Día 409

1 CORINTIOS 4.1-7.40.

Después de un profundo discurso sobre la sabiduría de Dios y la sabiduría humana, Pablo continúa en el desarrollo de su carta ahora con una serie de temas diversos: la adecuada resolución de conflictos entre creyentes, un caso de disciplina en la iglesia, problemas entre Pablo y los hermanos de Corinto, y diversos consejos matrimoniales sobre asuntos que los corintios enfrentaban.
Los 4 capítulos que estudiaremos hoy están organizados por temas, así que estudiémoslos de esa manera. El capítulo 4 trata enteramente con la relación entre el apóstol Pablo y los discípulos de la iglesia de Corinto. Veamos algunos aspectos relevantes:
  1. La seguridad personal de Pablo (1 Co 4.1-5). Pablo les dejó bien claros cómo debían considerar los discípulos a los apóstoles: “servidores de Cristo, encargados de administrar los misterios de Dios” (1 Co 4.1). El liderazgo en la iglesia cristiana no es un asunto de títulos, puestos y jerarquías; sino de servicio. A Pablo no consideraba correcto que por ostentar la función de “apóstol”, se le considerara como el jefe de todos, sino más bien como un siervo. Por otro lado, también en el texto encontramos evidencias de la seguridad personal que Pablo tenía en cuanto a su llamado: “3 Por mi parte, muy poco me preocupa que me juzguen ustedes o cualquier tribunal humano; es más, ni siquiera me juzgo a mí mismo. 4 Porque aunque la conciencia no me remuerde, no por eso quedo absuelto; el que me juzga es el Señor.” (1 Co 4.3-4). Pablo no luchaba con inseguridades personales que lo llevaran a ser un agradador de las personas, ¡para nada! Más bien, él sabía que rendiría cuentas a Dios y que Jesús mismo lo había llamado, así que no le preocupaba la opinión de los hombres. De hecho, llamó a la iglesia de Corinto a no juzgar “antes de tiempo” (1 Co 4.5), es decir, de forma precipitada y superficial. Más bien les animó a que confiaran en Jesús que es el único que puede juzgar los motivos ya que puede sacar lo oculto en la oscuridad y exponer las verdaderas intenciones de cada corazón (1 Co 4.5). Sería en el juicio final a donde “cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda.” ( 1 Co 4.5), es decir, por más que en esta vida nos exaltemos a nosotros mismos, será Dios quien levantará y reconocerá a cada uno de sus servidores de forma justa. Todas estas características nos hablan de la profunda seguridad personal de Pablo y nos dejan el modelo para ser líderes seguros de nosotros mismos y de nuestro llamado en el reino de Dios: no buscar títulos o posiciones sino roles de servicio, no depender de las opiniones de otras personas sino de una conciencia tranquila delante de Dios, mostrar confianza en el juicio de Cristo sobre las intenciones humanas en situaciones donde debemos juzgar asuntos, y no ocuparse en auto-exaltarse ya que será Dios quien lo haga conforme corresponda. Tan cierto es que estos principios descritos por Pablo son extensivos para todo servidor de Cristo en todas las generaciones que él escribió: “Hermanos, todo esto lo he aplicado a Apolos y a mí mismo para beneficio de ustedes, con el fin de que aprendan de nosotros aquello de «no ir más allá de lo que está escrito».” (1 Co 4.6). Así que sigamos los lineamientos bíblicos para el servicio a Cristo y no nuestras tendencias humanas pecaminosas, para no contaminar nuestro trabajo para Dios con corrupción de malos motivos y problemas de inseguridad.
  2. El destino de los apóstoles de Cristo (1 Co 4.8-13). En este pasaje, Pablo hace un resumen de lo que había aprendido en carne propia que implicaba el llamado de ser un apóstol de Jesucristo: desprecio de los demás, carencias de las necesidades básicas, persecución y maltrato, tener que trabajar duro para mantenerse y seguir con el trabajo para Dios, tener que soportar agresiones pero responder con amabilidad, ser considerados por muchos como escoria y basura del mundo. Es decir, nos recuerda completamente a lo que Jesús mismo habló sobre Saulo antes que se convirtiera: “Yo le mostraré cuánto tendrá que padecer por mi nombre.” (Hch 9.16). Ciertamente Pablo estaba aprendiendo en el camino que aquellas palabras de Jesús se estaban haciendo realidad. Aunque ser un apóstol de Cristo era un verdadero privilegio, también involucraba bastante sufrimiento.
