Día 257

2 REYES 18.1 – 12, 2 CRÓNICAS 29.1 – 2, ISAÍAS 1.21 – 5.30.

Una vez que terminamos de estudiar la caída de Samaria o el reino del norte (Israel), ahora retomaremos el enfoque en el reino del sur o Judá. Así como sucedió en el caso de Samaria, también Dios envió profetas y mensajes para advertir a Judá del desastre que se vendría sobre ellos si no se arrepentían. Terminemos de estudiar entonces lo que sucedió con el reino de Judá.

En 2 Reyes 18 encontramos que mientras el rey Oseas estaba reinando en Israel (el que fuera el último rey del reino del norte), en Judá se levantó Ezequías como rey, ya que era hijo de Acaz. De acuerdo con el versículo 2, su edad era 25 años al iniciar su reinado y gobernó durante 29 años. De acuerdo con el The New American Commentary: 1, 2 Kings, de Broadman & Holman Publishers, los estudiosos fijan la fecha de inicio del reinado de Ezequías en el 715 a.C. y terminó en el 687 a.C. ¿Cómo evalúan las Escrituras el reinado de Zacarías? Los versículos 3 al 6 comentan, “… hizo lo que era agradable a los ojos de Dios, igual que su antepasado David…. quitó los santuarios paganos… derribó los postes dedicados a la diosa Asera… confiaba en el Señor… No hubo nadie como él entre todos los reyes de Judá… Permaneció fiel al Señor en todo…” Y como hemo visto en casos similares anteriores, el versículo 7 registra que Dios estaba con él y le daba éxito en todo lo que hacía.

Pero recordemos quién había sido el padre de Ezequías: ¡Acab! El mismo cuya historia es relatada en 2 Reyes 16 y que fue evaluado como quien “no hizo lo que era agradable a los ojos del Señor su Dios… siguió el ejemplo de los reyes de Israel… sacrificó a su propio hijo en el fuego” (2 R 16.1-4). ¿Qué nos muestra esto? Que si bien el patrón común es que los hijos heredarán las malas prácticas de los padres, ¡no siempre sucede así! Ezequías fue una verdadera excepción. Humanamente hablando no tenía de dónde sacar un buen ejemplo a su alrededor, sin embargo fue completamente distinto a su padre, al grado que la Palabra de Dios afirma que no hubo nadie como él ni antes ni después (2 R 18.5). Resulta interesante preguntarnos por qué Ezequías a sus 25 años de edad decidió no seguir el camino de su padre sino más bien buscar el camino de sus antecesores que fueron fieles a Dios y apuntar directamente hacia el rey David. Por eso su caso es excepcional y digno de ser imitado. La lección: no siempre nuestro entorno nos debe definir, también tenemos la capacidad de decidir el rumbo que nuestra vida tomará, pero no todas las personas lo logran.

Mientras esto sucediía en Judá, y a pesar de la diferencia que Ezequías estaba comenzando a hacer, Dios ya había determinado el destino del reino del sur y utilizó a Isaías para lanzar varios mensajes de advertencia muy serios:

