Día 305

INTRODUCCIÓN AL LIBRO DE EZEQUIEL.

Hoy comenzaremos el estudio del libro de Ezequiel. Siguiendo con la cronología de Gleason Archer en su libro A Survey of Old Testament Introduction, el libro de Ezequiel fue escrito entre el 600 y el 501 a.C. De acuerdo con la información contenida en el Harper’s Bible Dictionary, de Harper & Row, presentamos la siguiente información de contexto sobre el libro:

  1. Según Ezequiel 1.3, el profeta Ezequiel era uno de los sacerdotes que había sido llevado al exilio en Babilonia en la primera extracción de ciudadanos de Jerusalén hacia esas tierras, junto con los nobles y los funcionarios. Esto sucedió en el 597 a.C. Estas personas fueron establecidas en un lugar llamado Tel Abib, junto al río Quebar, uno de los canales tributarios del río Éufrates al sureste de Babilonia.
  2. Se cree que Ezequiel recibió su llamado profético en el 593 a.C. y que continuó profetizando intermitentemente hasta el 571 a.C. Los registros bíblicos nos muestran que Ezequiel fue afectado profundamente por el mensaje que había recibido. De hecho, se mantuvo virtualmente recluído en su casa sin poder hablar (mudo) y sufriendo varias cosas más, hasta que cayó Jerusalén en el 586 a.C.
  3. Su mensaje profético no fue reconocido en su tiempo, sino después, cuando se analizó su trabajo en retrospectiva y sus palabras fueron preservadas para la posteridad. No se sabe cuándo ni cómo murió Ezequiel, pero se cree que fue durante el exilio.
  4. El libro de Ezequiel contiene evidencias de haber sido editado por una escuela de discípulos del profeta que parece que estuvieron cercanos a él. Se divide en 3 grandes partes: a) los capítulos 1 al 24 que contienen oráculos de juicio contra Judá y Jerusalén, b) los capítulos 25 al 32 que contienen oráculos contra naciones extranjeras, c) un capítulo de enlace entre la primera y la tercera sección (el 33), d) y los capítulos 34 al 48 que contienen profecías sobre la restauración futura del pueblo de Dios.

JEREMÍAS 37.11 – 38.28, EZEKIEL 1.1 – 3.15.

Iniciemos con los capítulos correspondientes al libro de Jeremías (37.11 – 38.28). Éstos narran principalmente el encarcelamiento de Ezequías a manos de los funcionarios de Jerusalén que querían matarlo por causa de sus mensajes proféticos contra la ciudad y contra ellos. Hay varios aspectos importantes aquí:

  1. El sufrimiento físico del profeta Jeremías por causa de su mensaje. El profeta no solo sufrió emocionalmente por los mensajes que Dios le daba, como ya estudiamos con anterioridad, sino que también tuvo que pasar por tormentos físicos que sus enemigos generaron: azotes a manos de guardias (37.15), encarcelamiento en calabozo (37.16), encarcelamiento en la prisión del palacio (37.21), y arrojado al fondo de una cisterna vacía (38.6) donde se hundió en una capa de barro. A todo el sufrimiento emocional que ya había experimentado se sumó este sufrimiento físico. Sin embargo, se mantuvo firme en su mensaje profético y en ningún momento intentó alterarlo para parar su sufrimiento.
  2. El mensaje “anti-patriótico” de Ezequiel. En Jeremías 38.2 dice, “«Esto dice el SEÑOR: “Todo el que se quede en Jerusalén morirá por guerra, enfermedad o hambre, pero los que se rindan a los babilonios vivirán. Su recompensa será su propia vida, ¡ellos vivirán!”” Ante la situación de estado de sitio y de amenaza que vivía la ciudad a manos de los babilonios, este tipo de mensaje fue considerado como alta traición (Jeremías 38.4) y enfureció mucho a los funcionarios del rey. Efectivamente el mensaje no alentaba a la lealtad a la patria sino que era un llamado para entregarse a manos de los babilonios y evitar más destrucción. Sin embargo, era el mensaje correcto que Dios quería que se entregara. El plan de Dios no era patriótico en ningún sentido, al contrario, estaba destinado a desaparecer a Judá como reino como castigo por sus múltiples pecados.
  3. La curiosidad del rey Sedequías hacia Jeremías. A lo largo de estos capítulos podemos observar cómo en diferentes momentos el rey Sedequías intentó acercarse a Jeremías para dialogar con él. La última ocasión fue en privado (Jeremías 38.14), donde una y otra vez el rey cuestionaba a Jeremías sobre el futuro próximo para la ciudad. El profeta siempre le respondió que se rindiera a los babilonios y así evitaría que la ciudad fuera destruída y también garantizaría su seguridad y la de su familia (Jeremías 38.17). Ante el miedo expresado por el rey para obedecer la orden de Dios, el profeta Jeremías le da a elegir entre obedecer a Dios o seguir sus propias ideas basadas en sus temores personales. Si obedecía a Dios el resultado sería muy claro: ” —Si eliges obedecer al SEÑOR no serás entregado a ellos —contestó Jeremías—, sino que salvarás tu vida y todo te irá bien”. La opción contraria involucraba destrucción y ruina para el rey y para toda su familia. La respuesta de Sedequías ante estos mensajes en Jeremías 38.24 nos revela que en el fondo Sedequías sí quería saber qué pensaba Dios pero era más grande su inseguridad y su temor al qué dirían sus funcionarios que mejor quería mantener todo en secreto. El rey Sedequías decidió no hacer lo correcto por no confiar en Dios, ya que su temor lo dominó y le impidió creer que Dios tenía el mejor plan para su vida y para todo su pueblo. Pagaría las consecuencias posteriormente por su mala decisión.

