Día 207

SALMOS 35 – 41.

Vamos a pasar directo del Salmo 32 al 35 porque el Salmo 33 tradicionalmente no está considerado como un salmo davídico (aunque la LXX y un rollo del Mar Muerto afirman que sí) y el Salmo 34 ya lo estudiamos junto con 1 Samuel 20 – 21, porque trata de un episodio específico en la vida del rey David que fue narrado en esos pasajes. Veamos algunos puntos relevantes dentro del estudio de este grupo de salmos:

  1. El Salmo 35 habla de un hombre que se esforzó mucho por ayudar a su prójimo cuando estaba en necesidad pero cuando a él mismo le tocó pasar por ahí, de pronto se encontró abandonado y despreciado por ésas mismas personas a quienes él mismo había ayudado antes. Es básicamente el clamor de un hombre que estaba recibiendo mal por bien, como lo asegura entre los versículos 7 – 14, “??7 Yo no les hice ningún mal, pero ellos me tendieron una trampa; no les hice ningún mal, pero cavaron una fosa para atraparme…  12 Me pagan mal por bien y estoy enfermo de  desesperación. 13 Sin embargo, cuando ellos se enfermaban, yo me entristecía; me afligía a mí mismo ayunando por ellos, pero mis oraciones no tenían respuesta. 14 Estaba triste como si fueran mis amigos o mi familia, como si me lamentara por mi propia madre. 15 Pero ahora que yo estoy en dificultades, ellos se ponen contentos; con aires de triunfo se unen en mi contra.” ¿Te has llegado a sentir así en tu iglesia local, que has dado todo por varias personas para no recibir mas que ingratitud y agresiones a cambio? Puede ser. ¿Cómo manejó esto el salmista? En su clamor a Dios decia, “Que sean humillados y avergonzados los que se alegran de mis dificultades; que sean cubiertos de vergüenza y de deshonra los que triunfan sobre mí.” (v. 26). Sus palabras no eran “- yo los voy a humillar y a avergonzar, yo los deshonraré”. Más bien estaba dejando el asunto en manos de Dios para que Él hiciera justicia. Sí le expresaba lo que él quisiera ver como disciplina de Dios, pero finalmente el asunto se lo dejó a Él. Que así sea con nosotros cuando nos encontramos en una situación parecida.
  2. El Salmo 36 presenta una comparación entre las características morales de “los malvados” (v. 1) contra las de Dios mismo (v. 5). ¿Cómo es un “malvado” de acuerdo al salmista? ¿Cómo lo podemos identificar? a) No tienen temor de Dios (v. 1). b) están “ciegos de presunción” sin poder ver sus propias faltas (“Se cree tan digno de alabanzas, que no encuentra odiosa su maldad.”, DHH-LA). c) Su boca sólo habla mentiras (v. 3). d) Están tramando continuamente planes para hacer lo malo (v. 4). A partir del versículo 5 hasta el 9, en comparación con el concepto anterior, el salmista ahora se dedica a exaltar las cualidades de nuestro Dios: a) amor inagotable, b) rectitud poderosa, c) justicia profunda, d) protección increíble, e) fuente de alimentos y subsistencia, f) el origen de la vida y la razón por la que existimos. ¿Por qué el salmista consideró hacer esta comparación? El v. 11 tal vez nos de la respuesta, “No permitas que los orgullosos me pisoteen ni que los malvados me intimiden.” Ante la intimidación que pudo haber sentido por parte de los malvados, el salmista pudo haber perdido su visión de quién era Dios en realidad por sentirse abrumado por la maldad de sus perseguidores. Sin embargo, se mantuvo aferrado a la visión bíblica de Dios y al final fue la que prevaleció. Si nosotros también nos aferramos a Dios a pesar de que la maldad del hombre nos rodee, ¡jamás nos intimidará! Porque en nuestras mentes la visión enorme de Dios siempre será mucho más grande que la pequeñez de los malvados a nuestro alrededor.
  3. El Salmo 37 nos presenta un desarrollo más amplio del efecto que podría causar el malvado en un creyente. El salmista recomienda directamente, “No te inquietes a causa de los malvados ni tengas envidia de los que hacen lo malo.” (v.  1), “No te enojes por causa de los malvados, ni sientas envidia de los malhechores” (DHH-LA). Personas con malas intenciones hacia nos otros seguramente nos inquietan y nos angustian, y si vemos que no hay ninguna consecuencia para ellos por sus malas acciones, ¡hasta envidia podemos llegar a sentir! ¿Por qué razón no nos deben inquietar? Porque son “como la hierba, pronto se desvanecen…. como las flores… pronto se marchitan” (v. 2). Son tan fugaces y pasajeros que ni siquiera vale la pena que nos inquietemos tanto por ellos. Nuestro enfoque debe ser mejor las siguientes recomendaciones: “Confía en el Señor y haz el bien… Deléitate en el Señor… Entrega al Señor todo lo que haces… Quédate quieto en la presencia del Señor y espera con paciencia a que él actúe… ¡Ya no sigas enojado! ¡Deja a un lado tu ira!… ” Si nos enojamos y nos desesperamos por causa de la maldad que nos rodea, ¡nos hacemos daño a nosotros mismos! Mejor aprendamos a confiar en Dios bajo ésas circunstancias. La promesa de Dios es clara en los versículos 18 – 19, “??18 Día a día el SEÑOR cuida a los inocentes, y ellos recibirán una herencia que permanece para siempre.  19 No serán avergonzados en tiempos difíciles; tendrán más que suficiente aun en tiempo de hambre.” ¿Te anima esto? ¿Entender que Dios cuida a sus fieles y no les permite quedar avergonzados en “tiempos difíciles”? ¿Lo crees? Por otro lado, en los versículos 21 al 26 el salmista hace énfasis en que una de las evidencias para identificar a un “perverso” de un “justo” es en su manejo del dinero: pedir prestado sin pagar (v. 21) es una mala señal, por ejemplo. Y Dios bendice a los “justos” en que nunca los abandona en el sentido material. Por eso, es mejor seguir el consejo del v. 34, “Pon tu esperanza en el SEÑOR y marcha con paso firme por su camino.”
