Día 259

2 CRÓNICAS 29.3 – 31.21.

El enfoque de nuestro estudio se centrará en lo que estaba sucediendo en el reino de Judá, con el nuevo rey, Ezequías, que fue hijo de Acaz. Como habíamos mencionado anteriormente, Ezequías fue una excepción a la regla, ya que a pesar de haber tenido un padre que se desvió completamente de la devoción a Dios e hizo pecar a Judá de forma terrible, Ezequías buscó a Dios y se esforzó por agradarlo. Hoy tenemos algunos detalles del corazón que puso Ezequías para volverse a Dios y hacer bien las cosas.

El capítulo 29 de 2 Crónicas nos habla de un evento crucial en el reinado de Ezequías: la reapertura del templo (v. 3). ¿Por qué reapertura? Recordemos que apenas en 2 Crónicas 28.24, Acaz, el papá de Ezequías, había hecho lo siguiente: “El rey tomó varios objetos del templo de Dios y los hizo pedazos. Cerró las puertas del templo del Señor para que allí nadie pudiera adorar y levantó altares a dioses paganos en cada esquina de Jerusalén.” Por culpa de su padre la adoración a Dios en Jerusalén se había suspendido definitivamente. Y precisamente una de sus primeras tareas (“En el primer mes del primer año de su reinado…”, v. 3), Ezequías reabrió el templo y se dedicó a repararlo en toda la destrucción que tenía. Meditemos aquí en 2 cosas:

  1. La urgencia que tenía Ezequías de reestablecer la relación con Dios y el pueblo. Justo en el primer mes de su reinado hizo esto, no esperó más tiempo, no quería esperar. Cuando somos serios con el hecho de reestablecer o sanar nuestra relación con Dios, ¡no nos tardamos! Somos urgentes y rápidos y hacemos lo que tengamos que hacer. Si no hay rapidez entonces es posible que no haya disposición verdadera.
  2. Lo difícil que tal vez fue para él tener que reconocer la infidelidad y la responsabilidad de su padre delante de todo el pueblo, como dijo en el v. 6: “6Nuestros antepasados fueron infieles e hicieron lo malo a los ojos del Señor nuestro Dios. Abandonaron al Señor y al lugar donde él habita; le dieron la espalda. También cerraron las puertas de la antesala del templo y apagaron las lámparas.” Sin embargo, para Ezequías lo más importante en ese momento era darle honor a Dios, no proteger la imagen de su familia. Sin duda la familia siempre será una prueba ácida para nuestra fe y nuestra devoción a Dios, especialmente cuando alguno de ellos se desvía de su fe. De cómo reaccionemos hablará mucho de nuestra espiritualidad.

Otro aspecto importante de este primer acto oficial como rey de Ezequías fue el llamado que hizo a los levitas “Hijos míos, ¡no descuiden más sus responsabilidades! El Señor los ha elegido para que estén en su presencia, le sirvan, dirijan al pueblo en la adoración y presenten a él sus ofrendas».” (2 Cr 29.11). Ante toda la influencia pagana que había entrado en Judá y ante la clausura del templo, los levitas habían dejado de hacer el trabajo que Dios había fijado para ellos, con respecto al mantenimiento del culto en el templo. Para poder reabrir el mismo se necesitaba que ellos regresaran a hacer su trabajo y de una forma correcta, por eso se tuvieron que purificar todos (v. 15) y además “Se aseguraron de seguir todas las instrucciones del Señor al hacer su trabajo” (2 Cr 29.15). Acto seguido ellos y los sacerdotes se dispusieron a purificar el interior del templo de Dios, parte por parte y objeto por objeto, todo conforme a la Ley mosáica. Lo impresionante de acuerdo a lo registrado en el v. 17 es que terminaron todo el trabajo en 16 días, que fue un tiempo bastante breve para todo el trabajo que tuvieron que hacer. Nuevamente vemos que cuando hay disposición y arrepentimiento verdadero, hay rapidez y urgencia para hacer las cosas. La lentitud para volverse a Dios siempre será un mal síntoma, especialmente si uno ya sabe lo que hay que hacer.

