Día 379

LUCAS 18.9-14, MARCOS 10.1-12, MATEO 19.1-12, MARCOS 10.13-16, MATEO 19.13-15, LUCAS 18.15-17, MARCOS 10.17-31, MATEO 19.16-30, LUCAS 18.18-30.

Continuando con el ministerio de Jesús, el día de hoy analizaremos los siguientes temas: la ocasión en que Jesús contó la parábola del fariseo y el cobrador de impuestos, la enseñanza sobre el divorcio, el corazón de Jesús para con los niños, y el encuentro de Cristo con el joven rico.
Iniciemos con Lucas 18.9-14 y la parábola del fariseo y del cobrador de impuestos. Veamos varios detalles importantes:
  1. La Biblia nos dice que Jesús contó esa historia pensando en aquellas personas que “confiando en sí mismos, se creían justos y que despreciaban a los demás” (Lc 18.9) o “tenían mucha confianza en su propia rectitud y despreciaban a los demás” (NTV). ¿Quiénes eran esas personas? Pues el desarrollo de la misma parábola nos lo dice: ¡los fariseos! De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarsity Press, los fariseos eran consideradas las personas más religiosas en la sociedad palestina, mientras que los cobradores de impuestos eran considerados los miembros de la sociedad más despreciables y a menudo considerados traidores para su gente. Resulta interesante cómo Jesús tomó los personajes extremos en la sociedad de la época para contar esta parábola.
  2. Podemos observar la actitud arrogante y legalista del fariseo en su oración (Lc 18.11), quien dirigiéndose a Dios le agradecía por no ser tan pecador como el cobrador de impuestos y por ser tan buen cumplidor de sus deberes religiosos (que incluían el diezmo estricto de todo ingreso y producción además de 2 ayunos por semana). De acuerdo con el libro The New Manners and Customs of the Bible, de Bridge-Logos Publishers, los judíos seleccionaban el segundo y el quinto día de la semana para ayunar ya que se suponía que en el segundo día de la semana en que Moisés subió al monte Sinaí recibió las tablas de la ley de parte de Dios, y en el quinto día de esa semana bajó del monte para enfrentar la idolatría del pueblo. Era un hecho que la obediencia a todas estas costumbres religiosas llenaba de mucho orgullo al fariseo.
  3. Por el contrario, podemos notar la actitud humilde y arrepentida del cobrador de impuestos, quien ni siquiera se atrevía a alzar la vista al cielo (esto demuestra que el fariseo estaba orando en una posición típica judía de mirar hacia el cielo al orar) y además se golpeaba el pecho. Esta última acción, de acuerdo con el The New American Commentary: Luke, de Broadman & Holman Publishers, era una señal de contricción o dolor. Además este hombre reconocía abiertamente lo que eran, ¡un pecador! No intentaba engañar a Dios con una máscara falsa de bondad y devoción, más bien enfrentó la realidad de su estado espiritual.
  4. La conclusión de Jesús fue impactante: el fariseo salió de ahí sin haber sido “justificado ante Dios” (Lc 18.14) o “perdonado” (TLA), mientras que el cobrador de impuestos sí fue perdonado después de esa confesión en oración en el templo. Después de esto dijo una de las verdades universales sobre cómo Dios perdona y se compadece de alguien: “el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Lc 18.14). Dios se fija mucho en la humildad del corazón para perdonar a un individuo, no solamente en sus palabras o sus acciones externas. Como lo hemos estudiado anteriormente, para Dios lo más importante no son las acciones, sino lo que hay dentro del corazón de las personas. Podemos concluir de este punto que Dios está muy atento a las confesiones de pecado en oración y cuando pedimos perdón, pero más que el pecado en sí, se fija en lo que hay dentro de nuestros corazones. Si encuentra orgullo y arrogancia en nosotros en lugar de humildad y arrepentimiento, ¡no nos confiemos mucho en que seremos perdonados! Por eso, antes de orar para pedir perdón por pecado, primero miremos hacia nuestros corazones para buscar humildad y arrepentimiento sinceros.
