Día 411

1 CORINTIOS 11.2-34.

Después de un estudio profundo sobre la libertad cristiana, Pablo terminó toda esa exhortación diciendo a los corintios: “Imítenme a mí, como yo imito a Cristo.” (1 Co 11.1). Después de ese llamado, el apóstol continuó su carta abordando varios temas que al parecer eran controversiales o conflictivos en la iglesia de Corinto, algunos porque se lo pidieron y otros porque él consideró necesario tratarlos. En los capítulos correspondientes al estudio de hoy analizaremos algunas normas sociales para el culto y un estudio sobre la cena del Señor o la “comunión”.
Iniciemos con el asunto del las normas sociales para el momento del culto cristiano (1 Co 11.2-16). Pablo inició esta sección elogiando a los discípulos de Corinto “porque se acuerdan de mí en todo y retienen las enseñanzas, tal como se las transmití.” (1 Co 11.2). Al parecer, habían sido fieles en recordar las enseñanzas que recibieron de Pablo y en mantenerse en ellas. Sin embargo, había al parecer una controversia sobre un asunto que sucedía en el momento de las reuniones de la iglesia: algunos hombres oraban con la cabeza cubierta y algunas mujeres oraban con la cabeza descubierta. ¿Qué tenía de trascendente este asunto? Debido a la fuerte carga cultural y teológica en este pasaje, debemos analizarlo en varios aspectos:
  1. El orden universal de las cosas (1 Co 11.3, 11-12). Pablo decidió iniciar esta discusión recordándole a los corintios el orden establecido por Dios para todo: Cristo “es cabeza” de los hombres, cada hombre “es cabeza” de su mujer, y Dios “es cabeza” de Cristo. Es decir, todos los creyentes estamos sometidos a Cristo porque él es nuestro Señor. También todas las esposas están sometidas a sus esposos porque el orden establecido por Dios es que el hombre sea el líder en la casa y la mujer la ayuda ideal. Y finalmente, Cristo mismo se sometió a la voluntad de su Padre en todo lo que hizo al venir al mundo. Sin embargo, Pablo también reconoció que “en el Señor, ni la mujer existe aparte del hombre ni el hombre aparte de la mujer.” (1 Co 11.11). Es decir, no se trataba de ver qué sexo era más importante o más fuerte (si los hombres o las mujeres), sino más bien de respetar el orden de la creación hecha por Dios pero al mismo tiempo reconocer que tanto hombres como mujeres son igualmente importantes para Dios y que uno al otro se necesitan para existir y para desarrollarse.
  2. El asunto del hombre “que ora o profetiza con la cabeza cubierta” (1 Co 11.5, 7). De acuerdo al The New Bible Commentary, de Inter-Varsity Press, había una costumbre pagana en que los sacerdotes de algún culto que eran de una clase social más alta se distinguían a sí mismos de los demás elevando oraciones y haciendo sacrificios a sus dioses pero con la cabeza cubierta. Así, es muy posible que lo que sucedía en la iglesia de Corinto es que algunos hombres de clase social alta llevaron esa costumbre pagana a la iglesia y se cubrían la cabeza también al orar y profetizar en las reuniones del culto cristiano, tratando de llamar así la atención de los demás y de distinguirse entre todos. Al hacer esto, esos hombres deshonraban a su verdadera cabeza que era Cristo, ya que en lugar de fomentar la atención hacia Cristo, la distraían hacia ellos. Pablo proporcionó entonces razones teológicas para que el hombre no se cubriera la cabeza (“El hombre no debe cubrirse la cabeza, ya que él es imagen y gloria de Dios”, 1 Co 11.7).
  3. El asunto de la mujer “que ora o profetiza con la cabeza descubierta” (1 Co 11.5-10). En este punto, The Bible Exposition Commentary, de Victor Books, menciona que en las sociedades antiguas (especialmente la oriental) eran muy celosos en cuanto a sus mujeres. A excepción de las prostitutas de los templos, toda mujer usaba el cabello largo y cuando estaba expuesta en público, utilizaban alguna tela para cubrir sus cabezas ya que eso simbolizaba su sumisión a su esposo y su pureza. Las mujeres corintias que se aparecían en las reuniones de la iglesia sin cubrirse la cabeza se ponían a sí mismas en el mismo nivel de las prostitutas rituales, que usaban cabello corto y no se lo cubrían, anunciando así quiénes eran y a qué se dedicaban. De acuerdo también con el The New Bible