Día 378

JUAN 11.1-57, LUCAS 17.11-18.8.

Los eventos y enseñanzas que nos corresponden estudiar en este día en el ministerio de Jesús son: la resurrección de Lázaro, el complot definitivo de parte de los jefes religiosos judíos contra Jesús, la sanidad de los 10 leprosos y la parábola de la viuda insistente. Los evangelistas continúan narrando la intensidad de la vida de Cristo mientras paso a paso se acerca a su hora final.
Iniciemos hablando de la muerte y la resurrección de Lázaro (Juan 11.1-45). Veamos algunos detalles importantes:
  1. ¿Quiénes eran Lázaro y sus hermanas Marta y María? De acuerdo con el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, de editorial Clie, Lázaro fue un discípulo de Jesús residente de Betania que posiblemente fuera soltero o viudo y que vivía con sus hermanas. Su hogar aparece en el evangelio de Juan como el lugar de residencia temporal de Jesús en sus visitas a Jerusalén. Otro aspecto importante es que la Biblia registra que tenía una amistad especial con Jesús. De hecho, el mensaje que mandaron las hermanas de Lázaro a Jesús con respecto a su enfermedad fue: “Señor, tu amigo querido está enfermo.” (Jn 11.3). Esto nos muestra que Jesús desarrolló amistades profundas no solamente con los apóstoles, sino también con otras personas en quienes no se invirtió para entrenarlos como a los primeros. En su calidad de hombre también, Jesús desarrolló amistades con personas diferentes. Esto nos hace pensar, ¿cómo sería haber tenido a Jesús como un amigo personal? ¿Qué nos pudo haber enseñado sobre cómo manejar las amistades en este mundo?
  2. Los versículos 4 al 16 nos muestran que Jesús, aunque estaba lejos físicamente de Lázaro, ya sabía lo que sucedería y cómo terminaría la historia: “Esta enfermedad no terminará en muerte” (v. 4)., “cuando oyó que Lázaro estaba enfermo, se quedó dos días más donde se encontraba.” (v. 6), “-Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo.” (v. 11), y más claro,  “-Lázaro ha muerto” (v. 15). Una vez más podemos ver el poder sobrenatural de Jesús para saber exactamente qué estaba pasando con Lázaro a pesar de que los separaba una distancia grande y no tenían medio de comunicación inmediato para enterarse del momento de su muerte.
  3. También el v. 15 nos da otra pista que nos confirma que Jesús ya sabía el milagro que llevaría a cabo en Betania: “y por causa de ustedes me alegro de no haber estado allí, para que crean. Pero vamos a verlo.”  Como quien está preparando una sorpresa muy grata para otra persona, Jesús se alegró de no haber estado con Lázaro durante sus últimos momentos, porque entonces lo hubiera sanado y no sería necesario el milagro de la resurrección. Jesús sabía el impacto definitivo y contundente que ese milagro tendría en los corazones de los apóstoles y de otras personas.
  4. Los versículos 17 al 27 nos presentan primero a un Jesús muy seguro de lo que iba a hacer, ya que desde que Marta fue a su encuentro para recibirlo, Jesús firmemente le hablaba de la resurrección para aquellos que creían en él y ayudando a Marta a creer en él como el Mesías. Resulta interesante la declaración que hizo Marta ante la afirmación de Jesús de que Lázaro resucitaría: ” —Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final—respondió Marta. ” (v. 24). De acuerdo con el The Pillar New Testamento Commentary: The Gospel according to John, de Inter-Varsity Press, las palabras de Marta reflejan el pensamiento fariséico de la época con respecto a la vida después de la muerte y la resurrección de los muertos, conceptos que los saduceos negaban categóricamente (para ellos no había nada después de la vida, Hch 23.8).
  5. Los versículos 32 al 37 nos muestran el corazón que mostró Jesús al ver el llanto inconsolable de María y de los judíos que la acompañaban: “Jesús se turbó y se conmovió profundamente” (v. 33) o “se conmovió profundamente en su espíritu, y se turbó” (BTX) o “se sintió muy triste y les tuvo compasión.” (TLA) o “se enojó en su interior y se conmovió profundamente.” (NTV). Curiosamente sola NTV menciona que Jesús “se enojó” mientras las demás versiones confirman que Jesús fue conmovido interiormente hasta el punto de la tristeza. De acuerdo con el estudioso bíblico F. F. Bruce en su libro The Gospel of John, de Wm. B. Eerdmans Publishing Co., el verbo ἐμβριμάομαι (embrimaomai) literalmente significa “con indignación” y regularmente indica una actitud de desagrado o molestia ante algo. Es posible que esta reacción de Jesús se debiera a su disgusto con la presencia de la enfermedad y la muerte en el mundo y el dolor tan grande que traen a la vida humana. Tan fuerte fue el impacto en Jesús de este sentimiento, que “se turbó” y después terminó llorando mucho ante la tumba de Lázaro. Esta situación provocó una confusión en las personas reunidas que expresaron: “—Éste, que le abrió los ojos al ciego, ¿no podría haber impedido que Lázaro muriera?” (v. 37). Es la misma confusión que podemos llegar a sentir al preguntarnos por qué Jesús tendría que llorar si, fríamente hablando, ya sabía que Lázaro había muerto pero que Dios había permitido todo eso para que él llevara a cabo uno de los milagros más poderosos de la Biblia: resucitar a un muerto que llevaba 4 días sepultado.  