Día 291

INTRODUCCIÓN A LOS LIBROS DE NAHÚM Y HABACUC.

Continuando con nuestro estudio cronológico de toda la Biblia en 2 años, hoy toca el turno a los libros comletos de Nahúm y Habacuc, libros pertenecientes a la colección llamada “Profetas Menores”. Para el fechado seguiremos la cronología propuesta por Gleason Archer en su libro A Survey of Old Testament Introduction. Veamos un poco de información del contexto de dichos libros:

  1. Nahúm. Fechado aproximadamente entre el 661 y el 612 a.C. El tema principal del libro es la destrucción de Nínive, ciudad capital de los asirios. En Nahúm 1.1 dice la Biblia que el profeta vivía en Elcos, cuya ubicación es incierta al día de hoy, pero se sabe que “Cafernaúm” (el famoso pueblo del NT) significa “villa de Nahúm”, así que el origen del profeta fuera en Judea. Las profecías que contiene el libro fueron seguramente predicadas antes de la caída de Nínive ante los medos y babilonios en el 612 a.C. Y como el libro asume un imperio asirio poderoso, entonces por eso se ha fechado su escritura también antes de que dicho imperio se comenzara a desmoronar (entre el 668 y el 626 a.C.). El nombre de Nahúm significa “confortado”, y de acuerdo con el Holman Bible Handbook, de Holman Bible Publishers, se cree que el mensaje de castigo a Asiria bien pudo haber confortado al castigado pueblo de Judá, que había sufrido la invasión y la dominación asiria.
  2. Habacuc. Fechado entre el 1000 y el 901 a.C. Se sabe poco de este profeta. De acuerdo con el Nuevo Diccionario Bíblico Certeza, de Sociedades Bíblicas Unidas, hay tradiciones judías que afirman que fue el hijo de la famosa sulamita que estaba con Eliseo (2 R 4.16), o el centinela de Isaías 21.6, o incluso relacionándolo con el profeta Daniel cuando estaba en el foso de los leones, pero tienen pocos fundamentos para ser creídas. El libro trata con el dilema moral que enfrenta el profeta al entender que Dios usará a un pueblo tan cruel como los caldeos para disciplinar a su pueblo, así que se presenta un debate entre el profeta y Dios al respecto.

NAHÚM 1.1- 3.19, HABACUC 1.1 – 3.19.

Iniciemos con el libro de Nahúm. Un libro pequeño en extensión (solo 3 capítulos) que contiene varios puntos importantes:

  1. Las descripciones del carácter de Dios: A) “El Señor es Dios celoso, lleno de ira y venganza… su poder es grande y nunca deja sin castigo al culpable.” (Nah 1.2-3). Todo el capítulo describe las acciones de Dios contra el pueblo asirio en venganza por la crueldad con la fue tratado su pueblo, a pesar que en su momento Él decidió usarlos a ellos para disciplinar a Israel y a Judá. Cuando alguien lastima al pueblo de Dios, es cuestión de tiempo para que Él haga justicia y retribuya conforme a sus acciones a los agresores. B) “El Señor es lento para enojarse… El Señor es bueno, un refugio seguro cuando llegan las dificultades. Él está cerca de los que confían en Él.” (Nah 1.3, 7). Dios es lento para enojarse, es un hecho. Nos gusta escuchar esto, pero recordemos que la Biblia también nos llama a los creyentes a imitar a Dios en Santiago 1.19, DHH-LA, “Recuerden esto, queridos hermanos: todos ustedes deben estar listos para escuchar; en cambio deben ser lentos para hablar y para enojarse.” La otra enseñanza tiene que ver con el tipo de refugio que es Dios durante tiempos difíciles: “Es fortaleza en día de aflicción” (BTX), “es un refugio en horas de angustia” (DHH-LA). Cuando pasamos por momentos de prueba y dolor, cuando hay pérdidas, cuando estamos tristes, cuando enfrentamos situaciones imposibles, ¡confiemos en Dios! Es un refugio 100% seguro. ¿El requisito para que esto se haga válido? Confiar en Él, nada más.
  2. El desastre total que se acercaba al imperio asirio. Dios estaba determinado a erradicar el yugo asirio de la tierra: “«Aunque los asirios tienen muchos aliados, serán destruidos y desaparecerán.” (Nah 1.12), “tus enemigos perversos no volverán a invadir tu tierra. ¡Serán destruidos por completo!” (Nah 1.15), “Pronto la ciudad es saqueada, queda vacía y en ruinas. Los corazones se derriten y tiemblan las rodillas.” (Nah 2.10), “Nunca más saquearás las naciones conquistadas. No volverán a oírse las voces de tus orgullosos mensajeros.” (Nah 2.13), “Todas tus fortalezas se derrumbarán” (Nah 3.12), “Tu herida no tiene remedio tu lesión es mortal.” (Nah 3.19). ¿Qué sucedería exactamente con Asiria? De acuerdo con la International Standard Bible Encyclopedia, de Wm. B. Eerdmans, a partir del 616 a.C. Asiria comenzó a perder territorio a manos del gobernante babilonio Nabopolasar. Las batallas continuaron a través de los años hasta que en el 612 a.C. los medos y los babilonios marcharon a lo largo del río Tigris hacia Nínive, la sitiaron por 3 meses (junio a agosto), y gracias a una inesperada inundación (tal como fue protetizada por en Nahúm 1.8, “Pero arrasará a sus enemigos con una inundación arrolladora. “), lograron tomar la ciudad. El rey asirio Sardanápalo, que gobernaba en ese tiempo desde Nínive, al ver la ciudad perdida, se suicidó lanzándose al fuego (nos recuerda a Nahúm 3.13, “Sin embargo, el fuego te devorará”). Los asirios que escaparon fueron perseguidos por los babilonios (“Él perseguirá a sus enemigos en la oscuridad de la noche.” (Nah 1.8b). Aunque sobrevivieron algunas poblaciones asirias, se considera que a partir de este punto el antiguo imperio asirio dejó de existir como una entidad política. Las profecías de Dios se cumplieron al pie de la letra.
  3. El consuelo para Judá. Nahúm 2.2 dice, “Aunque el destructor arrasó con Judá, el SEÑOR restaurará su honor. A la vid de Israel le arrancaron las ramas, pero él restaurará su esplendor.” La ruina de Asiria significó para Judá una señal de la justicia de Dios, que no dejó pasar toda la crueldad con la que ese imperio trataba no solo a Judá sino a todas las naciones que sometió (“Todos los que se enteren de tu destrucción aplaudirán con alegría. ¿Dónde se puede encontrar a alguien que no haya sufrido tu constante crueldad?”,Nah 3.13). Es un hecho que Dios siempre hace justicia, solo necesitamos ser pacientes y confiar en Él.