  1. A partir del versículo 21 de Isaías 1, el mensaje inspirado por Dios se enfoca directamente hacia Judá y las comparaciones que hace Dios son muy fuertes: “antes eras tan fiel… antes eras el centro de la justicia y la rectitud… antes eras como la plata pura… antes eras pura…”, y luego viene el triste “pero ahora”: “se ha convertido en una prostituta… está repleta de asesinos… te has vuelto como escoria sin valor… eres como el vino diluido en agua…” Terrible imagen que nos presenta la Biblia de un pueblo que brilló como un ejemplo para las naciones altrededor incluyendo Israel pero que ahora había caído de su posición y se había convertido en una verguenza.
  2. La forma de pensar de Dios con respecto a la disciplina a su pueblo (Isaías 1.24-26). Dios aclara en este pasaje que a pesar de la dureza del castigo que le esperaba a Judá (“Levantaré el puño en tu contra”), el propósito era purificarla de su maldad (“te derretiré para sacarte la escoria y te quitaré todas tus impurezas.”). Dios utiliza la corrección para purificarnos, aunque duela y no sea agradable.
  3. La restauración resultante de la purificación (Isaías 1.27-31). Habría un resultado muy claro que demostraría que Judá realmente había sido piurificada: “será restaurada… Sentirás verguenza de haber rendido culto a los ídolos… Te sonrojarás por haber adorado….” Dios trabajaría a través de la disciplina para purificar a su pueblo y ayudarlo a regresar a la expectativa que Él tenía de ellos.
  4. La lista de cargos contra Judá era larga. VArios pasajes en los capítulos siguientes ejemplifican claramente las razones por las que Dios estaba determinado a castigar a Judá: siguieron las prácticas reliugiosas de pueblos del oriente, incluyendo la práctica del ocultismo (Is 2.6), idolatría descarada (Is 2.8), mucho orgullo y arroigancia (Is 2.11, 3.16), el gusto por el vino y las borracheras (Is 5.8-12). Esto nos recuerda cuando Dios comenzaba a listar también los pecados de Israel, preparando las advertencias contra el castigo. El final para Judá podría ser el mismo si no se arrepentían.
  5. La estrategia de Dios para disciplinar a un pueblo orgulloso (Isaías 3). Una de las primeras acciones de Dios para castigar a Judá y a Jerusalén, su ciudad capital, fue quitarles todo aquello en lo que depositaban su confianza: alimento, agua, fuerza militar, jueces civiles, profetas, artesanos, adivinos y astrólogos. Curioso que se mezclen cargos como “ancianos” o “profetas” con “adivinos” y “astrólogos”, pero eso refleja la realidad que estaba viviendo Judá también: una mezcla religiosa que a Dios no le agradaba. Cuando Dios quiere humillarnos siempre sus primeras acciones serán dirigidas a terminar con aquello en lo que ponemos nuestra confianza en lugar de confiar en Él.
  6. Un mensaje de esperanza (Isaías 4). A pesar de todo lo que sucedería, Dios mantendría viva la esperanza de que un día Judá también sería restaurada y los sobrevivientes a la catástrofe serían purificados por Dios (v. 3- 4) y además Dios mismo proporcionaría refugio y ayuda para ellos. La esperanza no se pierde aún cuando las cosas se vean muy mal, Dios siempre tiene un plan.
  7. Dios sí tiene una expectativa de su pueblo (Isaías 5.1-7). A través de la ilustración de un viñedo y su dueño, Dios quería enseñarle a Judá que Él sí esperaba algo de ellos por todo lo bueno que habían recibido de Él: “… espero una cosecha de uvas dulces, pero las uvas que crecieron eran amargas” (v. 3), “… esperaba una cosecha de justicia… .esperaba encontrar rectitud” (v. 7). Dios siempre espera algo de nosotros, especialmente si hemos sido objeto de sus bendiciones. No creamos que solo estaremos recibiendo y recibiendo y que no debemos cuidar lo que le regresamos a Dios, ¡Él tiene expectativas altas hacia su pueblo! ¿Qué le estas dando tú a Él ahora? ¿Estás viviendo conforme a su expectativa o muy por debajo de ella?
  8. Una profecía sobre el reino de Dios futuro (Isaías 2.1-4). Esta profecía aparece casi idéntica en Miqueas 4.1-3 con la diferencia que ahí se añade “En los últimos días…” (Miq 4.1). Se ha entendido esta profecía como un anuncio del reino que Dios que quedaría establecido en “los últimos días”, y de acuerdo a la interpretación del apóstol Pedro de una profecía contenida en Joel 2.28-32, esos “últimos días” se estaban viviendo justo cuando la iglesia cristiana primitiva inició. Así que bien podríamos interpretar Isaías 2.1-4 como un anuncio profético del futuro pueblo de Dios bajo el Nuevo Pacto, y que tendría las siguientes características: sería más importante que el modelo anterior del pueblo de Dios, sería internacional, la Palabra de Dios sería predicada a partir de Jerusalén y hacia afuera, habría transformación de pueblos enteros a través de ese mensaje predicado. ¿No es así la iglesia cristiana? Valoremos más y más cada vez lo que Dios ha hecho entre los hombres en la iglesia porque desde hace muchos años atrás ya se había dicho cómo funcionaría la misma.

Conclusiones:

  1. Sin importar el contexto cultural, social, familiar y económico en que hayamos crecido, tenemos la llibertad de poder decidir si seguiremos siendo parte de ese contexto o si buscaremos hacer una diferencia para bien, algo radical y completamente distinto. No nos escudemos para nuestras fallas de carácter en nuestro pasado, porque al lado de Dios podemos decidir cuál será nuestro presente.
  2. Una de las imágenes más tristes que podemos tener de una persona es cuando podemos reconocer la transición que ha sufrido, de “antes” haber sido fiel, entregada, comprometida, íntegra, etc., a un “ahora” completamente distinto hacia el otro extremo. Que nunca nosotros tengamos que ser comparados de esa manera.
  3. La disciplina de Dios, bien tomada, purifica nuestras almas. No menospreciemos el poder que tiene mantener una actitud espiritual durante tiempos de correción divina, ¡hay mucho beneficio que nos espera si nos mantenemos fieles!
  4. Tengamos cuidado con reemplazar nuestra confianza en Dios por confianza en cosas de este mundo, como el dinero, o el trabajo, o las amistades o incluso la familia. Si Dios quiere regresar nuestro corazón a Él lo primero que va a hacer es removernos de nuestro alcance las cosas en las que hemos depositado nuestra confianza. ¡Mejor ni juguemos con eso!
  5. Dios si tiene una expectativa de nosotros como su pueblo, no debemos vivir pensando que el deber de Dios es bendecirnos y bendecirnos y nosotros no necesitamos hacer nada más. Mejor pensemos si estamos viviendo de acuerdo a su expectativa.

3 Responses to “Día 257”

  1. citlali gamboa dice:

    Queda claro como Ezequías no siguió enseñanzas de sus antepasados, ni en lo material puso su confianza y aun así tuvo conflictos pero su pueblo lo obedecía. Cada vez hay más movimientos “cristianos” me ha tocado compartir c personas c diferentes denominaciones, pero el desafío es ver como aplicamos la Biblia Isa 1:17 si aceptamos obedecer, cumplir su expectativa q si cuesta o como también se menciona en la última conclusión solo buscamos q Dios bendiga y bendiga. Gracias totales y saludos.

  2. norma de la cruz dice:

    Muchas gracias por la clase!!! algo que aprecio y valoro del corazón de Dios es que nunca nos deja ni caminar mal y ni lejos de él, (poniendo a personas y él mismo), y aunque me duela él hace todo para que yo este bien delante de su mirada, en sus expectativas, gracias, saludos!!!!!

  3. Adriana Casas dice:

    Es cierto, pedimos muchas bendiciones a DIOS, pero qué engañoso es nuestro corazón que después de recibirlas, nos olvidamos de quién nos las dio. Por eso es vital! para nuestra espiritualidad cuidar nuestra relación con ÉL.
    Gracias Arturo por tan profundas relexiones!!!!

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