Día 333

INTRODUCCIÓN A LOS LIBROS DE HAGEO Y ZACARÍAS.

Según el Holman Bible Handbook, de Holman Bible Publishers, hay un factor en común que tienen los libros de Hageo y Zacarías: ambos fueron escritos para motivar a los recién llegados del destierro a no desanimarse ante la oposición que encontraron al intentar reconstruir el templo y a continuar en su misión. De acuerdo con la cronología propuesta por Gleason Archer en su libro A Survey of Old Testament Introduction, el libro de Hageo está fechado en el 520 a.C., mientras que el libro de Zacarías en el 480 a.C. Veamos algunos aspectos importantes del contexto de cada libro:

  1. El grupo de aproximadamente 50,000 exiliados que regresaron a Jerusalén dirigidos por Sesbasar con el encargo del rey Ciro de reconstruir su templo encontraron inmediatamente oposición por el gobernador de Samaria que en alianza junto con otras provincias circundantes y los mismos judíos que habían quedado en Israel intentaron hacerle la vida difícil a los israelitas llegados del destierro. Esta oposición continuó y se incrementó durante el reinado de Ciro (539-530 a.C.), Cambises (530-522 a.C.) y Darío (522-486 a.C.).
  2. Bajo el liderazgo de Zorobabel, la población que regresó del exilio puso los cimientos del nuevo templo, pero las comparaciones del nuevo edificio con el primer templo de Salomón, la continua oposición que encontraron, y las preocupaciones producto de sus asuntos personales hicieron que las labores de reconstrucción se detuvieran. Es aquí donde Dios mandó a Hageo y Zacarías a motivar a la gente a regresar a sus trabajos de fe que habían iniciado.

ESDRAS 4.24 – 5.2, HAGEO 1.1 – 2.23, ZACARÍAS 1.1 – 5.11.

Tal como leímos en la introducción, en Esdras 4.24 – 5.2 encontramos precisamente la referencia a la suspensión temporal de las labores de reconstrucción del templo de Jerusalén hasta que se reanudaron en “el segundo año del reinado de Darío, rey de Persia.” (Esd 4.24), que de acuerdo a las notas de la NTV, fue el año 520 a.C. ¿Quién fue el rey Darío? De acuerdo con el Easton’s Bible Dictionary, de Harper & Brothers, fue el hijo de Histapes, de la familia real Aqueménida. No fue el sucesor inmediato de Ciro en el trono porque hubo 2 reyes intermedios: Cambises (el hijo de Ciro, reinó del 529 al 522 a.C.) y un ursurpador llamado Esmerdis que reinó solamente 10 meses y que fue asesinado. Después seguiría Darío, que reinó del 521 al 486 a.C.

Se cree que fue Esmerdis el rey que escribió el decreto donde se prohibía la restauración del templo y de la ciudad de Jerusalén en Esdras 4.17-22 ya que, al ser un ursurpador, no continuó en la misma línea política que sus antecesores (Ciro y Cambises), pero justo después de su muerte y bajo el gobierno del nuevo rey Darío, la buena voluntad hacia los israelitas fue restaurada.

En ese tiempo fue justo cuando Dios envió a los profetas Hageo y Zacarías para profetizar a los judíos que estaban en Judá y Jerusalén. Notemos cómo el término “judíos” (Esd 5.2) se utiliza de forma más amplia a partir de los libros escritos en los tiempos post-exílicos (posteriores al exiliio babilónico), para designar en general a todos los israelitas sin importar si provenían de las familias de Benjamín o de Judea (antiguos reinos del norte y del sur). También recordemos que a los pobladores del antiguo reino del norte se les llamó “samaritanos” por vivir en la zona que se llamó “Samaria”.

