Día 171

1 SAMUEL 2.12 – 3.21.

Después de proporcionarnos detalles sobre la fe de la madre de Samuel (Ana), sus oraciones y la promesa que hizo y que le cumplió a Dios, el relato se enfoca ahora en los hijos del sacerdote Elí, quien estaba a cargo del servicio en el Tabernáculo en Silo. La Biblia es clara cuando dice, “los hijos de Elí eran unos sinvergüenzas que no le tenían respeto al Señor”, “eran hijos de Belial; no tenían conocimiento de YHVH.” (BTX), “eran unos perversos que no tomaban en cuenta al SEÑOR.” (NVI). La maldad de estos hombres estaba relacionada con su falta de respeto para las cosas de Dios y para Dios mismo. Veamos exactamente en qué consistía su maldad:

  1. El desprecio de las ofrendas del Señor (2.13 – 17). ¿Cómo llevaban a cabo esto? La Biblia registra que los hijos de Elí tomaban todo o la mayoría de la carne que se estaba cociendo y que era parte de un sacrificio ofrecido por un israelita a Dios, conforme a la Ley. Y si alguien se negaba, lo amenazaban a quitarle la comida por la fuerza. Recordemos cómo Levítico 7.28–34 (NVI) legisló esta actividad, “28 El Señor le ordenó a Moisés 29 que les dijera a los israelitas: «El que ofrezca al Señor un sacrificio de comunión deberá presentar al Señor parte de ese sacrificio, 30 y presentarle también una ofrenda por fuego. Llevará la grasa y el pecho, y mecerá ante el Señor el pecho de la víctima como ofrenda mecida. 31 El sacerdote quemará la grasa en el altar, pero el pecho será para Aarón y sus hijos. 32 Al sacerdote se le dará, como contribución, el muslo derecho del sacrificio de comunión. 33 El muslo derecho será la porción del sacerdote a quien le toque ofrecer la sangre y la grasa del sacrificio. 34 Porque de los sacrificios de comunión que ofrecen los israelitas, yo he tomado el pecho mecido y el muslo para dárselos, como contribución, al sacerdote Aarón y a sus hijos. Éste será un estatuto perpetuo entre los israelitas.»” La Ley permitía a los sacerdotes tomar parte del sacrificio, mas no todo ni la mayor parte. Es decir, los hijos de Elí estaban abusando de las ofrendas de los israelitas que eran dedicadas a Dios, como dice el v. 17, “trataban las ofrendas del SEÑOR con desprecio” o “menospreciaban las ofrendas” (BTX).
  2. El abuso de mujeres en el tabernáculo (2.22 – 25). Otro pecado muy grave de los hijos de Elí es que tenían relaciones sexuales con las mujeres que servían “a la entrada del Tabernáculo de Reunión” (v. 22, BTX). No solamente abusaban de las ofrendas de los israelitas sino que también seducían al pecado a mujeres del pueblo que se supone estaban al servicio de Dios en la tienda. Es muy claro reconocer que estos hombres no tenían el más mínimo respeto por Dios ni por las cosas que para Dios eran importantes. Solo pensaban en cómo utilizar su puesto religioso para sacar provecho para sí mismos y satisfacer sus necesidades o sus intereses.
  3. La actitud permisiva de Elí. El v. 22 registra que Elí “estaba consciente” del pecado de sus hijos y los intentó reprender de una forma muy superficial pero ellos no le hicieron caso. Elí no fue más radical en cuanto a las consecuencias que sus hijos deberían pagar a pesar de que estaban cometiendo graves pecados y causando un gran daño a la fe de Israel. Si embargo, el lazo familiar fue más fuerte para Elí que su celo por Dios.
  4. Dios ya había decidido el destino de estos hombres: ¡la muerte! (2.25). No se podrían escapar de la sentencia que Dios había dictado sobre ellos por su gravísimo pecado. Dios mismo envió a un un hombre a darle un mensaje muy fuerte a Elí, denunciando su conducta de dar “más honor a tus hijos que a mí” (v. 29), “das más preferencia a tus hijos que a mí” (DHH-LA). También Dios afirmó que “!Pues tú y ellos han engordado con lo mejor de las ofrendas de mi pueblo Israel!” Esto era literal, su sobrepeso era evidencia del abuso de la comida que no les correspondía y que lo hacían a expensas de las ofrendas del pueblo de Israel. La sentencia de Dios fue clara, “honraré a los que me honran y despreciaré a los que me menosprecian.” (v. 30) y anunció que pondría fin al sacerdocio de su familia diciendo, ” Todos los miembros de tu familia morirán antes de tiempo; ninguno llegará a viejo.” (v. 31). La sentencia fue muy dura, pero el pecado de los hijos de Elí ameritaba a los ojos de Dios un castigo de esa magnitud. También Dios anunció castigar la falta de celo que Elí demostró al ser tolerante con la maldad de sus hijos y no poner los intereses de Dios por encima de los sentimientos familiares.

