Día 395

LUCAS 24.13-43, MARCOS 16.12-13, JUAN 20.19-23, MARCOS 16.14, JUAN 20.24-21.25, MATEO 28.16-20, MARCOS 16.15-18, LUCAS 24.44-49, MARCOS 16.19-20, LUCAS 24.50-53.

En este día terminaremos nuestro estudio cronológico simultáneo de los 4 evangelios, analizando las útimas apariciones de Jesús a sus discípulos, las últimas palabras que les dedicó y su ascensión. También comprenderemos el impacto tan profundo que la resurrección de Jesús tuvo en los corazones de su seguidores, dándoles la fuerza que necesitaban para ir a cumplir la misión que les encargó.
Antes de iniciar revisando los pasajes correspondientes, primero debemos aclarar dos notas importantes de corte apologético con respecto a estas secciones finales de los evangelios (según información contenida en la Biblia de Estudio Arqueológica):
  1. La tumba de Jesús. Aunque la Biblia no nos proporciona los detalles geográficos suficientes para poder localizar con éxito el lugar exacto de la sepultura de Cristo, a través de los siglos la tradición cristiana mantiene 2 sitios como los más probables para su sepultura: A) la “Tumba del Jardín”, ubicada 251 m. al norte de la Puerta de Damasco de la antigua Jerusalén. Sin embargo, investigaciones recientes han descubierto que fue parte de un cementerio del período de la monarquía dividida y no de la Jerusalén del primer siglo d.C. B) La Iglesia del Santo Sepulcro, cuya tradición se remonta hasta tiempos del emperador Constatino (quien ordenó su construcción) en el 325 d.C. Los cristianos que permanecieron en Jerusalén desde que inició la iglesia hasta que Constatino dio la orden de la construcción respaldaban la versión de que ese era el lugar exacto de la sepultura de Cristo.
  2. El final del evangelio de Marcos. La sección correspondiente a Marcos 16.9-20 no aparece en el manuscrito griego más antiguo de Marcos, aunque muchos otros textos griegos y versiones antiguas sí lo incluyen. Incluso los escritos de los padres de la iglesia respaldan que ese pasaje ya estaba en circulación en el siglo II d.C. Pero por otro lado, escritores cristianos más antiguos como Clemente de Alejandría, Orígenes y Eusebio contemplaban la terminación del evangelio en Marcos 16.8. Así que es posible que cristianos del siglo II d.C., al tener al alcance los otros 3 evangelios y compararlos, consideraran que le hacía falta un final más completo al evangelio y lo redactaran en conformidad con los hechos que ellos ya conocían.
Habiendo aclarado estos detalles, pasemos ahora a revisar varios aspectos importantes sobre las apariciones de Jesús a sus discípulos. Primero es importante recordar que para este punto, solamente algunas mujeres afirmaban que Jesús se les había aparecido. Incluso Lucas 24.8 dice, “Entonces ellas se acordaron de las palabras de Jesús.” Es decir, al parecer las mujeres ya habían comprendido que Jesús había resucitado y que todo sucedió conforme a las palabras que el mismo Cristo mencionó varias veces. Al contar todo a los apóstoles, los evangelios registran que ellos no quisieron creerles (posiblemente afectados por el prejuicio cultural hacia los testimonios de las mujeres que ya mencionamos en el estudio anterior). Así que podemos decir que las mujeres fueron las primeras en creer en la resurrección.
La primer aparición de Jesús a sus discípulos hombres está registrada a detalle en Lucas 24.13-35 y mencionada también brevemente en Marcos 16.12. La dinámica que se armó durante esa conversación entre Jesús y un par de discípulos inspiró al autor Gary Collins para considerar este evento como un modelo para las sesiones de consejería bíblica, y que menciona en su libro Consejería Cristiana Efectiva, de Editorial Portavoz (click para ver más detalles). Este evento nos demuestra por qué Jesús fue llamado en Isaías 9.6, “Consejero Admirable”. Veamos cómo se dieron las cosas y los aspectos relevantes para la consejería cristiana:
  1. La situación emocional de los discípulos. Lucas 24.13-14 dice, “13 Aquel mismo día dos de ellos se dirigían a un pueblo llamado Emaús, a unos once kilómetros de Jerusalén. 14 Iban conversando sobre todo lo que había acontecido.” Marcos 16.10 añade cómo se encontraban el resto de los discípulos cuando María Magdalena les avisó de su encuentro con Jesús: “estaban lamentándose y llorando.” Había mucha tristeza en el ambiente en el grupo de discípulos, también desesperanza. Ese fue el momento justo en que Jesús se acercó a ellos.
