Día 425

HECHOS 27.1-28.31.

Ha llegado el momento de concluir con nuestro estudio del libro de los Hechos de los Apóstoles, analizando las circunstancias que rodearon al viaje del apóstol Pablo desde Cesarea hasta Roma, escoltado por una guardia romana especial con el fin de presentarlo ante el emperador para definir su situación legal. Como podremos notarlo al analizar el texto, la mano de Dios estuvo presente en todo momento y en toda situación, aunque de repente pareciera que no era así.
Ya que se había tomado la decisión de enviar a Pablo a Roma, Hechos 27.1 dice que el apóstol fue entregado a un centurión que se llamaba Julio, “que pertenecía al batallón imperial” o “de la compañía (tropa) Augusta” (NBLH) o “de la legión Augusta” (BJL). De acuerdo con el The New American Commentary: Acts, de Broadman & Holman Publishers, el término “imperial” se utilizaba para referirse a fuerzas auxiliares que estaban compuestas en su mayoría por población local. De hecho, se sabe que una de estas compañías auxiliares estaba estacionada en Cesarea durante el tiempo de Agripa II. Pero Pablo no iba solo, más prisioneros eran transportados junto con él, posiblemente criminales o revoltosos políticos (como los zelotes). Sin embargo, varios discípulos (entre ellos Lucas, el autor de Hechos, y Aristarco de Tesalónica) lo acompañaban. Podemos ver la fraternidad de la iglesia cuidando a Pablo en ese viaje tan peligroso lleno de maleantes a su alrededor. También vemos la ayuda de Dios ya que el centurión Julio “con mucha amabilidad” (Hch 27.3) permitió que los amigos de Pablo lo atendieran tanto durante el viaje como al llegar a Sidón (donde seguramente había una iglesia), quienes le dieron a Pablo provisiones para el viaje ya que en esos tiempos cada pasajero tenía que atenderse a sí mismo en sus necesidades. Sin embargo, Pablo contaba con la bendición de conocer a muchas personas en muchas ciudades, gracias a la predicación del evangelio. A diferencia de los demás presos, no estaba solo en su travesía, el amor de Dios lo acompañaba a través de la fraternidad que lo unía con otros creyentes en toda la ruta. Para el centurión, esto debió haber sido algo extraño, que un preso supuestamente tan peligroso tuviera tantos amigos que quisieran atenderlo y ver por él.
De acuerdo al relato, el viaje se comenzó a convertir en algo peligroso, con la navegación lenta (Hch 27.7), viento desfavorable y avance con dificultad (Hch 27.8). Tan complicado se puso la situación que Pablo mismo tuvo que decir lo siguiente: “«Señores, veo que nuestro viaje va a ser desastroso y que va a causar mucho perjuicio tanto para el barco y su carga como para nuestras propias vidas.»” (Hch 27.10). Aunque Pablo no era un experto en la navegación en el mar ni se había dedicado a ese oficio, algo (seguramente Dios) le movió a dar esa advertencia y consejo para el centurión y las tropas que estaban a cargo del viaje. Sin embargo, de acuerdo al v. 11 el centurión prefirió hacerle caso al timonel y al dueño del barco que a Pablo, pensando seguramente que el apóstol no sabía nada de navegación y poniendo su confianza en los supuestos “expertos”. Pero Dios mismo había estado atrás de ese aviso, ya que los versículos 13 al 20 nos confirman que el viaje se puso cada vez más riesgoso ya que enfrentaron vientos huracanados, quedaron a la deriva, tuvieron que reforzar el casco del barco con sogas, arrojaron la carga por la borda y los aparejos del barco. El v. 20 nos describe de forma dramática cómo se sentían todos, incluyendo a los discípulos: “Como pasaron muchos días sin que aparecieran ni el sol ni las estrellas, y la tempestad seguía arreciando, perdimos al fin toda esperanza de salvarnos.” Imaginemos la frustración que sintieron Pablo y los demás hermanos que lo acompañaban, que a pesar de que Dios les había dado alguna advertencia sobre esto para evitar que se pusieran en peligro, al final sus vidas habían quedado en manos de personas sin discernimiento espiritual y que confiaban más en sus talentos humanos. Por eso la expresión de “perdimos al fin toda esperanza de salvarnos”, ya que por un lado veían la naturaleza golpeando fuerte al barco y por otro lado, la necedad humana a cargo de todo.
Sin embargo, en Hechos 27.22-24 Pablo les dijo, “22 Pero ahora los exhorto a cobrar ánimo, porque ninguno de ustedes perderá la vida; sólo se perderá el barco. 23 Anoche se me apareció un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien sirvo, 24 y me dijo: “No tengas miedo, Pablo. Tienes que comparecer ante el emperador; y Dios te ha concedido la vida de todos los que navegan contigo.” o “y por tu causa Dios va a librar de la muerte a todos los que están contigo en el barco” (DHH-LA). Nuevamente, el poder de Dios y su presencia se hacen evidentes dejándole saber a Pablo que era Dios y no los paganos quienes estaban a cargo de todo, y que por consideración a él y a los cristianos que iban con él, Dios salvaría de la muerte a todo el resto de los pasajeros, incluyendo a los necios dirigentes del viaje. Esto también nos hace pensar en que desde el momento en que el centurión y el dueño del barco decidieron zarpar de Creta, ¡ya habían firmado sus sentencias de muerte!, ya que Dios sabía que venía una tormenta de la cual no escaparían y morirían. Pero Dios decidió cambiar ese destino fatal por consideración a Pablo y la misión que se le había encomendado (presentarse ante el emperador). Si Pablo no hubiera estado en ese barco, tal vez todos los pasajeros hubieran muerto. ¡Un ejemplo más de que Dios está por encima de cualquier poder, autoridad y fuerza humanas, y también por encima de toda ignorancia y necedad de personas que no tienen discernimiento espiritual!
Ahora, de acuerdo con Hechos 27.27, ya habían pasado 14 noches a la deriva en el mar y la gente no había comido porque estaban “con la vida en un hilo” (Hch 27.33). Así que, con la confianza puesta en la visión que Dios le reveló, Pablo animó a todos a comer y a confiar en Dios, y así todos se dispusieron a comer, animados por ejemplo de Pablo. El v. 37 dice que eran 276 personas en el barco. Así que por causa de Pablo, Dios salvó de la muerte segura a más de 270 personas. Al final del capítulo sucedió precisamente lo que Pablo predijo, nadie perdió la vida, aunque el barco terminó hecho pedazos y todos llegaron nadando como pudieron hasta la playa de una isla que encontraron. no fue fácil sin duda, pero Dios cumplió su promesa y nadie murió ni terminó mal herido.
