Día 396

INTRODUCCIÓN AL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES.

De acuerdo con el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, de Editorial CLIE, podemos mencionar la siguiente información de contexto de este libro:
  • Es el quinto libro del NT y el último de los llamados libros históricos del NT.
  • El autor del libro es el mismo que el autor del Evangelio de Lucas. El vocabulario, la lengua, el estilo y las ideas teológicas son idénticos.
  • Podemos considerar a Hechos como una continuación de dicho evangelio, escrita por Lucas, el médico.
  • Lucas acompañó a Pablo en varios de sus viajes misioneros, incluyendo a la ciudad de Roma. Así que fue un testigo presencial de diversos hechos en la vida del apóstol Pablo.
  • Se cree que la composición de Hechos tuvo lugar en Roma, entre los años 63-64 d.C., unos 5 años antes de la muerte de Pablo.
  • Por la importancia del rol del Espíritu Santo en los diferentes eventos que se registran en el libro, se le ha llamado también el Evangelio del Espíritu Santo o el Evangelio de la Resurrección, o incluso Hechos del Espíritu Santo.
  • El propósito del libro es demostrar la verdad y la firmeza del mensaje de los apóstoles, respaldados por el Espíritu Santo, y mostrar al mundo el plan de Dios de formar su iglesia con judíos y no-judíos por igual, ofreciendo salvación a toda la humanidad.

HECHOS 1.-4.37.

