Día 442

HEBREOS 4.14-7.28.

Continuando con nuestro estudio del libro de Hebreos, hoy estudiaremos los siguientes temas: el sumo sacerdocio de Jesús, una advertencia contra la apostasía, la seguridad de la promesa de Dios para los creyentes, y la relación entre Jesús y Melquisedec. Recordemos que el libro de Hebreos fue escrito para cristianos en Roma o en Jerusalén, quienes de acuerdo al tiempo de escritura de la carta, muchos de ellos tendrían al menos unos 30 años como cristianos. Pero eso no significaba que fueran maduros en la fe aún.
Primero hablemos de la descripción que el autor hace de Jesús como nuestro “gran sumo sacerdote” (Heb 4.14). Veamos los puntos relevantes:
  1. En Hebreos 4.14-15 encontramos las características de Jesús como “gran sumo sacerdote”: a) atravesó los cielos, b) es capaz de compadecerse de nuestras debilidades, c) fue tentado “en todo”  (Heb 4.15) igual que nosotros, d) “aunque sin pecado” (Heb 4.15), es decir, ¡jamás pecó! Como dice Hebreos 5.2, el sumo sacerdote judío “Puede tratar con paciencia a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está sujeto a las debilidades humanas.” De la misma manera, Jesús experimentó en carne propia las tentaciones y las limitaciones propias del ser humano, y por esa razón puede compadecerse de nosotros, porque ya sabe qué se siente ser uno de nosotros. La gran diferencia entre el sumo sacerdote judío y Jesús era que el segundo nunca pecó, mientras el primero “se ve obligado a ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como también por los del pueblo.” (Heb 5.3).
  2. Hay dos reacciones que Dios espera de nosotros con respecto a la condición de sumo sacerdote de Jesús: a) “aferrémonos a la fe que profesamos” (Heb 4.14) o “retengamos nuestra profesión” (BTX) o “mantengamos nuestra confesión de fe” (BTX), b) “acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.” (Heb 4.16). Es decir, la condición de Jesús como sumo sacerdote por excelencia de los hombres nos debe motivar por un lado a mantenernos firmes en nuestra fe y por otro a acercarnos a Dios confiados completamente que recibiremos de él misericordia y gracia justo cuando más la necesitamos. ¿No son estas noticias increíbles?
  3. El nombramiento de Cristo como sumo sacerdote. Citando 2 pasajes del AT (Salmos 2.7o y Salmos 110.4), Pablo afirmó que así como los sumos sacerdotes judíos no eran nombrados por iniciativa humana, sino por mandato divino (los desdendientes de Aarón), así también Jesús no se nombró a sí mismo en ese cargo, sino Dios mismo lo designó.
  4. El proceso de perfeccionamiento de Jesús (Hebreos 5.7-10). El autor, retomando el tema iniciado en Hebreos 2.10 (“convenía que Dios, para quien y por medio de quien todo existe, perfeccionara mediante el sufrimiento al autor de la salvación de ellos.”), mencionó en Hebreos 5.7-10 la forma en que Jesús se perfeccionó: a través del sufrimiento y de su confianza en Dios expresada en “oraciones y súplicas con fuerte clamor y lágrimas” (Heb 5.7). Ese proceso de perfeccionamiento en la tierra se consumó cuando Jesús terminó su misión y murió por nuestros pecados en la cruz, cuando finalmente pudo decir, “Todo está cumplido” (Mt 27.44, DHH-LA) y así se convirtió en “autor de salvación eterna para todos los que le obedecen.” (Heb 5.8). Si Jesús mismo necesitó perfeccionarse en su calidad de humano mientras estuvo aquí en este mundo, ¿cuánto más nosotros? ¿Cuánto más necesitamos aprender a ver el sufrimiento como un vehículo para la perfección espiritual, en lugar de un mal incomprensible enviado por Dios?