Commentary, que una mujer casada se rehusara a cubrirse la cabeza en público significaba culturalmente hablando que se rehusaba a reconocer su relación con su esposo, es decir, su condición de mujer casada. Por eso Pablo dijo, “toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta deshonra al que es su cabeza; es como si estuviera rasurada.” (1 Co 11.5). De acuerdo al libro Word Pictures of the New Testament, de Broadman Press, se sabe que en el mundo romano la ley exigía que las mujeres adúlteras fueran rapadas, como señal de su vergüenza. Entonces lo que entendemos aquí es que Pablo estaba tratando con un problema del corazón de las mujeres reflejado en una costumbre social. De hecho, en 1 Co 11.10 Pablo pidió literalmente que la mujer “debe llevar sobre la cabeza señal de autoridad”. Lo que no era bien visto ni siquiera en el mundo,  menos sería bien visto en la iglesia de Cristo y los discípulos tenían la responsabilidad de conservar el orden en las reuniones.
  4. El asunto del cabello corto o largo (1 Co 11.14). Pablo dijo, “No les enseña el mismo orden natural de las cosas que es una vergüenza para el hombre dejarse crecer el cabello, 15 mientras que es una gloria para la mujer llevar cabello largo?” De acuerdo con el The Bible Exposition Commentary, los romanos, los griegos y los judíos (excepto por el caso de los nazareos), seguían la costumbre de utilizar el cabello corto para los hombres y el largo para las mujeres. Bajo ese contexto, si un hombre se dejaba crecer el cabello y se aparecía así a las reuniones de la iglesia, parecería una mujer a la vista y por lo tanto, sería algo vergonzoso. Solo a las figuras de algunos dioses se les representaba con el cabello largo, pero el hombre común lo usaba corto. Así que aquí Pablo estaba tratando con la cuestión de la decencia y la buena imagen debería existir en las reuniones de la iglesia, para no afectar la cultura de la época.
  5. La cuestión de “a causa de los ángeles” (1 Co 11.10). Dentro de los argumentos que Pablo utilizó para ordenar a las mujeres que se cubrieran la cabeza en las reuniones de la iglesia, mencionó “a causa de los ángeles” o “debido a que los ángeles observan” (NTV) o “y también su respeto por los ángeles” (TLA). De acuerdo con el IVP Background Bible Commentary: New Testament, de Inter-Varisity Press, “los ángeles” pueden ser interpretados de varias formas posibles: a) de acuerdo con las interpretaciones judías de Génesis 6.1-3 a tener cuidado con los ángeles que cayeron en lujuria con mujeres humanas, b) los ángeles presentes en las reuniones de la iglesia que se ofenderían por la actitud de esas mujeres. Aunque no podemos asegurar cuál de estas o algún otra es la correcta, sí podemos comprender que la rebeldía de las mujeres en la iglesia a reconocer su condición de casada trascendía al plano del mundo espiritual, no solamente escandalizaba a los seres humanos alrededor de ellas.
La segunda mitad del capítulo 11 trata con algunos problemas que se estaban presentando al momento de celebrar la cena del Señor durante los servicios de culto de la iglesia de Corinto (1 Co 11.17-33). Veamos los detalles:
  1. En el asunto de cómo llevaban a cabo la cena del Señor, Pablo dijo, “no puedo elogiarlos, ya que sus reuniones traen más perjuicio que beneficio.” (1 Co 11.17). Al parecer las reuniones en la iglesia de Corinto habían perdido su propósito y resultaban más perjudiciales para la fe de los creyentes que constructivas. Varios problemas serios estaban sucediendo ahí y Pablo quería poner orden en esto.
  2. El primer problema era que el asuntos de las divisiones que mencionó al inicio de esta carta era más evidente a la hora de las reuniones (1 Co 11.18), es decir, todos se daban cuenta de los grupos que se habían formado y que seguramente se unían y se separaban de los demás durante los servicios de la iglesia. Pablo dijo entonces, “Sin duda, tiene que haber grupos sectarios entre ustedes, para que se demuestre quiénes cuentan con la aprobación de Dios.” (1 Co 11.19). ¿Representa esta frase una aprobación de las divisiones en la iglesia? Pero si fue el mismo apóstol quien dijo “no haya divisiones entre ustedes” (1 Co 1.10). Más bien representa el hecho que cuando hay divisiones se puede distinguir quiénes se han mantenido fieles a las doctrinas apostólicas y quiénes optaron por sus propios caminos del error.