En cuanto al libro de Hageo (compuesto solamente por 2 capítulos), podemos comentar las siguientes observaciones:

  1. La fecha de la visión. De acuerdo con Hageo 1.1, fue el “29 de agosto del segundo año del rey Darío” (es decir, el 520 a.C.), el mismo año que menciona Esdras 4.24 como el año en que se reiniciaron las labores de reconstrucción en Jerusalén. Los destinatarios del mensaje profético fueron Zorobabel (el gobernador de Judá) y Jesúa (el sumo sacerdote), es decir, las principales figuras de liderazgo político y religioso en Israel.
  2. El reclamo de Dios (Hageo 1.2-10). En varios versículos podemos notar la molestia que Dios expresó con respecto a la indiferencia que los israelitas que regresaron del exilio estaban mostrando hacia la reconstrucción del templo. De acuerdo al texto, ellos pensaban que tal vez todavía no era el tiempo adecuado para reconstruír la casa de Dios (v. 2) y por eso mejor se enfocaron en construir sus propias casas con mucho lujo (v. 4) y en ocuparse de la agricultura (v. 6). ¿Por qué hacían esto? Como mencionamos en la introducción, debido a la constante oposición y a las interrupciones forzadas de las labores de reconstrucción, el pueblo se desanimó, se desenfocó y mejor orientó sus esfuerzos a sus propios intereses. Es decir, las dificultades en la misión les robaron la motivación. Dios los estaba reprendiendo fuertemente por eso e incluso afirma que los estaba disciplinando en las cosechas y en la prosperidad personal de cada uno debido a la actitud que tomaron (v. 6). Bajo ese contexto Dios les promete que si se enfocaban en reconstruir su casa de nuevo, Él se sentiría muy honrado y levantaría la disciplina que les impuso.
  3. La respuesta de los líderes y del pueblo (Hageo 1.12-15). A diferencia de tiempos pasados cuando Dios enviaba mensajes a través de sus profetas, ahora tanto los dirigentes como el pueblo respondieron con humildad ante el llamado y se arrepintieron. Comenzando con Zorobabel y con Jesúa y luego el resto del pueblo, todos “comenzaron a obedecer el mensaje del Señor su Dios” (Hag 1.12). Después Dios mismo “despertó el entusiasmo” de todos y los trabajos de reconstrucción iniciaron de nuevo casi 1 mes después de que Hageo recibió la visión de parte de Dios. ¡Parece que habían aprendido la lección de la arrogancia de sus antepasados!
  4. La forma en que Dios trató las comparaciones de la gente con el primer templo (Hageo 2.1-9). Recordemos que Esdras 3 menciona que cuando se pusieron los cimientos del nuevo templo, hubo emociones encontradas, ya que mientras que los más jóvenes estaban felices, los más viejos que fueron testigos del primer templo del rey Salomón estaban llorando, porque comparaban el templo nuevo con el primero y pues no había comparación, ¡era mucho mejor el primero! Parece que ese sentimiento continuó y se fortaleció entre los israelitas, ya que en Hageo 2.1-9 Dios mismo llama la atención al pueblo a que ya no continuara comparando a los 2 templos porque era un hecho que no se parecían en nada (v. 3). Más bien, necesitaban confiar en Dios y ser fuertes y no temer (v. 5). Además, les dio una promesa: “8 La plata es mía y el oro es mío —dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales—. 9 La futura gloria de este templo será mayor que su pasada gloria” (Hag 2.8-9). Dios tenía el poder y los recursos para darle más esplendor y gloria a este nuevo templo que al primero, debido a que Él es el dueño de todas las cosas que existen y puede hacer lo que desee con ellas.
  5. Las promesas de Dios (Hageo 2.10-23). Hageo recibió una visión de Dios casi 4 meses después de la primera (el 18 de diciembre del mismo año). Esta visión estaba compuesta de 2 partes: a) la primera estaba destinada al pueblo en general para ayudarles a recordar cómo sus pecados habían traído la ruina sobre la nación entera y después para darles una promesa de que a partir del día de la visión Dios comenzaría a bendecirlos, b) Dios prometió también exaltar a Zorobabel, posiblemente debido a la humildad que mostró ante el mensaje que le mandó por medio de Hageo.

