Día 426

Una vez terminado nuestro estudio del libro de Hechos de los Apóstoles, continuaremos con nuestro análisis cronológico de los libros del Nuevo Testamento y en esta ocasión nos corresponde tomar el libro de Efesios.

INTRODUCCIÓN A EFESIOS.

De acuerdo con el libro Chronological and Background Charts of the New Testament, de H. Wayne House, Zondervan, el libro de Efesios fue escrito por el apóstol Pablo aproximadamente en el año 60 d.C. desde la ciudad de Roma, donde se encontraba preso en su primer encarcelamiento en esa ciudad (en el período de dos años que estuvo viviendo ahí según Hechos 28). Su audiencia original fueron los cristianos que vivían en Éfeso y en sus alrededores. También de acuerdo con la International Standard Bible Encyclopedia, de Wm. B. Eerdmans, podemos mencionar lo siguiente con respecto a esta carta:
  1. Esta epístola ha sido descrita como “la Suiza del Nuevo Testamento” o “la composición más divina del hombre” o “la quintaesencia del Paulinismo”, debido a su profundidad teológica.
  2. El tema principal de la carta es el diseño divino de Dios, desde antes de la creación del mundo, de un plan maestro para que el ser humano pudiera disfrutar de una relación íntima y familiar con su Creador. No somos seres que estamos a merced de la suerte o el destino, sino que Dios se preocupa por cada uno de nosotros y tiene un plan para nuestras vidas.
  3. Ese plan se materializa completamente en la figura de Jesucristo. Quienes decidan seguir a Jesús tendrán acceso a dicho plan.
  4. Todos los muros de enemistad que había entre los pueblos (especialmente entre judíos y gentiles) son derribados a través de Jesús para formar una fraternidad mundial a través de la sangre de Cristo.
  5. La iglesia es un plan divino, no una idea humana. La iglesia es importante en la vida de un verdadero seguidor de Jesús. La unidad en la iglesia es fundamental y el trabajo del Espíritu Santo es clave para lograrla.
  6. La realidad del mundo espiritual es enfatizada en esta carta también. Así como existen los ángeles, también existe el diablo y sus demonios, quienes representan nuestros verdaderos adversarios.

EFESIOS 1.1-2.22.