Continuemos ahora con el estudio del libro de Ezequiel. El capítulo 1 contiene uno de los pasajes más controversiales de la Biblia: la visión de los “seres vivientes” que se reveló ante el profeta. Ciertamente al leerla nos cuesta dificultad poder imaginarnos con exactitud qué vio Ezequiel ese día, ya que se incluyen algunos elementos que nos causan confusión:

  1. Una nube enorme con algo que resplandecía fuertemente en el centro.
  2. Cuatro seres vivientes con apariencia humana pero también con 4 caras y 4 alas cada uno, y que se movían de manera extraña.
  3. Las ruedas que estaban unidas en espíritu a los seres vivientes y que aunque estaban separadas físicamente de ellos, pertenecían a ellos al mismo tiempo.
  4. Una especie de bóveda de cristal que estaba localizada justo arriba de los seres vivientes y que servía como piso para un trono enorme situado en la parte superior de la misma.
  5. La figura “con apariencia de hombre” (Ezequiel 1.26) con su apariencia física dividida en 2 partes diferentes y que emitía una voz que le hablaba al profeta.

Existen diferentes interpretaciones entre los estudiosos bíblicos sobre lo que esta visión representa. Algunos como los que escribieron en el The New American Commentary: Ezekiel, de Broadman & Holman Publishers, mencionan que la tormenta del norte representa la invasión babilónica hacia Judá que vino precisamente del norte, que las cuatro caras de animales de los seres vivientes representan a la creación de Dios sobre quien Él tiene soberanía y control completo, que los movimientos coordinados de los seres vivientes representan unidad total y disposición completa a la voluntad de Dios, y que la figura con apariencia de hombre representaba una verdadera teofanía (manifestación visible de Dios).

También es importante mencionar que autores modernos de literatura fantástica han considerado que la visión de Ezequiel representa posiblemente un encuentro con seres extraterrestres y que entonces Dios sería simplemente un ser avanzado de otro planeta muy superior a nosotros en conocimiento. Básicamente creen que Ezequiel vio un “OVNI”. Obviamente todas estas interpretaciones son meras especulaciones influenciadas por presuposiciones sin bases teológicas y sin mayor trascendencia para nuestra fe.

Con respecto a los “seres vivientes” es importante notar que en Jeremías 10.5 y 10.20 se menciona claramente que se les llamaba “querubines”. De acuerdo con el mismo comentario bíblico, estos seres divinos fueron creados para ser guardianes de la santidad de Dios e impedir que nada impuro se le acercara a Él. Fueron a ellos a quienes Dios pidió el cuidado del jardín del Edén después de la caída del hombre (Génesis 3.22-24). También fueron labradas y bordadas figuras de querubines en el tabernáculo (Éxodo 25.18-22 y 26.31). Su presencia siempre significa que Dios está ahí también. Toda la descripción de Ezequiel 1 nos proporciona entonces al menos 10 características de los famosos “querubines”, incluyendo que tienen alas (Ezequiel 1.11). No debemos confundir el aspecto físico de los ángeles ordinarios con el de los querubines, ya que la Biblia nos menciona en diferentes pasajes que los ángeles se presentaron en la tierra en forma completamente humana, 100% reconocible como tal; mientras que las figuras de los querubines es totalmente diferente. Es un hecho que existen ángeles como que existen querubines, y ambos géneros de seres divinos tienen diferentes funciones que Dios les ha asignado.

