Día 352

JUAN 1.27 – 2.25.

Continuamos estudiando los eventos que siguieron al bautismo de Jesús. Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas nos informan que inmediatamente después de su bautismo, Jesús fue tentado en el desierto por Satanás. Sin embargo, el apóstol Juan nos proporciona otros detalles de lo que ocurrió en esos días.

Recordemos primero las palabras que utilizaron Mateo, Marcos y Lucas para referirse al momento preciso posterior al bautismo de Jesús en que tuvo que enfrentar las tentaciones en el desierto: “Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para que el diablo lo sometiera a tentación.” (Mt 4.1), “En seguida el Espíritu lo impulsó a ir hacia el desierto” (Mrc 1.12), “Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto” (Lc 4.1). Después de esto pasó 40 días en ayuno y luego fue tentado, como ya lo estudiamos.

Ahora bien, el apóstol Juan en su evangelio (1.29-2.12) nos relata una serie de eventos los cuales nos plantean 2 alternativas: a) sucedieron entre el bautismo de Jesús y las tentaciones del desierto, b) sucedieron inmediatamente después de las tentaciones en el desierto. Revisemos bien la aparición de Juan el Bautista. El evangelio de Juan incluye el personaje de Juan el Bautista “cuando los judíos de Jerusalén enviaron sacerdotes y levitas a preguntarle quién era.” (Jn 1.19). A partir de ahí, el profeta intervendrá en varias ocasiones con discursos importantes. Sin embargo, Juan 1.29 afirma que al día siguiente que Juan fue confrontado por los religiosos, vio a Jesús ir hacia él y afirmó: “«¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”, y también “Yo ni siquiera lo conocía… Vi al Espíritu descender del cielo como una paloma y permanecer sobre él.” (Jn 1.31-32). De aquí podemos concluir 2 cosas:

  1. Juan el Bautista nunca reconoció a Jesús como el Hijo de Dios hasta que se presentó ante él para que lo bautizara. Si bien la Biblia afirma que las madres de Jesús y Juan eran parientes, es posible que ellos nunca se trataron como familia cercana tal vez porque Juan se fue a vivir al desierto. Sería hasta el momento del bautismo de Jesús donde realmente se encontraron.
  2. Para el momento descrito en los versículos 29 al 34 Jesús ya había sido bautizado por Juan ya que éste último recordaba cómo vio al Espíritu descender en forma de paloma sobre Jesús. De hecho, el escritor F. F. Bruce en su libro The Gospel of John que la mención del apóstol sobre la aparición de Jesús ante Juan el Bautista se refiera a que había estado lejos por varias semanas tal vez y ahora estaba de regreso, ¿posiblemente del desierto y el episodio de las tentaciones a manos de Satanás? Tal vez.

Podemos notar también el énfasis que el evangelio de Juan hace sobre el testimonio ocular de Juan el Bautista sobre Jesús: “Yo lo he visto y por eso testifico que éste es el Hijo de Dios.” (Jn 1.34). En una época donde el gnosticismo estaba atacando fuerte a la iglesia (cuando se escribió el evangelio de Juan), para el apóstol era importante dejar un registro claro de los testigos presenciales de la vida de Cristo en la tierra.

Esto quiere decir entonces que los eventos descritos en estos capítulos de Juan tienen que ver con el inicio del ministerio de Jesús inmediatamente después de su regreso del desierto. Todo lo que revisaremos a continuación sucedió en un período de poco menos de una semana:

  1. El llamado a los primeros discípulos (Juan 1.35-42). El apóstol Juan continúa en el relato diario del ministerio de Jesús al decir, “Al día siguiente…” (Jn 1.35). Nuevamente Jesús pasa por el lugar donde Juan estaba con sus discípulos y dos de estos siguen a Cristo, quien accede a pasar con ellos el resto de la tarde. ¿Qué les habrá dicho Jesús y qué habrán visto que la primera reacción de ellos al salir de estar con él fue ir a avisarle al hermano de Andrés (llamado Simón) que habían encontrado al Mesías (Juan 1.41)? Definitivamente fueron horas muy valiosas para ellos.
  2. El cambio de nombre a Simón (Juan 1.42). Cuando llevaron a Simón con Jesús, “mirándolo fijamente, le dijo: —Tú eres Simón, hijo de Juan. Serás llamado Cefas (es decir, Pedro).” ¿Por qué el cambio de nombre? Según el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarsity Press, los apodos eran comunes entre los rabíes judíos para sus discípulos. “Cefas” era un nombre arameo que significaba “roca” y Jesús le puso Pedro, que era un nombre griego que significaba “roca” también. Al igual que hizo Dios con otros personajes bíblicos antiguos a quienes les cambió el nombre una vez que los llamó a una misión (Abraham, Sara, Jacob), Jesús también le cambió el nombre a Pedro para describir una nueva característica en Simón que solo podía ver Jesús, aunque las demás personas solo veían las fallas de carácter de ese hombre (como estudiaremos más adelante: impulsivo, indisciplinado, brusco, dominado por sus emociones). Jesús le estaba ofreciendo a Simón básicamente una nueva visión para su vida.
  3. El llamado de Felipe y Natanael (Juan 1.43-51). Continuando con el relato continuo en el tiempo, “Al día siguiente…” (Jn 1.43) Jesús llamó a Felipe, quien era un judío del mismo pueblo que Andrés y Pedro. Nuevamente, al igual que sucedió con Andrés, la primera reacción de Felipe después de recibir su llamado fue buscar a otro judío llamado Natanael y decirle que habían encontrado a “aquel de quien escribió Moisés en la ley, y de quien escribieron los profetas.” (Jn 1.45), es decir, el Mesías. Sin embargo, Natanael no reaccionó favorablemente y esto debido a que puso más atención en el origen social de Jesús: “—¡De Nazaret!—replicó Natanael—. ¿Acaso de allí puede salir algo bueno?” (Jn 1.46). ¿Por qué tanto rechazo a ese pueblo? De acuerdo a Philip Yancey en su libro El Jesús Que Nunca Conocí, Galilea (la provincia donde estaba situada Nazaret) era la provincia más atrasada culturalmente por lo cual se hacían mucha burla de los galileos ya que se les consideraba groseros, de poca educación y de escasa formación cultural. Y peor aún, Nazaret era un pueblo tan insignificante que ni siquiera está mencionada en los registros antiguos de ciudades de Galilea. A pesar de esto, cuando se lo llevaron a Jesús, éste lo recibió diciendo: “—Aquí tienen a un verdadero israelita, en quien no hay falsedad.” (Jn 1.47), y después afirmó, “—Antes de que Felipe te llamara, cuando aún estabas bajo la higuera, ya te había visto.” (Jn 1.48). Jesús superó el prejuicio social que Natanael traía contra él. A todo esto, Natanael reaccionó diciendo, “—Rabí, ¡tú eres el Hijo de Dios! ¡Tú eres el Rey de Israel!” (Jn 1.49). ¿Qué hizo cambiar de actitud a Natanael de una posición irónica y despectiva a reconocer a Jesús como el Hijo de Dios? Resulta que era una costumbre en Israel sentarse a meditar y orar bajo la sombra de las hojas de una higuera. Posiblemente ese mismo día Natanael se había sentado a orar bajo una higuera, y Jesús siendo Dios hecho hombre, notó su oración. Es decir, Natanael comprendió que Jesús había visto algo que solo Dios podía haber visto, ¡por eso cambió su actitud tan radicalmente! Jesús fue capaz de identificar el corazón de Natanael que sinceramente buscaba a Dios y cuya oración debió haber sido muy profunda. Solo Cristo podía conocer el corazón de las personas de forma completa.
  4. El milagro del agua en vino (Juan 2.1-12). Este es el primer milagro de Jesús que encontramos en nuestro estudio cronológico. Este sucedió, “Al tercer día…” (Jn 2.1), durante una boda en Caná de Galilea, a la cual Jesús fue invitado. Podemos notar que Jesús ya andaba con sus discípulos para todos lados (Jn 2.2), es decir, ya tenía seguidores activos. Llama la atención que la madre de Jesús se le acercara a decirle que ya no había vino y después pidiera a los sirvientes que hicieran lo que Jesús les dijera. Es como si María ya supiera que Jesús era capaz de hacer milagros. Efectivamente Jesús convirtió el agua servida en las tinajas en vino de la mejor calidad (Juan 1.10), siendo esta la primera señal milagrosa que Jesús hizo en Galilea, por la cual “Así reveló su gloria, y sus discípulos creyeron en él.” (Jn 2.11). Es decir, los milagros que Jesús hacía fortalecían la fe en sus discípulos de que realmente él era el Hijo de Dios. También el v. 4 es importante ya que Jesús le contestó a su mamá, ” —Mujer, ¿eso qué tiene que ver conmigo?—respondió Jesús—. Todavía no ha llegado mi hora.”, obviamente hablando aquí de forma profética con respecto a su futuro sacrificio por la humanidad. Llama la atención finalmente que después del evento, Jesús se fue a Capernaúm “con su madre, sus hermanos y sus discípulos” (Jn 2.12). Jesús había involucrado a sus discípulos con su familia más cercana de la forma más natural. Él quería que ellos lo conocieran privadamente (cómo era en su casa en el trato con su familia) y públicamente también.