  5. El “sumo sacerdote según el orden de Melquisedec” (Heb 5.10). Tanto en este versículo como en Hebreos 6.20-7.17, el autor relacionó cercanamente a Jesús con Melquisedec, el famoso rey de Salén y sacerdote de Dios de Génesis 14.17-20 (click en la liga para ver el análisis de este blog a ese pasaje).  La relación que hace el autor entre Melquisedec y Jesús aparece con claridad en Hebreos 7.3, “No tiene padre ni madre ni genealogía; no tiene comienzo ni fin, pero a semejanza del Hijo de Dios, permanece como sacerdote para siempre.” Aquí podemos comprender mejor que Melquisedec en realidad era una sombra de la realidad que sería después Jesús, es decir, representaba de alguna manera al Hijo de Dios que vendría muchos años después y al que el mismo padre de la fe, Abraham, lo adoraría también.  Ahora, en Hebreos 7.11-17 el autor afirma que el sacerdocio levítico no era perfecto y no era suficiente para el pueblo de Dios, a pesar de todas las regulaciones al respecto emitidas en la ley. Es decir, también todo el sistema de ese sacerdocio era una sombra de la realidad que se manifestaría en Jesús, ya que solamente en Cristo podría ser posible alcanzar la perfección delante de Dios. Una gran diferencia de Jesús con respecto a los sacerdotes judíos era que Cristo procedía de una tribu que legalmente hablando (en términos de la ley del AT), no debería tener sacerdotes (la tribu de Judá). Por eso el autor dijo que Jesús llegó a ser sacerdote no conforme al “requisito legal respecto a linaje humano, sino conforme al poder de una vida indestructible.” (Heb 7.16). Dios mismo determinó que Jesús sería sumo sacerdote para toda la humanidad y no estaba sujeto al esquema de la ley judía, ya que venía a ofrecer algo mejor.
  6. La “esperanza mejor” (Heb 7.18). En los versículos 18 al 28 de Hebreos 7, el autor afirmó que “la ley anterior queda anulada por ser inútil e ineficaz… se introduce una esperanza mejor, mediante la cual nos acercamos a Dios.” (Heb 7.18-19). Nuevamente en Heb 7.22 el autor dijo, “Jesús ha llegado a ser el que garantiza un pacto mejor.” Es decir, el Antiguo Pacto con todas sus reglamentaciones se quedaba corto para poder ofrecer salvación a la humanidad entera y estaba destinado a ser solamente una sombra de algo mejor que Dios ofrecería al mundo, por esa razón ya no puede continuar vigente para ofrecer una relación con Dios. Jesús fue quien trajo ese Nuevo Pacto que es mejor que el Antiguo Pacto y por el cual realmente toda persona que asi lo desee sinceramente puede acercarse a Dios. ¿Qué diferencia tiene Jesús como sacerdote de este Nuevo Pacto con respecto a los sacerdotes del Antiguo Pacto?: a) Jesús nunca muere y permanece para siempre, a diferencia de los sacerdotes humanos que son mortales (v. 24); b) por esa condición precisamente puede ser intercesor entre todas las generaciones de seres humanos con Dios (v. 25); c) a diferencia de los sumos sacerdotes humanos del AT, Jesús es “santo, irreprochable, puro, apartado de los pecadores y exaltado sobre los cielos.” (Heb 7.26), es decir, perfecto sin mancha alguna; d) no necesita ofrecer sacrificios por sus pecados ya que primero nunca pecó y segundo se ofreció en sacrificio por los pecados de toda la humanidad (v. 27). Por todas estas razones Jesús es un sumo sacerdote muy pero muy superior a los sacerdotes judíos que servían como intercesores entre el pueblo de Israel y Dios, ¡nadie se le puede comparar! Su función de intercesor entre la humanidad y Dios mismo puede ser llevada a cabo a la perfección.
En Hebreos 5.11-6.12 el autor se dedicó a hablar sobre lo que se conoce como “apostasía” (click para ver una definición amplia del tema), es decir, cuando los cristianos se desvían de su fe y se extravían. Veamos los detalles:
  1. El punto de partida del autor para adentrarse en este tema fue la expresión “Sobre este tema tenemos mucho que decir aunque es difícil explicarlo, porque a ustedes lo que les entra por un oído les sale por el otro.” (Heb 5.11). ¿Cuál tema? El autor estaba hablando de la relación entre Jesús y Melquisedec, que definitivamente no es un tema superficial sino más bien profundo y requiere interés y atención para poder comprenderlo.
