Día 288

INTRODUCCIÓN AL LIBRO DE JEREMÍAS.

Continuaremos ahora, según el orden cronológico que seguimos para la elaboración de este blog bíblico, con el libro dl profeta Jeremías. De acuerdo con el autor G. Archer en su libro A Survey of Old Testament Introduction, Jeremías fue compuesto entre el 700 y el 501 a.C., al igual que el libro de Lamentaciones (compuesto también por el profeta Jeremías).

De acuerdo con la International Standard Bible Encyclopedia, Revised, de Wm. B. Eerdmans, el libro de Jeremías tiene también la siguiente información de contexto:

  1. Las fuentes existentes para reconstruir la vida y los tiempos del profeta Jeremías son el libro que lleva su nombre, las narrativas históricas de 2 Reyes 21 al 25 y 2 Crónicas 33 al 36, los libros de otros profetas contemporáneos (Sofonías, Nahúm, Habacuc, Ezekiel) y los descubrimientos arqueológicos de fuentes extrabíblicas.
  2. Jeremías fue hijo del sacerdote Hilcías, en el pueblo de Anatot (a unos 5 km. al norte de Jerusalén). Mientras todavía era un joven, Jeremías fue llamado por Dios al ministerio profético, en el treceavo año del reinado de Josías (627 o 626 a.C.).
  3. Según esta fecha, el tiempo de su llamado coincidió con la muerte del último gran gobernante asirio, Arsubanípal, y la siguiente desintegración del imperio asirio, dejando a Judá libre de la opresión asiria y con un breve tiempo de independencia bajo el reinado de Josías.
  4. Se cree que el corazón de Jeremías se motivó mucho durante las reformas religiosas que el rey Josías organizó, pero con el paso de los años parece que Jeremías se desilusionó por la superficialidad de dichas reformas y su predicación se volvió más crítica. Tiempo después sería perseguido por los reyes que siguieron a Josías precisamente por sus mensajes proféticos.
  5. A pesar de respaldar las reformas religiosas que Josías comenzo, Jeremías nunca perdió de vista la convicción de la suerte final que sufriría Judá en un futuro próximo, con la invasión por parte de Babilonia y el exilio de miles de sus compatriotas.

JEREMÍAS 1.1 – 5.19.

Los versículos 1 al 3 del capítulo 1 nos presentan un resumen de lo que fue el ministerio profético de Jeremías, desde que fue llamado por Dios a su misión en el año 13 del reinado de Josías, pasando después por el reinado de los hijos de Josías, hasta el mes de agosto del año once del reinado de Sedequías, donde “la gente de Jerusalén fue llevada cautiva” (Jer 1.3). Aunque existen algunas posturas académicas que afirman que es posible que estos primeros 3 versículos fueran añadidos posteriormente por otro editor, presentando una introducción al libro completo, no hay suficientes elementos para dudar con bases de que el autor de la obra completa haya sido el mismo Jeremías le dictó a Baruc aproximadamente en el 605 a.C., como dice Jeremías 36.4 (DHH-LA), “Jeremías llamó a Baruc, hijo de Nerías, y le dictó todo lo que el Señor le había dicho, y Baruc lo escribió en un rollo.”

Vamos a agrupar el mensaje profético de estos primeros 5 capítulos en los temás más relevantes:

  1. El llamado a Jeremías (Jeremías 1.4-19). El contenido de este pasaje revela varios aspectos importantes acerca del tipo de llamado que Dios le hizo a Jeremías: a) lo escogió desde antes que naciera para la misión (Jer 1.5), b) Jeremías trató de excusarse del llamado basado en su edad (“Soy demasiado joven”, v. 7), pero Dios firmemente rechazó tal argumento afirmando que Él mismo protegería al profeta de la gente y por lo tanto no debería tener miedo (de acuerdo con el The New American Commentary: Jeremiah, Lamentations, de Broadman & Holman Publishers, se cree que Jeremías tendría menos de 20 años de edad y que nunca se casó ni tuvo hijos, como Jeremías 16.2 lo confirma); c) la fuerza del mensaje de Jeremías radicaba en lo que Dios afirmó: “he puesto mis palabras en tu boca” (v. 9), así que no sería el hombre Jeremías dando su opinión sobre los asuntos sino el mismo Dios que hablaría a través de él; d) la naturaleza dual del mensaje de Jeremías (“A algunos deberás desarraigar; derribar… a otros deberás edificar y plantar.”, v. 10) nos presenta mensajes de juicio severo contra Judá por un lado pero también mensajes de esperanza y restauración futura por el otro, y e), Jeremías debería esperar una reacción hostil de parte del pueblo de Judá ante su mensaje pero a la vez debería confiar en que Dios lo protegería. Un detalle exegético curioso está los versículos 11 al 12: “—Veo una rama de almendro —contesté yo. 12 —Así es —dijo el SEÑOR—, y eso significa que yo estoy vigilando y ciertamente llevaré a cabo todos mis planes.” En el idioma español esta afirmación no tiene sentido, pero en el hebreo original, la palabra para “almendro” (shaqued) suena muy similar a la palabra “vigila” (shoqued). Siendo así, en hebreo el juego de palabras tenía sentido, pero lamentablemente no sucede en nuestros idiomas contemporaneos.
  2. La ilustración del matrimonio y el adulterio. A partir del capítulo 2, el libro de Jeremías presenta varias referencias a la fidelidad que Dios esperaba de Israel y de Judá y al dolor que le causó ver cómo se desviaron hacia la idolatría, y comparó dicha acción con los sentimientos involucrados en la fidelidad esperada en el matrimonio y el dolor causado por el adulterio descarado. Dios recordaba los primeros días de Jerusalén en su caminar de fe diciendo, “Recuerdo qué ansiosa estabas por complacerme cuando eras una joven recién casada” (Jer 2.1), pero que rápido degeneró primero en una ingratitud por olvidarse de quién los sacó de Egipto y los cuidó en el desierto hasta llevarlos a la Tierra Prometida (Jer 2.6-7) y después en una entrega a la idolatría tanto por parte del pueblo como de los profetas y los dirigentes del mismo. Dios también comparó en estos pasajes la infidelidad de Judá e Israel con la imagen de una prostituta que se entregaba a cuando amante se aparecía (Jer 2.20). Dios esperaba que su amada nación Israel le fuera fiel y le agradeciera por todos los cuidados pero en lugar de eso tuvo que soportar cómo decidieron voluntariamente abandonarlo y buscarse otros “amantes” (dioses) y tuvo que presenciar cómo rindieron culto a figuras de madera y de piedra. Sus juicios son fuertes: “te has prostituido con muchos amantes… eres una prostituta descarada y totalmente desvergonzada” (Jer 3.1-3). Estas ilustraciones nos ayudan a comprender mejor el enorme dolor que Dios sintió al ver a su pueblo escogido abandonar su fe en Él para cambiarla por la fe en las religiones demoníacas de las naciones vecinas. El dolor que sintió solo se podría comparar al dolor de un esposo que descubre que su mujer lo ha engañado con múltiples hombres durante mucho tiempo y aún así, se queda corto. Antes de que juzguemos a Dios en cuanto a sus decisiones de castigar a su pueblo, primero pensemos en lo que Él sintió con la traición de su pueblo. El versículo 12 de Jeremías 12 resumen bien esto: “Los cielos están espantados ante semejante cosa y retroceden horrorizados y consternados”, “El universo entero se sorprende y tiembla de espanto.” (BJL), al ver a Israel y Judá abandonar a su Señor.
  3. La necedad de la idolatría y sus consecuencias. Dios afirma que su pueblo se volcó a adorar “ídolos inútiles” (Jer 2.5) y que lo que hicieron fue tan aberrante que ni siquiera las naciones paganas vecinas habían hecho algo parecido (cambiar a sus dioses locales por otros dioses extranjeros, Jer 2.11). El grado de estupidez espiritual era tan fuerte en su pueblo que decidieron decirle “padre” a un trozo tallado de madera y “madre” a un idolo esculpido en piedra (Jer 2.27). Pero eso sí, Dios los acusa porque “durante tiempos difíciles me suplican: ¡Ven y sálvanos!” (Jer 2.27). ¿Acaso no suena muy parecido a lo que las personas hacen hoy? Le dicen al dinero, “padre”, y a la satisfacción de sus placeres, “madre”, pero siempre que tienen problemas corren a los templos diversos a buscar a Dios para que los salve. ¡La humanidad no ha cambiado! Seguimos teniendo los mismos problemas de corazón. ¿Y cuáles eran las consecuencias de tales actos? Como Dios mismo lo dice en Jeremias 2.13, “Pues mi pueblo ha cometido dos maldades: me ha abandonado a mí —la fuente de agua viva— y ha cavado para sí cisternas rotas ¡que jamás pueden retener el agua!” La primera maldad a los ojos de Dios fue abandonarlo a Él, la segunda fue buscarle un substituto, por llamarlo de alguna manera, algo que reemplazara el lugar que Dios debería ocupar en los corazones del pueblo. El problema era que buscaron en el peor lugar y terminarían vacíos, tal como la ilustración escrita lo describe: “ha cavado para sí cisternas rotas ¡que jamás pueden retener el agua!”. Solo Dios es la fuente de agua viva, nada ni nadie se le puede comparar, y cuando abandonamos a Dios, dejamos de recibir esa fuente de agua viva; y cuando lo cambiamos por algo o por alguien más, ¡estamos tratando de llenar la cisterna de nuestra alma pero tiene ya un agujero! Y todo se sale, dejándonos más vacíos que antes de incluso haber conocido a Dios.
  4. La responsabilidad de los hombres. Nadie podría culpar a Dios de lo que pasaría en Judá ya que, según Él afirma, “Tú mismo te has buscado esta desgracia al rebelarte contra el SEÑOR tu Dios, ¡aun cuando él te guiaba por el camino!” (Jer 2.17). Fue tanto Israel como Judá quienes se acarrearon sobre sí tanta desgracia, por haberse apartado de los caminos del Señor, a pesar de tantas advertencias que recibieron y que no quisieron escuchar. Y en el caso de Judá, podemos ver en Jeremías 3.6-10 cómo Dios los consideró más responsables aún que Israel, porque vio el castigo que sufrió Israel y no quiso aprender la lección. Es tan fácil que hoy las personas culpen a Dios de todos sus males pero no se preguntan cómo ellos lo han tratado a Él. Somos muy buenos para culpar a otros, comenzando por culpar a Dios, pero muy malos para vernos al espejo y reconocer nuestra responsabilidad personal en las situaciones.
  5. El deseo de Dios para el corazón humano. Hay 3 cosas que la Biblia nos revela sobre lo que Dios quería para su pueblo: A) Que reconociera sus maldades y se arrepintiera sinceramente, como dicen varios pasajes: “Sólo reconoce tu culpa; admite que te has rebelado contra el Señor tu Dios.. Confiesa que rehusaste oír mi voz.” (Jer 3.13) y “Reconoce los espantosos pecados que has cometido” (Jer 2.23). El pueblo de Dios no quería reconocer sus maldades, y sin reconocimiento personal no puede haber perdón ni bendición posterior. Dios anhelaba el día en que su pueblo admitiera su culpa. B) Que trataran su corazón y lo hicieran suave a la Palabra de Dios: “«¡Pasen el arado por el terreno endurecido de sus corazones! …  renuncien a su orgullo y a su poder. Cambien la actitud del corazón ante el SEÑOR…” (Jer 4.3-4). Dios quería corazones verdaderamente dolidos por su pecado y arrepentidos, no aceptaría menos. C) El sueño de Dios para su pueblo: “”Me dije a mí mismo: ‘¡Cómo quisiera tratarlos como a mis propios hijos!’. Sólo quería darles esta hermosa tierra, la posesión más maravillosa del mundo. Esperaba con anhelo que me llamaran ‘Padre’, y quise que nunca se alejaran de mí.” (Jer 3.19). Dios quería lo mejor para su pueblo, tratarlos como a hijos y darles sólo lo mejor, pero ellos no lo permitieron. Definitivamente el corazón de Dios sufre cuando su pueblo o un miembro de su pueblo lo rechaza y prefiere el mundo a vivir en un comunión con Él. ¡Tanta gente nunca sabrá lo que Dios tenía preparado para ellos porque lo abandonaron en el camino! Sigamos fieles a Él, porque Él quiere lo mejor para sus hijos y así será.
  6. El anuncio del juicio a través de una nación extranjera. El capítulo 5 anuncia en varios versículos que llegaría “una nación lejana… una nación poderosa… una nación antigua” para servir como instrumentos de juicio sobre Jerusalén. Pronto sucedería esto, cada palabra profética se cumpliría.