  2. Jesús se acercó a ellos. Lucas 24.15 dice, “Sucedió que, mientras hablaban y discutían, Jesús mismo se acercó y comenzó a caminar con ellos”. Jesús ya sabía lo que le estaba pasando, pero decidió acercarse y caminar con ellos. La consejería cristiana se puede dar en cualquier momento y en cualquier lugar, con resultados muy buenos.
  3. Jesús les hizo preguntas. Lucas 24.17 registra que Jesús les hizo 2 preguntas: a) “—¿Qué vienen discutiendo por el camino?”, b) ante la sorpresa de ellos de que aparentemente Jesús no supiera lo que pasó les dijo, “—¿Qué es lo que ha pasado?” (Lc 24.19). Jesús inició la conversación haciendo preguntas abiertas, que invitaron de manera indirecta a aquellos hombres a ser abiertos con lo que estaban sintiendo y expresar abiertamente los hechos, sus perspectivas y sus sentimientos a Jesús. Por ejemplo, durante la conversación (v. 19-24), los discípulos expresaron varias emociones: “abrigábamos la esperanza de que él redimiría a Israel” (decepción y desperanza), “algunas mujeres de nuestro grupo nos dejaron asombrados” (inseguridad de qué creer, dudas).
  4. Jesús escuchó. Después de que Jesús hizo las preguntas, no interrumpió para nada a los discípulos mientras ellos explicaban toda la situación y cómo se sentían al respecto. Jesús solamente escuchó y no se anticipó a juzgarlos (aunque tenía todos los elementos para hacerlo). Un rasgo importante de un buen consejero cristiano es que sepa escuchar y que no se anticipe para hacer juicios superficiales que solo cerrarían la comunicación con el aconsejado.
  5. Jesús confrontó. Lucas 24.25 dice, “25 —¡Qué torpes son ustedes—les dijo—, y qué tardos de corazón para creer todo lo que han dicho los profetas!”, “Entonces Él les dijo: ¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer en todo lo que hablaron los profetas!” (BTX).  Jesús confrontó las conclusiones equivocadas a las que habían llegado esos 2 hombres con respecto a las Escrituras y la figura histórica del Mesías. Es decir, les aclaró que habían cometido un error y que esa no era la verdad, que necesitaban entender algo más.
  6. Jesús enseñó. Lucas 24.27 dice, “Entonces, comenzando por Moisés y por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.”, “Luego se puso a explicarles todos los pasajes de las Escrituras que hablaban de él, comenzando por los libros de Moisés y siguiendo por todos los libros de los profetas.” (DHH-LA). Lo que la Biblia dice es que Jesús los instruyó en TODAS las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento, desde el Pentateuco (escribo por Moisés) hasta TODOS los profetas. ¡La lección más poderosa de profecía mesiánica sin duda! Y todo de memoria. Siendo Jesús la Palabra de Dios hecha hombre (Juan 1.1), manejaba con exactitud las Escrituras. Cualquier estudioso bíblico serio moderno quisiera haber estado ahí para escuchar esa exposición, seguramente Jesús mencionó pasajes del AT que nosotros todavía ni siquiera comprendemos que se referían a él. Cristo intentó ayudarles a cambiar sus conclusiones equivocadas al exponerle con precisión las Escrituras. Tan fuerte fue el impacto de esta lección para ellos que después afirmaron, “—¿No ardía nuestro corazón mientras conversaba con nosotros en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24.32) o “«¿No es verdad que, cuando él nos hablaba en el camino y nos explicaba la Biblia, sentíamos como que un fuego ardía en nuestros corazones?»” (TLA). La Palabra de Dios hecha hombre hablando enciendía los corazones de las personas sinceras, y lo sigue haciendo hasta el día de hoy.
  7. Jesús se arriesgó al involucrarse. Lucas 24.28-32 dice que Jesús aceptó la invitación de ellos a quedarse en su casa e incluso se sentó a la mesa para cenar. Fue ahí donde ellos reconocieron que era él y de inmediato desapareció. Jesús tomó el riesgo de involucrarse con ellos más allá de la “sesión de consejería” y compartir más tiempo con ellos de forma personal.