El resto del capítulo 29 trata con el reestablecimiento de las funciones bíblicas del templo, incluyendo todo el sistema de ofrendas y sacrificios y también los diezmos. El v. 25 afirma que durante todo este proceso, el rey Ezequías “Obedeció todos los mandatos que el Señor le había dado al rey David por medio de Gad, el vidente del rey, y del profeta Natán.” (2 Cr 29.25). El rey tuvo mucho cuidado en que todo lo que hiciera por el templo y por el culto a Dios se hiciera conforme al manual, es decir, conforme a la Ley. No se dejó llevar por la emoción haciendo cosas por su propia cuenta, sino que tomó con seriedad el trabajo y decidió someterse a la Palabra de Dios. Las alabanzas a Dios se volvieron a escuchar, la gente volvió a inclinarse ante Dios en adoración, los sacrificios y ofrendas reaparecieron, los corazones dispuestos florecieron. Todo continuó hasta que hubo abundancia de todo (v. 35). El resultado de toda esta labor fue que “Ezequías y todo el pueblo se alegraron por lo que Dios había hecho por el pueblo, porque todo se había llevado a cabo con tanta rapidez.” (2 Cr 29.36). Alegría y más alegría por haberse vuelto a Dios con tanta rapidez. Si Judá pudo hacerlo, ¡también nosotros!

El capítulo 30 trata con la celebración de la Pascua en Judá. Con toda la alegría que tenía tanto Ezequías como Judá por haberse vuelto a Dios de esa manera, el siguiente paso natural fue intentar un acercamiento con el antiguo reino del norte (Israel), o lo que quedaba de él (recordemos toda la destrucción que sufrieron a manos de los asirios). Así que se enviaron mensajeros desde Jerusalén hacia todo Israel y Judá invitando a la gente a celebrar la Pascua juntos, a apartarse de sus maldades y volverse a Dios de corazón. ¿Cómo reaccionó la gente?, “la mayoría de la gente simplemente se reía de los mensajeros y se burlaba de ellos.” (2 Cr 30.10). Pero no todos, algunos habitantes sí decidieron humillarse y fueron a Jerusalén.

Es en este momento cuando la Biblia registra un momento maravilloso que sucedió, una fórmula que debemos aspirar a repetir todo el tiempo, lo que podríamos llamar “la congregación ideal”: “Al mismo tiempo, la mano de Dios estaba sobre la gente en la tierra de Judá, y les dio un solo corazón para obedecer las órdenes del rey y de sus funcionarios, quienes seguían la palabra del Señor.” (2 Cr 30.12), “para darles un solo corazón a fin de hacer lo que el rey y los príncipes ordenaron conforme a la palabra del SEÑOR.” (NBLH). El pueblo tomando la decisión de obedecer y seguir a sus líderes, quienes a su vez ya estaban siguiendo fielmente la Palabra de Dios. Una combinación perfecta sin duda cuando se trata de congregaciones de creyentes, y Dios atras de todo, moviendo corazones y voluntades para formar un solo espíritu en todos. Oremos y trabajemos para que la iglesia cristiana moderna funcione así también: un pueblo dispuesto a seguir a sus líderes quienes a su vez están comprometidos a seguir fielmente la Palabra de Dios. Cuando una parte de esta fórmula falla, las cosas no resultan igual como en este pasaje.

Dentro de todo este movimiento de gente de todo Israel y Judá, llama la atención la excepción que Ezequías rogó a Dios con respecto a perdonar a aquellos israelitas que no se hubieran alcanzado a purificar conforme a la Ley para que tomaran parte en la cena de Pascua. Dios lo escuchó y pudieron tomar parte en la misma. Esto nos muestra que para Dios lo más importante, por encima de las reglas, son los corazones, es en lo que más se fija todo el tiempo. El relato termina con más registros de alegría en todo Judá, en todos los sacerdotes y levitas y en todos los que habían llegado de Israel e incluso en todos los extranjeros que estaban ahí para el festival. Ciertamente esta celebración fue histórica para ellos, ya que de acuerdo con el v. 26, “no se había presenciado una celebración como esta desde los días de Salomón, hijo del rey David.” ¿La respuesta de Dios ante todo esto? “…Dios escuchó su oración desde su santa morada en el cielo” (2 Cr 30.27). Ciertamente Dios compartía también la alegría que su pueblo tenía. Ese día fue especial, la relación entre la gente y su Dios se reestableció. Claro que es un motivo de gran celebración, siempre lo será.

