Día 422

2 CORINTIOS 11.1-13.13, HECHOS 20.7-12.

En los pasajes correspondientes a este día Pablo continuó haciendo una defensa de su apostolado ante la influencia que los falsos apóstoles estaban teniendo sobre la iglesia de Corinto. De esta misma defensa, podremos observar cómo el apóstol presentó varios recursos a los corintios para demostrar su punto, incluyendo la famosa visita al “tercer cielo”.
La defensa del apóstol se puede agrupar en 3 grandes temas. El primero es la sinceridad de su corazón hacia los corintios. Antes de apelar a sus conocimientos o sus poderes sobrenaturales otorgados por Dios o cualquier otra cosa, Pablo comenzó hablando de lo que había dentro de su corazón: a) un celo por ellos para Dios (2 Co 11.2), b) conocimiento verdadero a pesar de ser considerado un “mal orador” (2 Co 11.6), c) sensibilidad hacia ellos para no cargarlos financieramente cuando plantó la iglesia de Corinto (2 Co 11.9), d) un amor sincero para con ellos (2 Co 11.11), e) una actitud tolerante y paciente hacia los corintios (considerada por ellos como “débil” comparada a la agresividad de los falsos apóstoles, 2 Co 11.21). Todo esto nos habla de actitudes del corazón. El primer argumento de Pablo entonces era su amor sincero para con los corintios, que lo llevó a cuidarlos al máximo en todo lo que pudo. Incluso prefirió recibir ayuda económica de otras iglesias para continuar con su labor misionera en todo el año y medio que estuvo en Corinto antes de cargarlos a ellos en ese aspecto, como dijo en 2 Corintios 11.8, “De hecho, despojé a otras iglesias al recibir de ellas ayuda para servirles a ustedes.” A través de todas esas expresiones, el apóstol quería recordarles las muestras de amor que habían recibido de él.
Otro argumento para defender su apostolado verdadero era el sufrimiento físico que había soportado por causa de Cristo (2 Corintios 11.16-33). A diferencia del punto anterior (cuando habló de las actitudes del corazón), el apóstol Pablo dijo lo siguiente antes de atreverse a mencionar todas las carencias y dolores que había pasado por causa de su misión: “Al jactarme tan confiadamente, no hablo como quisiera el Señor sino con insensatez.” (2 Co 11.17) y  “Si alguien se atreve a dárselas de algo, también yo me atrevo a hacerlo; lo digo como un insensato.” (2 Co 11.21). Es decir, al mencionar lo que después mencionó, él reconoció que no estaba actuando de la forma más espiritual o más correcta, pero lo hizo para que los corintios tuvieran un punto de referencia más sano del que tenían (que se exaltaban a ellos mismos para impresionar a los discípulos de Corinto). Dentro de esa lista mencionó encarcelamientos, trabajo duro, azotes, peligro de muerte, golpes con varas, apredreadas, naufragios (tres veces) incluso pasando un día y una noche en alta mar, peligros de la naturaleza, peligros de personas malvadas y hasta peligros de falsos hermanos, días sin dormir y sin comer. ¿Era poco esta lista? Definitivamente Pablo había sufrido bastante por causa de Cristo y de forma humana, tenía bastantes razones para enaltecerse a él mismo (aunque no lo hacía). Y encima de todo, añadió, “Y como si fuera poco, cada día pesa sobre mí la preocupación por todas las iglesias. 29 ¿Cuando alguien se siente débil, no comparto yo su debilidad? ¿Y cuando a alguien se le hace tropezar, no ardo yo de indignación?” (2 Co 11.28-29). ¿Nos podemos imaginar cuánta fuerza interior se requiere para soportar por un lado todos los sufrimientos físicos que implicaban ser un apóstol de Jesucristo en un mundo hostil a la fe? Pero además también hablamos aquí de toda la fuerza interior para llevar encima los sufrimientos emocionales de la responsabilidad sobre tantas iglesias en tantas ciudades diferentes. O Pablo era un super hombre o más bien era un hombre ordinario que dependía completamente de Dios.
