Día 367

LUCAS 9.7-9, MARCOS 6.14-29, MATEO 14.1-21, MARCOS 6.30-44, LUCAS 9.10-17, JUAN 6.1-15, MARCOS 6.45-52, MATEO 14.22-33, JUAN 6.16-21, MARCOS 6.53-56, MATEO 14.34-36.

Como cualquier ser humano, Jesús también tuvo que enfrentar emociones difíciles como lo son las pérdidas. Sin embargo, la forma en que manejó esos sentimientos y en cómo reaccionó ante las necesidades sin fin de las personas que lo buscaban nos deja una gran lección para todos aquellos que estamos tratando de seguir a Jesús.

En Lucas 9.7-9, Marcos 6.14-29 y Mateo 14.1-12 encontramos la última historia sobre Juan el Bautista. Los evangelios cuentan la forma en que murió el gran profeta Juan el Bautista. Básicamente murió por su convicción de predicar el arrepentimiento. Lo que provocó todo fue que Juan había estado reprendiendo a Herodes porque se casó con la esposa de su hermano Felipe, que se llamaba Herodías, y esta acción estaba prohibida por la ley judía (Juan se refería a Levítico 18.16 que dice, “»No tendrás relaciones sexuales con la mujer de tu hermano, porque sería como tenerlas con él mismo.”). Como respuesta, Herodes encarceló a Juan el Bautista aproximadamente entre los años 27 y 28 d.C. (según las notas de la DHH-LA). Aunque de acuerdo con la Biblia de Estudio Apologética el historiador judío Josefo afirmó en sus escritos que la razón para la muerte de Juan a manos de Herodes fue política (lo consideraban sedicioso), no hay razón para encontrar incompatibilidad con el relato de los evangelios, que se enfocan más en las razones personales que en las políticas, pero bien pudieron ambas cosas haber empujado a Herodes a encarcerlarlo y a tomar la decisión.

Lo que llama la atención aquí es que no era tanto Herodes quien tenia a Juan el Bautista como enemigo, ya que Marcos 6.14 dice que Herodes le tenía miedo y lo protegía, “pues sabía que era un hombre justo y santo.” Incluso el mismo versículo afirma que a Herodes le gustaba escuchar a Juan, aunque terminaba muy “desconcertado” o “muy perplejo” (BTX) o “se inquietaba mucho” (NTV). En realidad quien más enojo tenía contra Juan era Herodías, la esposa de Herodes. Fue ella quien aprovechando un baile de su hija que le agradó al rey, manipuló la situación para pedir la cabeza de Juan el Bautista (Marcos 6.24-25). El rey, aunque “quedó angustiado” (Mr 6.26) y “se entristeció” (Mt 14.9), complació a la mujer y mandó matar a Juan. De esta manera murió el que Jesús había dicho que “entre todos los hombres, ninguno ha sido más grande que Juan el Bautista” (Mr 11.11, DHH-LA). Herodes pudo evitar su muerte, pero le ganó más el temor a lo que los hombres dirían y no a lo que Dios diría. Un clásico ejemplo de un hombre cobarde que prefirió agradar a la gente y cometer una injusticia terrible a agradar a Dios haciendo lo correcto aunque quedara mal con los hombres.

Ahora, Mateo 14.13 registra la reacción que tuvo Jesús cuando se enteró de la noticia de la muerte de su primo Juan el Bautista, “se retiró él solo en una barca a un lugar solitario.” ¿Qué estaría pasando por la mente de Jesús? ¿Qué estaría sintiendo? Ciertamente un gran dolor por la pérdida de un familiar pero también por la pérdida de su mensajero que Dios envió para que le abriera el camino. Aunque también es posible que Jesús viera en este evento una mirada al futuro que a él mismo le esperaba: la muerte por hacer y decir lo correcto a los ojos de Dios. No sabemos con seguridad lo que Jesús estaba pensando o sintiendo, pero es un hecho que era algo muy fuerte y que lo motivó a buscar la soledad navegando en una barca, sin sus discípulos y sin la gente que tanto demandaba de él. Esta reacción revela la humanidad de Jesús tal como la nuestra, que seguramente también hay momentos en que estamos experimentando muchas emociones complicadas y que deseamos estar solos y vivir nuestro dolor.

