Día 165

JUECES 20 – 21.

Estos capítulos continúan con la historia que se relató en el capítulo 19. Ante la maldad de los hombres de Benjamín, hubo una reacción en el resto de las tribus de Israel y por primera vez en mucho tiempo se unieron la mayoría para arreglar el problema. Sin embargo, en todo el relato podemos observar mucha confusión entre Israel, fruto de su estado espiritual y su distanciamiento de Dios.

Llama la atención la reacción en el pueblo de Israel ante las piezas de cuerpo enviadas por el levita en el capítulo anterior: unirse. Este esfuerzo de unidad se dio en dos formas: a) Todos los israelitas se “unieron como un solo hombre, desde Dan, al norte, hasta Beerseba…”, es decir, por todo el territorio de Israel. b) Todo el pueblo “se reunió en asamblea ante la presencia del SEÑOR en Mizpa”, es decir, acudieron a Dios buscando su dirección. Algo malo generó algo bueno: un esfuerzo de unidad y un esfuerzo por buscar de nuevo a Dios como pueblo.

Ante la explicación del levita del crimen que se cometió contra su concubina (20.4-7), todos israelitas “en total unanimidad” (20.11) decidieron hacer justicia contra Guibeá por el crimen cometido. Es interesante que cuando los israelitas enviaron mensajeros a los hombres de Benjamín pidiendo “Entréguennos a esos hombres malvados, a esos perturbadores de Guibeá, para que los ejecutemos y así purifiquemos a Israel de semejante maldad” (20.13), Benjamín se negó a cooperar y además se preparó para la guerra con sus mejores guerreros, que de acuerdo a estos pasajes eran muy hábiles. ¿Era incorrecto lo que las tribus de Israel le estaban pidiendo a los hombres de Benjamín? Recordemos Deuteronomio 13.12–16 (NVI), “12 »Si de alguna de las ciudades que el Señor tu Dios te da para que las habites llega el rumor de 13 que han surgido hombres perversos que descarrían a la gente y le dicen: “Vayamos a rendir culto a otros dioses”, dioses que ustedes no han conocido, 14 entonces deberás inquirir e investigar todo con sumo cuidado. Si se comprueba que tal hecho abominable ha ocurrido en medio de ti, 15 no dudes en matar a filo de espada a todos los habitantes de esa ciudad. Destrúyelos junto con todo lo que haya en ella, incluyendo el ganado. 16 Lleva todo el botín a la plaza pública, y préndele fuego a la ciudad y a todo el botín. Será una ofrenda totalmente quemada para el Señor tu Dios. La ciudad se quedará para siempre en ruinas, y no volverá a ser reedificada.” Pensando en este pasaje, parece ser que los israelitas estaban pidiendo lo justo de acuerdo a lo que Dios mismo había establecido en la Ley para situaciones parecidas a ésta.

Sin embargo, el hecho que los benjaminitas se rehusaran era una muestra más de la falta de discernimiento espiritual de la tribu de Benjamín en ese momento: en lugar de preguntarse qué decía Dios en su Palabra sobre tal hecho, decidieron como primera reacción defender a los de su tribu ciegamente. Ellos hicieron a un lado por completo el mandato que Dios les había dado en Deuteronomio 13.6–9 (NVI), “»Si tu propio hermano, o tu hijo, o tu hija, o tu esposa amada, o tu amigo íntimo, trata de engañarte y en secreto te insinúa: “Vayamos a rendir culto a otros dioses”, dioses que ni tú ni tus padres conocieron, dioses de pueblos cercanos o lejanos que abarcan toda la tierra, no te dejes engañar ni le hagas caso. Tampoco le tengas lástima. No te compadezcas de él ni lo encubras, ni dudes en matarlo. Al contrario, sé tú el primero en alzar la mano para matarlo, y que haga lo mismo todo el pueblo.” La Ley ordenaba que los parientes cercanos al pecador deberían ser los primeros en hacer justicia y no ser parciales en sus juicios. Pero los hombres de Benjamín prefirieron ser parciales y proteger a los malvados que cometieron el crimen. Cuando juzgamos situaciones con parcialidad (poniéndonos del lado de la persona que más apreciamos sin pensar primero en qué es lo correcto), mostramos que estamos actuando con un discernimiento espiritual muy pobre, guiados más por lealtades humanas y sentimientos que por un verdadero sentido de justicia delante de Dios. Una masacre terrible de miles se hubiera evitado si el resto de las tribus de Benjamín hubieran obedecido a Dios conforme a lo que Él había establecido en su Palabra.