Ahora, continuando con las cosas que Pablo compartió porque se sintió obligado a jactarse, “aunque nada se gane con ello” (2 Co 12.1), el apóstol describió una de las experiencias más controversiales y fascinantes descrita en las cartas del Nuevo Testamento: la visita al “tercer cielo”. Veamos los puntos relevantes de esto:
  1. Pablo inició diciendo, “Paso a referirme a las visiones y revelaciones del Señor.” (2 Co 12.1). Es decir, lo que iba a compartir inmediatamente después fue producto de una revelación directa de Dios hacia el apóstol. Pocas personas en el mundo podían decir algo así, que Dios les reveló directamente algo. Este era argumento muy fuerte para defender su punto.
  2. Pablo dijo, “Conozco a un seguidor de Cristo que hace catorce años fue llevado al tercer cielo…Y sé que este hombre…” (2 Co 12.2-3). ¿Está hablando de sí mismo o de alguna otra persona? De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarsity Press, los maestros judíos acostumbraban referirse a ellos mismos como “esa persona”, con lo cual es posible que Pablo utilizó ese mismo recurso aquí para evitar parecer arrogante o presumido. Posiblemente Pablo cuidó al máximo lo que Proverbios 27.2 dice, “No te jactes de ti mismo; que sean otros los que te alaben.”
  3. Pablo no estaba seguro de cómo fue esa experiencia, “si en el cuerpo o fuera del cuerpo; Dios lo sabe” (2 Co 12.3). Debido a que fue una revelación o visión sobrenatural, el apóstol no estaba 100% seguro de cómo explicar a detalle que sucedió. Obviamente no podía utilizar el lenguaje científico moderno para explicar el asunto (si fue una teletransportación o una comunicación telepática) o el lenguaje esotérico (un viaje astral), pero lo que sí podía afirmar es que sucedió de una forma o de otra.
  4. El apóstol afirmó que “fue llevado al paraíso y escuchó cosas indecibles que a los humanos no se nos permite expresar.” (2 Co 12.4) o “que fue arrebatado al paraíso, y escuchó palabras inefables que no es dado al hombre expresar.” (BTX). Pablo utilizó la palabra griega παράδεισος (parádeisos), que de acuerdo con el Diccionario Strong de Palabras Originales del Antiguo y Nuevo Testamentos, de Editorial Caribe, significa “parque… Edén (lugar de felicidad)… paraíso”. Notemos que no utilizó el griego para “cielo”. Esta palabra ha sido entendida en el contexto del Nuevo Testamento como un lugar o estado intermedio donde las almas de los rectos esperan la resurrección y el juicio final. Fue utilizada también por Jesús en Lucas 23.43 cuando le dijo al ladrón que estaba crucificado a su lado, “—Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”, y ese mismo día Jesús moriría y el ladrón también. Apocalipsis 2.7 tiene la siguiente referencia, “El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que salga vencedor le daré derecho a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios.” Estos 3 pasajes son los únicos donde aparece la palabra “paraíso” en el Nuevo Testamento. En otras palabras, Pablo estaría diciendo que fue llevado en vida al lugar a donde van los justos que mueren, para que presenciara cómo era y además escuchó algunas palabras que “a los humanos no se nos permite expresar” (2 Co 12.4). La fecha de las revelaciones fue “hace catorce años” (2 Co 12.2). Si recordamos, se cree que 2 Corintios fue escrita en el año 55 d.C., esto quiere decir que Pablo ser refería al 41 d.C., que posiblemente fue una década después de la conversión de Pablo y antes de que iniciara su primer viaje misionero (que está fechado en el 47 d.C.). Ahora podemos entender mejor una parte de la fuerza interior y la motivación que Pablo sentía para llevar a cabo todo el trabajo que hizo: ¡vio el paraíso antes de tiempo! Sabía lo que le esperaba a los que creyeran en Jesús y murieran fieles en esa fe.