  4. El Salmo 38 es la oración de un hombre que estaba sufriendo una disciplina de parte de Dios por causa de su propio pecado (v. 3, “mi salud está arruinada a causa de mis pecados”). De hecho expresa cómo su culpa lo tenía abrumado (v. 4) y después describe con palabras muy gráficas la intensidad del castigo que estaba experimentando: “heridas” espirituales infectadas, mucho dolor, profunda tristeza, salud arruinada, agotamiento y sintiéndose “totalmente destrozado”, corazón angustiado, casi ya sin fuerzas, seres queridos distanciándose de él y sus enemigos aprovechando el momento para atacarlo. ¡Qué panorama! ¿Tenía suficientes razones para amargarse? ¡Claro! ¿Pero qué hizo entonces? “Pues a ti te espero, oh SEÑOR. Tú debes responder por mí, oh Señor mi Dios.” (v. 15), esperar en Dios fue su reacción, su mejor decisión claro está. El salmo termina con la petición, “Ven pronto a ayudarme, Oh Señor, mi salvador.” ( v. 22). Así, a pesar de la intensidad de la disciplina recibida, el salmista decidió no perder su enfoque en Dios y continuar dependiendo en Él. ¡Qué gran lección para nosotros especialmente si tenemos la tendencia de “sentirnos mal” con Dios ante cualquier obstáculo que se aparece en nuestro caminar de fe! ¿No crees?
  5. El Salmo 39 es una oración bastante dramática de un hombre que, continuando con la temática de los salmos anteriores, continuaba experimentando la disciplina divina. Hace mucho énfasis en la brevedad de la vida en esta tierra y por tal razón, le ruega a Dios que al menos por eso, le permita sentir alivio y terminar su vida con una sonrisa (v. 13). Después de hacer una reflexión muy interesante sobre el tema de la fugacidad de la vida y la necedad de poner la esperanza en las riquezas, concluye diciendo, “??6 Somos tan sólo sombras que se mueven y todo nuestro ajetreo diario termina en la nada. Amontonamos riquezas sin saber quién las gastará.  7 Entonces, Señor, ¿dónde pongo mi esperanza? Mi única esperanza está en ti.” No pongamos nuestra esperanza en las cosas materiales porque hoy están y mañana no. Mejor pongamos nuestra esperanza en Dios. También hace una observación interesante sobre el concepto de la disciplina divina: “Cuando nos disciplinas por nuestros pecados, consumes como una polilla lo que estimamos precioso. Cada uno de nosotros es apenas un suspiro.” (v. 11), ” Tú reprendes a los mortales, los castigas por su iniquidad; como polilla, acabas con sus placeres. ¡Un soplo nada más es el mortal!” (NVI). No puede haber una verdadera disciplina de Dios sin sufrimiento intenso y dolor, de otra forma no sería disciplina y no tendría ningún efecto espiritual en nuestro corazón. El salmista aprendió esa lección y clamaba a Dios para que ese tiempo difícil terminara.
  6. Con el contexto de los salmos anteriores, el panorama que se nos presenta imaginándonos que fuera un relato de un sufrimiento continuo del mismo salmista, es bastante deprimente: sufriendo un castigo demasiado fuerte, experimentando dolor y sufrimiento intensos, sintiéndose abandonado y rechazado, y más. Es entonces cuando aparece el Salmo 40 con un mensaje de esperanza y recompensa a la paciencia y a la humildad que mostró el salmista, “Con paciencia esperé que el SEÑOR me ayudara, y él se fijo en mí y oyó mi clamor.” (v. 1). Éste primer versículo abre todo el tema del salmo, que describe todo lo que vino para éste hombre una vez que Dios escuchó su clamor y decidió levantarle el castigo: “Me sacó del foso de la desesperación… Puso mis pies sobre suelo firme… Me dio un canto nuevo para entonar…” Definitivamente éste hombre estaba feliz. También aprendió algunas lecciones muy importantes: “qué alegría para los que confían en el Señor… Son tantos tus planes para nosotros que resulta imposible enumerarlos. No hay nadie como tú… finalmente comprendo: tú no exiges ofrendas quemadas ni ofrendas por el pecado… Entonces dije: Aquí estoy….” Una nota relevante en este punto es que Hebreos 10.5-7 cita Salmos 40.7-8 y lo pone en boca de Jesús cuando entró en este mundo (“Por eso, al entrar en el mundo, Cristo dijo:…”, NVI). Una vez más encontramos una profecía mesiánica en los escritos del rey David.
  7. Para terminar, el Salmo 41 continúa en la temática de un hombre que ha pecado y que está pagando consecuencias por ello, pero que encuentra rechazo en la gente que solía ser más cercana a él, e incluso traición. De hecho, el v. 9 (“Hasta mi mejor amigo, en quien tenía plena confianza, quien compartía mi comida, se ha puesto en mi contra.”) está considerado también como una profecía mesiánica, el mismo Jesucristo así lo afirmó en Juan 13.18 (NVI), “»No me refiero a todos ustedes; yo sé a quiénes he escogido. Pero esto es para que se cumpla la Escritura: “El que comparte el pan conmigo me ha puesto la zancadilla.”” Resulta sorprendente comprender cómo Dios permitió que el rey David experimentara ciertas emociones, sentimientos y circunstancias difíciles que vendrian a ser una especie de “sombra” de una realidad más concreta que se cumpliría en la vida de Jesús. David vivió todo esto para dejar un testimonio escrito que apuntara hacia Jesús y que anunciara lo que él pasaría también aquí en la tierra. Pero a diferencia de David, Jesús jamás pecó, por eso lo que David pudiera decir de él comparado con su propio sufrimiento no es mas que una sombra pero apunta a la realidad de Cristo.