Ahora, vamos a pasar al asunto de la enseñanza de Jesús sobre el divorcio, contenida en Marcos 10.1-12 y Mateo 19.1-12. Veamos varios puntos importantes al respecto:
  1. Como ya lo hemos mencionado anteriormente, Jesús convirtió otro ataque sufrido por parte de sus enemigos (en este caso varios fariseos) que intentaban ponerlo a prueba con una pregunta controversial para dar una enseñanza poderosa con respecto a un tema: el divorcio. Recordemos que Jesús utilizaba inteligentemente las agresiones de sus adversarios para convertirlas en ocasiones inolvidables de enseñanza que venía de Dios y dejar impactada a su audiencia.
  2. La pregunta que desató la controversia fue: “—¿Está permitido que un hombre se divorcie de su esposa?” (Mr 10.2). Y el complemento a la pregunta fue la afirmación: “—Moisés permitió que un hombre le escribiera un certificado de divorcio y la despidiera—contestaron ellos.” Ellos se estaban refiriendo a Deuteronomio 24.1 (DHH-LA): “Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, pero después resulta que no le gusta por haber encontrado en ella algo indecente, le dará por escrito un certificado de divorcio y la despedirá de su casa.” ¿Qué era exactamente “algo indecente” o “algo reprochable” (NBLH) o “algo que le desagrada” (BJL)? De acuerdo con el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, de editorial CLIE, en tiempos de Jesús había dos escuelas de pensamiento rabínico quienes daban las siguientes posibilidades a este pasaje: a) se refería al caso de adulterio (la escuela rabínica de Shammai), b) se refería a razones más ligeras (como cuando la mujer quemaba la comida o si el hombre se encontraba con otra mujer más atractiva, esta era la escuela rabínica de Hillel). Esta última interpretación fue la que más prevalecía en tiempos de Cristo en la sociedad judía y realmente los hombres se divorciaban por cualquier razón y pensaban que estaban bien con Dios al hacerlo.
  3. La forma en como Jesús confrontó el error que estaban cometiendo al tomar una Escritura como pretexto para justiciar una acción reprobable ante Dios fue de la siguiente manera: A) Primero los apuntó hacia Génesis 1.27 y Génesis 2.24 que contienen el plan original de Dios para el matrimonio y lo complementó diciendo, “Así que ya no son dos, sino uno solo. 9 Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.” (Mr 10.8-9). La clave de su argumento fue, “¿No han leído—replicó Jesús—que en el principio…” (Mt 19.4). Es decir, Jesús los estaba confrontando con su hermenéutica equivocada al pasar por alto en sus razonamientos otras Escrituras muy importantes que dan más luz a la que ellos estaban utilizando como argumento. B) Después les explicó porqué Moisés sí permitió el divorcio en ciertos casos: ” —Moisés les permitió divorciarse de su esposa por lo obstinados que son” (Mt 19.8). La realidad es que el divorcio ya existía en tiempos en que Moisés recibió la ley, pero lo que él hizo solamente fue reglamentarlo (Dt 24.1) para proteger a la mujer que era abandonada y por lo tanto que tenía la necesidad de casarse de nuevo para tener un nombre familiar y la protección del hombre, pero al hacer esto se exponía a quedar en adulterio a los ojos de Dios. Esto lo confirma el mismo Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, de editorial CLIE, quien afirma que entre los hebreos el divorcio tenía muchas secuelas de injusticia contra las mujeres abandonadas y que fue precisamente Moisés quien puso un alto a tales abusos limitando el repudio solo en ciertos casos. De esta manera la ley pretendía ser un obstáculo contra hombres caprichosos que pretendían manejar divorcios apresurados.
  4. Jesús también aclaró que “no fue así desde el principio” (Mt 19.8), es decir, que en plan original de Dios para el matriomonio el divorcio jamás estuvo presente. Fue el pecado del ser humano quien trajo el divorcio al mundo, no Dios.
  5. Jesús proporcionó la verdadera razón por la cual Dios permite el divorcio: “excepto en caso de infidelidad conyugal” (Mt 19.9). Es decir, el adulterio. La palabra “infidelidad” desde el griego original significa “fornicación, unión carnal ilegítima”. Cuando hay adulterio, el lazo matrimonial es gravemente lastimado y puede terminarse si la parte ofendida así lo desea. En ese caso, ambas partes quedan libres a los ojos de Dios de dicho compromiso. Sin embargo, la parte que ofendió, si no hay arrepentimiento, enfrentará el juicio de Dios.
  6. Por lo tanto, a los ojos de Cristo, todas las demás razones por las cuales los hombres se divorcian, tanto en el pasado como en el presente, son inválidas a los ojos de Dios y si se llegan a casar de nuevo, cometen adulterio.