Los capítulos 2 y 3 de Ezequiel tratan más con la naturaleza del mensaje que Dios le daría al profeta como con la actitud que Dios esperaba de él ante el rechazo seguro de sus compatriotas. Veamos algunos aspectos importantes:

  1. En Ezequiel 2.3-4 Dios pone las bases que moldearían el mensaje que estaba por darle a Ezequías: “te envío a la nación de Israel, un pueblo desobediente que se ha rebelado contra mí. Ellos y sus antepasados se han puesto en mi contra hasta el día de hoy. 4 Son un pueblo terco y duro de corazón.” El mensaje entonces sería bastante fuerte y Dios quería preparar a Ezequiel para recibirlo.
  2. La firmeza y constancia que Dios esperaba de Ezequiel. La misión que le encomendó fue hablar del mensaje “Ya sea que te escuchen o se nieguen a escuchar” (Ez 2.5). Es decir, la exposición del mensaje no estaba condicionada a los resultados. Por eso Dios insistió con Ezequiel en aspectos de su carácter: “no tengas miedo ni de ellos ni de sus palabras. No temas aunque sus amenazas… No seas rebelde como ellos.” (Ez 2.6-8). Seguramente sería difícil para Ezequiel entender desde el inicio que a pesar de sus esfuerzos humanos para advertir al pueblo, “¡Pero los israelitas no te escucharán a ti como tampoco me escuchan a mí! Pues todos y cada uno de ellos son tercos y duros de corazón.” (Ez 3.7). ¡Parecía como un trabajo en vano! Pero no sería inútil, ya que la voluntad de Dios es que el mensaje se anunciara, independientemente de la reacción del pueblo de Judá.
  3. Una condición importante antes de anunciar el mensaje. En Ezequiel 3.10-11 dice, “10 Luego agregó: «Hijo de hombre, que todas mis palabras penetren primero en lo profundo de tu corazón. Escúchalas atentamente para tu propio bien. 11 Después ve a tus compatriotas desterrados y diles…” Dios quería que el profeta primero pusiera las palabras en lo más profundo de su corazón y después abriera la boca para llevarlas al pueblo. De igual forma en nuestros días, para poder predicar la Palabra de Dios e instruír a otros, primero necesitamos llevar su mensaje a lo más profundo de nuestro corazón para poder después hablarlo con nuestra boca a otros. Si no hacemos esto corremos el riesgo de ser meros repetidores fríos y mecánicos de las Escrituras. ¡Dios no quería eso en Ezequiel ni en ningún profeta! Así Dios tampoco quiere que seamos de esa manera con su Palabra, ¡tenemos que llevarla a nosotros primero, sentirla y después predicarla!

Conclusiones:

  1. Tomar decisiones basadas en nuestras inseguridades y temores en lugar de confiar en Dios siempre nos llevarán a caminos equivocados y que Dios no tenía planeados para nosotros. Aprendamos la lección del rey Sedequías, quien prefirió sentirse seguro por sus propios medios que confiar en Dios aunque su plan pareciera muy aventurado y sin sentido. Todos los días debemos tomar decisiones de confiar en Dios o de desconfiar de Él. ¿Qué estás construyendo en tu vida al respecto?
  2. Existen otros seres creados por Dios y que viven en las realidades celestiales de los cuales nosotros tenemos conocimiento muy limitado. No es necesario para nuestra fe en Dios conocer todos los detalles de los ángeles, los querubines, los arcángeles y demás seres divinos. No nos perdamos en curiosidades que no tendrán respuestas claras en este mundo y no permitamos que nuestra fe se desvíe a buscar conocimiento de dichas realidades que hoy son un misterio para nosotros.
  3. La misión que Dios encomendó a Ezequiel nos recuerda muy bien a 2 Timoteo 4.1-2 (DHH-LA): “te encargo mucho que prediques el mensaje, y que insistas cuando sea oportuno y aun cuando no lo sea.” Nosotros como creyentes tenemos la misión de predicar y anunciar el evangelio en todo tiempo, sea oportuno o no, responda la gente o no responda. No debemos de condicionar nunca el seguir predicando y anunciando a los resultados que deseamos ver. Dios sabe cuándo es el tiempo para cada persona y cuándo nuestra perseverancia dará fruto, ¡no siempre es a la primera!

Los dejo con un video que nos ilustra gráficamente cómo pudo ser la visión de Ezequiel junto al río Quebar y que tanta controversia y curiosidad ha despertado a través de generaciones de creyentes.


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