Conclusiones:

  1. Si nos encontramos viviendo una fe cristiana activa, comprendemos muy bien lo que es dar mucho a personas para después experimentar la tristeza y el dolor que vienen cuando ésas mismas personas no agradecen sino que agreden. La labor del discipulado cristiano involucrará siempre éste tipo de situaciones. Aprendamos la lección del salmista entonces, que en lugar de amargarse con ésas personas o con Dios, decidió mejor dejar el asunto en manos de su Creador y esperar a que Él mostrara el camino. ¡Hagámoslo así!
  2. Cuando la maldad del mundo nos abrume y nos intimide, profundizemos en la vision bíblica de quién es nuestro Dios, para que al recordar esto, nuestra visión del problema sea como algo muy pequeño comparado con el tamaño inmenso del poder de Dios.
  3. Cuando Dios disciplina, no olvidemos que es para nuestro bien. Si nos toca pagar las consecuencias de nuestros pecados, no olvidemos tampoco que Dios está en control y Él sabe hasta dónde. Confiemos en Él incluso enmedio de éste tipo de situaciones.
  4. Hay grandes recompensas para el hombre y la mujer de fe que toman la mejor decisión enmedio de tiempos difíciles: ser pacientes y esperar en Dios. Después de un cierto tiempo de mantenerse firmes en eso, terminarán llenos de alegría, con esperanza, con liberación y con un futuro mejor. ¡Vale la pena ser pacientes con Dios!

7 Responses to “Día 207”

  1. Sandra L. Duarte dice:

    ¡Gracias! Arturo
    Que motivaciòn tan especial el saber que aunque tal vez estemos pagando las consecuencias de nuestro pecado pasado aun asi Dios tie ne el control y de todo sufrimiento viene al final la alegrìa. Demos gracias por la compasiòn de Dios.

  2. Adriana Casas dice:

    ¡Que increibles son los Salmos!!
    Gracias Arturo por ayudarnos a profundizar en la Palabra de Dios.

  3. blanca martinez dice:

    GRACIAS ARTURO ME IMPRESIONA EL LEER LOS SALMOS QUE BONITO ES SAVER QUE HA PESAR QUE LOS SUFIMIENTOS DIOS ESTA CON NOSOTROS Y NOS QUIERE PULIR EN AREAS DE NUESTRA INMADUREZ CRISTAIANA GRACIAS.

  4. Lulu tovar dice:

    Mil gracias Arturo bendiciones

  5. Raul Archundia Tellez dice:

    Gracias Arturo, hay que esperar en Dios y su justicia.

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