  8. Jesús los estimuló a ser independientes. Al desparecer de su vista (Lc 24.31), Jesús los motivó a no depender de su presencia física para mantener su fe en él. Como el autor Gary Collins lo afirma, “Los dos hombres ya no necesitaron depender del consejero, sino que fueron capaces de movilizar sus recursos, basados en lo que habían aprendido” (pág. 42). De inmediato los 2 discípulos salieron de ahí y fueron a Jerusalén a anunciarle a los demás que era cierto lo que las mujeres decían, completamente convencidos y seguros de las cosas. Ya no eran aquellos hombres cabizbajos y desanimados que Jesús encontró, ahora parecía que estaban llenos de vida y convicción. Un ideal a alcanzar para los finales de nuestras sesiones de consejería con los creyentes. Una nota final con respecto a esta última situación la encontramos en Marcos 16.13, “Éstos volvieron y avisaron a los demás, pero no les creyeron a ellos tampoco.” Parece que el resto de los discípulos decidieron mantenerse en su incredulidad a pesar de que ahora eran hombres los que confirmaban el testimonio de las mujeres. ¡No quisieron creer!
La segunda aparición de Jesús a sus discípulos hombres está registrada en Marcos 16.14, Lucas 24.36-49 y Juan 20.19-23. Veamos los detalles correspondientes:
  1. Lucas 24.36 registra que Jesús se le apareció al resto de los discípulos el mismo día en que se apareció a los 2 discípulos en el camino a Emaús. Ya era momento de que todos los apóstoles entendieran que él realmente había resucitado.
  2. La primera reacción de los demás discípulos al ver a Jesús fue pensar que era un fantasma (“Aterrorizados, creyeron que veían a un espíritu. “, Lc 24.37). Pero Jesús mismo les pidió que vieran sus manos y sus pies y que incluso lo tocaran y comprobaran por ellos mismos que tenía carne y huesos. Como universalmente se ha entendido en todas las culturas antiguas y modernas, las apariciones fantasmales normalmente carecen de pies o manos o de un cuerpo físico. Jesús les aclaró que él no entraba en la descripción tradicional de un fantasma.
  3. Al darse cuenta que seguían sin alcanzar a creer, Jesús pidió que le dieran un pescado y se comió un pedazo (Lc 24.43), demostrándoles finalmente que resucitó en un cuerpo físico, no un espíritu.
  4. Lucas 24.45 registra que Jesús “les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras.” De esa forma pudieron comprender lo mismo que los otros 2 discípulos: ¡todas las referencias del AT que apuntaban hacia Jesús! Apreciemos el énfasis que Jesús puso en esto porque era fundamental que todos los discípulos estuvieran completamente seguros de que el AT confirmaba todo lo que sucedió con Jesús y que entonces él si era el Mesías, aún en la forma de morir y de resucitar.
  5. Jesús les anunció la llegada del Espíritu Santo (Jn 20.22-23 y Lc 24.49). Aunque Juan registra que sopló sobre ellos y que les dijo que recibieran el Espíritu Santo, en realidad ese evento sucedería hasta Hechos 2 (posteriormente lo estudiaremos). Simplemente aquí les estaba anunciando que algo poderoso venía en camino y les instruyó que “quédense en la ciudad hasta que sean revestidos del poder de lo alto.” (Lc 24.49).
Las siguientes apariciones de Jesús a sus discípulos están registradas en Juan 20.24-21.25. Veamos los puntos relevantes:
  1. Una de estas apariciones se debió completamente a la incredulidad de Tomás, quien no se encontraba con el resto de los discípulos en la aparición anterior y que exclamó, “—Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mi dedo en las marcas y mi mano en su costado, no lo creeré” (Jn 20.25). Jesús atendió su petición y se le apareció de nuevo a todos (una semana después) pero se dirigió a Tomás llamándole la atención por su incredulidad y diciendole, “—Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino hombre de fe.” (Jn 20.27). Una vez que Tomás reconoció finalmente que Jesús era su Señor y su Dios, Jesús afirmó, “dichosos los que no han visto y sin embargo creen.” (Jn 20.29).  Tan importante fue esta frase que el mismo Juan afirmó en los versículos 30 y 31 que él decidió escribir su evangelio para que al leerlo, la gente creyera en Jesús y tuviera vida. Apreciemos también aquí la paciencia de Jesús para con sus discípulos, que a pesar de que sí los reprendió por su falta de fe a todos, también se esforzó en ayudarles hasta que estuvieran convencidos de su presencia.
