Día 393

MARCOS 15.21-24, MATEO 27.32-34, LUCAS 23.26-31, JUAN 19.17, MARCOS 15.25-32, MATEO 27.35-44, LUCAS 23.32-43, JUAN 19.18-27, MARCOS 15.33-41, MATEO 27.45-56, LUCAS 23.44-49, JUAN 19.28-37.

Una vez que concluyó su comparecencia ante Pilato, Jesús fue sacado del pretorio para llevarlo rumbo a su crucifixión. Recordemos que ya estaba bastante lastimado por las agresiones físicas y por el castigo de los azotes que había recibido, además de no dormir por lo menos una noche completa. La parte más difícil de su pasión estaba por iniciar y el fin de su vida se acercaba. Veamos los eventos que sucedieron en las últimas horas del Hijo de Dios en la tierra.
Los 4 evangelios contienen el relato de cómo Jesús llegó hasta el sitio de la crucifixión, sin embargo necesitamos aclarar algunos detalles:
  1. El evangelio de Juan dice que Jesús “salió cargando su propia cruz hacia el lugar de la Calavera” (Jn 19.17), mientras que los evangelios sinópticos dicen que los romanos obligaron a un hombre llamado Simón a ayudarle a Jesús a cargar su cruz (Mt 27.32). Lo que se presume entonces es que Jesús inició el trayecto hacia el Gólgota cargando su propia cruz, pero durante el camino ya no pudo más con el peso y fue necesaria la intervención de Simón.
  2. La figura de “Simón de Cirene” es muy interesante. Marcos 15.21 menciona varios detalles de este personaje: a) provenía de Cirene (África del Norte), donde se sabe que existía una colonia de judíos; b) era “padre de Alejandro y de Rufo”. ¿Qué notamos de diferente aquí con respecto a otras menciones de individuos en el Nuevo Testamento? Normalmente se mencionaba el nombre de la persona y posiblemente el nombre de su padre (ej: “Santiago y Juan, hijos de Zebedeo” en Mateo 4.21), pero no el nombre de los hijos, a menos que tuvieran una relevancia especial para la audiencia de la carta. El The New American Commentary: Mark, de Broadman & Holman Publishers, menciona que hay una posibilidad que Alejandro y Rufo eran un par hermanos cristianos que eran conocidos por los destinatarios del evangelio original de Marcos. Pablo dice en Romanos 16.13, “Saluden a Rufo, distinguido creyente, y a su madre, que ha sido también como una madre para mí.” Si el Rufo de Marcos 15.21 y el de Romanos 16.13 son la misma persona, esto reforzaría la creencia de la procedencia romana del evangelio de Marcos (Roma es señalada por la mayoría de los estudiosos bíblicos como el lugar de composición de este evangelio). Esto también quiere decir que posiblemente Simón de Cirene fue impactado a tal grado por aquel momento en que ayudó a Jesús que después él y su familia se harían cristianos.
  3. Las Escrituras mencionan que Jesús fue llevado “a un lugar llamado Gólgota (que significa «Lugar de la Calavera»)” (Mt 27.33). La Biblia de Estudio Arqueológica nos dice que este sitio pudo haber sido una colina pequeña en forma de calavera a las afueras de la ciudad, o bien, simplemente el nombre para un sitio donde se habían llevado a cabo muchas ejecuciones.
  4. También varios pasajes afirman que una vez que llegó a ese lugar, “le ofrecieron vino mezclado con mirra” (Mr 15.23) o “le dieron a Jesús vino mezclado con hiel” (Mt 27.34). ¿Para qué servía esta mezcla? De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarsity Press, las mujeres piadosas de Jerusalén preparaban ese tipo de mezcla para aliviar un poco el dolor de los que iban a ser ejecutados. Se sabe por ejemplo que la mirra tiene efectos narcóticos. ¿Qué hizo Jesús con esta bebida? La Biblia dice, “pero después de probarlo, se negó a beberlo.” (Mt 27.34). Jesús, sabiendo el efecto sedante que tendría esta combinación, prefirió no beberla, enfrentando de esa manera de forma completa su sufrimiento. No quiso disminuír en nada su dolor.
  5. Una vez que esto sucedió, los evangelios dicen de forma sencilla: “Lo crucificaron” (Mt 27.35) o “Allí lo crucificaron” (Jn 19.18). Pero, ¿realmente cómo se crucificaban a las personas en ese tiempo? Nuevamente La Biblia de Estudio Arqueológica nos ayuda describiéndonos cómo era la crucifixión: al prisionero se le clavaba (o ataba) a una cruz, si era crucificada se le atravesaban pesados clavos de hierro en las muñecas y los tobillos. La persona sufría terriblemente por varios factores: las heridas producidas, la posición anormal del cuerpo (donde el mínimo movimiento producía mucho dolor) y por último, la fiebre traumática inducida por permenecer mucho tiempo colgado.
Otros detalles importants que sucedieron mientras Jesús estuvo en la cruz fueron:
  1. Una vez crucificado Jesús, la Biblia afirma que otras dos personas fueron crucificados a cada lado de él (Jn 19.18). Mientras que Mateo y Marcos mencionan que ambos criminales insultaban también a Jesús, Lucas afirma que uno de ellos lo trató de forma diferente, incluso lo defendió de las burlas de su compañero, rogándole al final: “—Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.” (Lc 23.42), a lo que Cristo respondió, “—Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23.43). Recordemos aquí Mateo 9.6, “Pues voy a demostrarles que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados.” Jesús tenía autoridad para perdonar pecados mientras estuviera en la tierra a quien él deseara hacerlo. Así como en otras ocasiones, en ese momento en la cruz, antes de morir, Jesús decidió perdonar al último hombre.
