía y traducido al griego en la era cristiana) menciona que Isaías fue asesinado por Manasés al ser aserrado por la mitad al ser acusado por falsos profetas (dar click aquí para ver el texto completo). Incluso varios escritores cristianos de los primeros siglos de la fe llegaron a interpretar el texto “fueron aserrados por la mitad” (NVI) de Hebreos 11.37 como haciendo referencia a Isaías, pero no es posible comprobar esto.

Conclusiones:

  1. Cuando los tiempos difíciles llegan a las personas tienen la tendencia de reclamarle a Dios con los mismos cuestionamientos que los israelitas hacían, pero más bien se tienen que preguntar si cuando Dios les habló escucharon; si cuando se quiso acercar a ellos, aceptaron; si cuando los quiso ayudar, se dejaron. Dios siempre está dispuesto a acercarse a nosotros, pero somos nosotros quienes no siempre estamos dispuestos a acercarnos a Él. El problema es que todo tiene un tiempo límite y también las llamadas de Dios tienen un límite, después solo resta sufrir las consecuencias del rechazo y de la rebeldía.
  2. Por otro lado, Dios siempre está dispuesto a restaurar los corazones que se apartan de Él, pero pide 3 ingredientes básicos: humildad, arrepentimiento y reverencia. Si no están presentes, no es posible la restauración plena de una persona a Dios. ¿Qué tal andamos en cada uno de esos puntos?
  3. Apreciemos tanto el doble mensaje profético de Isaías, tanto para los tiempos de Israel y Judá como para nuestros tiempos. La inspiración de Dios está presente en cada capítulo y en cada versículo, revelándonos eventos futuros que llegaron a suceder tal cual se dijo, o eventos más futuros que todavía estamos esperando que sucedan, y sucederán sin duda.

Los dejo con unas imágenes digitales del rollo de Isaías contenido en la colección de los Rollos del Mar Muerto (y de hecho el más completo de los que se encontró), que el Museo de Israel en Jerusalén ha hecho accesibles en formato digital a través de Internet, para que todos podamos admirarlos. Da click en la imagen para ir al sitio.

Isaiah Death Sea Scroll


Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.