  2. La siguiente aparición registrada fue ahora en el exterior, junto al lago de Tiberíades (Jn 21.1). La Biblia registra que Jesús generó otro episodio de pesca milagrosa e incluso se sentó a desayunar con sus discípulos, quienes sí lo reconocieron pero no se atrevieron a preguntarle quién era. Ahora todos ya sabían que era Jesús.
  3. Fue precisamente durante esta aparición que Jesús hizo lo que normalmente se conoce como la “restauración de Pedro” (Juan 21.15-25). Tres veces Jesús le hizo la misma pregunta (“—Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?”, Jn 21.15) y las tres veces Pedro contestó afirmativamente, aunque en la última se entristeció. Nos recuerda a las tres negaciones de Pedro seguramente. Lo que nos llama la atención aquí es la forma en cómo Jesús le pide que lo demuestre, y tres veces también: “—Apacienta mis corderos… —Cuida de mis ovejas… —Apacienta mis ovejas”. Para Cristo, la forma de demostrar que Pedro lo amaba era entregándose a amar a la iglesia que estaba por nacer, no solo diciéndolo con la boca. También Jesús profetizó la forma en que Pedro moriría (Jn 21.18), más adelante hablaremos de eso.
  4. Por último, podemos darnos cuenta también de que Jesús tenía una misión especial para “el discípulo a quien Jesús amaba” (Jn 21.20), es decir, el apóstol Juan: “—Si quiero que él permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme no más.” (Jn 21.22). Aunque al inicio los apóstoles comprendieron mal lo que Jesús dijo (creyeron que nunca moriría), ahora sabemos que Juan sería el último de los apóstoles en morir porque escribiría el último libro de la Biblia y sería inspirado directamente por Jesús: ¡Apocalipsis!
En cuanto a la ascensión (Mateo 28.16-20, Marcos 16.15-20 y Lucas 24.50-52), podemos decir lo siguiente:
  1. La ascensión ocurrió en Galilea, específicamente en Betania, en una montaña.
  2. Antes de que sucediera, Jesús les encargó a sus discípulos lo que se ha conocido como “La Gran Comisión”: ir a todas las naciones, convertir a las personas en sus discípulos, bautizarlos y enseñarles continuamente a obedecerlo. Marcos 16.16 dice “El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado.”, y Lucas 24.47 afirma, “y en su nombre se predicarán el arrepentimiento y el perdón de pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén.” Eso fue exactamente lo que hicieron los apóstoles en los años que siguieron, dando sus vidas para cumplir esta misión y alcanzando a todo el mundo conocido en esa generación. En el libro de los Hechos de los Apóstoles podremos identificar cómo cada parte de este encargo se llevó a cabo.
  3. Marcos 16.17 añade el aspecto de las señales milagrosas que los acompañarían: expulsión de demonios, “nuevas lenguas”, evadir animales peligrosos, protección sobrenatural contra venenos y sanidad para los enfermos. De acuerdo con la Biblia de Estudio Apologética, algunos grupos religiosos han torcido la interpretación correcta de este pasaje y han formado iglesias donde se manejan serpientes venenosas durante sus cultos. Esto fue desarrollado por un hombre llamado George Went Hensley en 1910 en los Estados Unidos de América.
  4. El evangelio de Lucas es el que describe cómo Jesús “fue llevado al cielo” (Lc 24.50) mientras hablaba con ellos y los bendecía.
Terminemos nuestro estudio de los 4 evangelios hablando un poco sobre el impacto de la resurrección y de la ascensión en la fe de los discípulos de Jesús. Lucas 24.52-53 describe qué hicieron los apóstoles después de la ascensión, “Ellos, entonces, lo adoraron y luego regresaron a Jerusalén con gran alegría. 53 Y estaban continuamente en el templo, alabando a Dios.” Recordemos que antes de los encuentros con Jesús resucitado, los apóstoles estaban en un estado emocional que podríamos bien describir como depresión, por la enorme tristeza que los inundaba por la muerte de su Maestro. Pero después de convencerse de la resurrección de Jesús y de verlo ascender, ¡todo eso cambió! Estos eventos cambiaron completamente su fe para siempre. Pero no fueron los únicos:
  1. Santiago, el hermano de Jesús. Juan 7.1-5 afirma que los hermanos de Cristo no creían en él, pero en Hechos 15.12-13 encontramos a Santiago (uno de sus hermanos carnales) como uno de los líderes principales de la iglesia de Jerusalén. ¿Qué le pasó? 1 Corintios 15.7 dice, “Después se apareció a Santiago, y luego a todos los apóstoles.” (1 Co 15.7). Fue un encuentro con Jesús resucitado lo que transformó el corazón y la fe de su propio hermano, al grado que se convirtió en un fiel discípulo suyo y la historia registra que murió por causa de su fe.