  3. La reprensión a los corintios (1 Co 4.14-21). A través de todo este discurso, Pablo estaba tratando de “amonestarlos, como hijos míos amados” (1 Co 4.14). El apóstol buscaba que los corintios entraran en razón sobre cómo estaban tratándolo y recordaran que Pablo, aunque no buscaba títulos ni reconocimientos humanos ni dependía de las opiniones de nadie, finalmente sí era “el padre que los engendró en Cristo Jesús” (1 Co 4.15), ya que él les predicó el evangelio al inicio. Por eso mismo Pablo tenía la autoridad para: a) llamarlos a seguir su ejemplo (1 Co 4.16), b) recibir bien a su enviado Timoteo (1 Co 4.17), c) enfrentar a los “presumidos” que estaban hablando mal de él (1 Co 4.19), d) llegar incluso al extremo de usar el “látigo” (1 Co 4.21) si no se arrepentían (esto en sentido metafórico para referirse a utilizar su autoridad como apóstol para disciplinar a algunas personas conflictivas). Todo lo que había hecho Pablo por los corintios era por amor, y un amor de padre espiritual a sus hijos. Pero también tenía la fuerza para hablar con autoridad y tratar con quien fuera. Un comentario importante aquí, ¿que Pablo dijera que él era el “padre” en la fe de los corintios representa una contradicción a lo que dijo Jesús en Mateo 23.9 (“Y no llamen “padre” a nadie en la tierra, porque ustedes tienen un solo Padre, y él está en el cielo.”, DHH-LA)? No, debido al contexto de lo que Jesús estaba enseñando en aquella ocasión (contra la arrogancia de los religiosos judíos que buscaban todo el tiempo cómo auto-exaltarse y que los demás también los exaltaran). Pablo en ninguna manera habla en ese sentido en 1 Corintios, sino más bien utiliza la imagen de un padre y sus hijos como analogía de la relación tan profunda que en realidad él tenía con los cristianos de Corinto. De hecho, cuando personas contribuyen fuertemente para llevar a la fe en Cristo a otros, se puede decir sin problema que son sus “padres” en la fe.
En el capítulo 5 encontramos diversas instrucciones sobre cómo aplicar lo que se conoce como “disciplina en la iglesia”, que aunque no es un tema popular entre las denominaciones cristianas actuales, el Nuevo Testamento sí lo contempla:
  1. El problema que había en Corinto (1 Co 5.1-2, 6-8). De acuerdo con el apóstol Pablo había dos situaciones delicadas en la iglesia: a) un creyente que vivía con la esposa de su padre como si fuera su esposa (1 Co 5.1), b) los discípulos de Corinto lo toleraban y se sentían orgullosos de ello (1 Co 5.2). Estamos hablando de un caso de inmoralidad sexual muy grave, “que ni siquiera entre los paganos se tolera” (1 Co 5.1), realmente era un caso extremo y toda la iglesia de Corinto se había dado cuenta del asunto. Pero el problema más fuerte no era tanto que un cristiano de una comunidad se hubiera entregado al pecado de la inmoralidad sexual y de forma tan escandalosa, sino más bien la actitud que los discípulos de Corinto habían asumido ante la situación. Pablo esperaba claramente que ellos se hubieran lamentado mucho lo sucedido y que expulsaran de la confraternidad a ese cristiano (1 Co 5.2), pero en lugar de eso lo toleraron y no hicieron nada. ¿Por qué? La clave para comprender la situación está en el v. 2, “¡Y de esto se sienten orgullosos!” o “vosotros estáis engreídos” (BTX) o “¡ustedes andan tan hinchados!” (BTX). De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarsity Press, esos cristianos estaban presumiendo de su libertad espiritual y posiblemente también de la “gracia” que mostraban al pecador. Como dice el Holman New Testament Commentary: I & II Corinthians, de Broadman & Holman Publishers, los corintios “se enorgullecían de su disposición de aceptar al hombre inmoral que no se había arrepentido. Al enorgullecerse de semejante situación pecaminosa, expusieron el error de su orgullo.” Como podemos observar, los cristianos podemos caer en el extremo de ser muy legalistas como los fariseos (que es pecaminoso), pero también en el engaño de mostrar “mucha gracia” a quienes no toman en serio la cruz de Jesús y quieren estilos de vida pecaminosos al mismo tiempo que pertenecer a la familia de Dios.
