Día 274

ISAÍAS 21 – 23.

Continuaremos con los diferentes mensajes que el profeta Isaías, por inspiración divina, dejó para diversas ciudades. Esta vez toca el turno a Babilonia, Edom, Arabia, Jerusalén, Sebna (un individuo) y Tiro. También podremos comprender el sufrimiento y el dolor que el rol de profeta incluía, ¡no era nada fácil para quienes recibían ese encargo!

Primero, enfoquémonos en varios pasajes que nos permiten tener una instantánea de los sentimientos del profeta a medida que recibía en visiones los diferentes mensajes que Dios tenía preparados. Los versículos 2 al 4 del capítulo 21 contienen las siguientes frases: “Veo una visión aterradora… Mi estómago me duele y me arde de dolor; me dominan agudas punzadas de angustia, como las de una mujer en parto. Me desmayo cuando oigo lo que Dios se propone hacer: tengo demasiado miedo para mirar. La cabeza me da vueltas y se me acelera el corazón; anhelaba que llegara la noche, pero ahora la oscuridad me da terror.” Isaías se muestra vulnerable en este pasaje y nos permite conocer cómo se estaba sintiendo al recibir revelaciones como “… Desde el desierto se acerca el desastre y te caera encima… ¡Ha caído Babilonia, ha caído!… Hay cadáveres por todas partes… a causa del hambre y de la enfermedad… Las murallas de Jerusalén han sido derribadas…” y más. El versículo 4 del Isaías 22 nos dice también: “Por eso dije:  «Déjenme a solas para llorar; no intenten consolarme. Déjenme llorar por mi pueblo mientras presencio su destrucción».”  Necesitamos comprender que aceptar el encargo de profeta era aceptar también una serie de cargas, angustias, temores y dolores por causa de las visiones y las revelaciones que Dios les daría, especialmente cuando se trataba de visiones de juicio, como en este caso. Hay otros ejemplos en las Escrituras que nos confirman esto:

  1. El profeta Daniel, “Yo, Daniel, me quedé aterrorizado, y muy preocupado por las visiones que pasaban por mi mente.” (Dn 7.15, NVI), y “Aquí termina la visión. Yo, Daniel, me quedé desconcertado por tantas ideas que me pasaban por la mente, a tal grado que palideció mi rostro. Pero preferí mantener todo esto en secreto.»” (Dn 7.28, NVI).
  2. El libertador Moisés, “Tan terrible era este espectáculo que Moisés dijo: «Estoy temblando de miedo.»” (Heb 12.21).
  3. El apóstol Juan, “Y lloraba yo mucho porque no se había encontrado a nadie que fuera digno de abrir el rollo ni de examinar su contenido.” (Ap 5.4, NVI).

Apreciemos más aún el rol que los profetas tuvieron en la historia del pueblo de Dios y la revelación divina a los hombres. Tuvieron que ver de alguna manera el futuro, que muchas veces fue de sufrimiento y dolor para sus compatriotas y para toda la humanidad, y ellos mismos sufrieron también en el proceso. No era nada fácil ser un profeta en tiempos de la revelación divina y aquellos que aceptaban tal encargo sufrían mucho también.

En cuanto a los mensajes para las ciudades y los individuos, podemos decir lo siguiente:

  1. En Isaías 21 hay un mensaje de juicio para Babilonia, cientos de años antes de que ése imperio antiguo invadiera Judea y destruyera Jerusalén, situación que sucedería en el 587 a.C. Antes de que Babilonia pusiera un pie en la tierra prometida, Dios ya la había juzgado.
  2. En Isaías 22 encontramos un mensaje de juicio contra Jerusalén. El panorama que se presenta es desolador: cadáveres regados, las murallas derribadas, los líderes capturados y el pueblo huyendo. Y antes de que ésto sucediera, el profeta nos muestra cómo reaccionaría la población de Jerusalén ante el peligro inminente: hombres de guerra reforzando las defensas (v. 6), otros almacenando agua (v. 9), y más labores de supervivencia. Pero lamentablemente algo que les faltó queda expuesto en el v. 11, “Sin embargo, nunca piden ayuda a Aquél que hizo todo esto. Nunca tuvieron en cuenta a Aquél que lo planificó hace mucho tiempo.” Encontramos entonces una sociedad orgullosa para buscar a Dios y decidiendo mejor depender de sus propios medios para defenderse. Tristemente así como pasó en esa ciudad así sucede hoy con muchas personas que ni siquiera en sus peores momentos deciden buscar a Dios y tomarlo en cuenta en sus vidas. Dios tomó muy en serio la reacción de Jerusalén ya que él “los llamó a llorar y a lamentarse” (v. 12) y recibió por el contrario banquetes, fiestas, excesos y una actitud indiferente y descuidada (v. 13). Por lo tanto su juicio quedó claro: “Hasta el día en que mueran, nunca se les perdonará este pecado” (v. 14).
  3. En Isaías 23 encontramos también un mensaje contra la ciudad de Tiro. Era una ciudad muy reconocida por su comercio internacional y su prosperidad, pero de acuerdo con la profecía, pasaría vergüenzas en el futuro y su ruina generaría tristeza y dolor en otras naciones como Egipto (v. 5). La causa de su destrucción queda clara en los versiculos 8 al 9: “8 ¿Quién hizo caer este desastre sobre Tiro, la gran fundadora de reinos? … 9 El SEÑOR de los Ejércitos Celestiales lo hizo para destruir tu orgullo y dejar por el suelo a toda la nobleza de la tierra.” Dios estaba disciplinando el orgullo y la arrogancia tan grandes de esa ciudad. Es un hecho que hay pecados comunitarios en las ciudades que contaminan a la mayoría de sus habitantes porque ésa es la cultura del momento. Una ciudad puede distinguirse por ser muy orgullosa o muy avariciosa o entregada al placer o cualquier otra cosa; y sus habitantes por lo tanto normalmente estarán afectados por esa cultura pecaminosa de la ciudad en al cual viven. Sería interesante que pensáramos en cuál es el pecado comunitario más evidente que existen en nuestra localidad y meditar sinceramente si estamos siendo afectados de alguna manera.