En Efesios 1.1 encontramos una diferencia principal en varias versiones: “Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso”, “Pablo, un apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús” (BTX), “a los santos y fieles en Cristo Jesús.” (BJL). Varias versiones mencionan la ciudad de Éfeso en el versículo mientras que otras no lo hacen. De acuerdo con las notas de la DHH-LA, la mención de Éfeso en el saludo falta en las copias más antiguas del texto griego y además no se menciona en el cuerpo de la carta una referencia específica a Éfeso. Así que es posible que la carta se dirigió originalmente sí a Éfeso pero también a otras iglesias de la zona.
Llama la atención también el deseo de Pablo en Efesios 1.2, “Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les concedan gracia y paz.” Esta expresión se repite en los saludos de las cartas de Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, Tito, Filemón y Apocalipsis. Al parecer para los apóstoles (al menos para Pablo y para Juan) era muy importante que la iglesia fuera llena de “gracia y paz”. ¿Por qué? En cuanto a la gracia, así como la recibimos de Dios cuando nos perdona nuestros pecados, así la necesitamos para perdonar a otros sus pecados contra nosotros. En cuanto a la paz, sin la paz interna que sólo nos puede dar Dios a través de Jesús, ¡es imposible vivir la vida cristiana! Así que oremos también cada día para estar llenos de “gracia y paz”, ¡las necesitamos para lograr ser cristianos para siempre!
En Efesios 1.3-14 encontramos una profunda descripción teológica de las bendiciones espirituales que hemos recibido a través de nuestra relación con Cristo. Veamos algunos detalles importantes:
  1. El v. 3 afirma que Dios “nos ha bendecido en las regiones celestiales con toda bendición espiritual en Cristo”. El perdón de nuestros pecados a través de la sangre de Jesús es una de ellas, pero no la única, hay más cosas que Dios ha reservado para los que tienen fe en su Hijo.
  2. Una de ellas es que Dios nos “nos escogió” (Ef 1.4)  y “nos predestinó” (Ef 1.5). Otras traducciones dicen: “según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo… habiéndonos predestinado en amor para ser adoptados hijos suyos” (BTX), “por cuanto nos ha elegido en él… eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos” (BJL), “Dios nos escogió en Cristo… nos había destinado a ser adoptados como hijos suyos” (DHH-LA). Pareciera que el texto respalda la famosa doctrina calvinista de la predestinación (click en la liga para un estudio más profundo del tema), ya que menciona que Dios escogió de antemano a los creyentes y nos predestinó a la salvación. El Calvinismo afirma, como una de sus 5 enseñanzas básicas (“Elección Incondicional”), que Dios ya determinó desde antes de que naciéramos quienes se salvarían y quienes serían condenados a la perdición sin importar nuestras decisiones personales en la vida. Recordemos el importante principio de interpretación bíblica “un texto fuera de contexto es un pretexto”. El problema principal con esa interpretación es que el contexto completo de la Biblia siempre nos apunta hacia la libre elección del ser humano. Desde Génesis, cuando Dios le llamó a Caín a que eligiera si hacía el bien o el mal y le detalló las consecuencias de cada acto (Gn 4.6), hasta Apocalipsis, Dios ha revelado al hombre su plan supremo de salvación pero siempre está sujeto a la decisión personal, es decir, al libre albedrío. Otra forma de interpretar estos versículos es que Dios ha predestinado que una clase de personas llamados “creyentes” serán salvados y recibirán muchas otras bendiciones, mientras que otra clase de personas llamados “no-creyentes” serán condenados. Sin embargo, todos los seres humanos tienen la misma oportunidad de salvarse en Cristo Jesús, ya que según el apóstol Pedro, “Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan.” (2 P 3.9).
  3. Otra de las bendiciones espirituales que recibimos en Cristo es, como hemos hablado, nuestra redención a través del perdón de nuestros pecados (Ef 1.7), que sin importar cuáles o cuántos fueron, por las “riquezas de su gracia” fueron borrados para siempre en nuestra conversión.
  4. El conocimiento del “misterio de su voluntad” (Ef 1.9) es otra de las bendiciones, ya que lograr comprender quién fue Jesús, para qué vino, qué relación tiene con el Antiguo Testamento y qué relevancia tiene para nuestra vida es realmente un privilegio y muchas personas ignoran todo esto o tienen una idea muy vaga y superficial.
  5. Nuestra herencia con los hijos de Dios (Ef 1.11) es otra bendición que nuestra fe en Cristo nos provee.
  6. Finalmente el sello del Espíritu Santo (Ef 1.13) es una bendición increíble que Dios nos anticipó como garantía de la herencia que nos espera en el cielo.
En Efesios 1.15-23 encontramos primero las razones que Pablo tenía para dar gracias a Dios por la iglesia destinataria de su carta (vamos a suponer que fue Éfeso) pero también sus oraciones a Dios por esos cristianos. Veamos los detalles:
  1. La razón principal que Pablo tuvo para dar gracias incesantes a Dios por los efesios fue “la fe que tienen en el Señor Jesús y del amor que demuestran por todos los santos” (Ef 1.15). Al apóstol le había animado mucho enterarse que los efesios habían logrado desarrollar y mantener firme su fe en Dios y en Cristo, pero también que habían aprendido a mostrar amor a la iglesia (“los santos”). Fe en Dios y amor por la iglesia serán siempre 2 evidencias claras de que un creyente o una iglesia entera van por buen camino. La carencia de una de las dos es un mal síntoma, significa que el individuo o la congregación no están comprendiendo el corazón de la fe cristiana.