  7. Tan arraigada estaba en la cultura judía del primer siglo la mentalidad de la escuela rabínica de Hillel (que permitía el divorcio por cualquier razón), que los mismos discípulos dijeron al escuchar la enseñanza de Jesús: “—Si tal es la situación entre esposo y esposa—comentaron los discípulos—, es mejor no casarse.” (Mt 19.10). Con esta frase nos podemos dar cuenta del poco valor que la dignidad de la mujer tenía para muchos judíos y los enormes abusos que se podían cometer contra ellas. Jesús vino al mundo a darle su lugar a la mujer en la sociedad y especialmente en el matrimonio.
  8. Jesús terminó hablando, a raíz de la expresión de sorpresa de sus discípulos, de aquellas personas que voluntariamente deciden no contraer matrimonio “por causa del reino de los cielos” (Mt 19.12). Es decir, los creyentes tienen la opción a decidir si se casan y forman una familia, con todas las responsabilidades y obligaciones que conlleva, o si mejor se quedan solteros pero se dedican más a las cosas de Dios, no solamente a un estilo de vida egoísta (como muchos solteros modernos que no desean casarse hacen, aún en las filas del cristianismo).
Continuamos con Marcos 10.13-16, Mateo 19.13-15 y Lucas 18.15-17; cuando Jesús nuevamente aprovechando otra situación que se presentó, dio una enseñanza poderosa acerca de los niños y del corazón que agrada a Dios en los adultos. En aquella ocasión, las personas le llevaban a Jesús a los niños “para que los tocara” (Mr 10.13), pero los discípulos de Jesús reprendían a los padres que hacían eso. La Biblia dice que Jesús, al darse cuenta de lo que sus aprendices estaban haciendo, reaccionó de 2 formas:
  1. Se indignó (Mr 10.14). ¿Por qué se indignó? Porque Jesús quería tener a los niños cerca de él y sus discípulos estaban impidiéndoselos. Cuando las personas obstaculizan la voluntad de Dios, ¡él se indigna!
  2. Usó como ejemplo a los niños para decir, “Les aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño, de ninguna manera entrará en él.” (Lc 18.17). Aún cuando los discípulos de Cristo los despreciaban, Jesús más bien exaltó el corazón de los niños para utilizarlos como punto de referencia para aquellos que desearan entrar en el reino de Dios. Solo los corazones inocentes y puros entrarían. Al hacer y decir esto, y al igual que en el caso de las mujeres, Jesús estaba dando el verdadero valor a los niños dentro de la sociedad judía.
De acuerdo con D. James Kennedy en su libro ¿Qué tal si Jesús Nunca Hubiera Nacido?, estas dos enseñanzas sobre la dignidad de las mujeres y el valor de los niños serían vitales para las bases de los derechos humanos de mujeres y niños en la sociedad moderna.
Para terminar, analizemos ahora el encuentro de Jesús con el joven rico en Marcos 10.17-31, Mateo 19.16-30 y Lucas 18.18-30:
  1. Primero, ¿quién era esa persona? Lucas 18.18 dice “Cierto dirigente” o “un líder religioso” (NTV) o “Uno de los jefes” (DHLL-A),  mientras que los demás evangelios simplemente mencionan que era un hombre. Otra característica es que “era muy rico” (Lc 18.23). De acuerdo con  The Bible Knowledge Commentary, de Victor Books, es posible que se tratara de un miembro del Sanedrín o tal vez un oficial en la sinagoga local.
  2. Cuando el hombre llegó con Jesús y le dijo “-Maestro bueno” (Lc 18.18), Jesús respondió en el v. 19: “—¿Por qué me llamas bueno?—respondió Jesús—. Nadie es bueno sino solo Dios.” Mateo lo presenta un poco diferente, “—¿Por qué me preguntas sobre lo que es bueno?” (Mt 19.17). Este pasaje puede resultar confuso ya que pareciera que Jesús estaba admitiendo que el único bueno era Dios el Padre, mas no él como Hijo de Dios. Sin embargo, la Biblia de Estudio Apologética comenta que Jesús no estaba negando que él era bueno ni estaba negando que él era Dios. Más bien estaba rechazando la adulación que el hombre le estaba dando y lo estaba retando a que reconsiderara su concepto de la bondad verdadera y su concepto de Jesús mismo.