 

Ahora, en cuanto a la purificación del templo (Juan 2.13-24), la escena es clara y muy conocida: Jesús haciendo un látigo de cuerdas, expulsando a los mercaderes del templo y derribando las monedas al suelo. La pregunta es, ¿por qué hizo esto? Primero entendamos dónde estaba ubicado físicamente Jesús: “Y en el templo halló a los que vendían….” (Juan 2.14). Veamos un plano del templo de tiempos de Jesús, que no era el último templo que existió después del exilio, sino que era una estructura renovada totalmente por el rey Herodes (plano contenido en el Atlas Bíblico, de Sociedades Bíblicas Unidas):

Planos Templo HerodesLa queja de Jesús ante los mercaderes era: “—¡Saquen esto de aquí! ¿Cómo se atreven a convertir la casa de mi Padre en un mercado?” (Jn 2.16), y como otro pasaje paralelo dice, “Mi casa será llamada casa de oración”; pero ustedes la están convirtiendo en “cueva de ladrones”.” (Mt 21.13). Jesús se refería a Isaías 54.7 que dice, “porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.” El único lugar en la estructura del templo que se podía considerar internacional era el lamado “Atrio de los Gentiles” (ubícalo en los planos), donde precisamente personas no judías podían acercarse para orar a Dios y adorarle. Si ese espacio ahora lo ocupaban los mercaderes de animales y dinero, ¡estaban impidiendo la adoración a Dios de otros pueblos! Por eso Jesús se indignó tanto y protestó de la forma en que lo hizo, al grado que sus mismos discípulos recordaron Salmos 69.9, “El celo por tu casa me consumirá”. Vieron a Jesús modelar esa Escritura a la perfección.

El relato termina con una profecía hecha por el mismo Jesús sobre su muerte y resurrección futuras (Juan 2.19), que no comprendieron los religiosos que reaccionaron ante sus acciones. Pero también hay un pasaje muy importante sobre el poder de Jesús para ver los corazones humanos: “23 Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver las señales que hacía. 24 En cambio Jesús no les creía porque los conocía a todos; 25 no necesitaba que nadie le informara nada acerca de los demás, pues él conocía el interior del ser humano.” Era un hecho que Jesús tenía poder para ver el interior del corazón humano y descubrir lo que había adentro. A pesar que esas personas ya creían en él, ¡él no creía en ellos!, porque veía algo muy torcido en sus corazones. Estar al lado de Jesús no era cualquier cosa, ¡podría ver nuestro interior! Y lo sigue haciendo de hecho.

Conclusiones:

  1. Una reacción natural de cada persona que verdaderamente tiene un encuentro con Jesús es inmediatamente compartir su nueva fe e invitar a amigos y familiares a conocerla. ¿Qué tal es en nosotros? ¿Evangelizar es algo todavía natural o se ha convertido en una carga pesada que ni queremos pensar en ella? Si andamos cerca de Jesús, él nos puede ayudar a mantener viva esa actitud.
  2. Cuando nos encontramos con Jesús, él nos proporciona una nueva visión para nuestra vida. Sin importar nuestros defectos de carácter ni nuestros pecados, Jesús tiene poder para ver lo mejor de nosotros y visualizar cómo seríamos en el futuro si nos entregáramos hoy a él. Él puede “cambiarnos el nombre” a todos los que lo buscamos sinceramente.
  3. Jesús supo cómo vencer los prejuicios sociales de los que fue objeto de otros judíos y tocar sus corazones de manera poderosa. De igual forma, no permitamos que los prejuicios o el rechazo que otros individuos tengan hacia nosotros apague nuestra fe de ninguna manera. Un discípulo de Jesús puede encontrar las fuerzas para vencer el “bullying” y para tocar los corazones de sus mismos perseguidores.
  4. El celo de Jesús en el templo fue por nosotros, por el sueño de Dios de que un día todas las naciones del mundo lo adoraran. Ese episodio nos revela cómo en el corazón de Jesús era una prioridad que todos tuvieran acceso a Dios. Esa sería su misión en la vida: abrirnos las puertas para el acceso al Dios Creador del universo.
  5. Jesús conoce a la perfección el corazón humano, nadie lo puede engañar. Siempre estarán a su vista nuestros más íntimos pensamientos y nuestras más secretas acciones, ¡nada se le puede ocultar! Deberíamos tener eso presente cada día todo el día, así nos mantendríamos en santidad constante.

 

Veamos un video de ilustración del momento en que Jesús purifica el templo.


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