  5. En 2 Corintios 12.7-10, Pablo afirmó que debido a la grandeza de las revelaciones que tuvo, “una espina me fue clavada en el cuerpo, es decir, un mensajero de Satanás, para que me atormentara.” (2 Co 12.7), “me fue dado un aguijón a mi carne, un ángel de Satanás que me abofetea para que no me engría.” (BJL),  “Por eso, para que no me llene de orgullo, padezco de algo muy grave. Es como si Satanás me clavara una espina en el cuerpo para hacerme sufrir.” (TLA). ¿A qué se refería exactamente Pablo? La interpretación de este versículo ha generado muchas especulaciones a través de siglos de cristianismo. De acuerdo con el The New American Commentary: 2 Corinthians, de Broadman & Holman Publishers, la palabra griega para “espina” es skolops, que solo aparece en este versículo en todo el NT y que transmite la noción de algo filoso que causaba un gran dolor. La expresión “a mi carne” se puede referir a que era un problema que afectaba a su cuerpo físico. Posiblemente incluso esta fue la causa de que criticaran a Pablo al inicio de su ministerio en Corinto como alguien débil y que no intimidaba, él mismo dijo que se presentó débil y temblando de miedo. También en Gálatas 4.13-14, Pablo afirmó que la razón por la que predicó el evangelio en Galacia fue por una enfermedad. Hay otros intérpretes que van demasiado lejos afirmando que se trataba de un mal psicológico o incluso de algún hijo perdido de Pablo, pero las evidencias textuales apuntan más hacia un problema físico. Y aunque el mismo Pablo reconoció que le había pedido varias veces a Dios que le quitara ese dolor, Él se había negado diciéndole, “«Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad.»” (2 Co 12.9). Dios consideró que ese malestar le ayudaría a Pablo a recordar su fragilidad como ser humano, a pesar de las revelaciones tan grandes que recibió, y eso le ayudaría a combatir su orgullo personal. La lección que aprendió de todo esto la resume en el versículo 10 del capítulo 12: “Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” Era en la debilidad humana donde Pablo encontraba su máxima fortaleza, porque era cuando dependía más de Dios y no de sus talentos y sus dones.
Para terminar la carta de 2 Corintios, Pablo se enfocó en exponer la verdadera condición espiritual de la iglesia allá y además dejar algunas advertencias bien claras para ellos:
  1. Pablo tenía temor de que en esa tercera visita (2 Co 12.14) que pensaba hacer, encontraría a la iglesia en un estado espiritual muy malo, con mucha gente practicando pecados de su pasado (impureza, inmoralidad sexual, chismes, rivalidades, enojos, peleas, insultos y alborotos), por todo lo cual Pablo lloraría y se sentiría humillado delante de Dios (2 Co 12.21). ¿Por qué humillado? Pues porque él amaba mucho a la iglesia de Corinto y expresaba que eran su alegría y su orgullo, pero ante tanta maldad dentro de la misma, sería como quedarle mal a Dios con respecto a todo lo que exaltaba de ellos. Definitivamente Pablo no era indiferente a la situación espiritual de la iglesia.
  2. Pablo les advirtió que en esa visita, no sería indulgente con ninguno de los que andaban viviendo en esos pecados, sino que aplicaría disciplina y pondría orden en la iglesia (2 Co 13.2). Se mostraría ante ellos con poder, aunque lo acusaran de débil.
  3. Pablo los exhortó a que mejor se auto-examinaran, “Examínense para ver si están en la fe; pruébense a sí mismos.” (2 Co 13.5). Esperaba que como resultado de ese ejercicio espiritual, los corintios se arrepintieran y así cuando Pablo fuera, no tuviera que ser severo al ejercer su autoridad (2 Co 13.10), que definitivamente como apóstol de Jesucristo claro que sí tenía. Hasta el último momento confiaba en sus corazones, que entenderían y cambiarían el rumbo de sus vidas. Realmente su amor por ellos lo impulsaba a creer en ellos. Incluso les dijo, “busquen su restauración, hagan caso de mi exhortación” (2 Co 13.11). Esa era su esperanza, que ellos le harían caso.