  2. La disciplina de la expulsión de la confraternidad (1 Co 5.3-5, 9-13). Ante la gravedad de la situación, Pablo dio una orden inapelable: “entreguen a este hombre a Satanás para destrucción de su naturaleza pecaminosa a fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor.” (1 Co 5.5). Eso es exactamente a lo que él se refería cuando les dijo “¿No debieran, más bien, haber… expulsado de entre ustedes al que hizo tal cosa?” (1 Co 5.2). Nuevamente el IVP Bible Background Commentary: New Testament, nos proporciona información muy útil sobre el contexto de esta medida, que proviene del funcionamiento de la sinagoga judía. Las sinagogas disciplinaban  a aquellos de sus miembros que llevaban vidas inmorales y que ponían en riesgo a toda la comunidad judía de la localidad de sufrir rechazo y ataques de parte de los gentiles. Esta disciplina podía incluir desde castigo corporal hasta la más extrema, la expulsión de la comunidad judía. Esta última medida era lo equivalente a una sentencia de muerte, ejecutada por Dios, pero era reversible si la persona se lograba arrepentir. En el Antiguo Testamento este tipo de pecado se castigaba con la muerte (Levítico 20.11). Por otro lado, debido al carácter público del pecado en cuestión (y que había manchado a toda la iglesia de Corinto), Pablo ordenó también que se desconfraternizara a dicha persona también de forma pública (1 Co 5.4). Finalmente, Pablo ordenó también “que no deben relacionarse con nadie que, llamándose hermano, sea…” (1 Co 5.11) o “no deben tener amistad con los que dicen que son cristianos pero, en realidad, son unos malvados.” (TLA), y viene a continuación una lista a los cuales la persona “se entrega” (NTV): inmoralidad sexual, avaricia, idolatría, maldecir o insultar, borrachos, estafadores. Este tipo de acciones, por más duras que nos parezcan, eran además parte del deber de la iglesia de Cristo: “¿No son ustedes los que deben juzgar a los de adentro? 13 Dios juzgará a los de afuera. «Expulsen al malvado de entre ustedes.»” (1 Co 5.12-13). Pablo dejó bien claro que no podemos hacer nada respecto a los no creyentes que practican multitud de pecados, será Dios quien los juzgue, pero sí podemos hacer mucho con respecto a los que se hacen llamar cristianos pero su estilo de vida refleja lo contrario. La iglesia tiene derecho de juzgar a sus miembros y de exigir vidas íntegras y congruentes con el llamado de Jesús.