Los versículos 18 al 48 del capitulo 20 narran las batallas que se llevaron a cabo contra los hombres de Benjamín. Llama la atención que los israelitas decidieron buscar a Dios 3 veces durante las batallas para pedir su dirección, pero podemos ver un progreso también en su fe en este sentido de la siguiente manera: a) En la primera vez (v. 18), “los israelitas fueron a Betel y le preguntaron a Dios…” El punto era qué tribu atacaría primero y Dios les respondió que Judá. Salieron entonces y fueron derrotados por los hombres de Benjamín. b) Regresaron y dice la Biblia que “habían llorado en presencia del Señor hasta la noche.” (20.23). Ahí volvieron a consultar nuevamente a Dios, quien los animó a que regresaran a pelear y fueron derrotados de nuevo. c) Los israelitas “subieron a Betel y lloraron en presencia del Señor, y ayunaron hasta la noche. También le llevaron al Señor ofrendas quemadas y ofrendas de paz.” (20.26). Y cuando consultaron de nuevo a Dios, les dijo, “—¡Vayan! Mañana se los entregaré.” (20.28). Y así sucedió. A través de una estrategia de emboscada, derrotaron a los hombres de Benjamín y atacaron Guibeá, matando a todos los habitantes y prendiéndole fuego. Ese día murieron 25,000 guerreros de Benjamín y solo le sobrevivieron 600 hombres que escaparon.

La pregunta viene entonces, ¿por qué Dios no les ayudó a una victoria completa la primera vez que lo buscaron sino hasta la tercera? La respuesta tal vez se encuentra en el progreso del corazón con el que buscaron a Dios: de tan solo preguntar qué tribu atacaría primero a presentarse ante Dios con un corazón quebrantado a llorar de nuevo pero además ayunar y entregar ofrendas quemadas y de paz. A través de esta actitud más humilde, parece ser que los israelitas estaban demostrando que habían entendido que su relación con Dios estaba dañada y que deseaban reestablecerla. La primera vez notamos una actitud hasta orgullosa de ellos hacia Dios pero la tercera vez estaban totalmente rendidos ante Dios y quebrantados por la falta de respuesta de Él. Y fue hasta ese punto que Dios decidió darles la victoria, como en los tiempos pasados. Esto nos puede llevar a preguntarnos, ¿por qué no vemos nuestras oraciones contestadas? Reflexionando en este episodio, sería muy buena idea detenernos a analizar profundamente cómo está nuestra relación con Dios realmente, si estamos en una relación auténtica con él en pensamiento y acciones, o si solamente lo estamos buscando para que funcione como “proveedor” de nuestras necesidades sin mostrar una obediencia sincera y un corazón entregado a Él. Humillarnos como lo hicieron ellos no es mala idea: quebrantarnos, ayunar y ofrecer sacrificios espirituales a Dios. La buena noticia es que Él siempre se dejará encontrar por un corazón sincero y humilde, como dice, Jeremías 29.13–14 (NTV), “13 Si me buscan de todo corazón, podrán encontrarme. 14 Sí, me encontrarán —dice el Señor—. Pondré fin a su cautiverio y restableceré su bienestar. Los reuniré de las naciones adonde los envié y los llevaré a casa, de regreso a su propia tierra”.”

El capítulo 21 narra el dolor que vino después de la victoria sobre Benjamín porque Israel había perdido a una tribu y de una manera tan vergonzosa y terrible. El v. 2 dice que “el pueblo de Israel fue a Betel y permaneció en presencia de Dios hasta la noche, llorando amargamente en alta voz.” Y su tristeza era, “¿por qué ha sucedido esto en Israel? ¡Ahora Israel ha perdido una de sus tribus!” (v. 3). Después de mucho tiempo por fin Israel comenzaba a darse cuenta de las consecuencias que estaban pagando por su alejamiento del Dios verdadero que los había sacado de Israel. Fue necesaria la tragedia del levita y su esposa y después de la casi aniquilación de una tribu completa de Israel para que entendieran que algo andaba mal en su vida como pueblo de Dios. A veces hasta que no enfrentamos las consecuencias de nuestros pecados y la destrucción que traen, no entendemos el estado espiritual en que estamos.

Después el resto de las tribus “sintieron lástima” o “se compadecieron” (BTX) de la tribu de Benjamín, porque solo habían quedado hombres y no había mujeres ya con quienes formar familias y continuar con la descendencia de Benjamín en el territorio israelita. Realmente les preocupaba el hecho de que no hubiera herederos de Benjamín y que la tribu fuera exterminada completamente (21.17). Encontraron una solución para el problema pero que involucró atacar y matar a todos los habitantes de Jabes de Galaad (21.10-12) con excepción de las mujeres vírgenes, que entregaron a los hombres sobrevivientes de Benjamín. Y como no alcanzaron, diseñaron otra solución que involucraba literalmente “robarse” mujeres vírgenes de la ciudad de Silo. ¿Fue todo esto agradable a Dios? Ellos no lo consultaron, simplemente buscaron soluciones conforme sus pensamientos, como dice al último versículo del capítulo, “cada uno hacía lo que le parecía correcto según su propio criterio.” (21.25).

Así terminamos el libro de Jueces, un libro controvertido y difícil de leer en algunas secciones por la crudeza de las historias que presenta. Como aprendimos, Jueces describe la realidad que el pueblo de Dios puede enfrentar cuando decide apartarse de las Escrituras para seguir sus propias ideas y el resultado es un auténtico caos espiritual, moral y social. Sin embargo, la esperanza del arrepentimiento queda y cuando el pueblo de Dios se humilla y busca de nuevo a Dios de forma sincera, Él siempre responde.