Al igual que en el evangelio de Lucas (Lc 1.3), nuevamente el autor de Hechos dedica el libro al “Estimado Teófilo” (Hch 1.1), a quien le aclaró el propósito su primer libro (el evangelio): relatar “todo lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar hasta el día en que fue llevado al cielo” (Hch 1.1-2). También Lucas se tomó un tiempo para describir otros eventos que sucedieron entre la resurrección y la ascensión de Jesús:
  1. Las apariciones de Jesús resucitado (Hch 1.3). Lucas asegura que durante “cuarenta días se les apareció y les habló del reino de Dios”. Aunque en los 4 evangelios solamente se registran no más de 3 o 4 apariciones, y el único dato cronológico que se menciona fue una semana de diferencia entre una y otra; en Hechos se menciona que en total las apariciones duraron más de 1 mes. Es decir, Jesús tardó ese tiempo en ascender al cielo después de haber resucitado. Si algunos de los apóstoles aún dudaban o seguían tristes, después de un mes de apariciones de Cristo y de continuar hablando con él y escuchándolo, seguramente su ánimo había cambiado y encontraron las fuerzas suficientes para motivarse y cumplir la misión que Cristo les encomendó.
  2. Las instrucciones sobre la próxima llegada del Espíritu Santo (Hechos 1.4-8). Jesús les aclaró a los apóstoles que en pocos días serían “bautizados con el Espíritu Santo” (Hch 1.5) y que cuando eso pasara, recibirían poder y saldrían a dar testimonio de Cristo en todo Palestina pero también en todo el mundo (Hch 1.8). De hecho, las palabras de Jesús en Hechos 1.5 (“Juan bautizó con agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo.”) recuerdan exactamente lo que el mismo Juan el Bautista dijo en Marcos 1.8 (“Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo.»). Esta misma frase fue recordada tiempo después por el apóstol Pedro cuando explicó por qué decidió bautizar al romano Cornelio y toda su familia (Hch 11.16). Sin duda el concepto del “bautismo del Espíritu Santo” merece nuestra atención. Lo único que podemos decir hasta el momento es que ese evento marcaría el inicio del movimiento misionero de los apóstoles (Hch 1.8).
  3. Una profecía sobre cómo sería el regreso de Jesús (Hch 1.11). Los ángeles que se aparecieron en el momento de la ascensión le dijeron a los apóstoles, que miraban al cielo, “—Galileos, ¿qué hacen aquí mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido llevado de entre ustedes al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que lo han visto irse.” Un anuncio profético que nos informa que el regreso de Jesús al mundo sería visible al ojo humano y que descendería del cielo. Ya llegaría a la tierra en secreto y en un lugar escondido, como sucedió con su nacimiento virginal, ¡ahora sería un evento totalmente público!
¿Qué hicieron entonces los apóstoles entre el día de la ascensión y el día en que la promesa de Jesús se haría realidad con el descenso del Espíritu Santo sobre ellos? Hechos 1.12-26 contiene esta información:
  1. “Todos, en un mismo espíritu, se dedicaban a la oración” (Hch 1.14), “dedicados constantemente a la oración” (BTX). No hubo ninguna actividad de ministerio en esos días, simplemente se congregaban y oraban juntos en un lugar. La lista presenta a los once apóstoles sobrevivientes, ya sin Judas. Llama la atención que la Biblia menciona a sus acompañantes en esos tiempos: “junto con las mujeres y con los hermanos de Jesús y su madre María.” ¿Qué estamos viendo aquí? Los hermanos de Jesús y su madre estaban congregados junto con los apóstoles para orar. ¿Cómo es que llegaron a tener fe en Cristo si especialmente los hermanos no creían en él, ni siquiera estuvieron presentes en la crucifixión? Recordemos que fue la resurrección de Jesús la que les cambió su vida. Posiblemente durante esos 40 días de apariciones Jesús visitó a sus familiares y con eso tuvieron para volverse discípulos suyos también.
  2. En alguna de esas reuniones, Pedro tomó la iniciativa para llamar a todos a elegir a un sucesor para Judas. El versículo 18 dice qué le pasó a Judas: “Con el dinero que obtuvo por su crimen, Judas compró un terreno; allí cayó de cabeza, se reventó, y se le salieron las vísceras.” ¿Tenemos una contradicción aquí? ¿Qué no había muerto colgado? Efectivamente, Hechos simplemente describe lo que le pasó después que se colgó. Seguramente se rompió la cuerda de donde pendía el cuerpo de Judas, el cual al caer ya sin vida pues se reventó, como le sucede a los cuerpos sin vida de las personas que llevan un tiempo expuestos. No hay ninguna contradicción aquí.
  3. Pedro citó Salmos 69.5 y Salmos 109.8 como pasajes del AT que se referían al lugar donde murió Judas y también a la necesidad de que fuera reemplazado (“Que otro se haga cargo de su oficio.”, Sal 109.8). Al parecer Dios inspiró a Pedro para que interpretara esos pasajes de esa manera y comprendiera que era necesario reemplazar a Judas y completar el número de los apóstoles a los 12 que eligió Jesús. ¿Por qué no pudieron quedarse en 11? Recordemos que Jesús había anunciado cuál sería una de las tareas futuras de los apóstoles: “para que coman y beban a mi mesa en mi reino, y se sienten en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.” (Lc 22.30). Según Jesús, los apóstoles juzgarían a las 12 tribus de Israel, ¡por eso se requerían 12, no 11!
  4. Pedro también fue quien puso el criterio para seleccionar al nuevo apóstol: “es preciso que se una a nosotros un testigo de la resurrección, uno de los que nos acompañaban todo el tiempo que el Señor Jesús vivió entre nosotros, desde que Juan bautizaba hasta el día en que Jesús fue llevado de entre nosotros.” (Hch 1.21-22). Es decir, se requería alguien que hubiera sido testigo presencial del ministerio de Jesús y que hubiera sido también un seguidor activo. Ser uno de los 12 era un gran privilegio y no cualquiera podría integrarse al grupo.
  5. Al final, la Biblia registra que a través de la oración y las suertes eligieron al siguiente apóstol: Matías, quien fue inmediatamente reconocido como uno de ellos (Hch 1.26).
Ahora, Hechos 2 describe todos los eventos que sucedieron en el día de la fiesta de Pentecostés en Jerusalén. Veamos los detalles relevantes:
  1. Todo sucedió en el “día de Pentecostés”, aquella fiesta anual judía que también se llamaba “Fiesta de las Semanas” (Ex 34.22, Dt 6.10). De acuerdo con el libro Luke the Historian: The Book of Acts, de Bible Lessons International, el término “Pentecostés” significa “cincuenta”, ya que esta fiesta se llevaba a cabo 50 días (siete semanas) después de la Pascua. Así que podemos afirmar que los eventos descritos en Hechos 2 ocurrieron casi dos meses después de la crucifixión de Jesús.
  2. Hechos 2.1 describe que todos los apóstoles estaban juntos en un solo lugar cuando de repente “vino del cielo un ruido como el de una violenta ráfaga de viento y llenó toda la casa donde estaban reunidos” (Hch 2.2), después vendría la aparición de las lenguas de fuego sobre cada uno de ellos. Una vez terminado este evento sobrenatural, “Todos fueron llenos del Espíritu Santo” (Hch 2.4). Esta es la primera vez que el Nuevo Testamento menciona que los apóstoles quedaran “llenos” del Espíritu. Obviamente la recepción con poder del Espíritu se dio en ese momento para ellos.