Dentro de todo este escenario encontramos algunas lecciones muy importantes sobre liderazgo en el pueblo de Dios. En Isaías 22.15-18 encontramos un mensaje de Dios directo contra Sebna, “el administrador del palacio” (Is 22.15), que es acusado de arrogancia ya que estaba muy preocupado por construirse una “hermosa sepultura” (Is 22.16) mientras Jerusalén estaba por ser sometida a juicio. Dios asegura que su final sería muy diferente a como él esperaba (algún tipo de entierro glorioso con mucha honra). En su lugar entraría “Eliaquim, hijo de Hilcías” (Is 22.19) que sería mencionado de nuevo en Isaías 36.3 y que se convertiría en un “padre para el pueblo de Jerusalén y de Judá” (Is 22.21) y sería también reconocido como un siervo de Dios que daría “honor al nombre de su familia… incluso a los miembros más humildes de su familia” (Is 22.23-24). Pero sería precisamente ésta última actitud paternalista de favorecer tanto a los miembros de su familia aprovechando su cargo lo que originaría que Dios dijera, “«Llegará el día en que yo sacaré el clavo que parecía tan firme; saldrá y caerá al suelo y todo lo que sostiene se caerá junto con él. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado!»” (Is 22.15). Como el The New Bible Commentary, de Inter-Varsity Press, dice, sin importar las mejores intenciones que Eliaquim hubiera tenido, Dios nunca deja sin disciplina el abuso de un cargo de autoridad en su pueblo para beneficiar a familiares o amigos de forma inmerecida.

Conclusiones:

  1. Qué diferente escenario nos pinta la Biblia de lo que un auténtico profeta tenía que pasar por causa de su encargo con la forma en la que hoy supuestos “profetas” modernos viven en los medios religiosos caristmáticos y neopentecostales. Si realmente hoy existieran verdaderos profetas que recibieran revelaciones de parte de Dios del futuro que espera a este mundo perdido, ¡estarían en una angustia y sufrimiento terribles de forma constante! Si tener revelaciones de la destrucción de una ciudad por parte de un ejército enemigo causaba tantos sentimientos, ¿cómo sería poder ver con claridad de alguna manera el fin del mundo y el juicio final y tener que vivir con eso el resto de nuestra vida? Definitivamente no es un rol que deseáramos tomar en nuestros días porque se acercan tiempos difíciles para el mundo que en su momento llegarán.
  2. ¿Tenemos el discernimiento espiritual despierto para distinguir claramente cuando Dios espera que lloremos y nos lamentemos por alguna situación? ¿O será que más bien terminamos indiferentes, orgullosos y egoístas? Tengamos cuidado porque Dios siempre está pendiente de nuestra reacción y nuestro corazón ante las circunstancias difíciles que enfrentamos.
  3. ¿Cuál es el pecado cultural de tu comunidad local? ¿O de tu iglesia? Así como hay pecados individuales también hay pecados comunitarios y Dios juzga ambos por igual. Necesitamos estar alerta de esto y no caer en tendencias nacionalistas que incluso llegan a jactarse de pecados locales. Cada uno en nuestra propia nacionalidad, cultura y localidad necesita identificar esto y estar alerta para hacer una verdadera diferencia.
  4. Tengamos cuidado con el paternalismo y el favoritismo, especialmente si ocupamos cargos de responsabilidad en el pueblo de Dios o incluso en las esferas de autoridades civiles o militares. Si para el mundo nunca será bien visto el nepotismo, ¡mucho menos para Dios!

2 Responses to “Día 274”

  1. Monica Loaeza dice:

    Nuevamente te agradezco por el devocional. No habría entendido donde se habla sobre nepotismo sin tu valiosa guía. Por otra parte, aunque había ya pensado en lo duro que era profetizar las visiones de Dios representándolas con sus cuerpos, la verdad no me había detenido a pensar qué fácil es evidenciar la falsedad de los actuales “profetas”, quienes para nada sufren lo que un Daniel o un Isaías tuvieron que vivir.

  2. Lulu tovar dice:

    Gracias Arturo saludos

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