Dentro del relato de la maldad de estos hombres y el juicio de Dios que vendría sobre ellos, encontramos diversos detalles sobre el niño Samuel y el papel que comenzaría a jugar para el pueblo de Israel:

  1. La niñez de Samuel en el tabernáculo (2.18 – 22). La Biblia dice que Samuel, a pesar de ser un niño, servía a Dios en el tabernáculo, y sus padres lo visitaban cada año y le llevaban regalos. Con el paso del tiempo, “Samuel crecía en la presencia del Señor” (v. 21).
  2. La bendición de Dios sobre Ana (2.21). Por su fidelidad a Dios al cumplir su promesa, Dios le permitió a Ana tener 5 hijos más (2 hombres y 3 mujeres). Como en el caso de Noemí, ella fue fiel y decidió confiar en Dios en su angustia y Él la bendijo mucho más de lo que antes estaba, no solo con un hijo, sino con 5 más. Dios sabe recompensar la confianza en Él enmedio de las pruebas.
  3. Dios llama a Samuel y comienza su ministerio como profeta (3.4-21). Aunque al inicio Samuel no comprendía que Dios estaba llamándole, cuando finalmente lo entendió, el Señor le reveló eventos que sucederían en el futuro próximo con respecto al castigo que había determinado contra Elí y su familia. ¿La razón que Dios dio para esto? “porque sus hijos blasfeman a Dios y él no los ha disciplinado.” (v. 13). A partir de este suceso, Dios continuó hablándole a Samuel y él a su vez comunicaba esos mensajes y la Biblia registra que “todo lo que Samuel decía se cumplía” (v. 19). De esta manera todo Israel “supo que Samuel había sido confirmado como profeta del SEÑOR.” (v. 20).

Un detalle interesante aparece en el v. 1 del capítulo 3, “Ahora bien, en esos días los mensajes del SEÑOR eran muy escasos y las visiones eran poco comunes.” Podemos llegar a pensar que toda la Biblia está llena de milagros, revelaciones y señales sobrenaturales, pero no es cierto. Hubo grandes períodos en la historia de Israel en que los milagros y las visiones de parte de Dios no eran comunes, sino algo extraordinario que sucedía en muy pocas personas.

Conclusiones:

  1. Es algo grave a los ojos de Dios menospreciar y abusar de lo que él considera como sagrado. ¿Qué cosas son sagradas para Dios en el contexto de la fe y la adoración a Él? Como podemos ver en este caso, las ofrendas y tratar con pureza sexual al resto de los creyentes. También hacer caer a otros creyentes en pecado (Mt 18.6-7), afectar las conciencias de terceros con nuestra libertad (1 Co 8.7-13), y más.
  2. La disciplina fuerte de parte de Dios para quienes menosprecian lo sagrado sigue vigente para los cristianos, como dice 1 Tesalonicenses 4.3–8 (DHH-LA), “3Lo que Dios quiere es que ustedes lleven una vida santa, que nadie cometa inmoralidades sexuales 4y que cada uno sepa dominar su propio cuerpo en forma santa y respetuosa, 5no con pasión y malos deseos como las gentes que no conocen a Dios. 6Que nadie abuse ni engañe en este asunto a su prójimo, porque el Señor castiga duramente todo esto, como ya les hemos advertido. 7Pues Dios no nos ha llamado a vivir en impureza, sino en santidad. 8Así pues, el que desprecia estas enseñanzas no desprecia a ningún hombre, sino a Dios, que les ha dado a ustedes su Espíritu Santo.” Él no deja sin castigo a aquellos cristianos que menosprecian lo que Dios considera sagrado y que afectan a otros en su fe.
  3. Recordemos que Dios también nos llama a tener convicciones para confrontar el pecado de otros creyentes cuando lo vemos. No es correcto a los ojos de Dios hacernos “los que no vimos” cuando delante de nosotros algún hermano o hermana está pecando. Nuestro deber es ayudarlo y corregirlo (Gal 6.1-2). Dejar de hacer el bien en este sentido es considerado pecado por Dios (Stg 4.17).
  4. Esta historia es un llamado para nuestra vida para desarrollar temor de Dios para que tratemos con respeto y reverencia todo lo relacionado con Él: la enseñanza de la Biblia, la confraternidad, la iglesia, las ofrendas, la alabanza, el liderazgo, etc. Aprendamos de la historia de Elí y de sus hijos y cuidemos lo sagrado como Dios quiere.

4 Responses to “Día 171”

  1. Adriana Casas dice:

    La verdad ser un cristiano es una bendición enorme!! Pero también un gran compromiso de llevar una vida intachable delante de Dios y un reto muy grande, pero sabemos que si nos mantenemos fieles a El, podemos salir victoriosos. …”Esto es lo que yo doy a los que me sirven: la victoria. El Señor es quien lo afirma.”Is.54.17
    GRACIAS ARTURO.

  2. blanca martinez dice:

    GRACIAS ARTURO POR RECORDARNOS QUE NUESTRO DEBER COMO CRISTIANO ES TENER ESAS CONVIXIONES PARA CUANDO UN HERMANO ESTE CAYENDO EN PECADO PODER HAYUDARLO Y CONFRONTARLO CON LA BIBLIA Y TAMBIEN QUE HO HAGA CAER A OTROS.

  3. Lulu tovar dice:

    Gracias mil Maestro Arturo

  4. Citlali gamboa dice:

    Deben de ser honestos los encargados de la iglesia pero a veces entre ellos no ven su pecado y como has enseñado espiritualizan el pecado y uno como miembro de la congregación si los confronta desafortunadamente hay casos q nos va mal y solo nos queda tener paciencia pues no quieren cambiar pero nunca dejar a Dios por esas personas y no hay otra CONGREGACIÓN q también tenga corazones honestos y q aman a Dios.

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.