  3. ¿Qué significa “entreguen a este hombre a Satanás”? (1 Co 5.5). El Nuevo Testamento menciona otros pasajes con un sentido similar como  “algunos han naufragado en la fe. 20 Entre ellos están Himeneo y Alejandro, a quienes he entregado a Satanás para que aprendan a no blasfemar.” (1 Ti 1.19-20).  En Efesios 2.2 Pablo dijo también, hablando de cómo era la vida sin Dios antes de la conversión de los efesios: “en los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo. Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia.” De acuerdo a la Biblia, el diablo gobierna sobre las personas que andan en las tinieblas ya que viven en la desobediencia. Entonces entregar a Satanás a un creyente mediante la disciplina de la expulsión es removerle toda la protección espiritual que brinda el ser parte de la confraternidad cristiana para abrir las puertas a que el diablo nuevamente vuelva a controlar la vida de la persona. Así que como vemos, la disciplina de la expulsión no es una cosa ligera, hay graves consecuencias. Ahora, ¿cuál es el objetivo de esto? Pablo también dijo, “para destrucción de su naturaleza pecaminosa a fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor.” (1 Co 5.5).  Esto significa dos cosas: a) que Satanás tendrá permiso de Dios para afectar a la persona disciplinada a través de pruebas y dificultades en la vida para debilitarlos en cualquier área (como sucedió en el caso de Job), b) que a través del sufrimiento la persona logre arrepentirse y se salve en el día del juicio final, regresando a sus sentidos espirituales antes de que aquello suceda y se reintegre a la vida a la que Dios le llamó inicialmente.
El capítulo 6 de 1 Corintios trata con el asunto de los pleitos entre creyentes y también con el pecado de la inmoralidad sexual. Veamos los aspectos más relevantes:
  1. Había otro problema fuerte en la iglesia de Corinto, en este caso de relaciones humanas. Algunos creyentes que tenían un desacuerdo con otros creyentes habían llevado sus problemas hasta el extremo de demandarse ante jueces seculares y tratarse como enemigos (1 Co 6.1). De acuerdo con el A Commentary on the Holy Scriptures: 1 Corinthians, de Logos Bible Software, normalmente los problemas legales que se daban en el mundo romano tenían que ver con negocios, dinero y posesiones. Es muy posible que los cristianos en Corinto estuvieran teniendo problemas de relaciones con otros cristianos debido a negocios mal manejados, deudas económicas o problemas con posesiones materiales.
  2. Pablo reprobó completamente la decisión de varios de esos creyentes de ir a las cortes de los “inconversos” (1 Co 6.1). Más bien aclaró que cuando hay problemas de esa naturaleza en la iglesia, la primera instancia para ayudar a resolverlos se encuentra dentro de la misma confraternidad con hermanos sabios y capaces de juzgar pleitos entre creyentes (1 Co 6.5). Aqui podemos ver una aplicación directa de Mateo 18.15-17, cuando Jesús ordenó que cuando un creyente pecara contra otro, se siguieran una serie de pasos para tratar de resolver el problema pero siempre con la ayuda espiritual ofrecida en la iglesia como punto principal.
  3. Pablo consideró que el hecho que hubiera pleitos entre creyentes ya era “una grave falla” (1 Co 6.7) en la iglesia de Corinto. Además denunció cuál era el problema principal que había generado que algunos llegaran hasta las cortes legales romanas: ¡se defraudaban unos a otros! (1 Co 6.8). Posiblemente abusando de la confianza que se genera en la familia espiritual que es la iglesia cristiana, algunas personas se habían aprovechado para hacer negocios fraudulentos con recursos de otros creyentes y quedarles mal al final. Por eso el apóstol incluyó aquí una de las famosas “listas de pecados” del Nuevo Testamento (1 Co 6.9-10), que dentro de otras cosas (inmoralidades sexuales, idolatría, borrachos), incluyen la avaricia, el robo, y la estafa. El destino de esas personas quedaba claro cuando dijo, ” ¿No saben que los malvados no heredarán el reino de Dios?” (1 Co 6.9). Incluso les dijo, “¡No se dejen engañar!” El apóstol quería que los corintios comprendieran que si no se arrepentían aquellos que vivían de esta manera, no entrarían en el reino de Dios (es decir, no se salvarían). El hecho de se llamaran cristianos y fueran reconocidos como miembros de la iglesia de Corinto no significaba “una vez salvo, siempre salvo” (como algunas denominaciones cristianas afirman), sino debían poner atención en cuidar su salvación y mantenerse fieles a la palabra de Dios. Pensar que sin importar cómo vivimos, Dios está obligado a salvarnos solo porque un día aceptamos la fe, ¡es auto-engañarse!
