Día 271

SALMOS 128 – 130, 132, 134 – 135.

Continuamos con los salmos que llevan por título “Cántico de los peregrinos que suben a Jerusalén” y que fueron escritos para ser cantados precisamente durante los largos viajes de los israelitas hacia dicha ciudad para las festividades religiosas. El día de hoy analizaremos un grupo de salmos que parece estar enfocado en recordarles a dichos peregrinos una de las cosas más importantes que existen en la vida de devoción a Dios: ¡la motivación! Es decir, el por qué hacían lo que hacían. Al estudiarlos, pensemos nosotros también que son buenos recordatorios para que tengamos presentes el por qué hacemos lo que hacemos hoy:

  1. Recordando la importancia de mantenerse en el temor a Dios (Salmo 128). Todo el salmo es un recordatorio de las grandes bendiciones a corto y a largo plazo que llegan para quienes deciden hacer del temor a Dios su estilo de vida: a) hay felicidad segura para “todo el que sigue sus caminos” (v. 1), b) se disfruta el fruto del trabajo honesto y agradable a Dios (v. 2), c) la presencia de Dios se hace evidente en la familia (esposa e hijos) que es un gozo para el hombre que teme al Señor, d) incluso el deseo de una larga vida para “disfrutar de tus nietos” (v. 6) acompaña a quienes mantuvieron su temor a Dios. Recordemos Proverbios 1.7 (NVI), “El temor del Señor es el principio del conocimiento; los necios desprecian la sabiduría y la disciplina.” El temor a Dios, o también traducido como “Feliz tú, que honras al Señor y le eres obediente.” (DHH-LA) o “¡Dios bendice a todos los que lo obedecen y siguen sus enseñanzas!” (TLA) tiene que ver con una actitud constante de tomar en cuenta a Dios en nuestra vida, de apreciar su Palabra y de esforzarnos sinceramente por obedecerla. Hay grandes promesas en la Biblia para las personas que hacen parte de su vida diaria éstos aspectos, pero hay que mantenerse fiel, porque algunas de esas bendiciones llegan a largo plazo y otras a corto plazo, y también hay que construir diariamente esas convicciones en nuestra vida y en nuestras familias.
  2. Recordando el precio que pagamos por nuestra fe (Salmo 129). El salmista reconoce que desde su “temprana juventud” (v. 1) ha sufrido persecución por causa de su fe e incluso afirma “Tengo la espalda cubierta de heridas” (v. 3). El resto del salmo es una petición a Dios para que haga justicia contra sus perseguidores y sus enemigos porque son “impíos” (v. 4). Para los miembros del pueblo de Dios que provenían de naciones paganas y que iban a la peregrinación, o incluso probablemente aquellos que regresaban del exilio, esta canción era un recordatorio del precio que necesitaban pagar por mantener su devoción a Dios y el cual incluso estaba grabado en sus cuerpos con marcas de tortura. Esta idea nos recuerda un poco a Gálatas 6.17 (DHH-LA), “De ahora en adelante no quiero que nadie me cause más dificultades; pues llevo marcadas en mi cuerpo las señales de lo que he sufrido en unión con Jesús.”, donde el apóstol Pablo hablaba de las marcas físicas que evidenciaban el sufrimiento que había experimentado por causa de su fe en Cristo. Todo verdadero creyente también tiene “marcas” y “heridas” de sufrimiento por causa de su fe que han sido hechas en el camino en el sacrificio, la persecución, las burlas, las calumnias o incluso las decepciones que soportamos por causa de Jesús y su evangelio. ¿Cuáles son las tuyas?