Lo que siguió en el relato no fue lo que Jesús estaba buscando. Mateo 14.14-21, Marcos 6.30-44, Lucas 9.10-17 y Juan 6.1-15 nos dicen qué fue lo que sucedió: al llegar Jesús al otro lado del lago y desembarcar, “vio a tanta gente, tuvo compasión de ellos y sanó a los que estaban enfermos.” (Mt 14.14). Una vez más, Jesús vio la necesidad de la gente y su compasión por ellos fue mayor que él mismo y lo que sentía o lo que quería hacer. Dejó a un lado sus tristezas y se enfocó en atender a las personas y sanarlas. ¡Un gran ejemplo para todos los que nos llamamos discípulos de Jesús! Veamos lo que sucedió entonces en el resto de la historia:

  1. Primero resolvamos un problema geográfico. Lucas 9.10 dice que Jesús se retiró con sus discípulos a un pueblo llamado Betsaida y ahí llegó la gente. Marcos 6.45 nos dice que después del evento de la multiplicación de la comida, sus discípulos subieron a la barca y navegaron hacia Betsaida. Y por último, Juan 6.17 dice que después del evento de multiplicación de alimentos, los discípulos navegaron hacia Capernaúm. ¿Entonces dónde desembarcó Jesús? Los 3 evangelios lo expresan diferente. Nuevamente la Biblia de Estudio Apologética nos ayuda con una posible solución: que Lucas se refería a Betsaida Julias, una ciudad en la costa norte del mar de Galilea, al este del Río Jordán; mientras que Marcos se refiere a la villa galilea del mismo nombre.
  2. Juan 6.5 dice que Jesús cuestionó a Felipe sobre cómo dar de comer a tanta gente, pero sólo para “ponerlo a prueba, porque él ya sabía lo que iba a hacer” (Jn 6.6). Jesús no solo pensó en la necesidad de salud de las personas ni en la necesidad de enseñanza (ambas ya las había cubierto, incluyendo la enseñanza). Él estaba pensando también en la necesidad de alimento de las personas. Su intención no era para nada dejarlos que se fueran con el estómago vacío y él seguir su camino. ¡Realmente se preocupaba por cada detalle! Y planeó en su corazón hacer el milagro mucho antes de que sus discípulos comenzaran a discutir con él por la cuestión de cómo darles de comer.
  3. Antes del milagro de la multiplicación, Jesús acomodó a las personas en grupos de 100 y de 50. Una vez que todos comieron milagrosamente, Jesús ordenó que se recogieran los pedazos sobrantes “para que no se desperdicie nada” (Jn 6.12) y se llenaron 12 canastas. Al final el número de hombres que comieron fue de 5,000 sin contar mujeres y niños (Mt 14.21). Podemos notar el interés en Jesús en la organización, el orden e incluso el no desperdiciar los alimentos. Más aspectos interesantes de la mentalidad de Cristo, recordando que estamos llamados a seguirlo en todas las áreas de nuestra vida.
  4. Juan 6.14-15 registra la reacción de la gente después del milagro. Todos comenzaron a decir “«En verdad éste es el profeta, el que ha de venir al mundo.»” y después “querían llevárselo a la fuerza y declararlo rey”. Entendemos lo primero pero, ¿por qué hicieron lo segundo? En este evento fue cuando más el pueblo judío vio en Jesús la figura de un rey terrenal, de un dirigente político poderoso, y lo quisieron obligar a llenar el rol que ellos veían para él. De cierta forma, la gente identificó a Jesús como otro Moisés, quien dio de comer milagrosamente también al pueblo de Israel en el desierto, y posiblemente recordaron Números 27.16–17 (NVI) que dice, “16 —Dígnate, Señor, Dios de toda la humanidad,nombrar un jefe sobre esta comunidad, 17 uno que los dirija en sus campañas, que los lleve a la guerra y los traiga de vuelta a casa. Así el pueblo del Señor no se quedará como rebaño sin pastor.” ¡Jesús entraba justo en la descripción de ese nuevo jefe que Dios enviaría! Pero ellos no entendían el tipo de misión en que venía Jesús, por eso él tuvo que salir rápido de entre ellos a la montaña.