  3. Inmediatamente después de esto, la Biblia dice que los apóstoles comenzaron a “hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse” (Hch 2.4), “comenzaron a hablar en otros idiomas” (NTV). De acuerdo con el Dictionary of Biblical Languages with Semantic Domains: Greek (New Testament), de Logos Research Systems, la palabra griega para “lengua” es γλῶσσα (glōssa), y significa un idioma humano conocido. Hechos 2.11 nos confirma esto, “¡todos por igual los oímos proclamar en nuestra propia lengua las maravillas de Dios!” Judíos de todo el mundo conocido (al menos unas 11 regiones geográficas mencionadas) que habían asistido a Jerusalén para las fiestas estaban escuchando el evangelio proclamado por los apóstoles en su propio idioma local, ¡no en lenguas extrañas e incomprensibles! Ahora comprendemos más por qué Jesús les dijo en Hechos 1.8 que una vez que recibieran el Espíritu Santo, serían sus testigos “tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.” Al recibir la habilidad milagrosa para hablar diferentes idiomas de la época, estaban equipados para ir a esos territorios a predicar el evangelio en el idioma local. Todo lo planeó Dios para permitir la evangelización internacional en el primer siglo.
  4. Durante el discurso de Pedro en Hechos 2.14-36, él explicó que los eventos sobrenaturales que los judios habían presenciado en ese momento y semanas atrás (con la crucifixión y resurrección de Jesús) no eran casualidad, sino el cumplimiento de las siguientes profecías del Antiguo Testamento: Joel 2.28-32, Salmos 16.8-11, Salmos 110.1. Concluyó su discurso diciendo, ” »Por tanto, sépalo bien todo Israel que a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías.»” (Hch 2.36). Pedro resumió las profecías mesiánicas y su cumplimiento en la figura de Jesús en unas palabras, pero con un impacto poderoso en los corazones. Al final les recordó a los judíos su responsabilidad como nación en la muerte de Jesús.
  5. La gente respondió ese día al mensaje ya que después de las palabras de Pedro, “se sintieron profundamente conmovidos” (Hch 2.37) o “Las palabras de Pedro traspasaron el corazón de ellos” (NTV) o “se afligieron profundamente” (DHH-LA). Es decir, hubo un efecto en los corazones de los judíos ante la predicación de Pedro. La aflicción y el dolor sinceros se mostraron cuando comprendieron que efectivamente Jesús era el Mesías y que ellos habían participado en su muerte. De hecho, la siguiente pregunta que hicieron refleja perfectamente el estado del verdadero arrepentimiento bíblico de un corazón: “—Hermanos, ¿qué debemos hacer?”.
  6. Pedro tenía una respuesta para ellos, cuando inspirado por Dios les reveló el plan divino para la salvación: “—Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados—les contestó Pedro—, y recibirán el don del Espíritu Santo.” (Hch 2.38), “«Conviértanse y que cada uno de ustedes se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para perdón de sus pecados; y recibirán el don del Espíritu Santo” (BJL). Recordemos que estamos escuchando el primer discurso público de uno de los apóstoles después de la resurrección y la asensión de Jesús. Estas palabras fueron dichas en el marco del derramamiento sobrenatural y poderoso del Espíritu Santo y del don milagroso de los idiomas o las “lenguas”. No podemos sacarlas de ese contexto. El arrepentimiento y el bautismo para perdón de pecados y recepción del Espíritu Santo jugarían un papel fundamental en todo el plan de salvación diseñado por Dios, y cuya implementación práctica la encontraremos precisamente en este libro de Hechos de los Apóstoles.
  7. Hechos 2.41 menciona que ese día se bautizaron 3,000 personas. Antes de esto, Hechos 1.15 menciona que los creyentes eran solamente 120 (ya incluyendo a los apóstoles y la familia de Jesús). Así que en un día pasaron de ser 120 a ser 3,000 discípulos de Cristo. Y por primera vez  vemos que el término “iglesia” (Hch 2.41) se utiliza como una entidad activa y presente, a la cual fueron agregados esos 3,000 nuevos discípulos bautizados. Podemos decir entonces que ese día nació la iglesia de Cristo, es decir, el cuerpo de discípulos de Jesús en la tierra. En los versículos 42 al 47 podemos notar una descripción del cambio de vida que experimentaron: constancia en las reuniones de los discípulos y en la oración, un espíritu solidario para con aquellos que venían de lejos y se quedaron en Jerusalén por causa de su fe (por eso algunos vendían sus cosas y repartían las ganancias para cubrir las necesidades de esas personas), y compartiendo su comida y sus casas (de los discípulos de Jerusalén). ¡Y todo con mucha alegría y generosidad! (Hch 2.46). De hecho este ambiente de amor fraternal caracterizó a la iglesia de Jerusalén, ya que nuevamente aparece otra descripción similar en Hechos 4.32-36.
Para terminar, Hechos 3 y 4 narran algunas de las primeras persecuciones que sufrieron los apóstoles por su nueva actividad de predicación del evangelio. Veamos algunos detalles:
  1. En Hechos 3.1-10, la Biblia describe cómo ahora los apóstoles también tenían poderes sobrenaturales para sanar tal como Jesús lo hacía. En este caso, Pedro sanó a un a un mendigo lisiado de nacimiento (con 40 años de edad), al que todos conocían porque se ubicaba afuera de una puerta de Jerusalén a pedir limosna. El hombre nunca le pidió sanidad a Pedro, ¡él más bien le pidió dinero! Pero Pedro decidió sanarlo a través del nombre de Jesús. Veamos aquí cómo la sanidad sobrenatural no requería en todos los casos una fe personal de parte del enfermo, sino todo dependía del poder de Dios que trabajaba a través del sanador.
  2. Después de este evento milagroso, Pedro aprovechó el momento para dar otro discurso importante (Hechos 3.11-26) sobre la figura mesiánica de Cristo, nuevamente involucrando las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento (de hecho, iniciando desde Moisés hasta el rey David y todos los profetas). Pedro sin duda había descubierto el poder de demostrar las profecías mesiánicas en la persona de Jesús, tal como el mismo Cristo lo hizo con ellos cuando se les apareció.
  3. En Hechos 4, fueron “los sacerdotes, el capitán de la guardia del templo y los saduceos” (v. 1) quienes metieron a la cárcel a Pedro y a Juan principalmente por causa del mensaje de la resurrección. Recordemos que los saduceos no creían en la misma. Ahí se presentaron ante “los gobernantes, los ancianos y los maestros de la ley. 6 Allí estaban el sumo sacerdote Anás, Caifás, Juan, Alejandro y los otros miembros de la familia del sumo sacerdote.” (Hch 4.5-6), es decir, ¡las máximas autoridades religiosas judías!
  4. Hechos 4.8 menciona que Pedro contestó a las preguntas de las autoridades “lleno del Espíritu Santo”, y después dijo un discurso apologético poderoso sobre Jesús. Definitivamente se cumplieron aquellas palabras de Jesús en Marcos 13.11, “Y cuando los arresten y los sometan a juicio, no se preocupen de antemano por lo que van a decir. Sólo declaren lo que se les dé a decir en ese momento, porque no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu Santo.” Pedro dijo cosas muy relevantes en aquella ocasión, como: a) afirmar que “la piedra angular” de Salmos 118.22 se refería precisamente a Cristo, b) afirmar la figura única de Jesús en el plan de Dios para dar salvación (“en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos.”, Hch 4.12), c) mostraron una profunda convicción y mucho valor (“—¿Es justo delante de Dios obedecerlos a ustedes en vez de obedecerlo a él?, Hch 4.19). Especialmente pensando en Pedro, a quien su carácter no le alcanzó para evitar negar a Jesús 3 veces, podemos notar una transformación evidente. ¡Definitivamente el Espíritu Santo estaba trabajando poderosamente en él!
  5. Después de ese evento, los apóstoles fueron liberados y se reunieron para orar con los demás creyentes, pidiendo a Dios valor para proclamar el evangelio poderosamente (Hechos 4.23-31). Dios respondió inmediatamente con una manifestación sobrenatural (un temblor), con la llenura del Espíritu Santo y con su petición concedida: ¡valor para predicar!