  4. Aprovechando el tema de diversos pecados, Pablo desarrolló más a fondo el problema de la inmoralidad sexual en la vida de las personas (1 Co 6.12-20), enseñando lo siguiente:
  5. Los cristianos estamos llamados a honrar al Señor con nuestro cuerpo. Esto implica que necesitamos aprender dominio propio y no vivir en el libertinaje (que razona “Todo me está permitido” pero de forma irresponsable). El pecado de la inmoralidad sexual no está permitido para un cristiano, aunque el cuerpo humano funcione sexualmente. Dios diseñó el sexo exclusivamente para el matrimonio. De hecho, Pablo utilizó la frase popular “«Los alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos»” (1 Co 6.13), que de acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, refleja la típica mentalidad griega de creer que el sexo era para el cuerpo y el cuerpo para el sexo. El cristiano no puede seguir la corriente del mundo que especialmente en el sentido moral, siempre está muchos pasos atrás del estándar que la Biblia nos pide. Recordemos además que especialmente en Corinto, los discípulos estaban expuestos a fuertes tentaciones e influencias culturales en cuanto a la sexualidad, debido a los cultos paganos que eran muy populares en esa ciudad. Por eso mismo el tema de la inmoralidad sexual era importante para los cristianos ahí.
  6. Además, el gran problema con el pecado de la inmoralidad sexual es “¿Tomaré acaso los miembros de Cristo para unirlos con una prostituta? ¡Jamás! 16 ¿No saben que el que se une a una prostituta se hace un solo cuerpo con ella?” (1 Co 6.15-16), y “Todos los demás pecados que una persona comete quedan fuera de su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales peca contra su propio cuerpo.” (1 Co 6.18). Dos grandes lecciones aquí: A) Si un creyente se une en relaciones sexuales con una persona que no sea su esposa (como una prostituta por ejemplo), es como si uniera un parte de Cristo con ella y eso es inaceptable. B) Aunque la mentalidad griega afirmaba que el sexo no afectaba al cuerpo en lo más mínimo, Pablo afirmó lo contrario, que el pecado de la inmoralidad sexual va directamente contra el cuerpo. Debido a que el Espíritu Santo ahora reside en el creyente (1 Co 6.19), nos convertimos en templos del Espíritu, y por lo tanto si nos involucramos en pecados sexuales, estamos involucrando al cuerpo con el Espíritu Santo que Dios nos dió. Tan grave es la inmoralidad sexual a los ojos de Dios, que Pablo ordenó “Huyan de la inmoralidad sexual.” (1 Co 6.18), es decir, no es un pecado con el que podemos quedarnos a jugar y salir ilesos, siempre tendrá consecuencias fuertes. Hay también algunos especialistas (click para ver detalles) que han demostrado que la actividad sexual ilícita puede generar un problema de adicción similar al de las drogas o el alcohol, con lo que se convierte en un problema de salud fuerte y afecta a la mente y al cuerpo directamente, demostrando lo que dijo el apóstol Pablo.
Finalmente, el capítulo 7 trata con varias situaciones relacionadas a la vida matrimonial de los creyentes. Veamos algunos aspectos relevantes:
  1. El matrimonio genera un deber conyugal de tipo sexual, donde tanto el esposo como la esposa tienen responsabilidades y deben cumplirlas, porque es parte del diseño de Dios para el matrimonio (1 Co 7.3). De hecho, Pablo afirma que una vez casándose, el hombre pertenece a su mujer y viceversa, con lo cual no deben negarse el uno al otro, con la única excepción de algún tipo de ayuno espiritual para dedicarse a la oración (1 Co 7.5), pero que no debería ser muy tardado, porque Satanás estaría al acecho para tentarlos. El egoísmo no tiene lugar en un matrimonio agradable a Dios y es importante que ambas partes comprendan esto incluso antes de casarse, para evitar problemas futuros.