Para terminar, analizemos ahora el evento que sucedió justo después de la multiplicación de los panes y los peces. Se encuentra registrado en Marcos 6.45-56, Mateo 14.22-36 y Juan 6.16-21. Identifiquemos los puntos importantes:

  1. Jesús continuó con su deseo de estar solo. Una vez que terminó de atender las necesidades de la gente que lo seguía, Jesús nuevamente decidió alejarse de la multitud y de sus discípulos y mandarlos por delante al otro lado del lago para irse a orar a la montaña. Mateo 14.23 registra que incluso anocheció y Jesús todavía seguía orando solo mientras sus discípulos ya habían avanzado bastante dentro del lago. Lo que Jesús trató de iniciar anteriormente lo terminó después de atender todas las necesidades de la gente. Finalmente él atendió también su necesidad emocional y espiritual y fue con su Padre a pasar un gran tiempo para encontrar consuelo y fortaleza.
  2. Fue hasta la madrugada que Jesús se presentó a sus discípulos caminando sobre el agua. Como los evangelios registran, todos se asustaron mucho porque pensaron que era un fantasma, pero Jesús los trató de tranquilizar. Literalmente todos estaban “llenos de miedo por lo que veían” (Mr 6.50). Dentro de este contexto, es el evangelio de Mateo el único que registra un evento extraordinario: cuando Pedro caminó en el agua también hacia Jesús (Mt 14.29). Podemos notar la iniciativa de Pedro al decirle a Cristo, “si eres tú… mándame que vaya a ti sobre el agua” (Mt 14.28), después podemos notar cómo tomó valor y comenzó a caminar sobre ella sin problema, pero finalmente sucumbió ante la fuerza del fuerte viento y el miedo y terminó hundiéndose, haciendo que Jesús lo alcanzara con la mano y lo sacara del agua. El reclamo de Cristo a Pedro fue, “—¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (Mt 14.31).
  3. Preguntémonos, ¿qué fue la diferencia entre Jesús y Pedro? Ya Jesús le había dado a Pedro autorización para que caminara en el agua también. Ambos sintieron la fuerza del viento, ambos sintieron el mar embravecido, pero solo Jesús se mantuvo caminando mientras que Pedro se entregó al miedo y se hundió. Definitivamente el tiempo de oración que pasó Jesús antes de llegar a sus discípulos lo fortaleció a pesar del dolor emocional que había atravesado y su poder continuó adelante, como siempre. Pedro carecia de una vida de oración poderosa en este momento y las circunstancias del momento le robaron su fe. ¡Una gran lección para nosotros! Si bien no tendremos acceso al poder sobrenatural de Jesús para hacer esas cosas, ¡sí podemos tener acceso al poder de Dios a través de una vida entregada de oración! Así evitaremos que las tormentas de la vida nos roben la fe cuando más la necesitamos para mantenernos firmes y seguir avanzando en nuestro caminar de fe.

Conclusiones:

  1. Hacer y decir lo correcto a los ojos de Dios puede llevarnos a situaciones muy complicadas y nada agradables, donde tendremos incluso que pagar un alto precio por mantener nuestras convicciones. Tengamos valor y recordemos a Juan el Bautista y el sacrificio máximo que tuvo que enfrentar por sus convicciones. ¡No escogamos agradar a los hombres, sino a Dios!
  2. Aprendamos de cómo Jesús manejó su dolor y las necesidades de tanta gente que le demandaba atención. Atendió una y otra cosa, todo a su momento. Primero su dolor, luego interrumpió su duelo para atender a los demás y después lo retomó y fue a conectarse con Dios un buen rato. ¡Hagamos lo mismo cuando estemos enfrentado tristezas, decepciones, angustias, preocupaciones y demás que esta vida nos plantea!
  3. Apreciemos los detalles del carácter de Jesús en cuanto a la excelencia, el orden, la organización y el cuidado en los detalles. Ser más como Jesús implica ir mejorando paso a paso en cada una de estas cosas en nuestra vida. ¿Lo estás haciendo ya?
  4. Recordemos también que es la oración la que nos da el poder para vencer con éxito las tormentas de la vida y seguir adelante. No permitamos que el temor o la fuerza de las pruebas nos roben nuestra fe y terminemos ahogándonos. Recurramos mejor a Dios en oración y preparémonos para caminar sobre el agua turbulenta también (de forma figurada, obviamente).

 

Los dejo con unos videos con fragmentos de la serie The Bible sobre los eventos de la multiplicación de los panes y los peces y cuando Pedro camina en el agua con Jesús.

Reproducir del 16:14 al 20:53.

Reproducir del 23:30 al 26:12.


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