En Hechos 28.1 dice que el nombre de la isla a donde llegaron se llamaba Malta. De acuerdo con el Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia, de Editorial Caribe, esta isla era parte de la provincia romana de Sicilia y se encontraba a unos 96 kms. al sur de Italia. En esta isla sucedieron varias cosas interesantes:
  1. De acuerdo a los versículos 3 al 6, una víbora mordió a Pablo mientras este recogía leña para una fogata y los isleños que presenciaron el evento esperaban que en cualquier momento “se hinchara o cayera muerto” (Hch 28.6). También pensaron lo siguiente: “«Sin duda este hombre es un asesino, pues aunque se salvó del mar, la justicia divina no va a consentir que siga con vida.»” (Hch 28.4). De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarsity Press, los antiguos paganos creían que si sobrevivían a tormentas en el mar eso constituía una prueba de su inocencia ante cualquier acusación. En su mitología pagana, ellos creían que si un criminal escapaba de la muerte a manos de la justicia humana, sería la justicia de los dioses quien le haría pagar con una muerte más terrible aún. Sin embargo, cuando vieron que a Pablo no le pasó nada malo, “cambiaron de parecer y decían que era un dios” (Hch 28.6). Esta no sería la primera vez que Pablo era confundido con un dios pagano (Hch 14.12, “Y tomaron a Bernabé por el dios Zeus, y a Pablo por el dios Hermes, porque era el que hablaba.”). Sin embargo, aún dentro de la visión pagana de las cosas, esa inmunidad milagrosa ante las serpientes que Pablo tenía era una muestra más de su inocencia ante los cargos criminales de que le acusaban los judíos.
  2. Pero esta no fue la única muestra de poder sobrenatural en Pablo, ya que Hechos 28.7-10 registra que Pablo sanó al padre del funcionario principal de la isla (llamado Publio) que estaba enfermo “con fiebre y disentería” (Hch 28.8). De acuerdo nuevamente con el The New American Commentary: Acts, es posible que se tratara de la llamada “fiebre de malta”, que consistía en un problema gástrico con fiebre causado por un microbio que estaba presente en la leche de cabra. Era un mal común en la zona. Pablo sanó al hombre y cuando otros habitantes se enteraron, “los demás enfermos de la isla también acudían y eran sanados.” (Hch 28.9). Podemos notar cómo el poder sobrenatural del apóstol no había disminuído. Sin duda la vista de Pablo fue de mucha bendición para esas personas. Seguramente como agradecimiento, el v. 10 dice, “Nos colmaron de muchas atenciones y nos proveyeron de todo lo necesario para el viaje.” ¿Cómo no estarían agradecidos, comenzando con el funcionario principal de la isla, si una sanidad milagrosa inesperada llegó a sus vidas?
Por fin, Hechos 28.11-16 registra la llegada de Pablo a Roma, a donde fue recibido por los cristianos de Roma y donde además, los romanos le dieron permiso de tener su domicilio particular solo con un soldado custodiándolo. Cuando todo esto pasó, “Pablo dio gracias a Dios y cobró ánimo.” (Hch 28.10). La fe del apóstol había sido probada durante el viaje y durante todo el sufrimiento que implicó, pero fue recompensada al final con el amor de la iglesia de Roma, a quienes tanto había deseado ver según lo registró en la carta a los Romanos. Aunque físicamente estaba desgastado, anímicamente cobró nuevas fuerzas al ver a los hermanos y al saber que su misión de llevar el evangelio a la corte del emperador continuaba.
El libro de los Hechos termina entre los versículos 17 al 31 del capítulo 28, cuando el apóstol intentó llevar a cabo su misma estrategia que utilizaba en toda ciudad nueva donde llevaba el evangelio: predicar primero a los judíos. Convocó a una reunión de dirigentes judíos y fueron muchos a la casa donde lo tenían alojado, les predicó “Desde la mañana hasta la tarde, explicándoles y testificándoles… tratando de convencerlos respecto a Jesús, partiendo de la ley de Moisés y de los profetas.” (Hch 28.23). Básicamente les demostró cómo todas las profecías mesiánicas se cumplieron en la figura de Jesucristo. ¿Cuál fue el resultado? Algunos judíos creyeron, pero otros lo rechazaron y se negaron a creer y al final se comenzaron a ir. Fue entonces cuando Pablo les citó Isaías 6.9.10, aplicándola para ellos, al referirse a que eran un pueblo con un corazón insensible, con ojos y oídos cerrados a las cosas espirituales. Tristemente el apóstol comprobó la dureza de corazón de la mayoría de los judíos en todo el imperio romano. Por eso reafirmó su misión diciendo, “quiero que sepan que esta salvación de Dios se ha enviado a los gentiles, y ellos sí escucharán.” (Hch 28.28). Así que estuvo 2 años completos más en esa casa, predicando y enseñando sobre el reino de Dios “sin impedimento y sin temor alguno.” Lo que originalmente parecía algo terrible que le había pasado a Pablo (ser apresado y enviado a Roma para ser juzgado), terminó siendo una oportunidad extraordinaria para llevar el evangelio a la ciudad más poderosa de todo el mundo conocido en ese tiempo.
Aquí termina el relato bíblico de la vida de Pablo. ¿Qué sucedió después de estos 2 años con el apóstol? De acuerdo con The Bible Knowledge Commentary, de Victor Books, se cree que al final ningún cargo se le adjudicó a Pablo y fue liberado de su detención. Después de eso, es posible que Pablo regresó a las provincias de Macedonia, Acaya y Asia y después se dirigió a España como eran sus planes originales (registrados en Ro 15.22-28). Después sería arrestado nuevamente, llevado a Roma y ejecutado por órdenes del emperador Nerón. Es importante señalar también que durante este período del primer encarcelamiento y el segundo es cuando Pablo escribió las llamadas “Epístolas de la Prisión” de la siguiente manera:
  1. Primer encarcelamiento en Roma (Hch 27-28): escribió Efesios, Filipenses, Colosenses, Filemón.
  2. Segundo encarcelamiento en Roma (no registrado en el Nuevo Testamento): 1 Timoteo, Tito, 2 Timoteo.
Aquí terminamos nuestro estudio del fascinante libro de Hechos de los Apóstoles, un relato de cómo los seguidores de Jesús obedecieron la Gran Comisión (Mateo 28.18.20) de llevar el evangelio a toda persona, hacerlos discípulos, bautizarlos y enseñarles a obedecer. La misión continúa, no ha terminado, y el encargo de Jesús está más vivo que nunca hoy también. ¿Estás involucrado(a) en la Gran Comisión?