  2. Pablo expresó reiteradamente su recomendación personal mas no un nuevo mandamiento cuando dijo, “7 En realidad, preferiría que todos fueran como yo… 8 A los solteros y a las viudas les digo que sería mejor que se quedaran como yo… 32 Yo preferiría que estuvieran libres de preocupaciones… 40 En mi opinión, ella será más feliz si no se casa, y creo que yo también tengo el Espíritu de Dios.” (1 Co 7.7-40). ¿Por qué decía esto? La clave está en 1 Corintios 7.29-31, cuando dijo, “Lo que quiero decir, hermanos, es que nos queda poco tiempo.” (1 Co 7.29). También dijo, “vivan con decoro y plenamente dedicados al Señor.” (1 Co 7.35). Lo que Pablo quería es que el matrimonio y la familia no se convirtiera en una distracción para que los discípulos en Corinto llevaran una vida dedicada a Dios y estuvieran listos para el regreso de Jesús, que podía ser en cualquier momento. Sin embargo, nunca los obligó a aceptar su posición personal sobre el matrimonio, más bien los animó a casarse (1 Co 7.9). Más bien, los llamó a vivir alertas espiritualmente hablando y no dejarse consumir por las obligaciones familiares al punto de descuidar su relación personal con Jesús.
  3. El divorcio no es para los creyentes (1 Co 7.10-11). Aclarando que este mandato venía del Señor y no de él, Pablo pidió a los casados que no se separaran bajo ninguna circunstancia, pero que si lo hacían, que no se divorciaran, sino que procuraran reconciliarse. En el Antiguo Testamento encontramos qué pensaba Dios del divorcio cuando le dijo a Israel, ““¡Cuiden, pues, de su propio espíritu, y no sean infieles; pues yo aborrezco al que se divorcia de su esposa y se mancha cometiendo esa maldad!”” (Mal 2.16). Podemos ver que en el Nuevo Testamento Dios continuó rechazando el divorcio como solución a los problemas maritales. Recordemos también que el único caso en que Jesús permite el divorcio y el recasamiento es cuando hay infidelidad conyugal (Mateo 19.9).
  4. Pablo también habló de los casos de matrimonios mixtos (1 Corintios 7.12-16), es decir, creyentes con pareja no creyente. ¿Qué hacer en este caso? El consejo directo es que la parte creyente no debe buscar divorciarse de la parte no creyente (y menos bajo el pretexto de la fe que profesaba). Sin embargo, si la parte no creyente toma la decisión de la separación, entonces la parte creyente libre de esa unión. Ya que “Dios nos ha llamado a vivir en paz” (1 Co 7.15), el creyente casado siempre necesita buscar llevar una vida conyugal en paz y no en conflictos y desacuerdos sin fin. Como podemos ver, el divorcio tampoco es la primera salida que un creyente debe buscar en su relación disfuncional con un no creyente. Más bien, siempre la parte creyente necesita luchar por llevar una relación en paz con su pareja, lo más que pueda y hasta donde pueda, pero esforzándose de forma sincera.
  5. Pablo dijo también lo siguiente en 1 Co 7.14, “Porque el esposo no creyente ha sido santificado por la unión con su esposa, y la esposa no creyente ha sido santificada por la unión con su esposo creyente. Si así no fuera, sus hijos serían impuros, mientras que, de hecho, son santos.” ¿Qué significa esto? ¿Que automáticamente la parte no creyente y los hijos de un creyente son salvos por estar emparentados con él/ella aunque no tengan una fe personal? En realidad no, más bien, como lo afirma el The New Bible Commentary, de Inter-Varsity Press, este pasaje se refiere a la influencia santificadora que la parte creyente ejerce sobre su familia no creyente (incluyendo pareja e hijos). Por causa de la fe de la parte creyente, el resto de la familia se beneficia y toma parte también en las bendiciones que Dios le envía. Sabemos que Jesús llamó a un compromiso personal con él a cada ser humano (Lucas 9.23-26), por lo tanto no se puede utilizar este pasaje para afirmar que los hijos nacidos en un hogar donde el padre o la madre o ambos son cristianos, automáticamente se pueden considerar creyentes y su salvación está asegurada.