  2. Había algo que impedía al autor tratar como él hubiera deseado en este momento ese tema: “puesto que ustedes se han hecho tardos para oír.” (NBLH) o “son lentos para entender.” (DHH-LA) o “son torpes espiritualmente y tal parece que no escuchan.” (NTV). ¿Por qué les dijo eso a los destintarios de la carta? La razón que el autor plantea era que después de tantos años en la fe, esos cristianos estaban todavía batallando con las “enseñanzas elementales acerca de Cristo” (Heb 6.1) como arrepentimiento y abandono del pecado, fe en Dios, el bautismo, imposición de manos, resurrección de muertos, juicio eterno. Es decir, no habían madurado en su fe porque no daban el paso de dejar las cosas de niños en la fe y volverse adultos. De hecho, el autor reconoció que ellos necesitaban todavía “leche” y no podían digerir el “alimento sólido” (Heb 5.12). Esto quiere decir que aunque el autor quería avanzar hacia temas de la fe más profundos, no podía lograrlo debido a la debilidad y la inmadurez de aquellos cristianos. El “niño de pecho” (Heb 5.13) en la fe es aquel que es “inexperto en el mensaje de justicia”, mientras que los adultos en la fe eran quienes “tienen la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues han ejercitado su facultad de percepción espiritual.” (Heb 5.14). Así, podemos afirmar que la debilidad y la inmadurez espirituales nos impiden crecer espiritualmente y conocer verdades más profundas de Dios, de Cristo y del evangelio. Por eso, como dijo el autor en el Heb 6.1, “avancemos hacia la madurez.”
  3. Los que vuelven a crucificar a Jesús (Hebreos 6.4-8). Todo este pasaje contiene un mensaje fuerte sobre aquellos que una vez fueron “iluminados” (Heb 6.4) pero terminaron apartándose de la fe. ¿Qué fue lo que recibieron?: a) el “don celestial”, b) tuvieron parte en el Espíritu Santo, c) experimentaron la “buena palabra de Dios”, d) experimentaron también el poder del mundo venidero. Es decir, personas que se convirtieron en cristianos. ¿Y qué les pasó? “se han apartado” o “después cayeron” (NBLH) o “y que luego se alejan de Dios” (NTV). ¿Y cuál es la consencuencia? “Es imposible que renueven su arrepentimiento” (Heb 6.4) o “es imposible lograr que vuelvan a arrepentirse” (NTV). Otra cosa que dice el autor que sucede con ellos es que vuelven a crucificar a Cristo “y lo exponen a la vergüenza pública” (Heb 6.6). ¿Qué significa exactamente esto? Para comenzar hay que comprender de qué se trata caer de la fe. De acuerdo con el Word Biblical Commentary, Volume 47a: Hebrews 1-8, de Word Incorporated, la expresión griega que expresa esta idea es paralela a la encontrada en Hebreos 3.18 (“Cuídense, hermanos, de que ninguno de ustedes tenga un corazón pecaminoso e incrédulo que los haga apartarse del Dios vivo.”), es decir, apartarse de Dios. De aquí se puede definir apostasía como el rechazo decisivo de los dones de Dios, similar al rechazo de la promesa divina por la generación del Éxodo en el desierto. Es decir, un corazón que se ha endurecido hasta un punto de “no retorno”. Esto quiere decir no que Dios ya no pueda perdonarlos (porque para Él no hay nada imposible), sino que ellos ya no podrían regresar a Dios por el grado de dureza de su corazón. En base a la ilustración agrícola utilizada por el autor en los versículos 7 al 8, el destino de esaa personas se resume en “acabará por ser quemada.” Aunque algunos teológos evangélicos se resisten a la idea de interpretar este pasaje y otros más en el Nuevo Testamento como que un cristiano puede llegar a perder su salvación si se vuelve apóstata, las evidencias apuntan más a que sí es posible perderla aunque un día nos hayamos convertido en cristianos. De acuerdo con el Holman New Testament Commentary: Hebrews & James, de Broadman & Holman Publishers, era posible que el autor se estaba refiriendo a creyentes que después de tantos años de caminar en Cristo, estaban jugando con la idea de regresar al judaísmo y volver a poner su confianza en la ley y no en el sacrificio de Cristo. Obviamente al tomar esa decisión se convertirían en apóstatas de la fe cristiana y tendrían que enfrentar las consecuencias espirituales.