  2. La hora de la crucifixión fue registrada en Marcos 15.25, “Eran las nueve de la mañana cuando lo crucificaron.” o “Era la hora tercera (9 a.m.) cuando Lo crucificaron.” (NBLH). Pero Juan 19.14 dice del momento cuando Jesús salió del pretorio, “Era el día de la preparación para la Pascua, cerca del mediodía.”, “Y era el día de la preparación para la Pascua; eran como las seis de la mañana (hora Romana).” (NBLH), “(Era la preparación de la Pascua, como la hora sexta.)” (BTX). Al comparar las versiones en el mismo versículo, podemos darnos cuenta que hay algo más que necesitamos profundizar en cuanto a los horarios. La Biblia de Estudio Apologética nos confirma que Juan estaba utilizando el horario romano que iniciaba a las 12 a.m., así que la “hora sexta” correspondería a las 6 a.m. (esa sería la hora en que Jesús salió del pretorio). Mientras que Marcos estaba utilizando la forma típica judía de medir el tiempo, que comenzaba a partir de que se hacía de día. Así, “la hora tercera” para Marcos equivaldría a las 9 a.m. para nuestro calendario. En conclusión, no existen ninguna contradicción en estos textos, todo es cuestión de profundizar en el contexto histórico de los pasajes.
  3. Aún en la cruz, Jesús soportó también burlas de parte de los judíos y también de los romanos. Comenzando con el letrero que Pilato mandó poner en la cruz con la causa de su condena: “El Rey de los Judíos” (Mr 15.26), que fue escrito en 3 idiomas (latín, hebreo y arameo). Esto no significa que Pilato creyera eso, solamente lo puso por ser el argumento para su ejecución, con la toque irónico para los judíos que trataron de impedir que Pilato pusiera el letrero (se sentían ofendidos). Además el evangelio de Juan narra cómo los soldados echaron a suertes la ropa de Cristo mientras éste estaba en la cruz (Juan 19.23-24), con lo que se cumplió otra profecía mesiánica (Salmos 22.18). Los jefes de los sacerdotes e incluso la misma gente que estaba presente insultaba a Cristo y se burlaba de él con diferentes comentarios: “—¡Eh! Tú que destruyes el templo y en tres días lo reconstruyes—decían—, 30 ¡baja de la cruz y sálvate a ti mismo!” (Mr 15.29-30), “—Salvó a otros—decían—, ¡pero no puede salvarse a sí mismo!” (Mr 15.31).
  4. Juan y Lucas nos dan más detalles de las palabras que Jesús dijo tanto un poco antes de ser crucificado como mientras estaba colgado en la cruz: a) cómo animó a las mujeres que lo querían animar a él, con palabras que posiblemente apuntaban hacia la próxima invasión de Jerusalén por parte de los romanos (Lc 23.28-30); b) el encargo que el hizo a Juan de cuidar a María, la madre de Jesús (Juan 19.25-27), c) su oración final a Dios (“—Elí, Elí, ¿lama sabactani? (que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”), Mt 27.46), d) la afirmación de haber cumplido su misión de forma total (“—Todo se ha cumplido., Jn 19.30). Fuera de la oración que hizo a Dios (la analizaremos en un instante), las palabras de Jesús mientras estaba en la cruz revelan dónde estaba su corazón en ese momento: pensando en las personas, tanto las que estaban ahí como las que vendrían después. Hasta el último instante cuidó que todas las cosas sucedieran conforme se habían escrito, es decir, él mismo hizo que las Escrituras sucedieran con su obediencia al plan de Dios. Un corazón libre de egoísmo, incluso al estar experimentando tanto sufrimiento y a punto de morir. Un gran lección para nosotros, que ante la adversidad, muchas veces salen de nuestra boca expresiones de amargura, enojo fuera de control y desobediencia a Dios.
  5. Una de las oraciones más significativas que hizo Jesús mientras estaba colgado fue la siguiente: “—Padre—dijo Jesús—, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” (Lc 23.34). Jesús estaba intercediendo ante Dios por el perdón para sus asesinos materiales (los romanos). ¿Qué nos muestra esta acción? Que el corazón de Jesús no estaba cargado de odio o resentimiento contra sus agresores, sino que ya los había perdonado y ahora pedía a Dios que los perdonara. ¡Extraordinario ejemplo del perdón a las ofensas!
  6. La oración de Jesús en Mateo 27.46 aparece como “—Elí, Elí, ¿lama sabactani?”, mientras que en Marcos 15.34 dice, “—Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?” De acuerdo con la Biblia de Estudio Apologética, la versión de Marcos está en arameo, mientras que en la de Mateo se utiliza un nombre para Dios más hebreo (“Eloi”). Ambas son una versión parafraseada del Salmo 22.1. ¿Por qué Jesús repitió este salmo justo antes de morir? ¿Por qué expresó esta queja? Es posible que Jesús sintiera todo el peso de nuestros pecados con la consecuencia natural: separación de Dios (Isaías 59.2). Hasta este momento había soportado diferentes tipos de dolores: el emocional (la traición y el abandono de sus amigos), el físico (la torturla y la crucifixión), pero ahora estaba experimentando un tercer tipo de dolor, ¡el espiritual! Sintió la lejanía de Dios como consecuencia de cargar todos los pecados de la humanidad encima de él.