Conclusiones:

  1. A veces necesitamos experimentar en carne propia las consecuencias de nuestros pecados y nuestra necedad para realmente volvernos a Dios de corazón. Cuando nos comportamos tercamente y no queremos arrepentirnos, es cuestión de tiempo para que experimentemos un poco de sufrimiento y dolor que al final nos llevará a purificar nuestros corazones, abrir de nuevo los ojos a nuestra realidad espiritual y correr a buscar a nuestro Dios lleno de compasión y perdón, para ser renovados y continuar en la batalla de la fe.
  2. Entendamos el peligro de juzgar parcialmente. Para Dios es muy importante que aprendamos a juzgar situaciones de forma imparcial, sin favorecer a un lado ni al otro, más bien siempre del lado de la verdad y la voluntad de Dios, siempre buscando que sea Dios quien se glorifique. Cuando nos aferramos a lealtades humanas y sentimentalismos, podemos contribuir a un mayor desastre del que ya está en lugar de ser parte de la solución.
  3. Busquemos a Dios con humildad verdadera. No lo veamos solo como nuestro “proveedor oficial” de necesidades y solución a nuestros problemas. Busquémoslo porque lo amamos y porque deseamos realmente estar en una relación con Él, no solo porque nos conviene o porque nos interesan más los beneficios de nuestra relación con Él. Humillémonos delante de Él si es necesario. Los israelitas aprendieron en aquella ocasión esta importante lección.
  4. Mantengámonos alertas siempre contra la filosofía de vida de “hacer lo que nos parezca correcto a nuestros ojos” pero sin tomar en cuenta la Palabra de Dios. Dejemos que sea la Biblia nuestro verdadero manual de la vida. Es cierto que no contiene TODAS las respuestas a TODAS las situaciones de la vida, pero sí contiene PRINCIPIOS UNIVERSALES que podemos aplicar en TODAS las circunstancias de la vida moderna. Para una persona que se llama “cristiano” en nuestros tiempos, no hay excusa para seguir viviendo de acuerdo con lo que es correcto a sus ojos solamente porque ya tenemos las Escrituras a nuestro alcance.

6 Responses to “Día 165”

  1. Paolo dice:

    WOW! tremenda historia Arturo, gracias por la enseñanza.

  2. De la P. Ez. dice:

    UUFF! Que leccion! No solo escritura pero leccion de vida. Gracias.

  3. Adriana Casas dice:

    Veo cómo aún cuando tenemos una relación diaria con EL, podemos llegar a ser muy superficiales y creer que estamos bien, sólo porque “cumplimos”, pero recuerdo mucho ésta escritura: “Nada hay tan engañoso y perverso
    como el corazón humano,
    ¿Quién es capaz de comprenderlo?
    Yo, el Señor, que investigo el corazón
    y conozco a fondo los sentimientos;
    que doy a cada cual lo que se merece,
    de acuerdo con sus acciones.” JER. 17.9 a 10.
    Que Dios nos ayude a de verdad hacer lo correcto delante de EL.
    GRACIAS.

  4. blanca martinez dice:

    Gracias Arturo hoy aprendi o una ya lo save que no hay nada engañoso como el corazon de vemos buscar a DIOS por que lo amamos no por que tengo un interes en comun por amor y gratitud y por que el es nuestro padre que mejor que el que nos puede a consejar por medio de su palabra

  5. Javier Tizcareño dice:

    Gracias Arturo, como aprendi esta vez del libro de Jueces con tu ayuda, que grandes son las consecuencias del estar separado de Dios.

  6. Gildardo dice:

    UNIDAD, QUEBRANTAMIENTO Y FALTA DE LIDERAZGO …En medio del pecado el pueblo da algunas muestras de hacer la voluntad de dios, se unen como si fueran un solo…consultan al señor y hasta al tercera vez que están llorando, ayunando, sacrificando por la victoria y Dios les dio la victoria sin embargo una vez que vencieron se dejaron guiar por sus propias ideas haciendo lo que consideraron mejor y a no consultaron a Dios…Como lo dices es Fácil es buscar a Dios por conveniencia en tiempos difíciles peor es triste que las vidas así no cambian y terminan haciendo lo que les parece mejor, creando un desorden en la sociedad..Jueces me ha enseñado principalmente que pasa cuando no hay un liderazgo solido en su pueblo el pueblo de descarría.
    Jdg 20:11 Así que todos los israelitas, como un solo hombre, unieron sus fuerzas para atacar la ciudad.
    Jdg 20:26 Entonces los israelitas, con todo el pueblo, subieron a Betel, y allí se sentaron y lloraron en presencia del SEÑOR. Ayunaron aquel día hasta el anochecer y presentaron al SEÑOR holocaustos y sacrificios de comunión.
    Jdg 21:25 En aquella época no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía mejor.

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