Ahora, vale la pena mencionar algunas otras reflexiones teológicas sobre nuestra lectura de este día:

  1. Los “falsos apóstoles” (2 Co 11.13-15). En este pasaje, Pablo mencionó que los falsos apóstoles de la época no eran más que servidores de Satanás y que de acuerdo con la naturaleza misma del diablo, ellos también se disfrazaban de ángeles de luz, pero en realidad eran estafadores. Podría incluso estarse refiriendo a cristianos en Corinto que habían perdido el rumbo de su fe y que ahora se dedicaban a tratar de engañar a los demás cristianos. Automáticamente por eso se convertían en servidores de Satanás, no porque fueran satánicos e hicieran misas negras o cosas por el estilo, sino porque servían a los propósitos del diablo que eran sembrar confusión, duda, y desconfianza hacia la verdad. Incluso por lo que dice 2 Co 11.22, se trataba de judíos que se habían convertido al cristianismo (¿posiblemente judaizantes?).
  2. Pablo aseguró que las “marcas distintivas de un apóstol” eran 3: señales, prodigios y milagros (2 Co 12.12). Aunque en el mundo de las denominaciones modernas del cristianismo hay personas que se autonombran “apóstoles”, difícilmente podrían reunir esos 3 requisitos bíblicos, como los verdaderos apóstoles de Cristo las tenían.
  3. En 2 Corintios 12.18 Pablo dijo sobre su compañero Tito, “Le rogué a Tito que fuera a verlos y con él envié al hermano. ¿Acaso se aprovechó Tito de ustedes? ¿No procedimos los dos con el mismo espíritu y seguimos el mismo camino?” Esto nos muestra que los colaboradores de Pablo trabajaban hacia el mismo rumbo y tenían las mismas intenciones. Cuando alguna iglesia recibía a Timoteo o a Tito o a algún otro de los colaboradores cercanos a Pablo, no sentían diferencia alguna acerca de la forma y los medios que usaban para dirigirlos a Dios. Esto nos habla también del excelente entrenamiento que Pablo llevó a cabo con sus discípulos personales, creando con la ayuda de Dios verdaderas réplicas de él mismo para continuar con su misión.

Finalmente, retomamos nuestra lectura de Hechos, en Hechos 20.7-12, cuando nos encontramos a la mitad del tercer viaje misionero (52-56 d.C.). Venía procedente de Macedonia y llegó a la ciudad de Troas, donde estuvo una semana. El relato de Hechos nos cuenta cómo durante una larga predicación de Pablo que duró hasta la medianoche, un cristiano se cayó de una ventana porque se quedó dormido y se murió. Pero Pablo “se echó sobre el joven” (Hch 20.10) y entonces el joven vivió. Su clase continuó hasta el amanecer y después se fue. Así que a pesar del accidente que sucedió, todo salió bien gracias al poder de Dios.

Conclusiones:

  1. Como cristianos nunca será sano alardear de cuánto sabemos o cuánta experiencia tenemos en tal o cual área, sino mejor hablar de cuánto amor hemos demostrado al pueblo de Dios a través de los años. El amor siempre gana al conocimiento, la experiencia, los talentos, las habilidades y cualquier otro don.
  2. Imitemos a Pablo, que aún cuando fue forzado a tener que listar sus múltiples sufrimientos por Cristo, lo hizo con humildad y manteniendo la perspectiva de lo pequeño que era él comparado con la grandeza y el amor de Cristo.
  3. Inspirémonos con pensar en el paraíso que nos espera si nos mantenemos fieles hasta la muerte en nuestra fe en Jesús. Pablo lo vio al inicio de su ministerio y con eso tuvo para motivarse para la tremenda labor de 3 viajes misioneros y múltiples iglesias sembradas por todo el mundo conocido en su tiempo.
  4. Aceptemos las dificultades en la salud y aprendamos el lado bueno de ellas, ya que siempre nos llevarán a reconocer nuestra condición frágil de seres humanos y por lo tanto, si las tomamos de forma espiritual, a depender más y más de Dios. Así, enmedio de nuestra peor debilidad humana expresada en la más cruel de las enfermedades, podremos aprender a ser más fuertes que nunca. ¿Fuerte enmedio del sufrimiento? ¿Enfermedad que nos lleva a ser más fuertes? Solo con Dios es posible.
  5. Examinémonos continuamente en nuestra fe, no andemos por la vida cristiana de forma irresponsable y apática. De todas formas Dios nos examinará un día en el juicio final, ¡mejor hagámoslo nosotros aquí en esta vida!, para que hagamos los cambios correspondientes.
  6. Aprendaos del corazón de Pablo hacia la iglesia, que la amaba tanto y que cuando ésta estaba mal, a él también le afectaba y hacía algo al respecto. ¿Qué tal nosotros? ¿Nos limitamos a señalar las fallas y las debilidades de la iglesia o tenemos el amor suficiente como para hacer eso pero también para buscar la manera de contribuir a las soluciones?

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