  3. El segundo asunto, posiblemente derivado del primero, se resume en 1 Co 11.21, “porque cada uno se adelanta a comer su propia cena, de manera que unos se quedan con hambre mientras otros se emborrachan.” De acuerdo con el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, de Editorial CLIE, los primeros cristianos celebraban una comida completa después de la comunión o “cena del Señor”, a la cual le llamaban “ágape” (ἀγάπη), que significa “afecto, benevolencia, amor”. Iniciaba normalmente por la tarde y se alargaba hasta la noche. Los cristianos llevaban alimentos en cantidad y calidad que dependían de su capacidad económica, pero estando ahí todos se compartían todo, especialmente ayudando a los más necesitados. El propósito del ágape era reflejar la comunidad ideal de Dios donde no había desigualdades económicas y todos se compartían y se ayudaban mutuamente. El apóstol Pablo denunció que el ágape en la iglesia de Corinto se había desvirtuado ya que, posiblemente debido a las divisiones, algunos llevaban comida solo para ellos y no la compartían (dejando con hambre a los más pobres) y otros hasta se excedían en beber de más sin importar que terminaran borrachos. La acusación del apóstol contra ellos era clara y directa: estaban menospreciando la iglesia de Dios y estaban avergonzando a los más pobres (1 Co 11.22).
  4. Pablo afirmó también que él recibió directamente “del Señor” (1 Co 11.23) la instrucción sobre la celebración de la comunión o la cena del Señor (1 Co 11.23-25). Según Pablo, Jesús mismo le dijo que se celebrara la cena en su memoria. Por eso, cada vez que se toma la comunión, se proclama la muerte de Cristo. Pablo no leyó sobre la comunión en alguno de los evangelios (ni siquiera se habían escrito para el tiempo de esta carta), sino afirma que tuvo una revelación directa de Jesús.
  5. En 1 Corintios 11.27-34, Pablo afirmó que Dios está pendiente de cómo se llevan a cabo las reuniones de la iglesia y especialmente el momento de la cena del Señor. Y precisamente por eso, Dios mismo podía ejercer disciplina contra su iglesia por faltar al respeto a Cristo mismo con sus acciones irresponsables y pecaminosas durante el culto. De hecho Pablo comentó, “Por eso hay entre ustedes muchos débiles y enfermos, e incluso varios han muerto.” (1 Co 11.30). El apóstol estaba afirmando que la iglesia en Corinto estaba sufriendo consecuencias sobrenaturales de sus pecados directamente enviadas por Dios a manera de juicio. No se trataba de las situaciones normales que se viven en las diferentes etapas de la vida y donde a veces hay enfermos en la iglesia o incluso algunos mueren, más bien estamos hablando de un juicio divino. El Dios que disciplinó a Israel y que le quitó la vida a Ananías y Safira seguía siendo el mismo y podía disciplinar también a su pueblo bajo el Nuevo Pacto. Por eso debemos examinarnos antes de tomar la comunión (el pan y el vino), nunca la tomemos de forma ligera e irresponsable.

Conclusiones:

  1. Cuando encontremos pasajes en la Biblia que tienen que ver con la cultura de aquel tiempo, hagamos el esfuerzo por identificar cuál es el principio detrás de la práctica para poderlo traer a nuestros días y encontrar la forma de vivirlo.
  2. Para Dios es importante que en las reuniones de la iglesia exista orden y que se de una buena imagen hacia el mundo. Cuidemos nuestra apariencia física, nuestros modales y nuestra conducta durante los servicios de culto a Dios.
  3. Es importante que entre la iglesia se conserve la masculinidad y la femenidad según cada género, tal como fue el orden de las cosas que Dios definió. Las reuniones de la iglesia necesitan reflejar ese orden.
  4. Tratemos con respeto y reverencia el momento de la comunión. Dios está observndo cómo la tomamos. Para Él significa el momento en que recordamos el sacrificio de su hijo, ¡hagámoslo con el honor que se merece!
  5. Cuidemos siempre de no permitir que las reuniones de la iglesia se desvirtúen y pierdan su sentido espiritual. Es responsabilidad de todos los miembros ssegurarnos que eso no pase.

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