  2. Las oraciones de Pablo por la iglesia se enfocaban en las siguientes áreas: a) que los efesios lograran conocer mejor a Dios, b) que identificar claramente la esperanza que tenían por su fe, c) que apreciaran “la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos” (Ef 1.18), d) que comprendieran que el infinito poder de Dios se movía entre ellos. Para esto Pablo rogaba de la siguiente manera: “Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación” (Ef 1.17) y “Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón” (Ef 1.18).  La DHH-LA dice en el v. 17, “les conceda el don espiritual de la sabiduría”. Sabiduría y discernimiento espiritual (ojos del corazón iluminados) son básicos para lograr crecer en la fe. ¿Qué tal andas hoy en ambas cualidades?
  3. Pablo aprovechó para explicarles más a fondo la posición actual de Cristo (Efesios 1.19b-23): está sentado a la derecha de Dios en el cielo, su posición de autoridad está por encima de todo gobierno humano o espiritual (incluyendo ángeles y demonios ya que “autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque” se interpreta como refiriéndose a entidades espirituales), tiene todas las cosas bajo su mando, y finalmente es la “cabeza” (Ef 1.22) de la iglesia que es representada como su “cuerpo” (Ef 1.23). Después de Dios mismo, nada ni nadie es más importante ni poderoso que Jesús, ¡ni el diablo mismo! Por eso, estar del lado de Jesús siempre será estar del lado de los vencedores.
Precisamente por el enorme valor que tienen las bendiciones que Dios ha dispuesto para los que creen en Jesús, el apóstol llamó a los efesios a cuidar su comportamiento y a erradicar las conductas del pasado en sus vidas (Efesios 2.1-10):
  1. Pablo inició el tema recordándole a los efesios a dónde estaban espiritualmente antes de convertirse en cristianos: a) “muertos en sus transgresiones y pecados” (refiriéndose obviamente al sentido espiritual), b) agradando a Satanás (quien “gobierna las tinieblas”, Ef 2.1) al hacer las obras que precisamente él quería que hicieran, c) viviendo a merced de los deseos del cuerpo o “impulsados por nuestros deseos pecaminosos” o “siguiendo los deseos de nuestras pasiones” (NTV) o “andando en los deseos de nuestra carne” (RVR95), d) haciendo nuestra voluntad siempre o “siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos” o “satisfaciendo los deseos …. de la mente (de los pensamientos)” (NBLH) o “cumpliendo los caprichos de… nuestros pensamientos” (DHH-LA), e) por todo esto “éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios” (Ef 2.3). Esta es una perfecta descripción de la situación espiritual y moral de la humanidad lejos de Dios, sin algo que le de un rumbo y una dirección a la vida, sino simplemente viviendo por los placeres del momento, cumpliendo cada capricho de la mente y acumulando maldades para el día del juicio divino. En lugar de preguntar, ¿por qué si Dios es amor existe el infierno?, más bien después de meditar en esta lista la pregunta es (como en el libro de Romanos), ¿cómo si Dios es tan justo no iba a hacer nada con respecto a tanta maldad en este mundo?
  2. Y curiosamente como otro argumento en contra de la predestinación calvinista, estos cristianos ANTES vivían como esa lista lo describe, pero en el momento en que Pablo escribió la carta dijo de ellos (y de sí mismo): “Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios. 4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, 5 nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados!” (Ef 2.3-5). Es decir, pasaron del ANTES al DESPUÉS, de la perdición a la salvación, de la oscuridad a la luz. O en términos calvinistas, de estar predestinados a la destrucción y condenación eternas a estar predestinados a la salvación y la vida eternas.
  3. Esta esperanza se ofreció al ser humano debido a que Dios es “rico en misericordia” (Ef 2.4), “por su gran amor por nosotros”, y a la “incomparable riqueza de su gracia” (Ef 2.7). Por eso, Pablo afirmó que nadie debería jactarse de esa esperanza y de esa salvación otorgadas por Dios ya que no se consiguió por medios humanos (por ninguna obra, Ef 2.9), sino solamente porque Dios así lo quiso.
  4. Las “buenas obras” que la Biblia nos pide a los cristianos son parte de su plan, ya que fuimos “creados en Cristo Jesús para buenas obras…. a fin de que las pongamos en práctica.” (Ef 2.10). En el cristianismo no se trata solamente de abandonar las malas obras, sino de llenarnos de buenas obras y practicarlas ampliamente como un estilo de vida. Para eso fuimos salvados, para eso Dios nos dio una segunda oportunidad.
Por último, en Efesios 2.11-22 Pablo discutió el tema de la unidad en Cristo, recordándole a los convertidos gentiles de nacimiento que gracias a Jesús y su sacrificio se terminó la separación entre razas y pueblos, especialmente entre el judío y los no-judíos (que se encontraban “excluidos de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo”, Ef 2.12). Con su muerte en la cruz Cristo logró lo siguiente:
  1. Derribó el muro de enemistad entre judíos y gentiles.
  2. Anuló la ley con sus mandamientos y requisitos para lograr estar bien con Dios.
  3. Creó de los dos pueblos una “nueva humanidad” (Ef 2.15) basada en la paz.
  4. Reconcilió a ambos grupos con Dios.
  5. Nos abrió a todos acceso al Padre a través de él.
  6. Nos permitió ser parte de la “familia de Dios” (Ef 2.19), es decir, la iglesia de Cristo.
  7. Aprovechando el tema, Pablo terminó profundizando en el tema de la iglesia (Efesios 2.19-22) afirmando que está edificada sobre “el fundamento de los apóstoles y los profetas”, que Cristo es “la piedra angular”, que todo el edificio va creciendo y se convierte en “un templo santo en el Señor” donde los cristianos son “edificados juntamente para ser morada de Dios por su Espíritu”. Un cristiano que se aleja de la iglesia (la confraternidad de creyentes) y que intenta vivir un cristianismo tipo “llanero solitario” se priva a sí mismo de todas estas oportunidades para crecer espiritualmente, fortalecerse, madurar en la fe y edificarse. Ese definitivamente no es el plan de Dios, Él quiere más bien que nos integremos a la iglesia y crezcamos junto con ella hacia Cristo.