Ahora, en cuanto al libro de Habacuc, podemos dividirlo en cinco temas principales:

  1. Primera queja del profeta. Habacuc 1.2-4 contiene una oración que el profeta hace a Dios con un toque de reclamo, ya que dijo, “¿Hasta cuándo debo pedir ayuda, oh SEÑOR? ¡Pero tú no escuchas! «¡Hay violencia por todas partes!», clamo, pero tú no vienes a salvar.” Básicamente Habacuc le reclamaba a Dios porque según él, el Señor no hacía nada mientras que la maldad florecía por todos lados en Judá.
  2. Primera respuesta de Dios. En Habacuc 1.5-11 encontramos la primera respuesta de Dios ante la queja de Habacuc. En dicho pasaje, Dios afirma claramente que estaba levantando a los babilonios para hacer algo asombroso y que impactaría a todo cuando lo viera. Después de describir las cualidades guerreras de este pueblo (crueles y violentos, caballos veloces, jinetes efectivos, llenos de orgullo, etc.), también incluye el juicio que los babilonios se ganarían por ser como eran: “Pero son profundamente culpables, porque hicieron de su propia fuerza un dios»” (Hab 1.11), “Pero luego mudará su espíritu y se enfurecerá, y pecará, por cuanto ha hecho de su poder su dios.” (BTX), “Y se le tendrá por culpable, Porque hace de su poder su dios.” (NVI). De acuerdo con este texto, Dios había considerado que los babilonios eran culpables de un egocentrismo extremo al grado de idolatrar su fuerza y su poder y considerarse posiblemente invencibles.
  3. Segunda queja del profeta. Ahora, en Habacuc 1.12-2.1, vemos cómo Habacuc, al enterarse que Dios usaría a los babilonios para hacer justicia y castigar al pueblo de Judá, le reclama nuevamente: “Oh SEÑOR, nuestra Roca, tú has enviado a los babilonios para corregirnos y castigarnos por nuestros muchos pecados. 13 Pero tú eres puro y no soportas ver la maldad. ¿Serás indiferente ante la traición de ellos?” (Hab 1.12-13). Recordemos que en 2 Reyes 20.12-16 los babilonios ya habían tenido acercamientos amistosos en este caso con Ezequías, rey de Judá. Y fue entonces, cuando al ver el orgullo de Ezequías, Dios decidió anunciarle que serían justo ellos, los babilonios, quienes un día llevarían al exilio a todo el pueblo de Judá. Habacuc consideraba entonces a los babilonios como traidores ya que ahora se voltearían contra Judá para saquearla, posiblemente como fruto de los reportes que sus enviados llevaron de regreso al ver todas las riquezas que tenía Ezequías. Pero el punto importante aquí era el conflicto teológico que enfrentaba Habacuc, que no alcanzaba a comprender cómo un Dios santo y puro podía usar y soportar a un pueblo tan malvado como los babilonios. Una vez que emitió su queja, Habacuc se subió a una “torre de vigilancia” (Hab 2.1) para esperar qué respuesta le daría Dios.
  4. Segunda respuesta de Dios (Habacuc 2.2 -20). Después de pedir a Habacuc que escribiera todo el mensaje en tablas con claridad para que otros pudieran leer el mensaje “sin error” (Hab 2.2), Dios le aseguró al profeta que Él haría justicia también en el caso de Babilonia aunque pareciera que tardara un poco. Por lo tanto le instruye, “espera con paciencia” (Hab 2.3). Dios entonces arma una lista de las maldades de los babilonios: orgullosos, confiados en sí mismos, vidas torcidas, arrogancia extrema, llenos de avaricia, extorsionadores, saqueadores, depositando su seguridad en sus riquezas, asesinos, corruptos y finalmente llenos de idolatría. Era un hecho que una de las principales motivaciones del imperio babilónico para someter a Judá era la avaricia, el amor por el dinero y las riquezas que guardaba. El error de Ezequías se pagaría caro años después. Los babilonios vivían de todas las riquezas que saqueaban a los pueblos dominados. Básicamente, eran ladrones y asesinos a un nivel imperial. Por todo ello, pagarían las consecuencias a su debido tiempo.