  3. Una vez que el hombre declaró que había sido un fiel cumplidor de los 10 mandamientos desde joven (Mt 10.20), Jesús lo llamó a dar un paso más de fe (“-Una sola cosa te falta…”, Mt 18.21): ¡vender todo, darlo a los pobres y seguir a Cristo! Ahora bien, el evangelio de Mateo afirma que antes de decir esto, “Jesús lo miró con amor” (Mt 18.21). Además le dijo antes, “-Si quieres ser perfecto…” (Mt 19.21). Indudablemente Jesús estaba apreciando mucho el esfuerzo sincero de aquel hombre por agradar a Dios y le estaba dando la clave para completar su fe: ¡volverse un discípulo de Jesús! Por mucha disciplina y santidad que aquel hombre tuviera, su fe no estaría completa si no reconocía a Jesús como el Mesías y si no lo seguía.
  4. Lamentablemente, el hombre reaccionó mal ante el llamado de Jesús: “se desanimó y se fue triste porque tenía muchas riquezas.” (Mr 10.22), evidenciando así su mayor necesidad en su corazón: el amor al dinero. Perdió su oportunidad de completar su fe de la mejor manera por dejar en primer lugar su amor a las riquezas. Jesús sabía que este hombre tenía ese problema y por eso le dio aquel desafío. Cristo no llama a las personas de forma caprichosa a dejar todo y seguirlo, más bien nos pide lo que más nos cuesta para que realmente le entreguemos por completo nuestro corazón y nada estorbe para nuestra devoción y nuestro amor a Dios.
  5. Después de aclarar que aunque parece imposible que los ricos se salven, afirmó que para Dios nada es posible y eso también sucedería. Fue entonces cuando Pedro se aventuró a cuestionarlo de la siguiente manera: ” —¿Qué de nosotros, que lo hemos dejado todo y te hemos seguido?” (Mr 10.28), a lo cual Jesús le contestó que habría una gran recompensa “en este tiempo” y “en la edad venidera” (Mr 10.29). Según él, Dios nos daría “cien veces más” lo que hayamos dejado por causa de Jesús (eso corresponde a la recompensa en la vida terrenal). Sin embargo, esto no es una promesa de prosperidad económica para todos los discípulos de Cristo, más bien, que Dios no haría a menos su sacrificio sino que lo recompensaría de alguna manera. Y con respecto a la “edad venidera”, pues la recompensa final que todos los discípulos anhelamos: ¡la vida eterna!

Conclusiones:

  1. El corazón humilde y el arrepentimiento nunca serán menospreciados ni pasados por alto por Dios. Cuando Él ve esto en nosotros como creyentes, siempre abrirá las puertas al perdón y a la renovación espiritual. ¿Qué tal andamos en ambos?
  2. Apreciemos el matrimonio y veámoslo como Dios lo ve. No aceptemos las mentalidades del mundo que fácilmente quieren destruirlo por cualquier razón. Los matrimonios creyentes debemos modelar al mundo que el plan original de Dios para la familia siempre funciona.
  3. Agradezcamos a Dios por las enseñanzas de Jesús que vinieron a traer al mundo, entre otras cosas, un valor y una dignidiad para las mujeres y los niños, quienes en el mundo antiguo estaban muy desprotegidos y vulnerables. Por eso, la ausencia de Dios en una sociedad se ve inmediatamente en la forma como son tratadas las mujeres y los niños.
  4. No basta con creer en Dios, ser “buena persona” y “no hacerle daño a nadie”. La fe verdadera está completa cuando conocemos a Jesús y decidimos convertirnos en sus discípulos verdaderos, ¡no lo olvidemos!
  5. Jesús nos llama a dejar todo lo que nos estorba en nuestro corazón para seguirlo. En cada persona ese llamado será diferente: para algunos será el amor al dinero, para otros sus ideas, para otros el amor al pecado, para otros cualquier otra cosa. ¡Escuchemos el llamado que Jesús nos hace a nuestro corazón!
Los dejo con un fragmento de la serie The Bible donde él cuenta la parábola del fariseo y el cobrador de impuestos de tal forma que parece que más que una historia ficticia, era una anécdota de una realidad que Jesús presenció (reproducir del 07:53 al 11:03).


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