Ahora, en cuanto a los pasajes correspondientes al libro de Zacarías, podemos decir lo siguiente:

  1. La fecha del mensaje. Zacarías 1.1. dice que Dios envió su mensaje al profeta Zacarías “En noviembre del segundo año del reinado de Darío”, es decir, 3 meses después de la revelación a Hageo, en el mismo año. Un segundo mensaje a Zacarías fue revelado 3 meses después del primero (el 15 de febrero del año siguiente).
  2. El destinatario del mensaje. De acuerdo con Zacarías 1.3, el mensaje era para el pueblo de Israel, para todos los que habían regresado del exilio babilónico.
  3. Las diferentes visiones. A través de al menos 6 visiones que debían ser compartidas a todo el pueblo de Israel, Dios reafirmó varias cosas que el pueblo necesitaba recordar: a) El amor “intenso y ferviente” (Zac 1.14) que Dios le tenia a Jerusalén y al templo, b) la justicia que sin falta llegaría contra las naciones que humillaron a Judá (Zac 1.21), c) la promesa de una prosperidad futura muy grande para Jerusalén (Zac 2.4),  d) la reelección de Jerusalén como la ciudad de Dios (Zac 2.12), e) el perdón de los pecados que Dios estaba ofreciendo a su pueblo (Zac 3.1-10), f) un llamado a confiar en Dios y no menospreciar los “modestos comienzos” que estaban teniendo (Zac 4.1-14), g) un llamado a recordar que Dios seguía siendo un Dios de justicia y que castigaría a todos aquellos que no quisieran obedecer las disposiciones de su ley (Zacarías 5.1-11).
  4. La realidad de la oposición del enemigo (Zacarías 3). Dentro de las 6 visiones, ésta en particular contiene un mensaje devocional poderoso para nosotros. Dios había determinado utilizar a Jesúa (el sumo sacerdote) para guiar a su pueblo para la reconstrucción del templo y de la ciudad, pero Satanás aparece acusando a Jesúa ante Dios y su ángel para que no fuera elegido. Efectivamente Jesúa, al igual que el resto de los israelitas que regresaron del exilio, estaban contaminados por sus pecados pasados (representado aquí por la ropa sucia que traía puesta), pero Dios había decidido perdonar sus pecados y darle ropas nuevas limpias. Tan absoluta era su decisión de perdonar que dijo, “en un solo dí quitaré los pecados de esta tierra” (Zac 3.9). Muchos años les tomó a Israel acumular una montaña enorme de pecados, sin embargo, Dios quería perdonar todo eso en un solo día. ¡Así es el poder de Dios para perdonar los pecados de los hombres!

Conclusiones:

  1. La motivación por agradar a Dios y cumplir con la misión que nos ha encargado se puede diluír ante las dificultades constantes y la oposición que enfrentamos en nuestro caminar de fe. Sin embargo, debemos comprender que Dios no se agrada en esa actitud sino que le molesta. Por eso, necesitamos renovarnos espiritualmente día a día en nuestra relación con Dios para no caer en negligencia con la misión que tenemos y poder encontrar las fuerzas para seguir adelante a pesar de cualquier obstáculo.
  2. Dios valora mucho el corazón de aquellos creyentes que al ser reprendidos por Él, se humillan sinceramente y se vuelven su corazón a Dios, tal como el apóstol Pedro recordó Proverbios 3.34 en 1 Pedro 5.5 (NVI): “«Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes».”
  3. Cuando estamos comenzando de nuevo en nuestra vida espiritual, nunca es sano compararnos con algún tiempo pasado donde estábamos mejor. Necesitamos confiar en Dios, encontrar fuerzas en Él, y motivarnos fuertemente para continuar avanzando. Dios tiene sus planes y siempre involucran mejores cosas que en el pasado.
  4. Una de las armas favoritas de Satanás contra nosotros es la culpa. El diablo siempre quiere acusarnos y hacernos sentir culpables para que perdamos nuestra confianza en Dios y nos desanimemos en nuestro caminar de fe. ¡No lo escuchemos! Si Dios nos ha perdonado, ¡no demos pasos para atrás! El perdón de Dios es completo, total y poderoso. En un solo día puede perdonar pecados que tardamos años en sembrar y cosechar.

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