  3. Recordando nuestra incapacidad de salvarnos por nosotros mismos (Salmo 130). Otra cosa que los peregrinos recordaban en su largo viaje a Jerusalén era la realidad de su condición espiritual: “Señor, si llevaras un registro de nuestros pecados, ¿quién, oh Señor, podría sobrevivir?” (v. 3). Ellos necesitaban tener claro que no podían encontrar justificación delante de Dios por sus propios méritos, que Dios era demasiado santo como para que ellos estuvieran a su altura y que al final no eran mas que simples y miserables pecadores que necesitaban de la gracia de Dios que se expresaba en su perdón. ¿Y qué debería generar en ellos encontrar el perdón de Dios? “Pero tú ofreces perdón, para que aprendamos a temerte.” (v. 4), “Pero en Ti hay perdón, Para que seas temido.” (NBLH), “Pero en ti encontramos perdón, para que te honremos.” (DHH-LA). El Nuevo Testamento nos presenta una verdad muy parecida en Tito 2.12 (DHH-LA), “Esa bondad de Dios nos enseña a renunciar a la maldad y a los deseos mundanos, y a llevar en el tiempo presente una vida de buen juicio, rectitud y piedad”. Si Dios nos perdona nuestros pecados no es para que cínicamente regresemos a cometerlos sino para que aprendamos a temerle y a honrarle, arrepintiéndonos sinceramente y luchando por llevar una vida íntegra a sus ojos. Y una parte importante de honrarlo siempre será nuestra relación personal con Él (“en su palabra he puesto mi esperanza… Anhelo al Señor más que los centinelas al amanecer”, v. 5 – 6). Orar y estudiar nuestra Biblia de preferencia diario es una disciplina que refleja nuestra necesidad de Dios, el reconocimiento personal de nuestra condición espiritual y por lo tanto nuestra necesidad de gracia de parte del Señor.
  4. Recordando los grandes hechos de Dios por su pueblo (Salmos 132 y 134 al 135). Ambos salmos recitan las obras maravillossa que Dios había hecho por Israel en el pasado, como la devoción al Señor por parte del rey David, el amor que Dios le mostró a él, el juramento que Dios le hizo de mantener un descendiente suyo en el trono de Judá siempre, la elección divina de Jerusalén, los milagros del éxodo, las victorias contra los pueblos paganos durante la conquista de la tierra prometida y más. ¿Por qué era importante que los israelitas se mantuvieran recordando estas cosas a pesar de que ya tenía mucho tiempo que habían sucedido? Ciertamente recordar las bendiciones de Dios en nuestra vida nos ayuda a salir del negativismo con que normalmente vemos nuestras circunstancias y mantenernos agradecidos con Él. Así. los miembros del pueblo de Dios durante la difícil época en que se escribió este salmo necesitaban también mantener su gratitud a Dios recordando, aunque fuera en canciones, todas las cosas buenas que habían recibido de Dios por generaciones. Y también esa misma memoria les ayudaba a mantenerse alejados de la idolatría al tener presente de nuevo que los ídolos no eran más que objetos hechos por el hombre y espiritualmente inútiles (Salmo 135.15-18). Cuando comparaban a los dioses de las naciones paganas a su alrededor con lo que era el Dios de Israel, ¡no había comparación! Por todo ello, el recordar los grandes hechos de Dios nos lleva naturalmente a la alabanza de su nombre (“… ¡Alaben el nombre del Señor! Alábenlo, ustedes, los que sirven al Señor, los que sirven en la casa del Señor, en los atrios de la casa de nuestro Dios. Alaben al Señor, porque el Señor es bueno; celebren con música su precioso nombre.”, v. 1 – 3). La alabanza verdadera fluirá siempre de un corazón agradecido que tiene presentes los grandes hechos de Dios. La ingratitud nunca generará una alabanza sincera ni genuina. Y por último, la oración también es parte fundamental de una vida agradecida y que busca tener presentes las bendiciones de Dios todo el tiempo (“Levanten manos santas en oración, y alaben al Señor.”, Sal 134.2).