Ahora, en cuanto a la muerte de Cristo, sucedieron varias cosas que también vale la pena mencionar:

  1. La hora registrada de la muerte fue “A las tres de la tarde” (Mr 15.33) o “Llegada la hora sexta” (BTX).
  2. Un fenómeno cósmicos sucedió, según los registros de los evangelios: “Desde el mediodía y hasta la media tarde quedó toda la tierra en oscuridad.” (Mr 15.33), “el sol se ocultó” (Lc 23.44). De acuerdo nuevamente con la Biblia de Estudio Apologética, no es posible que se tratara de un eclipse (ya que la Pascua se celebraba con luna llena). Más bien, es posible que se tratara solamente de un oscurecimiento parcial del área geográfica que ocupaba Jerusalén o incluso más allá, posiblemente debido a una tormenta o acumulación de nubes. Sin embargo, los evangelistas relacionan el suceso con la cercanía de la muerte de Cristo, como si creyeran que Dios estuvo atrás del fenómeno. Posiblemente.
  3. Un fenómeno que esta vez no tiene una explicación racional sucedió cuando “la cortina del santuario del templo se rasgó en dos, de arriba abajo” (Mr 15.38). Además el evangelio de Mateo añade más eventos sobrenaturales que sucedieron al morir Jesús (Mateo 27.51-53): a) temblor de tierra y partimiento de rocas, b) resurrección de “muchos santos que habían muerto”, c) aparición de estas personas resucitadas a muchas otras (pero “después de la resurrección de Jesús”). Aunque Mateo es el único que menciona 2 de estos 3 eventos sobrenaturales, no hay razón para dudar de ellos. Congruente con toda la intención de su evangelio, Mateo aclaró que estos eventos sí sucedieron, fueron históricos, todos alrededor de la muerte y la resurrección de Jesús. Ahora, en cuanto al rompimiento de la cortina del templo, el Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia, de Editorial Caribe, menciona que el templo contenía 2 cortinas (una delante del lugar santo y otra entre el lugar santo y el lugar santísimo, donde se creía residía la presencia de Dios). La que se rompió fue la segunda, y además fue “de arriba abajo”, es decir, una fuerza sobrenatural que vino desde el techo del templo hacia el piso fue la que rompió la cortina. Existen varias interpretaciones entre los estudiosos de este evento: a) simboliza el acceso que Dios abrió a su presencia para todas las naciones a través del sacrificio de su Hijo (Heb 6.19, 10.19-22); b) o tal vez simboliza que Dios abandonó para siempre el templo (Ezequiel 10-11). Lo que es seguro es que ninguno de estos eventos fueron circunstanciales y que hay un fuerte significado teológico atrás de ellos.
  4. Los evangelios sinópticos mencionan que al presenciar todos estos eventos extraños, fue nada más y nada menos que el centurió romano que estaba a cargo de las tropas encargadas de la ejecución quien reconoció abiertamente: “—¡Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios!” (Mr 15.39). Tal vez no estaba hablando con toda la fe requerida para comprender lo que dijo, pero definitivamente terminó creyendo que había algo de divino y sobrenatural en Cristo y que no era simplemente un ser humano cualquiera, como ellos pensaban al inicio. Irónicamente fue un pagano quien reconoció la santidad, rectitud e inocencia de Cristo, en lugar de los judíos religiosos que también presenciaron lo mismo pero la dureza de su corazón no les permitió humillarse de esa manera y reconocer su error.
  5. Un dato curioso más que nos presentan algunos de los evangelios es el recuento de las mujeres presentes durante los últimos momentos de Cristo (Mr 15.40-41, Mt 27.56, Jn 19.25): la mamá de Jesús, la mamá de Juan y Jacobo, la hermana de la mamá de Jesús (su tía), otra María (esposa de Cleofas) y María Magdalena. Todas estuvieron frente a Cristo mientras él agonizaba y moría. ¡Imaginemos el dolor de su madre al estar presenciando todo esto! ¿Por qué los hermanos de Jesús no estaban (o al menos no se registró)? No lo sabemos, pero recordemos que sus hermanos no creyeron sino hasta después de su resurrección (lo estudiaremos más adelante).
  6. Por último, el evangelio de Juan incluye el cumplimiento de 2 profecías mesiánicas (Salmos 34.20 y Zacarías 12.10), con respecto a que a Jesús no le quebraron las piernas como era costumbre para que los presos murieran rápido, y también por el hecho de que atravesaron a Jesús con una lanza para verificar su muerte y Juan fue testigo visual de todo lo que pasó. La afirmación que hace Juan en Jn 19.35, “El que lo vio ha dado testimonio de ello, y su testimonio es verídico. Él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean.”, es congruente con el propósito del apóstol al escribir su evangelio: combatir las enseñanzas de los gnósticos que en ese tiempo querían infiltrar a la iglesia cristiana y que ponían en duda la naturaleza dual de Cristo (humana y divina al mismo tiempo).
Para terminar, algunas notas de corte apologético sobre la muerte de Cristo:
  1. Toda una leyenda se formó con el tiempo con respecto a la lanza que utilizó el soldado romano para atravesar el costado de Jesús. Se le llama “La Lanza del Destino” (click para ver un reportaje al respecto). Diversos personajes famosos en la historia (como Hitler) desearon poseer el supuesto artefacto con propósitos místicos. Pero no deja de ser una leyenda popular.
  2. Los Testigos de Jehová afirman que Jesús no murió en un madero en forma de cruz, sino simplemente en un poste vertical de madera (click en la liga para ver más detalles). Para ellos, este asunto es fundamental en sus creencias. Sin embargo, las evidencias históricas y bíblicas apuntan más hacia la imagen de la cruz de madera.