Sin embargo, fueron las mismas personas las que reconocieron el motivo de su llanto: ” —¡Miren cuánto lo quería!—dijeron los judíos.” (v. 36). Fue la empatía con la tristeza y el dolor de los seres humanos que lo rodeaban lo que generó tal reacción en Jesús.  Podemos leer el corazón de Dios aquí: a Él le duele que este mundo sea presa de la enfermedad y la muerte y que tengamos que sufrir mucho por esas situaciones. En el mundo futuro, pensando en todo el dolor que esto ha causado a la gente y que Jesús vio de cerca, determinó lo siguiente: “Secará todas las lágrimas de ellos, y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor” (Ap 21.4).
  6. Los versículos 38 al 45 nos describen el poderoso milagro de la resurrección de Lázaro, que a pesar de llevar ya 4 días muerto, respondió a la voz de Jesús y se regresó a la vida. Antes del milagro, Jesús elevó una oración a Dios de gratitud por haber sido escuchado. Seguramente antes Jesús le pidió a Dios que le permitiera llevar a cabo ese milagro y Dios le confirmó que podría proceder con el mismo. Jesús además confirmó el propósito del milagro: “para que crean que tú me enviaste.” (v. 42). Jesús no llevó a cabo este gran milagro solo por la amistad que tenía con Lázaro o por dar un espectáculo público, sino que lo hizo con la firme intención de generar fe en las personas. El v. 45 nos confirma que la estrategia funcionó y que muchos de los judíos presentes “creyeron en él”.
  7. Fue precisamente este milagro de la resurrección de Lázaro lo que desencadenó la decisión final de los jefes de los sacerdotes y los fariseos de quitarle la vida a Cristo (v. 53). Sin embargo, ellos reconocieron lo siguiente: “Este hombre está haciendo muchas señales milagrosas.” (v. 47). Todos estaban de acuerdo que Jesús no era un charlatán, sino un hombre poderoso que hacía señales que nadie más hacía y que no se podían explicar con razonamientos humanos. ¿Cómo explicar la resurrección de un muerto que lleva 4 días en la tumba y que todos confirmaron que murió por enfermedad? La razón por la que decidieron matarlo no fue porque pensaran que era un charlatán peligroso para la fe judía, sino porque era real y verdadero y entonces representaba un peligro para la estabilidad política de la región. Tenían miedo de que los romanos destruyeran a Jerusalén por culpa de Jesús y los alborotos que armaba. Esa fue la razón final.
Ahora, el evangelio de Lucas nos presenta 2 eventos sobresalientes, veamos los detalles:
  1. La sanidad de los 10 leprosos (Lucas 17.11-19). Además de la ya clara disposición de Jesús para sanar a los leprosos, podemos apreciar lo siguiente: A) uno de ellos era samaritano y si recordamos Lucas 9.51-56, Jesús había sido rechazado precisamente por los samaritanos cuando pidió alojamiento en su viaje rumbo a Jerusalén. Sin embargo, Jesús no se negó a ayudarlo. B) Curiosamente el único que regresó a agradecer fue precisamente el samaritano y Jesús esperaba honestamente que todos regresaran a agradecer, pero no fue así. Aprendemos entonces que Jesús no era un hombre rencoroso sino que siempre estaba dispuesto a ayudar incluso a aquellos que lo perseguían. También podemos comprender que Jesús sí espera que seamos agradecidos cuando Dios hace algo por nosotros. La pregunta de Jesús, “¿Dónde están los otros nueve?” (Lc 11.117) debe hacer eco en nuestros corazones cuando recibimos bendiciones de parte de Dios.
  2. La perseverancia en la oración (Lucas 18.1-8). Jesús contó la “Parábola de la Viuda Insistente”, donde poniendo como ejemplo a un juez malo y a una viuda insistente, Jesús contrastó cómo si el mismo juez malo al final tomaba la decisión de ayudar a la viuda tan solo por su perseverancia, ¡cuánto más Dios, que era bueno, no había lo mismo! La perservancia en la oración es fundamental para ver respuestas de Dios claras. Si oramos de forma inconstante e irregular (sin consistencia), ¡no esperemos ver respuestas poderosas de Dios en nuestra vida!
  3. El problema en el mundo futuro (Lc 17.8). Jesús dejó claro en este versículo que el problema para el futuro no sería que Dios ya no respondería las oraciones perseverantes y fervorosas, sino que la gente ya no tendría fe en él: “No obstante, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?»” Esto nos apunta hacia el panorama mundial en el regreso de Cristo, ¡muchas personas ya no creerán en él! Tal vez una pista para comprender cuánto más se está acercando el día final para la humanidad.
Dejaremos Lucas 18.20-37 para analizarlo cuando llegue el turno a Mateo 24, ya que son pasajes paralelos y para comprender mejor la imagen completa, conviene estudiarlos juntos.

