Día 318

LAMENTACIONES 3.1 – 5.22.

Continuamos con el estudio del libro de Lamentaciones. Como habíamos mencionado, el libro no solo contiene quejas y lamentos por el sufrimiento de Judá sino que también incluye mensajes de esperanza y de restauración. Otra cosa importante es que también encontraremos varios aspectos sobre el corazón de Dios ante el sufrimiento humano.

A lo largo de los 3 capítulos que estudiamos hoy encontramos diferentes descripciones muy gráficas sobre la situación tan difícil que vivió Jerusalén y todo Judá ante la invasión babilónica. Las imágenes son muy fuertes y nos llevan a imaginarnos las escenas tan terribles que el pueblo de Dios tuvo que experimentar:

  1. La relación con Dios bloqueada. Varios pasajes hacen referencia a esto: “Y a pesar de que lloro y grito, cerró sus oídos a mis oraciones.” (Lm 3.8), “Te escondiste en una nube para que nuestras oraciones no pudieran llegar a ti.” (Lm 3.44) y “Nos desechaste como a basura y como a desperdicio entre las naciones.” (Lm 3.45). No solamente el pueblo experimentó un sufrimiento físico como el hambre y el maltrato, sino que además fue literalmente separado de su relación con Dios y todos sus ruegos y clamores eran bloqueados para que no llegaran a Él. Simplemente se quedaron aislados de Dios y Él no quiso escuchar sus oraciones. ¿Puedes imaginarte que tú o yo fuéramos bloqueados en nuestra relación con Dios por Él mismo? Debe ser una experiencia terrible. Dios consideró que la maldad de su pueblo ameritaba esa lección.
  2. El sufrimiento de los niños. Varios pasajes también hacen énfasis en el sufrimiento que los pequeños experimentaron, como la deshidratación por falta de alimento y agua (la “lengua reseca” de Lamentaciones 4.4), su llanto por comida pero que nadie atendía (mismo versículo), los trabajos forzados a los que fueron sometidos por los babilonios (Lamentaciones 5.13). Como en toda guerra, los que más sufrieron fueron los más vulnerables, como las mujeres, los ancianos y los niños.
  3. Evidencias de canibalismo. Lamentaciones 4.10 dice, “Mujeres de buen corazón han cocinado a sus propios hijos; los comieron para sobrevivir el sitio.” Ésta no es la primera referencia en la Biblia a la práctica del canibalismo con motivos de sobrevivencia, especialmente como consecuencia de un largo sitio a una ciudad. Es posible que nuestras mentes occidentales modernas no puedan alcanzar a asimilar esta situación, pero lo que la Biblia dice sucedió en realidad: hubo mujeres que se comieron a sus hijos pequeños. El historiador Josefo relata en su libro Antigüedades de los Judíos que lo mismo sucedió en el sitio de Jerusalén por los romanos y en su destrucción en el año 70 d.C. El hambre puede llevar a las personas a hacer cosas terribles que jamás se hubieran imaginado.
  4. El cambio notorio del aspecto físico de los sobrevivientes. En los versículos 7 al 8 de Lamentaciones 4 encontramos una comparación entre el aspecto anterior de los príncipes de Judá (“más brillantes que la nieve, más blancos que la leche. Sus rostros eran tan rosados como rubíes”) con el aspecto posterior al sitio (“ahora sus caras son más negras que el carbón; nadie los reconoce en las calles. La piel se les pega a los huesos; está tan seca y dura como la madera.”). Toda la población, desde el más pobre hasta el más rico, sufrieron las mismas consecuencias del hambre y sus aspectos físicos lo reflejaban (como dice Lamentaciones 5.8, “El hambre hizo ennegrecer nuestra piel como si hubiera sido quemada en el horno.”). Si recordamos imágenes del holocausto nazi y de los sobrevivientes a los campos de concentración, podemos imaginarnos también cómo estarían físicamente los sobrevivientes al sitio de Jerusalén.
  5. El estado anímico de los sobrevivientes. Lamentaciones 5.17 dice, “Tenemos el corazón angustiado y cansado, y nuestros ojos se nublan por las lágrimas”, y el mismo autor (presumiblemente Jeremías) dice también de sí mismo, “¡Ríos de lágrimas brotan de mis ojos por la destrucción de mi pueblo!” (Lm 3.48).  Emocionalmente el pueblo de Dios estaba destrozado, físicamente estaban molidos, y espiritualmente estaban en la ruina. ¿Habría forma de que fueran más humillados? El castigo de Dios sobre ellos fue algo espantoso y sus consecuencias alcanzaron todas las áreas de su vida y de sus corazones.