Conclusiones:

  1. Oremos diario para que Dios nos llene de gracia (para poder establecer relaciones humanas sanas con otros creyentes) y de paz (para enfrentar todas las turbulencias de esta vida y seguir firmes en nuestra fe). Si nos falta una o la otra no estamos completos, ¡las necesitamos!
  2. A través de nuestra fe en Jesús hemos recibido de Dios muchas bendiciones espirituales, ¡valoremos cada una de ellas! Dios determinó que no solamente nos perdonaría nuestros pecados y ya, sino que continuamente nos estaría mandando bendición tras bendición mientras nos mantuviéramos fieles.
  3. El deseo de Dios no es solamente que desarrollemos fe en Él, sino también que aprendamos a amar a los demás creyentes y a demostrarles ese amor. Fe en Dios y amor por la iglesia son muy importantes para un creyente. ¿Qué tal andas en cada uno? ¿Tienes mucha fe en Dios pero te falta amor por la iglesia? Es fácil decir que amamos lo que no se ve, pero amar sinceramente lo que se ve es el verdadero desafío.
  4. Oremos por la iglesias como Pablo lo hacía, rogando a Dios que cada vez lo conozcamos más, que valoremos la esperanza que tenemos, que apreciemos la herencia que nos tiene preparada, y que alcancemos a apreciar el infinito poder de Dios que trabaja entre los creyentes. No solo pidamos “ayuda a la iglesia” o “cambia a la iglesia”, sino oremos por las cosas específicas que Pablo menciona.
  5. Nunca olvidemos de dónde nos sacó Dios para que podamos estar alerta ante las tentaciones que este mundo, el maligno y nuestros propios malos deseos nos ponen. Tengamos cuidado con nuestros malos deseos y con nuestros malos pensamientos, pongámosle freno y sometámoslos a la voluntad de Dios.
  6. Seamos agradecidos por siempre con la bondad de Dios que a pesar de que éramos objetos de su ira, por su gran misericordia nos libró de ese castigo y nos permitió una segunda oportunidad.
  7. Cuidemos nuestra relación con la iglesia de Cristo ya que, con sus fortalezas y debilidades terrenales, es finalmente parte del plan de Dios para que podamos crecer espiritualmente y madurar en la fe. Si nos alejamos de ella, nuestra fe y nuestra relación con Dios sufrirá también. No separemos de nuestra fe con argumentos humanos lo que Dios diseñó desde antes de la creación del universo y por lo cual murió Jesús en la cruz.

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.