  6. Finalmente, otro tema importante que Pablo toca en este pasaje tiene que ver con 1 Corintios 7.39, “La mujer está ligada a su esposo mientras él vive; pero si el esposo muere, ella queda libre para casarse con quien quiera, con tal de que sea en el Señor.”, “es libre para casarse con quien quiera (con tal que sea en el Señor)” (BTX), “con cualquier hombre, con tal de que sea cristiano.” (TLA). El apóstol discute un poco aquí el asunto del recasamiento para ciertos casos (como cuando una persona queda viuda), pero fija una condición: “con tal de que sea en el Señor”. Como podemos observar en las diversas traducciones, él se está refiriendo a que se opone a los matrimonios nuevos mixtos entre creyentes y no creyentes. Esta posición del apóstol es congruente  con el pensamiento general del Antiguo Testamento sobre este tipo de matrimonios (Deuteronomio 7.3, Jueces 3.6, Esdras 9.2). En todo este asunto, Pablo no expresa que este fuera un asunto de opinión personal, sino lo expresa como un mandato. Dios no cambió de parecer bajo el Nuevo Pacto en cuanto a los matrimonios de los creyentes y demandó que se respetara la santidad del mismo comenzando por no mezclar a un miembro del cuerpo de Cristo con un no creyente. Y como el mismo Pablo lo afirma en 1 Co 7.40, él también hablaba inspirado por el Espíritu Santo.

Conclusiones:

  1. Como creyentes en Cristo, necesitamos aprender a encontrar nuestra seguridad personal en Cristo y no en las personas a nuestro alrededor. Si batallamos con problemas como baja auto-estima o inseguridad, necesitamos estudiar más la convicción de hombres como Pablo y las enseñanzas de Jesús al respecto, para que la Palabra de Dios nos proporcione las convicciones que necesitamos para ser seguros en Cristo.
  2. Tengamos cuidado con la “gracia barata” pero también con el legalismo. Más bien necesitamos encontrar el equilibrio y sólo la Palabra de Dios nos lo puede proporcionar. Ante cualquier situación que enfrentemos en nuestra fe, busquemos qué dicen las Escrituras, así adquiriremos una visión sana de la vida y de la devoción a Dios.
  3. El cristianismo moderno necesita practicar la disciplina en la iglesia, aunque no resulte popular entre muchas personas. No podemos evadir este deber bíblico que Dios nos demanda de juzgarnos unos a otros cuando es necesario y por la salud espiritual de toda la congregación. Solo recordemos que todo el propósito de cualquier medida de disciplina es ayudar a que la persona encuentre el arrepentimiento y regrese al camino de donde se extravió.
  4. En casos de pleitos entre creyentes, obedezcamos la Biblia a detalle y busquemos personas espirituales y entendidas que nos puedan ayudar a resolverlo. Cuando asumimos de inmediato una postura de querer demandar ante la ley a otro creyente o grupo de creyentes por asuntos que no se han tratado primero entre cristianos de forma bíblica, estamos revelando también nuestra inmadurez, nuestra falta de espiritualidad y nuestra ignorancia de las Escrituras.
  5. Tengamos temor a Dios y huyamos de la inmoralidad sexual, no abramos puertas para este pecado ni nos prestemos a juegos con otras personas en este sentido. No juguemos con fuego.
  6. El área de la intimidad sexual en un matrimonio es muy importante y necesita ser cubierta, ya que ese fue el diseño divino del matrimonio. Si hay problemas en tu matrimonio en esta área, pide ayuda a hermanos sabios y espirituales, es muy importante que se resuelvan.
  7. Jamás el cristianismo debe aceptar y manejar el divorcio como lo hace el mundo. Más bien, debemos rechazar siempre el divorcio, con excepción de los casos donde las Escrituras lo permiten y siempre haciendo hasta el último esfuerzo por buscar la reconciliación. Dios y el divorcio no son compatibles.
  8. Aunque esta es una doctrina difícil de aceptar por muchas personas, la Biblia completa llama a los solteros creyentes a buscar pareja con otros creyentes. Más adelante hablaremos más a detalle de este tema.

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