  2. Saulo, el fariseo. En Hechos 7.59-8.2 encontramos a un fariseo llamado Saulo persiguiendo a los creyentes y autorizando la muerte de Esteban, un discípulo fiel de Jerusalén. Pero después encontramos al mismo hombre en Hechos 9.20-22 proclamando que Jesús era el Hijo de Dios en todas las sinagogas de la región donde se encontraba. ¿Qué le pasó? 1 Corintios 15.7-9 afirma que Jesús resucitado se le apareció y eso lo transformó (la historia completa está en Hechos 9). Saulo se convertiría en el apóstol Pablo, quien escribió la mayoría de las cartas del Nuevo Testamento y plantó muchas iglesias cristianas a lo largo del imperio romano.
  3. Por lo tanto, podemos afirmar que comprender la cruz es trascendental para la vida de un creyente, pero apreciar la resurrección es también muy importante para desarrollar una fe completa y entregada. Como dijera el mismo apóstol Pablo en Efesios 1.18-21, “18 Pido que Dios les ilumine la mente, para que sepan cuál es la esperanza a la que han sido llamados, cuán gloriosa y rica es la herencia que Dios da al pueblo santo, 19 y cuán grande y sin límites es su poder, el cual actúa en nosotros los creyentes. Este poder es el mismo que Dios mostró con tanta fuerza y potencia 20 cuando resucitó a Cristo y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, 21 poniéndolo por encima de todo poder, autoridad, dominio y señorío, y por encima de todo lo que existe, tanto en este tiempo como en el venidero.”
Así terminamos nuestro estudio simultáneo de los 4 evangelios. Espero que nos haya sido útil para incrementar nuestra y nuestro conocimiento del Hijo de Dios, o incluso para desarrollar esa misma fe si aún no crees en él.

Conclusiones:

  1. Aprendamos del “Consejero Admirable” en cuanto cómo aconsejarnos unos a otros. La consejería cristiana no es labor exclusiva de los dirigentes locales en una iglesia, sino de todos los discípulos (“Hermanos míos, estoy convencido de que ustedes están llenos de bondad y de todo conocimiento, y que saben aconsejarse unos a otros”, Ro 15.14). Esforzémonos en aprender el arte de la consejería imitando a Jesús en la forma como se relacionaba y ayudaba a las personas.
  2. Seamos pacientes unos con otros, así como Jesús fue paciente con sus discípulos que tenían el entendimiento cerrado hasta el último instante que estuvo en este mundo. Ayudarnos y aconsejarnos unos a otros es una tarea muy complicada que requiere mucha paciencia de ambas partes.
  3. Recordemos también que para Cristo, amar a su iglesia sinceramente es una muestra auténtica de que lo amamos a él. Hay personas que creen que pueden tener una buena relación con Cristo pero una mala relación con su iglesia. ¡Esa conclusión está completamente equivocada! Todo el Nuevo Testamento testifica lo contrario.
  4. Para apreciar mejor la figura histórica y divina de Cristo, es recomendable un buen estudio de las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento y cómo se cumplieron en él. Hagamos la prueba y comprobemos que nuestra fe en Jesús será fortalecida.
  5. Cuando estemos atravesando momentos difíciles en nuestra vida, recordemos que tenemos un Dios poderoso y que seguimos a un Mesías que está vivo y en el cielo, pendiente de nosotros. Recordemos la promesa que les dejó a sus discípulos: “Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.” (Mt 28.20). Era para ellos pero también para nosotros, los creyentes modernos, que todavía no hemos presenciado el fin del mundo.
  6. Valoremos mucho más la resurrección. Transformó la fe de muchas personas en el siglo I y puede transformar nuestra fe también. Comprender que Jesús resucitó y está vivo es algo muy poderoso. ¡No estamos sacrificándonos día a día por un muerto!, sino por alguien que vive y un día regresará.
Los dejo con un fragmento de la serie The Bible que ilustra los eventos que rodearon a la resurrección y la ascensión de Jesús. Así cerramos el estudio de los 4 evangelios (reproducir del 39:06 al 47:48).


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