Conclusiones:

  1. Valoremos tanto la confraternidad de creyentes con la que contamos. Dios puede trabajar para ayudarnos a través de todos esos hermanos y hermanas a nuestro alrededor, justo cuando más lo necesitamos. Contar con la ventaja de encontrar discípulos de Jesús en otras ciudades y hasta en otros países es una verdadera bendición, algo inigualable, que solo a través de Dios se puede lograr. Y sin importar que jamás antes los hayamos visto, el lazo espiritual que nos une a ellos nos hace formar amistades rápidamente. La iglesia vale mucho más de lo que nos imaginamos.
  2. Aunque enfrentemos situaciones donde nuestro futuro o nuestra seguridad o incluso nuestra vida parezcan estar en manos de personas sin fe, necios y orgullosos, ¡no desconfiemos de Dios! Él está por encima de todos ellos y sabrá darnos la salida adecuada en su momento.
  3. Hay grandes recompensas esperando para quienes mantienen firme su fe y su confianza en Dios enmedio de circunstancias difíciles y tormentas. La sensación de alivio y esperanza que se obtiene cuando vemos llegar esas recompensas es inigualable, sobre todo si llevamos un buen tiempo esperando con paciencia que Dios actúe. ¡No nos desanimemos cuando estemos bajo la prueba!
  4. No olvidemos que somos muy importantes para Dios. Por consideración a nosotros, Él puede ayudar y bendecir a muchas personas, llámense compañeros de escuela o trabajo, nuestros jefes, nuestros vecinos, y obviamente nuestros familiares.
  5. Hay tantas cosas que aprender de la vida de Pablo: su paciencia, su fe, su perseverancia, su determinación, su pasión por el evangelio, y más. Continuemos aprendiendo de lo que Dios sembró en su vida a través de Jesús en el resto de las cartas que estudiaremos.
Los dejo con un reportaje sobre una exposición que se organizó en el Vaticano para celebrar al apóstol Pablo, con objetos que hacen referencia a su vida y muerte en Roma.


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