Conclusiones:

  1. Cuando Dios nos llama para su servicio, necesitamos confiar en Él. Jesús prometió que estaría con sus discípulos “todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28.20, DHH-LA). Si vamos a servirlo en su iglesia o para ayudar a los necesitados o para predicar el evangelio, confiemos que Él nos acompaña, que no vamos solos, y que cree que podemos, sin importar nuestra edad o nuestra experiencia.
  2. Estar en una relación con Dios es algo realmente muy serio. Para Él, es como si nos “casáramos” con Él. Abandonar esa relación y traicionarla por una relación con el mundo (en cualquiera de sus formas), le genera un dolor a Él y eventualmente se nos pedirá cuentas de ello. ¡Apreciemos nuestra relación con Dios! ¡Cuidémosla! ¡Seámosle fieles! No andemos en adulterio espiritual.
  3. Comprendamos que nada ni nadie podrá substituir a Dios en nuestro corazón. Aunque nosotros tratemos de llenar nuestra alma con otras cosas, ¡nunca dará los mismos resultados! Todos los “dioses falsos” de este mundo (como el dinero, los placeres, las mujeres o los hombres, y más), simplemente nos dejarán más vacíos que al inicio. Mejor llenémonos de Dios cada día y valoremos que lo tenemos al alcance.
  4. Dios es nuestro Padre y quiere lo mejor para sus hijos, o sea, nosotros los creyentes. Nunca menospreciemos sus planes para nosotros, ¡son muy grandes! Van más allá de nuestro entendimiento. Solo necesitamos aprender a ser pacientes y confiar en Él.

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