Para terminar, el capítulo 31 nos muestra que ese espíritu de reavivamiento lo llevaron los israelitas a sus ciudades de donde venían y llegaron básicamente a purificar también todo, destruyendo todo elemento de paganismo que se encontraran. Un persona verdaderamente arrepentida anima a otros a arrepentirse también. El siguiente paso en la devoción del pueblo fue retornar a la práctica del diezmo (v. 4). Y fue tan buena la respuesta que nuevamente había abundancia de ofrendas y como resultado “El Señor ha bendecido a su pueblo” (2 Cr 31.10). El sacrificio financiero congregacional también será siempre una evidencia de la salud espiritual de la misma.

El versículo 21 nos deja una gran lección sobre liderazgo espiritual: “En todo lo que hizo para el servicio del templo de Dios y en sus esfuerzos por seguir las leyes y los mandatos de Dios, Ezequías buscó a su Dios de todo corazón; y como resultado, tuvo mucho éxito.” Buscar de corazón a Dios + una decisión de apegarse a la Palabra de Dios = ¡éxito! Y no poco, sino “mucho éxito”. Si somos líderes en nuestras iglesias, aprendamos del corazón de Ezequías, hay grandes lecciones ahí para nosotros.

Conclusiones:

  1. ¿Qué tan urgentes somos para los asuntos espirituales? ¿Con qué rapidez resolvemos pendientes espirituales de nuestro corazón? ¿Con qué velocidad nos disponemos a arreglar relaciones dañadas o sentimientos negativos contra otros? El ejemplo de Ezequías nos hace evidente que la urgencia y la rapidez para reaccionar siempre serán síntomas de una buena o mala espiritualidad en un creyente.
  2. Un paso natural del verdadero arrepentimiento es intentar el acercamiento con personas distanciadas con quienes tenemos relaciones dañadas. Así como Judá quiso buscar a Israel cuando se arrepintió, así lo debemos hacer nosotros también cuando experimentamos verdaderamente el arrepentimiento bíblico. ¿Necesitas buscar a alguien hoy para sanar alguna relación dañada? ¿Necesitas tomar la iniciativa hoy de ponerte en paz con otro creyente? Meditemos en esto y actuemos.
  3. El arrepentimiento y el avivamiento también se contagian. Mientras más personas arrepentidas y más creyentes reavivados haya en nuestro mundo, más rápido otros cambiarán alrededor. Uno ayudará a tres y esos tres a otros 5 y así siguen las cadenas de salvación.
  4. Recordemos la fórmula para el éxito espiritual = buscar a Dios de corazón y decidir firmemente apegarse en todo lo que hagamos a la Palabra de Dios. Es garantía que esto funcionará, ¡inténtalo!

 

Los dejo con una ilustración del momento en que Ezequías está al frente de la purificación del templo, contenida en el libro The Bible and its Story, Volume 5: History – Poetry, II Chronicles to Psalms, de Francis R. Niglutsch.

Ezequías limpia el templo


6 Responses to “Día 259”

  1. Adriana Casas dice:

    Muchas gracias Arturo, creo que cuando postergamos resolver asuntos espirituales con otros hermanos el espíritu se entristece y no puede obrar como quisiera ya que nuestro pecado se lo impide. En lo personal quiero tomarlo y recordar que si se lo pedimos, Dios estará al frente. Gracias!!!!

  2. citlali gamboa dice:

    Ezequías reestableció “la relación con Dios” con todo de manera cuantiosa y pura, con acciones y empresas de acuerdo a Dios 2Cr 31:20 y 2Cr 31:21 y tan arrepentido q oro por los q no lo estaban haciendo en ese momento y los salvo. Q ejemplo y como se menciona si se puede hacer una cadena de salvación, tipo la cadena de favores, película con Keavin Spacey. Me anima cuanta alegría se describe en algunos versículos por estos hechos. Gracias, saludos.

  3. Monica Loaeza dice:

    Gracias, Arturo. Sin duda, la rapidez con que deseeamos arreglar las situaciones pendientes en nuestro corazón, es la muestra del temor y reverencia por Dios que hay en nosotros (o que nos falta tener)…
    Pero también Su gracia es muy grande y nos perdona con la misma rapidez!

  4. CINTHYA SOLANO dice:

    muchas gracias hermano por tu trabajo hermano cuanto necesitamos de tener el corazón como el de Ezequías que fue urgente para los asuntos que realmente importan 🙂

  5. Juan Orozco dice:

    Gracias Arturo creo que Dios ve nuestro corazón y el sabe lo que hay en el, sabe si de verdad lo hacemos de corazón o solo lo hacemos para quedar bien delante de los hombres.

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