Conclusiones:

    1. La dependencia en la oración fue una de las marcas distintivas de la iglesia primitiva. Antes de tomar decisiones importantes, oraban a Dios con un corazón humilde y receptivo, y Dios les respondía. ¿Qué tal nosotros? ¿Nos sigue caracterizando una vida de oración en nuestro caminar de fe? ¿Antes de tomar decisiones importantes buscamos a Dios en oración o nos basamos solamente en nuestras habilidades o talentos?
    2. El arrepentimiento y el bautismo en agua son 2 cosas fundamentales para el plan divino de salvación, ¡no lo olvidemos! A partir de este libro de Hechos y en adelante, encontraremos múltiples ejemplos de ambas cosas en los nuevos convertidos. Sabemos que hoy estas 2 prácticas no son populares entre las iglesias cristianas modernas, pero necesitamos mirar hacia la Biblia y el cristianismo original, no a las tradiciones que los hombres han desarrollado a través de los siglos.
    3. Pidamos a Dios que nos llene del Espíritu Santo para que las cualidades del mismo se manifiesten con más fuerza en nosotros (valor, espritualidad, sabiduría, discernimiento, dominio propio, etc.). Es un hecho que una persona llena del Espíritu puede ser transformada poderosamente por Dios. ¿Nos llenamos del Espíritu cada día? ¿O salimos a la calle medio llenos o medio vacíos del mismo?
Terminemos este estudio con otro fragmento de la serie The Bible que ilustra los momentos que estudiamos hoy (reproducir del 47:49 al 56:01).


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