Conclusiones:

  1. Como discípulos de Jesús necesitamos aprender a desarrollar amistados con personas diferentes y no solamente con nuestro “club” de individuos que son parecidos a nosotros. Jesús fue el maestro de las amistades y necesitamos seguir su ejemplo.
  2. Tanto a Dios como a Jesús le duelen contemplar el sufrimiento que la enfermedad y la muerte han traído al mundo, como causa de la caída de la humanidad por el pecado original descrito en Génesis. Nunca esas cosas fueron parte del plan perfecto de Dios para la humanidad, pero el pecado las trajo a nuestra existencia. Sin embargo, animémonos con lo que Dios tiene planeado para el futuro: un mundo sin enfermedad y sin muerte. ¿Te puedes imaginar cómo será?
  3. Recordemos que el propósito de los milagros en la Biblia es ayudar a la fe de las personas que los presenciaron y también confirmar al mensajero que los generaba.
  4. ¿Qué tan  agradecidos somos con Dios por las pequeñas y las grandes bendiciones del día a día? ¿Cuando Dios nos responde, tomamos el tiempo para agradecerle profundamente o nos olvidamos del asunto y seguimos con nuestra vida? Recordemos que siempre que Él haga por nosotros, lanzará la pregunta: “¿Dónde están?”
  5. Pensemos en cuánto perseveramos en nuestra oración por algún asunto específico. ¿Nos cansamos rápido de pedir por lo mismo o tenemos la convicción de continuar hasta que Dios nos responda?
Veamos un fragmento de la serie The Bible que nos presenta la resurrección de Lázaro (reproducir del 35:15 hasta terminar).


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