Llevemos entonces a nuestra mente la imagen de aquellos peregrinos que caminaban rumbo a Jerusalén y que venían de todo tipo de situaciones y presiones que debían enfrentar y al mismo tiempo mantener su devoción a Dios. Escuchemos nuevamente sus cantos (los salmos) y comprendamos cómo les ayudaba tanto a su corazón el recordar todas estas cosas. ¡Que así sea en nuestro largo caminar de fe también!

Conclusiones:

  1. Para ver realmente los frutos del temor a Dios en nuestra vida es necesario mantenernos firmes y constantes en dicha convicción y buscar poner a Dios como prioridad en todo tiempo en nuestro corazón. Las mejores familias cristianas se han formado a través de dosis constantes de temor a Dios en sus convicciones principales. ¿Qué estás cosechando en tu familia el día de hoy? ¿Qué convicciones necesitas refrescar para ver mejores frutos?
  2. ¿Cuáles son tus “heridas” que llevas por causa de tu fe? ¿Cuál es el precio que has tenido que pagar hasta el día de hoy por ser un(a) creyente? Todos los cristianos tenemos historias que contar al respecto sin duda. Lo importante es comprender que nunca paramos de sacrificar por Dios. No nos acomodemos en las bendiciones que hemos recibido de Él pensando que es tiempo de “retirarnos” de servirlo porque ya hicimos mucho por Él en el pasado.
  3. ¿Qué genera en tu vida el perdón que recibes de Dios por tus pecados? ¿Te hace más agradecido(a) o más comprometido(a) o más íntegro(a)? No debemos abusar del perdón de Dios sino apreciarlo cuando lo recibimos y que sea algo que nos motive aún más fuerte para ser mejores para Él.
  4. ¿Recuerdas continuamente las bendiciones de Dios en tu vida? ¿Haces memoria de los grandes hechos que Él ha hecho por tí a lo largo de tu caminar de fe? Nunca lo olvidemos porque de esa memoria depende nuestro futuro espiritual. Que la gratitud a Dios por las memorias de sus hazañas sea un motor para activar tu relación personal con Él todos los días.

5 Responses to “Día 271”

  1. Silvia Hernández dice:

    Dios me muestra como debe ser mi peregrinar hacia Él se requiere de constancia, humildad, sacrificio, esfuerzo, temor pero sobre todo un gran amor porque cuando amas nada te detiene y nada es una carga.
    Gracias hermano Arturo por este año que para mi ha sido un peregrinar de mucho aprendizaje yo veo que amas a Dios y que no ha sido fácil mantener éste blog y en verdad yo te quiero agradecer con todo mi corazón todo lo que he aprendido de Dios, jamás me imagine comprender todo lo que hoy comprendo y lo más padre es que me has ayudado a amar más a Jesús y Dios.
    Que el Epíritu de Dios siga habitando en tí con toda su riqueza y sabiduría para que nos instruyas, y que derrame sobre tu familia inmensas bendiciones los amo mucho. GRACIAS

  2. Laura bazavilvazo dice:

    Gracias arturo por compartir estos estudios que me han
    , ayudado a ser mas agradecida y a volver a soñar por ser mejor, y a seguir luchando que nuestro padre y Dios te colme de bendiciones!!,

  3. Agustin MG dice:

    Buen día, saludos a todos desde Pachuca, creó que estos Salmos (cantos) reflejan la gratitud hacia Dios y recordar sus promesas, me hacen reflexionar en esa actitud de adoración que debo tener en todo momento. Recordar que recorro un camino hacia el cielo donde necesito ir alabando a Dios, exaltando sus promesas y bendiciones para llegar con él. Hemos visto muchos milagros en la Iglesia y aun yo en mi propia vida, que deben generar recuerdos mas fuertes que las cuestiones adversas del momento. Gracias.

  4. marciano perez mendez dice:

    arturo de todo corazon te agrdesco por todas tus clases que nos compartes para mi me an ayudado mucho en mi formacion espiritual y tambien a mi esposa las oraciones y las lecturas de la bibla son el motor de nuestras vidas que nos dan fuerza para seguir amando a nuestra Dios familia y atodos mis hermanos espirituales gracias eres un gerrero de dios te amamos

  5. Adriana Casas dice:

    Es cierto, somos como peregrinos en nuestro caminar espiritual y efectivamente a lo largo del camino hay muchas cosas que nos quieren distraer, como si fuera su cometido para evitar que lleguemos a nuestro destino final: el Cielo. Es un reto enorme, pero no imposible de lograr porque contamos con el amor y poder de Dios para conseguirlo. Debemos confiar en ello y alimentarnos cada día de su palabra, oraciones y alabanzas para seguir adelante dando pasos firmes hacia la meta porque nuestro Dios sin duda nos dará la VICTORIA. Gracias por éstas reflexiones Arturo!!!

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