  4. La seguridad que tenemos en Dios (Hebreos 6.9-20). A pesar de la grave advertencia que el autor dio contra la apostasía en los versículos inmediatos anteriores, también reconoció que sus lectores originales no estaban en ese caso (pero no estaba de más advertirles a dónde podían llegar si no decidían ya salir de su inmadurez espiritual). Enmedio de esa discusión, les aseguró lo siguiente: “Porque Dios no es injusto como para olvidarse de las obras y del amor que, para su gloria, ustedes han mostrado sirviendo a los santos, como lo siguen haciendo.” (Heb 6.10). El hecho de que ellos seguían activos en el amor fraternal y en el servicio a sus compañeros creyentes era una muestra de que no estaban en la condición de apóstatas. Sin embargo, el autor los exhortó a que siguieran esforzándose con empeño hasta el final de sus días en desarrollar su fe y no se volvieran perezosos. De hecho los llamó a imitar a los que por su fe y paciencia estaban heredando las promesas de Dios. Ahora bien, de acuerdo a los versículos 18 al 20, las promesas y los juramentos de Dios no son mentiras sino la verdad total. Por eso los creyentes podemos aferrarnos a esas promesas como una “firme y segura ancla del alma” (v. 19), que nos proporciona seguridad y una esperanza eterna. La vida de un creyente es una vida segura y sólida porque la esperanza que tiene en las promesas de Dios a través de Jesús representan para él o ella un ancla que sostiene su alma enmedio de las tormentas de la vida.

Conclusiones:

  1. Pensemos en Jesús no solo como nuestro Salvador y Señor, sino también como nuestro sumo sacerdote, quien intercede por nosotros ante Dios cuando oramos a Él, quien puede ayudarnos en toda debilidad que tengamos porque él ya sabe qué se siente. Al estar orando, piensa en esto y experimenta una renovación en la forma como ves a tu Señor.
  2. Aprendamos a ver el sufrimiento en este mundo como una oportunidad para el perfeccionamiento espiritual. Si lo tomamos de forma correcta, aprenderemos grandes lecciones y creceremos en nuestra fe. Si lo tomamos de forma 100% humana, posiblemente terminaremos desanimados y agobiados.
  3. La inmadurez y la debilidad espiritual son grandes obstáculos para lograr crecer en entendimiento y discernimiento espirituales. Si después de tantos años en la fe todavía seguimos estancados luchando con las cosas básicas, ¡hay un problema! Necesitamos dar un paso decisivo hacia la madurez cristiana y proponernos avanzar más allá de nuestras limitaciones actuales. ¡Hay todo un horizonte increíble pasando ese límite!
  4. La apostasía es una realidad y también el perder la salvación que una vez se nos otorgó. Otros pasajes tanto en los evangelios como en las cartas fundamentan esto mejor. Aceptemos que aunque seamos ya cristianos, si nos descuidamos podemos perder todo lo que Dios nos ha dado. Mejor estemos alertas, cuidando nuestro corazón todo el tiempo y manteniéndonos cerca de Dios.
  5. Después de tantos años en la fe cristiana (en el caso de ellos posiblemente hasta 30), existe el riesgo de que, sobre todo si no ha habido crecimiento espiritual adecuado, nuestra fe se enfríe y comenzemos a jugar con la idea de regresar a antiguos sistemas de creencias o incluso de probar nuevas cosas (New Age, Hinduísmo, Budismo, etc.). Si esto nos está pasando, mejor arrepintámonos de nuestra apatía espiritual y busquemos urgentemente alimentarnos con “alimento sólido” para nuestra fe.

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