Sin embargo, enmedio de tanto dramatismo descrito por el intenso dolor del pueblo de Judá, también encontramos un mensaje de esperanza y una revelación de varios aspectos del corazón de Dios en cuanto al difícil tema del sufrimiento humano:

  1. Un rayo de esperanza enmedio de la oscuridad. Lamentaciones 3.21 dice, “No obstante, aún me atrevo a tener esperanza cuando recuerdo lo siguiente”, y a partir de ahí el autor comienza a hablar del fiel amor de Dios que nunca termina (Lm 3.22), de la grandeza de su fidelidad y cómo “sus misericordias son nuevas cada mañana” (Lm 3.23), de la bondad de Dios para con quienes dependen de él (Lm 3.24), de las bendiciones que resultan de someterse a su disciplina y no rebelarse (Lm 3.27) y más. ¿Cómo es que el autor encontró algún tipo de esperanza justo a la mitad de tan terrible sufrimiento que estaba contemplando y experimentando en carne propia? Todo comenzó cuando dijo, “recuerdo lo siguiente” (Lm 3.21). Es una realidad que cuando estamos pasando momentos difíciles en nuestra vida lo primero que olvidamos son todas las muestras de amor y de fidelidad que Dios ha tenido para con nosotros y solamente nos enfocamos en lo malo que estamos viviendo. Lo que nos ayudará mucho en esos momentos es recordar, hacer memoria de todas nuestras buenas experiencias en nuestra relación con Dios para de esa forma opacar el impacto negativo que las malas experiencias nos dejan. ¡No permitamos que los problemas y los sufrimientos actuales nublen nuestra memoria de todas las bendiciones que recibimos anteriormente!
  2. La posición de Dios ante el dolor humano. En Lamentaciones 3.31-33 encontramos 3 aspectos clave que nos revelan el corazón de Dios ante el sufrimiento humano: A) Dios “no abandona a nadie para siempre”, es decir, nuestros sufrimientos no serán eternos, siempre hay una salida, siempre hay una forma de encontrar paz después de la tormenta. B) Aunque nos permita pasar por dolores, “también muestra compasión” debido a su “amor inagotable”. Cuando Dios nos permite pasar por sufrimientos, no olvidemos que tendrá lista también sus grandes muestras de compasión esperándonos a la vuelta de la esquina, solo necesitamos ser pacientes y pasar con fortaleza la prueba que tenemos por delante. C) Dios no es un ser sádico con las personas, “él no se complace en herir a la gente o en causarles dolor.” Aunque en esta vida pasaremos sufrimientos de todo tipo nunca nos confundamos en nuestra fe llegando a conclusiones erróneas en cuanto a Dios, como que no nos ama o no le importamos o incluso disfruta nuestro sufrimiento. ¡Nada más alejado de la verdad! La realidad es que Dios sufre junto con la humanidad en sus sufrimientos.
  3. La importancia de los ejercicios de introspección cuando estamos pasando por sufrimientos. Lamentaciones 3.40 nos invita a “probemos y examinemos nuestros caminos y volvamos al SEÑOR.” Dios quiere utilizar los problemas y los sufrimientos que nos permite pasar como una oportunidad para que examinemos nuestros corazones y meditemos en nuestras acciones. Nunca es mala idea aprovechar cualquier sufrimiento para limpiar nuestro corazón, humillarnos ante Dios y volvernos a Él si es que nos hemos desviado en algún área de nuestras vidas.

Finalmente, encontramos también una posible referencia a la autoría de Jeremías de este libro de Lamentaciones. En el los versículos 52 al 66 del capítulo 3 el autor hace referencia a la persecución que sufrió por parte de sus enemigos quienes le decían “nombres repugnantes” (v. 61) y quienes además lo arrojaron a un hoyo que tenía agua y donde sintió que moriría ahogado (v. 54), pero que al clamar a Dios fue rescatado y sobrevivió. ¿A qué nos recuerda esto? Pues precisamente al episodio donde Jeremías es arrojado a una cisterna como castigo por sus mensajes y el etíope Ebed-melec intercedió por él para que lo sacaran de ahí (Jeremías 38.7-13). Una posible referencia a la autoría de Jeremías.

Conclusiones:

  1. Valoremos tanto nuestra relación con Dios recordando los tiempos en que sentíamos que nuestras oraciones (si es que lo hacíamos y en la forma en que lo hiciéramos) no eran escuchadas. ¡Qué terrible experiencia es sentir que entre Dios y nosotros hay una barrera que nos bloquea! Cuidemos nuestra relación con Dios para que nunca termine en un estado de descuido tan grande que tengamos que experimentar de nuevo esa situación.
  2. Entendamos las consecuencias del pecado. Todos los terribles sufrimientos que pasó Judá nos deben recordar cómo el pecado trae graves consecuencias a nuestras vidas y obviamente, mucho sufrimiento. Si hoy estamos permitiendo que el pecado domine nuestro corazón, ¡busquemos a Dios y busquemos arrepentimiento! No esperemos a que sea demasiado tarde y tengamos que sufrir un buen rato como consecuencia de nuestros mismos pecados.
  3. Una de las grandes lecciones de Lamentaciones para todos los creyentes es el comprender que Dios tiene poder para darnos esperanza enmedio de las más terribles tribulaciones que podamos experimentar. Nunca pensemos que las pruebas o los problemas que estamos enfrentando son tan grandes que no hay posibilidad alguna de esperanza. ¡Para Dios eso simplemente no tiene sentido! Él es experto en dar esperanza enmedio de la más terrible oscuridad. ¡Levantemos nuestra fe en este aspecto!
  4. Finalmente, no permitamos jamás que la intensidad del sufrimiento que estamos experimentando tuerza nuestra visión de Dios hacia una perspectiva corrupta y que no es sana. Es en esos momentos cuando más debemos recordar en oración todas las muestras del amor de Dios que hemos recibido en el pasado y no permitir que nuestros pensamientos negativos nos traicionen, evitando así terminar amargados y enojados contra Dios y perdiendo nuestra fe por consecuencia.

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