  5. La oración de Habacuc (Habacuc 3). Ante la respuesta de Dios, el profeta respondió diciendo: “«He oído todo acerca de ti, SEÑOR. Estoy maravillado por tus hechos asombrosos.” (Hab 3.2). Después de haber comprendido la naturaleza justa de Dios y su plan maravilloso para mover todas la piezas de la escena histórica, Habacuc termina su libro con una oración llena de alabanzas al poder y la grandeza de Dios. Ya no era el profeta quejoso y dudoso de las secciones anteriores, ahora denotaba mucha confianza en su Señor. De hecho, los últimos versículos del capítulo nos confirman la convicción que tenía al final: “17 Aunque las higueras no florezcan y no haya uvas en las vides, aunque se pierda la cosecha de oliva y los campos queden vacíos y no den fruto, aunque los rebaños mueran en los campos y los establos estén vacíos, 18 ¡aun así me alegraré en el SEÑOR! ¡Me gozaré en el Dios de mi salvación!”. ¿Qué nos transmite este pasaje?  Una convicción plena y total de que Dios está en control de la historia. Pero también una decisión de confiar plenamente en Él y serle fiel, tanto en las buenas como en las malas (cuando las higueras no florecen y no hay uvas en las vides). Habacuc decidió no condicionar su fe en Dios a las circunstancias, sino  creerle 100% todo el tiempo. ¡Si tan solo más y más cristianos adquierieran esta convicción también! Menos personas dejarían de seguir a Jesús porque sus ojos no estarían puestos en las circunstancias que viven, sino en el Señor Todopoderoso.

Conclusiones:

  1. Tengamos firme convicción de que Dios es nuestro refugio siempre y especialmente en tiempos difíciles. Cuando lleguen (porque llegarán siempre), ¡no dejemos de buscarlo! Hasta encontrar una respuesta.
  2. Dios es Dios de justicia y verdad, siempre hace justicia cuando hay injusticias. Tiene sus formas, sus métodos y sus tiempos. A veces no nos gustan, quisiéramos que Él hiciera justicia a nuestra manera, pero necesitamos confiar en su infinita sabiduría e inteligencia, que es obviamente superior a las nuestras. No nos quejemos con Dios porque no hizo las cosas como nosotros queríamos, ¡su entendimiento es muy superior al nuestro!
  3. Tener el dinero y las riquezas como centro de nuestra vida es completamente vano y muy peligroso. Recordemos que 1 Timoteo 6.10, DHH-LA, dice, “Porque el amor al dinero es raíz de toda clase de males”. El resultado de una vida entregada a la avaricia y el materialismo siempre será ruina y destrucción.
  4. Mantengamos una fidelidad incondicional a Dios, que sin importar si las higueras no florecen o si las vides no dan uvas (en sentido figurado), no se va a mover de su lugar. Aprendamos la lección de Habacuc de confianza en Dios sin importar las circunstancias que nos rodean.

Los dejo con una ilustración de la batalla de Nínive, donde los babilonios y los medos derrotaron al poderoso imperio asirio, conquistando y destruyendo su capital.

Batalla de Ninive


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