Conclusiones:

  1. Cuando Jesús dijo en Lucas 9.23, “—Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga.”, él tenía en mente su propia experiencia cargando la cruz al salir del pretorio romano. No era una imagen agradable ni cómoda. De la misma manera, entendamos que seguir a Jesús sinceramente nos lleva sin duda a cargar nuestra propia cruz por su causa. Esto quiere decir que el sufrimiento por Cristo en varias áreas de nuestra vida es parte esencial de la vida de un verdadero discípulo.
  2. Apreciemos más la convicción de Jesús de no morir hasta no asegurarse que todo lo que se escribió de él en el Antiguo Testamento había sido cumplido. Su propio sufrimiento era irrelevante comparado con su misión. ¿Qué tal nosotros? ¿Nuestro sufrimiento personal nos lleva a olvidarnos de nuestro deber para con Dios rápidamente? ¡Meditemos en el ejemplo de Jesús!
  3. Valoremos también el amor a las personas que Jesús siguió mostrando aún estado colgado en la cruz. Su mente no estaba en su propio sufrimiento, sino en la preocupación por las personas que lo rodeaban aquel día y por las que vendrían después. Aprendamos de su corazón y llevemos estos principios a la vida diaria.
  4. Si Jesús perdonó a sus agresores que lo llevaron a la muerte, ¿qué excusa tenemos nosotros para no perdonar a nuestro prójimo que nos ha ofendido? ¿Podremos estar ante su presencia en el día del juicio final y tratar de justificar por qué vivimos años sin perdonar a alguna persona? ¡De ninguna manera!
  5. Nunca olvidemos el enorme peso de la cruz que Jesús soportó. No me refiero al peso físico del madero, sino al peso espiritual de los pecados de toda la humanidad ahí encima de él. Ese día vivió en carne propia la separación espiritual de su Padre por esta causa, por nosotros y nuestros pecados. ¡Solo nos resta agradecerle con una entrega total a él por el resto de nuestra vida! Llenémonos de gratitud por esta causa.
Los dejo con varios videos significativos sobre la muerte de Jesús y su trascendencia para nuestra vida.


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